Chitwan

Cómo bañar un elefante en Chitwan

Durante nuestro viaje a Nepal pasamos un par de días en Chitwan, uno de los grandes parques nacionales fronterizos con India. Las actividades que se pueden realizar allí son incontables, pero si había una que yo esperaba con especial entusiasmo era el momento de bañar un elefante. No veía el momento de coger la esponja y frotarle con mimo…. Pero la cosa fue bien distinta y mucho más divertida de como yo hubiera podido imaginar.
El lodge donde estuvimos alojados durante nuestra estancia en Chitwan tenía un par de elefantes con los que realizaban safaris por la jungla en busca de otros animales, y una vez terminada la “jornada laboral” de los paquidermos les llegaba la hora del baño. Entonces es cuando los clientes del hotel entramos en juego. No recuerdo cuanto tuve que pagar por realizar la actividad, pero fue algo mínimo teniendo en cuenta la satisfacción por lo que “compré”. Vino a buscarme el cuidador del animal, y me dijo que le acompañara y me subiera descalza al elefante. Así que nada, allá que fui yo mientras Arturo cámara en mano se disponía a inmortalizar la aventura.

Chitwan

Una vez subidos en elefante salimos del recinto del lodge rumbo al cercano río que cruza el Parque Nacional de Chitwan, el cual yo hasta ese momento no había mirado con demasiada atención ¡¡¡porque jamás hubiera pensado que tendría que meterme dentro!!! Pero eso fue justo lo que pasó: bañar un elefante empezaba por sumergirse con él en las aguas de aquel río. El primer momento de tensión llegó en la orilla. Yo tengo fobia a las ranas, se que es una chorrada, que soy una mujer de mundo y que esos pequeños animales no me van a hacer nada. Lo se. Pero no puedo controlar ese terror absurdo. Y resultó que la orilla del río estaba llena de pequeñas ranas, muy pequeñas, pero totalmente formadas: cabeza, patas, deditos… no las faltaba de nada y yo las estaba viendo mientras me metía en el agua. En ese momento elevé los pies para intentar no rozar el agua mientras le explicaba a mi guía que las ranas me daban muy mal rollo. Él pasó de mi como era predecible y nos metimos los tres hacia el centro del río. En ese momento me olvidé de las ranas: el agua era como chocolate, estaba tan turbia que era imposible ven nada bajo la corriente. ¿Me iba a meter allí? ¿De verdad quería bañar un elefante?

Chitwan

Pues si, me iba a meter allí, en un agua con seguramente millones de millones de bacterias, y encima plagada de ranas. ¿Pero dónde me había metido? Durante unos instantes creí que lo malo había pasado, que ese momento de sumergirse el elefante con nosotros encima sería lo peor que me iba a pasar… y me atreví a cantar victoria y sentir que había superado la prueba, que bañar un elefante al menos en Chitwan era así de sencillo.

Chitwan

Ingenua de mi… la cosa solamente había empezado. Quedaba mucho por delante, y por fortuna, todo fue muy divertido y yo terminé olvidando las ranas, las bacterias y disfrutando como una enana a partir de la primera vez que a la llamada de su cuidador el elefante me ducho por sorpresa. Una vez a tras otra, agua va y agua viene. No podía parar de reír y de incitar al elefante a continuar con el juego. De repente era una niña subida en un enorme elefante y sintiendo que podía jugar con él ajena a cualquier peligro.

Bañar un elefante

Cuando ya estaba empapada mi acompañante en el baño me dijo que bajara del animal y me sumergiera en el río. Le pregunté si había ranas, aunque sabía que al final bajaría y me metería hasta el cuello en ese agua. Dijo que no, así que me metí confiada en el río. Y el señor nepalí me dio una piedra. Debí poner cada de poker, porque a ver, para que quería yo una piedra. ¿Para lanzarla a ver si el elefante me la traía? Pues no era para eso… con la piedra tenía que frotar al animal, nada de esponjas ni gel. Solamente una piedra para bañar un elefante y  frotar todo su cuerpo. Y ni una queja, normal, porque con esa piel, que iba a notar él la si le tocaba con una piedra o con una pluma. Así que venga, frota que te frota porque me decía el cuidador que le relajaba. Y mientras él cogiendo con las manos las cacas que iba haciendo el elefante (imaginad el tamaño) y lanzándolas lejos de donde estaba yo. Un gran detalle por su parte, aunque en ese momento creo que ya hasta eso me daba lo mismo, jejejeje.

Bañar un elefante

Cuando consideramos que ya estaba bien de frotar al animal, llegó el momento de volver a subir a su lomo. Lo primero que pensé fue lanzarme sobre el elefante e ir trepando como pudiera. Menos mal que no estaba sola y que me explicó mi acompañante como hacerlo y él mismo le pidió al paquidermo que me ayudara. No es que sea muy sencillo, pero si divertido: basta con colocarse sobre su trompa y él ya se encarga de llevarte hasta su cabeza. Una vez arriba, tuvimos otro rato de lanzar agua con la trompa, me daba tanta risa que una vez se me metió agua en la boca y… puf… un poco de mal rollo. Pero escupí bien fuerte y pensé que eso no me iba a aguar la fiesta. Y seguí gritando al animal para que lanzara agua sin parar.

Todo llega a su fin, y el baño también. Yo estaba agotada, supongo que debido a la emoción y los nervios, pero apenada de que ese rato tan divertido llegara a su fin. Solamente quedaba salir del agua y regresar al lodge… pasando otra vez entre aquellas ranas a la orilla del río de Chitwan. ¡¡¡Pero a quien iban a importar ya esos mini animales después del rato tan increíble que me había regalado mi amiga la elefanta!!! (Lo de elefanta lo he deducido yo en casa al ver las fotos, porque entre las patas delanteras, cómo diría mi sobrina, se la ven las tetitas).

ChitwanY eso fue todo, así fue mi experiencia en Chitwan bañando a un elefante, algo que muchos critican por considerar que se está maltratando al animal. Yo no lo vi así, cierto que estaría mejor viviendo en libertad pero de este animal que os hablo solamente puede decir que estaba cuidado, atendido, alimentado y su cuerpo, que vi muy cerca, no tenía una señal de maltrado. Para mi bañar un elefante fue una experiencia genial y muy divertida, de lo más alucinante que se puede hacer en Nepal y que recomiendo que todo el que tenga oportunidad la disfrute, y que luego nos la cuente.

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Comentarios (02)

  1. Recientemente estuve en Camboya y tube una experiencia similar, aunque yo no fui capaz de meterme en el río, fue en plena selva y el río traía una fuerza que me arrastraba, también nosotros fuimos buscando la vista de los elefentes que no supusiera un maltrato y había muchas…no se como decirlo… “empresas” que en teoría no los maltratan pero me vendían mas la visita a un zoológico, los crían y los cuidan sí, pero las visitas eran de grupos de personas de se cuantos y me daba la sensación que los criaban para seguir fomentado ese turismos así que fuí en plena selva, a un poblado, donde un “guía” nos presentó en plena selva a su elefante, tampoco había señal alguna de maltrato

    1. Yo aún me pregunto como fui capaz de meterme en ese río… con un elefante de ese tamaño. Lo disfruté, el animal estaba cuidado y alimentado, además las rupias que pagué por ello seguro que sirvieron para alimentar a un puñado de pequeños niños que de otro modo igual lo tienen muy complicado para salir adelante.

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