Ella

Diario de viaje Sri Lanka: Ella y las vías del tren

19 de Marzo – Pasando el día en Ella

Esa mañana nos despertamos antes de lo esperado. En cuanto amaneció el ruido en la calle a la que da nuestra habitación no paró. Un camión tras otro pasaban por allí y con ellos se acabó la paz de la noche. La verdad es que no dormimos muy bien, la ropa de cama era demasiado pequeña y apenas nos tapaba y encima yo cada vez tenía la nariz más atascada por el resfriado que pillé en Nuwara Eliya. Aguantamos un rato en la cama, pero al final lo más sabio nos pareció levantarnos y aprovechar las primeras horas de la mañana para la primera ruta que teníamos en mente. Así que ducha y desayuno para empezar el día con uno de esos zumos de frutas que los cingaleses hacen como nadie.
Antes de salir del Dream Café le preguntamos al dueño por las posibles rutas y sobre todo por algún plano que nos facilitase ver todo lo que teníamos alrededor. Nos dio una fotocopia bastante buena y nos indicó varios lugares a los que podíamos llegar andando sin problemas, varios de ellos siguiendo sencillamente las vías del tren, que era una de las cosas que nos apetecía hacer. De modo que caminamos hasta la estación de tren sin tener muy claro que hacer al llegar allí para poder bajar a las vías sin que nadie nos llamase la atención.
Cruzamos ante la preciosa oficina de la estación y nos dimos cuenta de que sin duda este lugar era el más bonito de la localidad, y es que en Ella lo que importa es el paisaje, el resto vale poco. Una vez en el andén coincidimos con un tren que se marchaba, así que esperamos unos minutos y en cuanto el tren abandonó la estación bajamos a las vías y empezamos a caminar hacia la derecha para seguir la ruta que indicaba el plano que no habían dado y así llegar a un puente en él marcado.

Ella Sri Lanka
El paisaje era realmente bonito y a esa hora aún no hacía mucho calor por lo que íbamos tranquilos y disfrutando del paisaje y de la peculiar experiencia de caminar sobre la vías del tren. Vimos algún lagarto curiosamente atropellado y ranas muertas que no sabemos como habrían llegado a parar allí. En algunos tramos las vías quedaban tapadas por la arena y la vegetación pero nada que impidiera el agradable paseo. Durante el camino encontramos a niños, mujeres, hombres, vacas, perros… y es que en esta zona del país no hay duda de que el mejor modo de llegar de un punto a otro son las transitadas vías del tren.

Ella SRi Lanka
Lo cierto es que nos paramos infinidad de veces a hacer fotos, curiosear por los alrededores o descansar en la sombra, y es que según pasaba el tiempo iba haciendo más calor y el sol era implacable.

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Como una hora y media después de salir de Ella vimos un túnel no muy largo, pero que sin duda había que atravesar. De repente surgen dudas. ¿Y si viene un tren y no somos capaces de correr lo suficiente para salir a tiempo? Aquí no hay nada más que una vía por la que van y vienen trenes, así que una vez dentro ese lugar apenas queda espacio para apartarse… o eso me parecía a mi. No nos parecía que se escuchara nada, así que aceleramos el paso para llegar al otro lado que era donde nos esperaba el final de nuestro paseo, el puente. Tuvimos suerte y disfrutamos de un paseo sobre el puente Demodara Nine Arch Bridge para llegar a un punto desde el que nos parecía que si llegaba un tren lo podríamos ver perfectamente y además estábamos a la sombra. Entonces llegó un niño muy espabilado que nos habló en español, italiano, inglés,…. y nos dijo que quedaban solamente 10 minutos para que pasara por allí un tren, y que lo mejor era subir al bar de su familia en lo algo de una colina cercana. Hacía tanto calor que yo le dije a Arturo que no me apetecía caminar más y que prefería quedarme allí… y fue una pena, porque aunque vimos bien el paso del tren, más tarde en unas fotos descubrimos que desde lo alto la vista hubiera sido mucho mejor. Así que si alguno pasa por allí, que no haga pereza y suba a ese lugar.

Ella Sri Lanka

Ella Sri Lanka
Habíamos vivido la experiencia de sentir como el tren pasaba a nuestro lado llenando con su sonido el tranquilo y verde paisaje que nos rodeaba, estábamos contentos pero realmente acalorados, el sol lucía implacable y el cuerpo nos pedía algo fresco. Regresamos sobre nuestro pasos hacía Ella buscando la sombra cada vez que era posible y de nuevo encontrando gente por el camino rumbo a sus casas, al mercado, a la escuela…
De nuevo en Ella en la calle que baja de la estación al pueblo había varios locales donde tomar algo, paramos en el primero de ellos en el que daba la sombra para tomar una cerveza que no tenían, así que nos decidimos por unas coca colas y nos sentamos para ver que hacíamos a continuación. La decisión fue que iríamos a Ravana Falls y al Dowa temple. Pero para ello nos hacía falta un tuk tuk o una moto. Acabadas las bebidas nos fuimos hacia nuestro hotel y de paso preguntamos a varios tuk tuk los cuales solamente por llevarnos a las cascadas nos pedían 1500 rupias que me pareció una barbaridad y le dije a Arturo que podíamos preguntar el alquiler de una moto y justo estábamos hablando del tema cuando pasó el bus que nos podía llevar hasta Ravana Falls, así que ni cortos ni perezosos nos subimos y tuvimos nuestra primera experiencia en este tipo de transporte en Sri Lanka. El viaje fue movido pero muy entretenido, y sobre todo muy barato: 36 rupias los dos.

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Llegamos a las cascadas y la verdad es que a mi no me parecieron gran cosa a esa distancia. Cierto que son altas y las vistas desde allí bonitas, pero nada especial. Había cingaleses dándose un baño en un rincón y turistas disfrutando de las pozas que se forman entre las rocas. También había bastantes vendedores de piedras, muy pesados, la verdad. Apenas estuvimos allí unos minutos, hicimos alguna foto y nos fuimos a esperar de nuevo algún bus que nos llevara hacia Ella. Pero mientras esperábamos pensamos que mejor preguntar si alguno de esos buses nos podía llevar a Dowa Temple. Y la respuesta fue que si, así que a preguntar a cada uno de los conductores que pasaban sobre su destino. Nos tocó esperar casi 15 minutos, pero al final llegó el bus que necesitábamos para llegar a nuestro destino. Tuvimos que hacer muchas paradas hasta llegar a Dowa Temple y tardamos una media hora, pero solamente nos costó 34 rupias por persona. El bus nos dejó en la carretera desde la que una escalera bajaba hasta el templo que íbamos a visitar. De fondo se escuchaba el ruido de un río y el lugar quedaba bastante por debajo del nivel de la carretera. Al llegar al final vimos un edificio cerrado que parecía el templo, pero enseguida un señor se acercó y lo abrió para nosotros mientras nos indicaba que la entrada era gratuita pero que se agradecía un donativo. Dejamos 200 rupias, nos hicieron un “justificante de pago y entramos al templo que constaba de varias salas llenas de Budas de intensos colores en diferentes posturas, algo similiar a lo visto en Aluvihara y Dambulla. También había muchas pinturas pero aunque no me considero yo quien para juzgar el arte de estos lugares, si puedo decir que aquí todo me pareció de inferior factura que en las magníficas cuevas que habíamos visto días antes. Además aquí todo lucía sucio y viejo, cosa que sin duda no anima a la visita.

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Pero lo que realmente nos había animado a visitar este templo era la imagen del Buda tallado en una roca junto al templo. Es una imagen sencilla pero que transmite cierta sensación de paz… si los monos que hay por los alrededores no la alteran.

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Visto el templo y los Budas tocaba regresar a Ella, y para ello subimos de nuevo a la carretera para esperar el primer bus que nos pudiera llevar. Apenas tardó unos minutos en llegar y esta vez pagamos 40 rupias por los dos. En total nos gastamos en los tres trayectos 144 rupias. No hay que hacer muchas cuentas para ver lo que nos ahorramos, y sobre todo que en Ella uno se puede permitir dedicar tiempo a esperar un bus u otro, no hay mucho que hacer además de pasear y disfrutar del paisaje.
Cuando llegamos a Ella pensamos que hacía aún demasiado calor para volver a salir de caminata y pensamos que era buena idea subir de nuevo al Chilli Café para picar algo y tomar una cerveza, que ya nos la habíamos ganado. Así que allá fuimos consiguiendo esta vez sentarnos en unos de sus comodísimos sofás donde casi me dormí sintiendo la brisa que sopla en esa terraza, sin duda uno de mis sitios preferidos de Ella.

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Cuando el sol empezaba a bajar nos pusimos de nuevo en movimiento para dar otro paseo, y es que la verdad es que en Ella no hay mucho que hacer además de dar largar caminatas. Regresamos a las vías del tren, pero esta vez sin rumbo fijo y elegimos la dirección contraria a la de la mañana. Daba la sombra y el paseo fue tranquilo aunque encontramos muchos turistas, todo lo contrario a unas horas antes que estuvimos totalmente solos (bueno, acompañados de cingaleses que iban y venían). La verdad es que yo estaba cada vez más agotada, el resfriado no me dejaba respirar en condiciones y tenía mucha tos por lo que aguanté andando poco más de una hora, justo hasta llegar a un puente que habíamos visto en el plano. Allí le dije a Arturo que prefería darme la vuelta, porque además nos quedaba poco más de hora y media de luz. Así que volvimos a Ella caminando sobre las vías del tren….

Ella Sri Lanka
De vuelta en Ella el cuerpo me pedía una ducha y una cambio urgente de ropa, así que aprovechamos para asearnos y hacer la maleta antes de ir a cenar. Al día siguiente íbamos a abandonar Ella temprano así que mejor dejar todo preparado.
No buscamos mucho un lugar para cenar. Bueno, no buscamos nada. Fuimos tan originales que volvimos a Chilli Café, nos parecía un buen lugar para despedirnos de Ella y estaba al lado del hotel. Así que allá fuimos y yo, tonta de mi, volví a caer en la tentación de pedir un curry. Lástima porque no me lo pude acabar ya que algunos de los cuencos llevaban cosas que picaban a rabiar… así que terminé dejando aquello y pidiendo una pizza que calmara mi hambre y que pudiera saborear.

Ella SRi Lanka
Cuando terminamos de cenar Ella ya había recobrado la calma de la noche, único momento en el que no pasan constantemente por allí coches y camiones. El único ruido era el de los ladridos de algún perro o las conversaciones en la calle.
Yo estaba agotada, el enfriamiento de estaba dejando KO y eso no podía ser, así que antes de meterme en la cama me tome un paracetamol y entre eso y el Espidifen que siempre viene conmigo de viaje conseguí superar el bache como si nada me pasara. Eso si, dormimos como bebés, que bien nos habíamos ganado el descanso.

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