Galle

Diario de viaje Sri Lanka: Galle

Día 22 de Marzo – Galle, la ciudad colonial

Comienza un día que se presenta tranquilo en Galle, la más bella ciudad colonial de Sri Lanka. Y para coger fuerzas nada mejor que desayunar en el precioso patio del hotel, aunque hace calor estar rodeado de las columnas de la casa y de los mangos es algo de lo que pocas veces podemos disfrutar en nuestra vida cotidiana. Además, tenemos un gracioso compañero que no da un ruido pero que sin duda observa todo desde esa rama en la que se ha colocado sin que nadie se de cuenta.GalleCon la tripa llena salimos a recorrer la ciudad. Aunque ya habíamos paseado un poco por Galle la tarde anterior hoy tenemos un ruta para recorrer todos los lugares de interés de la ciudad, sin prisa, tenemos todo el día y el casco antiguo de esta antigua ciudad colonial es pequeño. Lo primero que hacemos es dirigirnos a Leyn Bean St, allí hay un mansión histórica abierta al público y cuyas estancias se han habilitado como un museo de acceso gratuito que aunque está un poco destartalado da la oportunidad de curiosear sobre como era la vida en esas casas y que objetos se utilizaban, desde teléfonos a útiles de cocina. Eso si, la mansión también cuenta con una joyería a la que por todos los medios intentaran que entres… y que compres.

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Caminando hacia los muros del fuerte vamos viendo más casas y mansiones coloniales convertidas hoy en hoteles, tiendas o restaurantes. El casco antiguo de Galle está sin duda orientado al turismo y eso se nota en cada rincón de esta zona de la ciudad. Aún así todo mantiene cierto encanto y la mayoría de los locales han conservado un aire colonial acorde con el entorno. Cuando llegamos al final de la calle nos encontramos con la mezquita de la ciudad, y es que Galle, el fuerte, a pesar de ser tan pequeño cuenta con población musulmana, budista y cristina. La mezquita es de un blanco casi demasiado blanco, a la luz del sol deslumbra. Frente a ella, sobre la muralla, el faro de la ciudad rodeado de palmeras. Es el lugar perfecto para comenzar a recorrer el perímetro de Galle en una u otra dirección. Nosotros caminamos hacia Aurora Bastion disfrutando de esa agradable brisa del mar que no llega a las calles de Galle.GalleBajamos de los muros del fuerte a la altura de lo que fue hospital de la ciudad y que hoy se ha reformado y aprovechado, cómo no, para alojar tiendas y agradables restaurantes. Caminamos un poco y enseguida llegamos a Old Gate, una de las puertas que permiten la salida del casco antiguo de Galle y que está muy cerca del Museo Marítimo. Decidimos salir del fuerte y enseguida nos encontramos en otro mundo, más movido, más ruidoso, mas sucio y más real del que encierran los muros del fuerte. Estamos cerca de una playa que utilizan los pescadores de la ciudad para dejar sus embarcaciones, ponemos rumbo a ella pasando por un parque que parece el elegido por las parejas de Galle para hacerse algún arrumaco (pero siempre evitando miradas indiscretas).

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Cruzamos la playa haciendo fotos a las coloridas y peculiares barcas, viendo a los pescadores arreglar sus redes o limpiar sus embarcaciones. Y un poco más allá llegamos al mercado de pescado de Galle. Apenas unos puestos donde se vende todo aquello que acaban de sacar del mar. Todo son hombres allí, desde los que venden hasta los que compran, y Arturo tarda poco en entablar conversación con ellos, un conversación extraña, pues cada uno habla como le parece, pero parece que se entienden. Cosas de hombres, supongo. Nos mantenemos curioseando y haciendo fotos hasta que cuando me giro veo un lagarto gigante (bueno,vale, gigante no, pero muy muy grande) merodeando entre los puestos y decido que ya está bien, que no me apetece girarme y encontrarme con vete a saber que animalito.GalleEl calor ese día es realmente intenso, por eso cuando miramos el mapa para ver la distancia que nos separa del mercando holandés de Galle reconozco que se me hace un mundo. No está muy lejos, pero viendo el alboroto de la calle y en vista de las temperaturas le digo a Arturo que mejor nos vamos en un tuk tuk. Así que dicho y hecho, a regatear toca. Nos piden 300 rupias y tras un poquito de regateo accede a llevarnos por 100 rupias. Lo cierto es que no está muy lejos y hubiera sido el paseo perfecto en un día de temperaturas más suaves… pero a veces el cuerpo pide cosas y no está de más hacerle caso.

En la entrada del mercado hay algún puesto donde venden especias, incienso y algunos alimentos al peso, pero lo que a nosotros nos interesa está más allá. Se trata de un gran espacio techado que en la época colonial holandesa servía como mercado de alimentos, y como tal ha llegado hasta hoy. A la hora que llegamos ya hay puestos que han recogido todos sus productos, pero aún quedan algunos con sus frutas y verduras llenando de color el mercado de Galle.

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Cuando abandonamos el mercado el conductor del tuk tuk nos dice que nos lleva de vuelta pero que antes nos quiere enseñar una tienda de especias.  Yo, pensando que puedo conseguir alguna de esas fotos chulas que ofrecen los sacos de canela y cardamomo, le digo que ok, pero siempre y cuando el precio por llevarnos de regreso al fuerte de Galle sean 100 rupias. Accede y ponemos rumbo a la tienda que menciona, cerca de donde estamos. Gran decepción, nada que ver con las esos puestos de India donde los sacos de especias parecen no tener fin. Decepcionada subo al tuk tuk y el conductor empieza a ponerse pesado con llevarnos a una u otra tienda. Bastante seria le digo que no, que no quiero tiendas, que solamente quiero volver al fuerte, y de mala gana pone rumbo a nuestro destino. Al bajar me dice que 200 rupias… bueno, a estas alturas ya estábamos de vuelta de muchas cosas sobre algunos cingales y su facilidad para intentar estafar al viajero, así que le dimos las 100 rupias acordadas y nos fuimos sin decir ni adiós.

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Entramos de nuevo al fuerte de Galle por la Main Gate y subimos de nuevo a lo alto de la muralla, esta vez en la zona de la torre del reloj. Allí se puede pasear por un par de bastiones, el de la luna y el de la estrella, así como disfrutar de buenas vistas del mar y de la ciudad. Unas fotos, alguna vuelta acá y allá y bajamos de nuevo a las calles del fuerte, nos apetece seguir caminando y descubriendo lo que en su día fueron mansiones coloniales.Galle Sri LankaCalle arriba, calle abajo, a la derecha, izquierda… vamos recorriendo en interior del fuerte del Galle y durante el paseo nos encontramos con uno de los templos más destacados de la ciudad, la Iglesia holandesa. Construida en el siglo XVIII llama la atención por su color blanco, el cementerio que la rodea y las cantidad de lápidas que hay en su interior, la más antigua de las cuales data de 1662.

Unos metros más allá, otra iglesia que hace pensar que uno se encuentra en un pueblecito inglés. En este caso se trata de la Iglesia metodista de Todos los Santos, pero en esta no pudimos entrar en ningún momento, pues cada vez que pasamos por ella la encontramos cerrada.

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Seguimos paseando hasta alcanzar el Heritage Café, cómo no una antigua casa colonial con un patio interior reconvertida en café restaurante. Es sin duda el momento perfecto para sentarse a tomar la cerveza más fría de Sri Lanka y picar algo, hace tanto calor que ni apetito tenemos. Charlamos un poco sobre lo que hemos visto hasta ese momento y valoramos si salir de Galle rumbo a Unawatuna, una de las playas del sur de Sri Lanka, pero Arturo no está muy animado y a mi la verdad es que me da un poco igual, a partir del día siguiente tendremos cuatro días de playa. Así que decidimos quedarnos en Galle, Arturo se marcha al hotel, dice que tiene calor y que tenemos todo hecho, sencillamente sería seguir paseando. Yo sin embargo, como una campeona me quedo con mi cámara y la cartera para buscar nuevos rincones, seguro que he pasado alguno por alto.

Acompaño a Arturo hasta el Mango House, nuestro hotel y me marcho sola a pasear, quiero dejarme seducir por esas casas, buscar tiendas chulas, quizás llevarme algún recuerdo bonito de Galle. Y consigo todo: paso por tiendas que son dignas del viajero más chic, me compro un anillo, una lámpara de bronce y llego hasta la dagoba budista del fuerte. ¿Qué más se puede pedir?Sri Lanka

Al final de la tarde regreso al hotel, ha llegado el momento de un buena ducha y adecentarse para salir a tomar algo y más tarde cenar. El calor sigue siendo intenso, pero al ponerse el sol uno siente que le han quitado una losa de encima, parece que estar en la calle es más agradable. Buscamos un lugar para sentarnos donde llegue la brisa, y encontramos la terraza de un local muy atractivo, el Pedlar’s Inn Café. El interior es precioso, pero en esa calle se siento el aire que viene del mar y decidimos pasar esa última noche en Galle en la calle. La cena nos sabe a gloria, la calle está tranquila, muchos de los turistas que paseaban por allí durante el día han abandonado la ciudad y esta se ha convertido en un lugar muy agradable que en algunas cosas me recordó a Kochi, la ciudad india del estado de Kerala.

Tras la cena un paseo por las calles oscuras hasta el hotel. Se acabó nuestra estancia en Galle y cada vez está más cerca el fin del viaje. Pero antes de volver a casa, nos quedan unos días de relax en la playa de Bentota.

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