Isla Culebra

Diario de Puerto Rico: día 4. Isla Culebra y Playa Flamenco

7 de diciembre 2016. Nuevo día en Puerto Rico, al abrir las cortinas por primera vez vimos un cielo sin nubes y al comprobar el pronóstico del tiempo parecía que de verdad el sol nos iba a acompañar toda la jornada. Podríamos ir a pasar el día a Isla Culebra con la esperanza de que la lluvia no nos visitaría ese día.

Teníamos los horarios de los ferrys que unen cada día Fajardo con Isla Culebra, nosotros queríamos irnos en el de las 9 de la mañana o de otro modo sería muy poco el tiempo del que podríamos disponer para disfrutar de nuestro destino final del día: Playa Flamenco. Desayunamos como cada día en el restaurante Las Brisas del Hotel El Conquistador, subimos a por nuestras cosas a la habitación y salimos pasadas las ocho de la mañana hacia el embarcadero de donde partiría nuestro barco. Nos habían aconsejado no ir con la hora muy pegada ya que para los barcos que van a Isla Culebra tienen garantizado que van llenos y nunca venden los tickets con antelación, solamente en el mismo día y es mucha la gente que viaja cada mañana desde Fajardo. Nosotros pensábamos que íbamos con tiempo, cuando de repente al final de una calle nos encontramos con un buen atasco. Por las indicaciones que nos habían dado parecía que estábamos cerca del puerto… pero había que llegar. Eran las ocho y media, yo veía que aquello no avanzaba y me estaba poniendo de los nervios. Si perdíamos ese barco el siguiente a Isla Culebra no saldría hasta las 3 de la tarde y ya no podríamos disfrutar del día de playa que habíamos imaginado. Poco a poco fuimos avanzando y alcanzamos la zona del puerto, allí seguía habiendo mucho tráfico, teníamos que aparcar e ir a comprar los tickets. Decimos dividirnos, Arturo se fue en busca de un parking para dejar el coche (o pagas o en esa zona está complicado estacionar un vehículo) y yo a comprar los billetes para el barco.

Habíamos llegado a tiempo y a las nueve menos diez estábamos los dos en la fila para subir al barco que nos llevaría a Isla Culebra. Con nosotros había algunos extranjeros más, pero la mayoría eran grupos de puertorriqueños que iban a pasar el día a la isla. Llevaban sillas, sombrillas, neveras, flotadores… y nosotros nuestra bolsita con dos toallas y el bronceador. Íbamos bien ligeros, estaba claro. Y así, entretenidos mirando a unos y otros se pasó la hora del embarcar, dieron las nueve y media y allí seguíamos como pasmarotes. Tanto correr y ese día el barco iba a salir tarde. ¡¡Bien!! Finalmente fuimos subiendo al barco y tomando asiento, en esas embarcaciones se venden las plazas justas para las personas que pueden ir sentadas, está prohibido ir de pie. Nos explicaron donde estaban los salvavidas y las salidas de emergencia (el mar estaba calmado, pero claro, vete a saber cuando puede llegar una ola tan grande que te juegue una mala pasada), todo parecía correcto cuando por fin  salimos rumbo a Isla Culebra y nuestra deseada Playa Flamenco.

Eran casi las once cuando por fin bajamos del barco, tocaba coger un taxi para ir hasta la playa y eso fue muy sencillo. Nada más tocar tierra encontramos a un buen número de taxistas con carteles indicando “Playa Flamenco ida 3$, I/V 5$”. Nos acercamos a uno de ellos y nos llevo hasta una pequeña furgoneta en la que con otros 8 viajeros viajamos hasta la playa más bonita de Isla Culebra. De esa playa dicen que es una de las mejores del mundo, nosotros desde luego nos quedamos encantados desde le minuto uno: poca gente, un enclave paradisíaco, aguas turquesa, arena blanca y fina, palmeras bajo las que tumbarse a no hacer nada….

Isla Culebra

Vimos que allí se podían alquilar sombrillas y sillas, pero ¿quién quiere una tela sobre la cabeza pudiendo tener las hojas de una palmera?. Nos acomodamos y recibimos una visita: las gallinas que campean por la playa como si fueran gaviotas. Algo que yo nunca había visto. Eran la mar de confiadas, se acercaban sin ningún miedo a ver si les caía una miga de alguna patata que alguien pudiera estar comiendo. Pasamos el día en la playa entre paseos, baños, fotos, alguna cerveza (comprada en los chinchorros que encontramos junto al parking donde nos dejó el taxi) y ratitos de lectura. El cielo estuvo azul todo el día y disfrutamos de uno de esas jornadas en las que uno no hace nada especial pero que le saben a gloria. Aunque ahora que lo pienso, visitar Isla Culebra y Playa Flamenco es algo realmente especial.

Isla Culebra

A las cinco teníamos que estar de nuevo en el puerto de Isla Culebra, el último barco que va a Fajardo salía a esa hora. De modo que a las cuatro dejamos atrás la playa para volver al parking donde nos habían dejado por la mañana y buscar al taxista al que habíamos pagado en el puerto. Allí estaba esperando pasajeros y en unos 15 minutos estábamos ya en el puerto. Dimos una vuelta por la zona, vimos los adornos navideños con aire caribeño y esta vez puntualmente abandonamos la pequeña isla para volver al hotel.

Cuando llegamos a Fajardo ya era de noche (a la seis de la tarde en diciembre allí toca encender la luz), nos fuimos al parking, pagamos los 5 $ del estacionamiento por todo el día y nos marchamos al hotel. Una buena ducha, un rato de lectura frente al mar… y cuando nos dimos cuenta era la hora de cenar. Nuestro hotel estaba alejado de todo, no quedaba más remedio que salir con el coche. Nos dirigimos a un restaurante que nos había recomendado un matrimonio puertorriqueño en el barco a Isla Culebra, pero cuando llegamos no había absolutamente nadie, y no nos animamos a quedarnos. Buscamos otras opciones, incluso quisimos repetir en el que cenamos dos días antes, pero o estaban cerrados, o no nos gustaba el lugar o era demasiado solitario. Pasamos una hora de acá para allá…¡¡¡para terminar cenando en un Burguer King!!! Somos lo peor pero en serio que la cosa no era nada sencilla… En cualquier caso cenamos unas sabrosas hamburguesas… al día siguiente ya se nos daría mejor.

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Comentarios (06)

  1. Que preciosidad de arena, de playa, de agua y de todo. Tu vete poniendo debajo de las palmeras, Kris… Cualquier día te cae un coco a la cabeza y te deja lela (algunos dirán que más lela…).
    Jejeje, no me hagas caso: es solo la envidia cochina! La verdad es que me están entrando ganas de viajar a Puerto Rico.

  2. Pero que belleza de lugar!!! Que ganas de playa! Aca en Buenos Aires estamos en pleno verano muriendo de calor en la ciudad de cemento. Necesito un chapuzón en esas aguas turquesas!

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