Madurai

Diario de viaje India del sur: Madurai

12 de Octubre – Madurai

Salimos de Chettinad tras visitar las mansiones con destino a Madurai, una de las ciudades más conocidas del sur de India y una de las pocas cuyo nombre me “sonaba” antes de comenzar a preparar nuestro viaje.

Aún es de día cuando llegamos a las calles de esta gran ciudad y nos sorprende el caos y el ruido en las calles. La sensación es similar a la que se tienen en otras grandes ciudades del norte de India en las que las calles están llenas de coches tocando el claxon y la gente va y viene en todas direcciones.

Nuestro hotel, el Heritage Madurai, está un poco alejado del centro y resulta tranquilo pues está en medio de unos jardines alejados de la carretera. Enseguida hacemos el check-in y nos acompañan a nuestra habitación. El recinto es bastante grande y cuentan con coches eléctricos para llevar equipajes y a los pasajeros que lo necesiten, un capricho que muchos sin duda agradecen.

Madurai, Tamil Nadu

Esa noche le pedimos a Vittal que viniera a por nosotros para ir a cenar a un sitio que habíamos visto recomendado, el Surya. Está ubicado en la azotea del Hotel Supreme, y tenía una amplia carta con todo tipo de platos indios, una ambiente muy animado con oriundos y turistas, y sobre todo, unas vistas amplias de la ciudad con la estrella de la ciudad iluminada al fondo: el templo de Sri Meenaskshi. A pesar del calor que hacía en la ciudad, el estar tan altos nos brindó un poco de brisa que hizo la cena aún más agradable.

Al subir a cenar le dijimos a Vittal que se marchara a descansar, que nosotros regresaríamos al hotel en un rickshaw. Y así lo hicimos, por unas pocas rupias nos permitimos no estar pendientes de horarios ni de que nuestro conductor estuviera esperando.

Una vez en el hotel una buena ducha, un poco de lectura y a dormir. Que el calor, al menos a mi, es una de las cosas que más me agotan.

13 de octubre

El desayuno tipo buffet del hotel es muy variado, y después de probar un poco de todo y animar el cuerpo Arturo con café y yo con té, salimos en busca de Vittal. Con él nos adentramos de nuevo en el caos de la ciudad mientras avanzamos hacia el templo de la diosa de ojos de pez y tres pechos: Meenakshi Amman. Ella da nombre al más famoso templo de la ciudad y uno de los más importantes del sur de India.

Dejamos a Vittal en una calle de Madurai cercana al templo pues la plaza en la que se encuentra es accesible solamente a pie. Una vez en ella tenemos que dejar (cómo no) nuestros zapatos en las taquillas preparadas para ello y acceder descalzos al templo pasando por debajo de uno de los cuatro grandes gopurams llenos de coloridas esculturas que comunican la calle con el recinto sagrado.

Madurai, India

Una vez dentro del recinto y aunque es temprano ya nos cruzamos con hindúes que van y vienen con ofrendas hacia zonas del templo cuyo acceso es exclusivo para ellos, nosotros nos tendremos que conformar con la vista desde el exterior de la mayoría del recinto. La verdad es que el templo es tan amplio y tiene tanto que ofrecer que aunque no podamos entrar a muchos sitios sabemos que tenemos mucho que hacer y ver en este lugar.

Comenzamos la visita al templo de Madurai girando hacia nuestra derecha y encontramos un espacio cubierto con columnas bajo las cuales vimos a hindúes con sus ofrendas recibiendo la tikka de sacerdotes. Allí mismo, un elefante decorado como en otros tantos templos de Tamil Nadu. Unas rupias o unos plátanos parecían suficientes para recibir un “trompazo” y allá que fuimos nosotros, que teniendo la ocasión de nuevo de una bendición, ¡¡¡cómo irnos sin ella!!!

Madurai, India

A continuación entramos a la parte cubierta y oscura del templo… y nos encontramos rodeados del ambiente más espiritual que alguien pueda imaginar: esculturas de deidades, flores, olor a incienso, velas, ofrendas, fieles parados frente a la imagen de cualquier dios orando ajenos al moviendo que les pudiera rodear…. Todo el templo transmitía esa sensación de lugar especial al que todo el que va lo hace con esa pasión especial del que cree en algo superior, algo al que se le puede pedir porque tiene el poder de conceder.
Al llegar a este templo habíamos visto muchos otros increíbles en Tamil Nadu, asistido a ceremonias únicas, contemplado como se hacían ofrendas… Pero probablemente por la cantidad de hindúes que había en el templo de Meenakshi esa sensación de espiritualidad era mayor que en otros lugares.

Madurai, India

Este templo es inmenso y magnífico, lleno de recovecos y puertas (muchas de las cuales no pudimos atravesar), de largos pasillos cubiertos con techos llenos de color que sustentan altísimas columnas decoradas con esculturas. Es un mundo de luces y sombras, la oscuridad más absoluta a veces desaparece cuando una puerta o ventana es atravesada por la fuerte luz del exterior. A mi que me resulta complicado perder la orientación en este y otro templos de esta zona de India la perdí por completo tan absorta como iba en todo lo que pasaba a mi alrededor.

Madurai, Tamil Nadu, India

Recorrimos toda la zona cubierta del templo yo diría que dos veces, nunca teníamos claro haber pasado ya por un sitio o no, hasta que por fin dimos con algo que nos pareció una especie de salida y nos dirigimos hacía ella. Un poco más allá, la luz. Seguimos viendo columnas, pero ahora colocadas como se de un claustro se tratara. En el centro, un gran estanque, y pasando alrededor la oportunidad de divisar varios de los magníficos y profusamente decorados gopurams del templo.

Madurai, India

Madurai

En esta zona también vimos algunas paredes con delicadas pinturas, y una vez más fieles que iban de acá para allá llevando flores o encendiendo velas.

Madurai, India

Lo último que visitamos en el templo fue el museo, ubicado en la sala de las mil columnas. Hay que pagar entrada para acceder, pero a la persona encargada de su venta le debimos caer en gracia pues en lugar de cobrarnos la cara entrada de turistas nos cobró y entregó una de las baratas que corresponden solamente a los indios. Eso que nos ahorramos…. La verdad es que nos gustó mucho el museo, sus esculturas colocadas entre las fantásticas columnas, la iluminación,… Creo que estando allí sin duda merece la pena una visita aunque sea rápida.

Madurai

Al salir del museo, en lugar de regresar a la puerta por la que habíamos accedido al templo, salimos por otra en la que había un montón de puestos de frutas, ofrendas, flores, incienso… y una figura de Nandi, el vehículo del dios Siva, ante la que muchos hindúes ser paraban a orar.
Nos tocó caminar luego descalzos por la calle hasta el lugar donde estaban nuestro zapatos, pero creo que esas alturas de viaje ya estábamos curados de espanto y lo mismo nos daba. Además la zona que rodea al templo es peatonal como dije antes y no estaba tan sucia como cualquier otra calle de la ciudad.

Camino al coche donde nos esperaba Vittal pasamos delante de muchas tiendas, y en una de ellas nos invitaron a subir a la azotea prometiendo unas vistas inigualables del templo. Arturo dijo que no iba a subir, pero yo me animé y entré a la tienda (donde agradecí enormemente el aire acondicionado) y subi a la azotea pasando por plantas llenas de artesanía. Y la verdad es que la vista era muy buena, se podían ver seis de los ocho gopuram del tamplo, pero tenía justo el sol delante, por lo que decidí no hacer ninguna foto (que iba a salir mal casi seguro) y llevarme ese recuerdo solamente para ti. Al bajar el personal de la tienda estaba empeñado en mostrarme todo lo que allí había, pero decliné su invitación de ver cada objeto que allí había pues tenía claro que no iba a comprar.

Una vez en el coche pusimos rumbo al Palacio de Tirumalai Nayak de Madurai. Debió ser un edificio soberbio, pues queda muy poco de lo que fue y resulta magnífico. Hay que pagar entrada y bastante cara teniendo en cuenta lo que realmente se puede ver dentro. A mi me parece que no merece la pena, pero claro, lo he visto y puedo juzgar, pero la verdad es que aparte del patio con enormes columnas, solamente se puede visitar lo que fue el salón de baile decorado con esculturas.

Madurai, India

Terminada la visita del palacio, y teniendo en cuenta el calor que hacía en Madurai a esas horas, decidimos que lo mejor era volver al hotel, disfrutar un poco de la piscina y quedar por la tarde con Vittal para la cena y volver al templo, en el cual sabíamos que algo pasaba cada noche….. Y es que Siva parece ser que no le gusta dormir solo, y cada noche va a pasarla con su amada diosa de los ojos de pez….

Madurai, India

Esa tarde habíamos decidido darnos un capricho y subir a tomar una cerveza al hotel Taj Garden donde habíamos leído que eran especialmente bonitas las puestas de sol con Madurai al fondo… pero no tuvimos la suerte de poder ver una, pues a media tarde comenzó a cubrirse el cielo, llovió un poco y las nubes decidieron no abandonar el cielo de la ciudad. Aún así, mantuvimos nuestro plan y fuimos con Vittal hasta el hotel situado en una colina a las afueras de la ciudad. No vimos la puesta de sol, pero si pavos reales y monos en los árboles junto a los que estábamos disfrutando de la calma del lugar. Como nos pareció un lugar muy agradable, decidimos quedarnos a cenar el buffet del que disponía el hotel y así evitar de nuevo el caos de la ciudad en busca de un lugar donde cenar esa noche.

No nos demoramos demasiado, pues sabíamos que como muy tarde a las nueve teníamos que estar dentro del templo si no queríamos perdernos la procesión que cada noche lleva a Siva al lado de Meenakshi.
Vittal nos llevó hasta una calle de Madurai cercana a la entrada del templo, pero estaba todo oscuro y no había nadie a quien preguntar así que fuimos caminando al templo hasta la primera entrada que vimos. El lugar en ese momento resultaba mágico iluminado levemente, nuestro pasos se escuchaban sobre las piedras, pero aparte de eso nada indicaba donde podía estar teniendo lugar la procesión. Fuimos caminando hasta que empezamos a escuchar voces y cánticos, y atravesando la puerta cercana al estanque que habíamos visto esa mañana nos dimos de bruces con el dios y su séquito. Muchos fieles, pero también muchos turistas ansiosos de conseguir una foto y no de disfrutar de ese momento especial. Yo al principio me quedé bastante sorprendida y curiosa me acerqué para ver de cerca todo lo que pasaba….hasta que me sacó de ensimismamiento una turista grosera cuya única obsesión era hacer fotos y fotos, y claro, yo me había metido sin querer en su campo de visión.

Madurai

Aparte de ese pequeño incidente, recuerdo aquello como algo curioso donde aunque no entiendas que pasa, sabes que es importante para ellos, para los hindúes que allí estaban lanzando flores e inclinando el rostro al paso de uno de sus dioses más importantes, Siva. Todo acabó cuando los sacerdotes atravesaron la puerta que llevaría al dios hasta su diosa…. Y fin. Todos a casa o a los hoteles a descansar para lo nuevo que nos depararía el siguiente día.

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