Sravanabelagola Karnataka India del Sur

Diario de viaje India del sur: Sravanabelagola

23 de Octubre – Sravanabelagola

Habíamos pasado toda la mañana visitando los profusamente decorados templos hindúes de Halebid y Belur. Quedaba la última visita del día a un lugar diametralmente opuesto a esos lugares. Con Vittal al volante nos dirigimos a otros de lugares de interés que queríamos conocer antes de acabar el día en Mysore. Nuestro destino era Sravanabelagola, una ciudad cuyo nombre significa “el monje del estanque blanco”. ¿La razón para llegar a esta aletargada ciudad? Conocer la estatua de la deidad jainí Gomateshvara de la que dicen es la estatua monolítica más alta del mundo (mide 17,5 metros).

Vittal nos dejó cerca de las escaleras que llevan colina arriba hasta el templo jainí que acoge la gran estatua. No se paga entrada ni este templo ni en ninguno de Sravanabelagola, pero para no variar, hay que acceder descalzos desde la base del cerro.

Solamente 614 escalones nos separaban en ese momento de estatua y agradecimos que se hubiera nublado, pues aunque no hacía mucho calor, que el sol esté pegando de lleno no hubiera ayudado en la subida por una ladera sin una sola sombra. Aún así, al llegar a lo más alto yo no podía con mi alma…. y no dude en tirarme en el suelo ante la mirada asombrada de unos cuantos indios que subían con la lengua fuera detrás de nosotros.Sravanabelagola India del SurEl monte en el que se encuentra el templo se llama Vindhyagiri y sin duda la sencillez de lugar contrasta con el trabajo decorativo de los templos Hoysala. Una vez en lo alto y antes de traspasar los muros exteriores ya se puede distinguir la cabeza del dios que sobresale entre tejados y columnas. Dentro del patio central que está rodeado de lo que nosotros podemos denominar claustro nos encontramos por fin frente a la gran estatua desnuda y de rasgos sencillos decorada solamente por una especie de enredadera que sube por sus piernas.

Una vez más y como es costumbre en nosotros no íbamos a dejar un espacio sin curiosear de modo que salimos por un lateral de este patio y nos encontramos con un grupo de visitantes indios. Yo juraría que eran gitanos, pero la diferencia en la ropa con la que suelen llevar en el norte me despistaba, así que no lo tengo claro. Solamente puedo decir que fueron muy agradables posando todos encantados para la cámara, y los niños estaban felices de verse en esa máquina que mostraba sus caras sin que ellos entendieran como era posible.

Bajamos los 614 escalones para volver al coche y pedirla a Vittal que nos llevara al otro lado del lago que habíamos visto desde lo alto del cerro. Allí había otra colina y en lo alto habíamos distinguido otro templo. En vista de que finalmente tendríamos luz para visitar todo nos animamos a subir más escaleras y pasear de nuevo descalzos por otra de las rocosas colinas de Sravenabelagola.

Sravanabelagola India del sur

En esta colina al bajar se puede hacer algo como los niños que pasan por allí: utilizar la roca como tobogán, el camino ya está marcado y pulido después de infinitos usos. Está bastante inclinado, yo me lo pensé dos veces, pero al final me tiré por allí, no sin antes pedir a Arturo que me esperara abajo por si iba demasiado rápido y no conseguía parar. La cosa salió perfecta y pudimos emprender camino a Mysore que sería donde pasaríamos las siguientes noches.

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