Mysore

Diario de viaje India del sur: Mysore

23 de Octubre – Mysore

Después de un largo día conociendo templos hindúes y jainíes finalmente llegamos a Mysore a última hora de la tarde. Cruzamos una ciudad que nos pareció bien urbanizada y con amplias avenidas hasta llegar a nuestro hotel The Quorum. Era de los más baratos del viaje gracias a una oferta genial, y desde fuera nos pareció moderno y estiloso. Pero una vez dentro la cosa empezó a empeorar. Aunque en general podía pasar y más por lo que habíamos pagado, las moquetas sucias y el olor a humedad en los pasillos hacia las habitaciones no parecían buen presagio. Por suerte una vez en la habitación todo estaba muy bien, desde la amplitud de la estancia a la limpieza o la comodidad de la cama. En contra solamente las vistas que eran sosas y una alfombrilla en el baño que quitamos según entramos.

Mysore The Quorum Hotel

Nos aseamos un poco, cogimos algo ligero por si refrescaba y aunque había anochecido salimos a dar un paseo. Nuestro destino: el palacio de la ciudad. Estaba como a 20 minutos andando y el camino era sencillo gracias a las calles siempre paralelas que evitaban que cualquier despiste nos hiciera acabar en el lugar equivocado. Como ya dije antes, estábamos en plena celebración de Dasara, una de las fiestas más importantes del calendario hindú, y es precisamente en Mysore donde se celebra con más esplendor: elefantes engalanados, procesiones, ofrendas en el templo….
A mitad de nuestro paseo precisamente nos encontramos con los elefantes de marajá de la ciudad que habían salido a la calle en una especie de procesión, así que allí, en mitad de una calle cortada al tráfico y llena de curiosos vimos por primera vez a los elefantes que al día siguiente formarían parte de una de las mayores fiestas de la ciudad.

Contentos por haber visto ese grupo de paquidermos seguimos caminando hasta el palacio donde nos llevamos otra gran alegría: estaba completamente iluminado y podíamos acceder sin problema a los jardines para verlo dando un pequeño rodeo. En el interior estaba teniendo lugar una ceremonia en la que participaban el marajá (que aún hoy vive en este palacio) y miembros del gobierno mientras todo lo que pasaba dentro de un salón sacado de las mil y una noches se podía ver en directo en unas grandes pantallas instaladas en varios puntos de los jardines.

Mysore - Palacio real

Paseamos un rato de acá para allá mientras nos cruzábamos con indios que iban y venían. Empezaba a refrescar y de mutuo acuerdo decidimos que era hora de ir a cenar. Habíamos leído sobre un restaurante bastante recomendado y que casualmente estaba en un hotel muy cerca del nuestro con lo cual era perfecto. El nombre del restaurante era La Gardenia y la verdad es que cenamos bastante bien en un buffet con comida india y occidental bien preparada y presentada. Eso si, estaba tan lleno que nos toco esperar unos minutos a que una mesa quedara vacía, pero sin duda mereció la pena esa rica cena antes de irnos a descansar después de un intenso día.

24 de Octubre

Empezamos el día con un rico desayuno y salimos a esperar a Vittal para subir con él hasta el Monte Chamundi en el cual se encuentra el templo más importante de la ciudad cuya entrada domina un imponente gopuram. Nada más llegar arriba fuimos conscientes de que no era un día normal. Cientos de personas iban y venían con sus ofrendas en las manos, había mercadillos donde encontrar todo tipo de artículos, el ambiente era realmente festivo, y es que era el día grande de Dasara, la gente no trabajaba y al parecer la mejor forma de empezar el día era subir al templo. Para nosotros fue una faena porque realmente había tanta gente haciendo cola para acceder al interior del lugar que tuvimos que olvidar la idea de entrar allí y pasar a otra cosa.

Mysore Monte Chamundi

Volvimos al coche un poco desilusionados y bajamos a otro punto importante en el monte: la gran estatua de Nandi, el toro vehículo de Siva. Allí bajamos y de nuevo nos encontramos rodeamos de gente con sus ofrendas haciendo fotos y disfrutando de su fiesta.

Mysore - Nandi Monte Chamundi

Vittal se daba cuenta de mi cara de decepción y me dijo que me iba a llevar al que fue palacio de una de la majaranís de la ciudad y que actualmente era un hotel muy bonito. Además nos comentó que le habían llamado por el tema del desfile de Dasara y la entradas. Nos dijo que la ciudad quedaría cortada al tráfico en breve, pues había que organizar ya que el desfile salía de palacio (por lo que no podríamos visitarlo ese día, otra decepción) y luego recorría gran parte de Mysore. La opción era buscar un lugar en la calle y esperar horas a que todo llegará hasta donde estuviéramos o comprar esas entradas que nos daban derecho a entrar a los jardines del palacio por 500 rupias cada uno. No sabíamos si sería caro o no, pero teníamos pocas opciones de cosas que hacer en la ciudad salvo acudir a la dichosa procesión que trastocaba todos nuestros planes, así que al menos intentar verla del mejor posible. Le dijimos a Vittal que ok a las entradas y él llamó para que nos las guardaran. Mientras, habíamos llegado al blanco y gran palacio de la majaraní cuya cúpula nos recordó primero a Notre Dame y luego al Capitolio de la Habana, siempre salvando las distancias.

Mysore Palacio de la maharaní

Dimos una vuelta por el hotel algo decadente y luego le pedí a Vittal que antes de ir a por las entradas me llevará a una tienda en busca de un sari. Sabía que era algo que iba a comprar y que vendría conmigo a Madrid como mero recuerdo porque nunca lo usaré, pero me hacia ilusión volver de mi cuarto viaje a India con una de esas prendas en la maleta. Di muchas vueltas, pensé en un color, luego quería otro…. había tanta y tanta variedad que en un momento dado le dije a Arturo que ya no lo quería. Pero él, bendito sea (jejejejeje) me animó de nuevo y finalmente salí con un precioso sari bajo el brazo. Lo siguiente era recoger las entradas para el desfile y llegar al palacio. Las calles empezaban a estar cortadas, el trafico era tremendo…. y el sol pegaba con mucha fuerza cuando por fin Vittal nos dejó en la puerta del palacio y nos despedimos de él hasta el día siguiente, pues sabíamos que luego no era complicado llegar al hotel.

Pasado el control de entradas junto a infinidad de personas estábamos en los jardines, pero no teníamos ni idea de que hacer ni a donde ir, así que seguimos a la gente en dirección al majestuoso palacio que estaba junto frente a nosotros.

Mysore Palacio Real

Siguiendo a todas aquellas personas pasamos junto a lugar donde estaban pintando y engalanando a los elefantes y llegamos hasta unas gradas llenas de gente que a fecha de hoy aún no sabemos como se podía acceder a ellas. Había gente por todas partes sin ningún tipo de orden, nosotros intentamos buscar una hueco donde poder estar medianamente cómodos, pero el sol quemaba y no apetecía nada colocarse en un lugar sin sombra sin saber cuanto tendríamos que estar allí. Primero estuvimos cerca de la puerta principal del palacio de Mysore y allí vimos a soldados a caballo y a pie que llegaban para desfilar.

Mysore celebrando Dasara

El público estaba bastante descontrolado y la organización pronto nos dimos cuenta de que era tirando a mala. La gente se saltaba vallas, se subía en lugares prohibidos…. cada vez éramos más así que pensamos que mejor íbamos a cambiar nuestra ubicación a un lugar algo más tranquilo. Nos fuimos hacia una de las puertas del muro de palacio y buscamos una sombra en la que colocarnos hasta que allí empezar a pasar algo. No tardó mucho en empezar la fiesta y yo terminé sentada en el suelo entre mujeres y niños que enseguida me hicieron hueco para que pudiera hacer alguna foto. No dudaron en moverse y acomodarse de otro modo para darme algo de espacio. Y así empecé a ver mi primer desfile de Dasara en Mysore (y seguramente el último, porque menudo agotamiento).

Ante nosotros fueron pasando elefantes, soldados, bailarines y malabaristas. Cada grupo iba precedido de una carroza y representaba un estado indio. Yo la verdad es que no me enteraba de casi nada, pero todo me parecía tan colorido y original que lo disfrutaba como si comprendiera lo que pasaba delante de mi. Pero llegó un momento que la posición empezó a ser realmente molesta de tan encogidas como tenía las piernas, así que me levante y me fui hacia atrás con Arturo, pero no veía casi nada….
Y entonces vi que en la parte alta de una de las puertas del muro del palacio había un montón de cámaras de TV y de fotógrafos acreditados que habían subido allí por una endeble escalera de bambú. Le dije a Arturo que yo quería subir allí, y ni corta ni perezosa me acerque a un policía que estaba por allí y le pregunté si podía subir. Él a su vez pregunto a unos y otros para al final decirme que subiera con cuidado y que me quedara allí sin molestar mucho. Arturo no quiso subir conmigo, prefirió quedarse a la sombra…. y dos horas después le felicité por su decisión.
Desde lo alto vi pasar todas las carrozas, vi bailar a mujeres con trajes de brillantes colores y vi salir al elefante llevando sobre su cabeza la imagen de un dios (creo que alguien me dijo que era Siva, pero igual podía ser Visnú). También vi la expectación que había en la calle y como la gente había buscado las formas más peculiares de ver el desfile sin perderse nada.Mysore celebrando DasaraAllí arriba estuve mucho tiempo, tanto que cuando bajé me dolía la cabeza por el sol y uno de los brazos se me había quemado. Sin duda algunas cosas tienen un precio…. pero se paga con gusto aunque hubiera preferido que todo hubiera sido más rápido ya que se me hizo un poco pesado tanta carroza, tanto músico y tanto baile…

Mysore

Bajé de mi posición privilegiada por aquella poco segura escalara totalmente agotada, acalorada y sedienta. Esperamos a que pasara un poco el tumulto y abandonamos el palacio rumbo a algún donde tomar una cerveza bien fría. No tardamos encontrar un hotel con una cafetería donde al aire acondicionado y una rica cerveza fueron suficientes para hacernos sentir en el cielo. Comentamos todo lo que habíamos visto y ambos coincidimos en que había sido bastante pesado, que con un par de horas como mucho y menos participantes nos hubiera gustado más.
Recuperados del calor salimos a la calle cuando ya empezaba a caer la tarde y caminamos hasta otro de los lugares más conocidos de Mysore: el mercado Devaraja, un bazar donde se mezclan la India moderna en todas las tiendas del exterior con la India más tradicional en los puestos del patio interior. Cuando llegamos era ya casi de noche pero a pesar de ello un buen número de tiendas estaban abiertas y vendían flores, artesanía y esencias. Pasemos envueltos por aroma dulzón de las flores y prometimos regresar al día siguiente para ver el lugar a la luz del día.

Mysore mercado Devaraja

Seguimos caminando hasta el hotel con pocas ganas de salir a cenar. Aprovechamos que el restaurante del hotel estaba abierto con un buffet bastante curioso y después de una ducha nos quedamos allí mismo a cenar. La verdad es que el día anterior fue mucho mejor y además más barato… pero ya sabéis, a veces la pereza nos puede y pagar unas cuantas rupias más se hace con gusto.
Aún tuvimos que subir a la habitación y cerrar las maletas pues al día siguiente nos íbamos de Mysore hacia la última ciudad por la que pasaríamos en el viaje: Bangalore.

25 de Octubre

Antes de abandonar la bonita ciudad de Mysore íbamos a visitar algunos lugares, el primero el museo del ferrocarril donde vimos varios vagones entre los que destacaba el que perteneció a la maharaní de la ciudad. Totalmente cubierto de madera cuenta con baño, salón, dormitorio y estancias para el servicio. Una verdadera joya a la que no permiten fotografiar.
Más tarde regresamos al mercado Devaraja y lo encontramos mucho más animado que el día anterior. Prácticamente todos sus puestos estaban abiertos y bastantes clientes entraban en busca de fruta, flores o incienso. De esto último yo compré varios paquetes a buen precio y reconozco que con algunos acerté… pero con otro me estrellé de pleno y ya en casa descubrí que su aroma no me gustaba nada de nada.

Mysore

Lo último que nos quedaba ver en Mysore era el palacio. Por tercera vez llegamos hasta él, y mientras Vittal se quedaba en un parking cercano nosotros fuimos a por nuestras entradas para poder acceder al interior del edificio y había tanta gente que creí que sería imposible. Así que le pedí el dinero a Arturo, tomé aire e hice lo que hacían los indios (todos hombres) acercarme a empujones a la taquilla y meter mi brazo entre todos los cuerpos pidiendo dos entradas. Cierto que me colé, pero era eso o irnos desesperados ante tanta gente.

Mysore Palacio de la ciudad
Con las entradas en nuestro poder accedimos a los jardines y después de hacer un par de fotos tuvimos que dejar la cámara en una consigna ya que está totalmente prohibido hacer fotos en el interior del palacio. Junto a un montón de indios y un puñado de turistas nos acercamos a la segunda consigna en la que había que dejar los zapatos. Otra vez empujones para conseguir que alguien te prestara atención. Y es que parecía que todo Mysore se hubiera puesto de acuerdo para ir al palacio ese día. Descalzos y con la entrada en la mano nos acercamos a la tercera parada antes de entrar: el puesto donde nos dejarían una audioguía en castellano de forma gratuita.
Estábamos listo para entrar al palacio de Mysore, uno de los más esplendidos de India. Pasamos de sala en sala, unas con colecciones de arte, otros salones de recepciones, algún patio…. pero todo el tiempo había tanta gente que era complicado hasta pararse para disfrutar con tranquilidad del lugar. Durante el recorrido sin nuestra cámara vimos que casi todos los indios sacaban sin pudor sus móviles para hacer fotos a absolutamente todo sin que nadie les dijera nada en ningún momento. Nosotros podíamos haber hecho lo mismo, pero no me apetecía para nada que alguien me llamara la atención y terminar discutiendo por una tontería.
Terminamos la visita y recogimos nuestras cosas para ir luego en busca de Vittal y juntos emprender camino a Bangalore parando en Srirangapatnam y Somnathpur.

 

Comentarios (02)

  1. Hola Kris!
    Vaya! Estuvimos en India por las mismas fechas! jajajajajaja pobre, nadie te avisó de lo largo que es el desfile de Mysore. Si se retrasmite a nivel nacional por la tele, es todo un acontecimiento! Recuerdo muy bien ese día: La tele encendida con el desfile de fondo, yo (colombo-española) con mi suegra (india) arreglando unas flores y unos dulces de ofrenda para hacer un recorrido muy curioso por las casas de las vecinas, para acabar bailando (sólo mujeres) en la calle en torno a las ofrendas, casi sin luz, descalzas, cantando a una diosa que cuida del bienestar de las mujeres.
    Luego me escapé con mi chico y un amigo a una fiesta en un palacio en nuestra ciudad (Hyderabad), y sin necesidad de alcohol la gente aguanta bailando hasta las 4 de la mañana, las familias (punjabis, residentes en Hyderabad) iban enteras, desde bebés hasta nannies de +70 años. Terminamos en un restaurante Punjab comiendo a las 5am. Me encantó Dussera.

    Dos semanas después fuimos a Korg pasando por Mysore, a la zona cafetera. Estuviste?
    Mi foto en Dussera: https://www.instagram.com/p/9FbKQRChEz/?taken-by=paolacuellarlopez

    1. ¡Qué pequeño es el mundo Paola! Si me avisaron de que el desfile era largo… pero con ese calor se hizo el doble jejejeje.
      Un abrazo y gracias por leer mi post y sobre todo por dejar tu comentario.

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