Viajar a India

India: cocinando chapatis

Cuando viajé a India por tercera vez lo hice con un grupo de amigas. Seis mujeres de diferentes edades y estilos de vida compartiendo 17 días por Rajastán podía convertirse en la mejor de las aventuras o en un desastre total. Como podréis imaginar juntas vivimos un montón de momentos únicos, desde bailes con gitanas a paseos en barcas, tardes de compras o cenas a la luz de la luna siempre con chapatis, un pan típico de India.
Pero si hay una cosa que nos pasó que no olvidaré nunca fue cuando nos quedamos tiradas en un pueblo de Shekhawati cuando nuestro coche se estropeó por segunda vez en una solo día.
Habíamos salido de Delhi después de visitar algunos lugares de la ciudad y nuestro destino era Mandawa, lugar al que si todo iba bien íbamos a llegar por la tarde. Pero estábamos en India, y allí todo es impredecible. Tanto que el vehículo en el que viajábamos, una furgoneta para nosotras seis y nuestro equipaje, decidió pararse sin más a una hora de Delhi. Bajamos del coche, el conductor llamó por teléfono y una persona llego a nuestro encuentro con la pieza que al parecer solucionaría la avería y nos dejaría llegar al final de la ruta.

Mientras se arreglaba o no el tema en cuestión, nosotras estábamos allí paradas convertidas en centro de atención de un grupo de gitanos cuya ruta para ir a por agua pasaba por aquel lugar. Cada vez había más gente a nuestro alrededor, nos miraban curiosos y asombrados. Seis mujeres, sin hombres, allí…. Raro raro.
Poco después el coche comenzó a funcionar y felices subimos a él. Rumbo a Mandawa.

Chapatis Viajar a IndiaPero ilusas de nosotras, tan solo una hora de viaje duro la alegría. El coche hizo de nuevo POF y se paró. Horror. ¿Cómo puede ser? En estos casos la verdad es que el cómo da igual, las cosas pasan y ya está, no vale darle vueltas sobre todo cuando te entienden mal y encima tú de coches sabes entre poco y nada.
Todos abajo otra vez, por suerte esta vez habíamos parado en un pueblo, frente a una casa. Y eso hizo que aquel percance se convirtiera para mi en uno de los mejores recuerdos de mi paso por India.
El conductor de nuevo empezó a llamar, nosotras salimos a buscar alguna tienda para comprar agua y quizás algo para picar (error: algo para picar picará y mucho, mejor olvidar las chuches indias). Pasaba el tiempo y no había mucho que hacer, salvo sentarse a charlar dentro o fuera del coche, pasear junto a la carretera y poco más mientras esperábamos un coche nuevo, el chofer nos confirmó que ese había “muerto” y tendría que venir otro a por nosotras.
La noche caía y entonces la dueña de la casa, cuyo marido llevaba horas con el nuestro conductor, salió a invitarnos a su casa. No hablaba inglés, pero por gestos se hizo entender perfectamente. Nosotras al principio declinamos la invitación, pero como la mujer insistía anime a todas a entrar, al menos podríamos ver una casa india por dentro. Así que todas para dentro. Era una vivienda sencilla, con un patio y una serie de sencillas estancias. La primera era una sala donde una jovencita estaba sentada estudiando e inmediatamente se animo al vernos. Yo la llamé la atención especialmente y quería hacerse fotos conmigo, sentarse a mi lado, enseñarme a bailar, sus cuadernos…

Mis amigas estaba cada vez más desanimadas y decaídas, aburridas y cansadas. Incluso alguna dijo que se quería ir al coche. Yo les dije que me parecía fatal rechazar la hospitalidad de aquella gente, y que yo me quedaba. Estaba disfrutando de aquel rato, de aquella niña, de la familia… Y cuando llegó la hora de la cena nos dijeron que nos invitaban a cenar, pero les dijimos que no, nos parecía abusar de su hospitalidad y no queríamos demorar la salida si llegaba un vehículo nuevo. Aunque lo que no pude rechazar fue la invitación a hacer chapatis con la madre y la hija.

India cocinando chapatis
Coger la masa, darle forma con las manos y el rodillo, cocinarla en la sartén… La verdad es que la cocina era sencilla pero muy limpia y hubo tantas risas allí dentro que yo no quería que llegara aquel coche que nos sacaría de allí. Quería más de aquello, de la hospitalidad y la sencillez de la gente de a pie, de aquellos que nada saben del turista, de esos que no nos ven como una fábrica de dinero. No pedían nada, me estaban regalando un recuerdo especial y yo no tenía nada que ofrecer, dar dinero me parecía que sería una ofensa. Así que prometí mandar las fotos que había hecho cocinando aquellos chapatis (cosa que cumplí, ojalá llegaran a su destino) y le dejé como recuerdo una pulsera a aquella chica que me miraba con tanta admiración ….

Chapatis Cocinando en India

P.D. Confieso que cuando regresé a España, por más que miré recetas de cocina no fui capaz de volver a hacer esos chapatis… así que los compro preparados.

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