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Diario de viaje India del sur: Tanjore

11 de Octubre – Tanjore

Abandonamos Tanjore por la mañana rumbo a Trichy, y no podemos evitar parar frente al fuerte para hacerle algunas fotos y también al principal templo de la ciudad que a esa hora lucen dorados con los primeros rayos del sol.

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Pero es por la tarde a nuestro regreso de Trichy cuando nos detenemos para conocer los monumentos de esta ciudad.

En primer lugar nos acercamos al palacio real de Tanjore y la primera sensación no es muy buena, Nos encontramos frente a lo que debió ser un magnífico edificio que hoy se encuentra en estado de decadencia. Dimos una vuelta para poder subir a un campanario desde el que se supone que las vistas son muy buenas, pero lo único que vimos que mereciera la pena fue la torre en forma de vimana del museo, poco más. Hacía calor, había muchas parejas haciéndose carantoñas en los huecos de esa torre y estaba todo muy sucio, así que bajamos después de hacer un foto para visitar el museo.

Tuvimos que pagar entrada y soportar los inconvenientes de visitar el lugar entre pintores y andamios, pero habíamos pagado tan poco por entrar que no tenía sentido ni molestarse por tener que esquivar a trabajadores con cubos de pintura. La colección del museo de Tanjore la forman esculturas en piedra y bronce, bastante bonitas y expuestas todas en vitrinas, y sobre ellas se encuentra la torre que habíamos visto y fotografiado. No dudamos en subir para sacar partido a la entrada, pero la verdad es que tampoco vimos nada interesante por sus ventanas ni en su interior, excepto un esqueleto de ballena que no entendimos que hacía allí, en mitad de la nada.

Tanjore

La verdad es que fue una visita poco motivadora, por lo que vista la hora y las no muy buenas referencias sobre el palacio decidimos dejar la visita de este último para mejor ocasión e irnos al templo antes de que oscureciera.

La entrada al templo de Brihadishwara es gratuita y la hora de nuestra llegada parecía que todo Tanjore se hubiera puesto de acuerdo para ir a pasear allí y luego sentarse en el cesped que le rodea.

Tras descalzarnos y cruzar la segunda puerta y pasar bajo su gopuram (muchos más pequeños en este caso que los de la mayoría de los templos de Tamil Nadu) nos encontramos con el elefante que se pasa el día bendiciendo con su trompa a los visitantes. Nosotros a este le ignoramos pues con los “trompazos” que nos había dado el de Trichy íbamos satisfechos.

Tanjore

Lo primero que vimos al entrar en el amplio patio que rodea el templo fue una estructura con columnas y techo que alberga una gran estatua de Nandi, el toro sagrado vehículo del dios Siva. Así que no había duda ya de a quien estaba dedicado el templo.

Tanjore

Fuimos caminando hacia el templo propiamente dicho sin tener claro si sería de esos en los que se puede entrar hasta un punto, en lo que es mejor quedarse fuera o si por el contrario seríamos bien recibidos y podríamos unirnos a todos los hindúes que esperaban para acceder al interior del templo.

Tanjore

Así que nos acercamos y nos encontramos rodeados de indios que apenas prestaban atención a nuestra presencia y que llevaban en sus manos cocos, flores y otras ofrendas. En mitad de aquel tumulto fuimos entrando al corazón oscuro del templo Patrimonio de la Humanidad y alcanzamos el lugar donde los sacerdote esperan a los fieles para recoger sus ofrendas y rociarles a cambio con agua (suponemos que algo así como el agua bendita de las iglesias católicas, pero vete a saber….). Salimos luego por un lateral con una sensación de no haber visto nada aparte de mucha gente. Pero bueno, estuvimos allí y sentimos el fervor religioso de esta gente.

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El edificio era muy similar al que habíamos visitado el día anterior en Gangakondacholapuram pero en este caso con mayor tamaño y también una decoración más sobria. Durante el paseo por el exterior nos cruzamos con numerosos indios, algunos con aspecto de haber acudido allí en peregrinación, otros sencillamente a orar, y muchos a disfrutar del ligero frescor que el espacio abierto y el jardín brindaba a esa hora en comparación con la agobiante ciudad.

Tanjore

Lo que estuvo claro es que nosotros resultábamos más interesantes que el templo, pues todos se querían poner con nosotros y hacernos fotos, ya fuera con su cámara, su móvil o sencillamente posando para salir en una foto de nuestra cámara.

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Poco antes del anochecer nos fuimos en busca de Vittal para que nos llevara al hotel, la verdad es la distancia no era mucha, pero estábamos cansados y acalorados, así que agradecimos tener un coche a nuestra disposición.

Esa noche decidimos cenar en el restaurante del Tanjore Hi, nuestro hotel en la ciudad, no teníamos ganas de salir a la aventura en una ciudad con aspecto de tener poco que ofrecer, así que después de una estupenda ducha nos subimos a cenar y a terminar el día con una cerveza fresquita en la terraza del hotel. Y a dormir, que al día siguiente continuaba la aventura.

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