Puerto Maldonado

Diario de viaje: Puerto Maldonado y la selva del Amazonas

23 de Junio – Puerto Maldonado

Ese día nuestro vuelo con destino Puerto Maldonado salió del Cusco pasadas las doce del mediodía. Íbamos con algo de retraso y el aeropuerto cusqueño es tan pequeño que los minutos se hacen pesados pues hay poco que hacer y además a esa hora había bastantes vuelos programados, por lo que tan siquiera era sencillo encontrar un asiento donde descansar, y pasear era poco más que dar vueltas alrededor de las tiendas que hay en el centro de la zona de embarque.

Una vez en el avión nos dispusimos a disfrutar de las vistas que ofrece Perú desde el aire, pero durante la primera parte del vuelo estuvo bastante nublado, por lo que vimos menos montañas y valles de lo que hubiéramos deseado. Más llegó un momento en el que las nubes empezaron a desaparecer casi llegando a Puerto Maldonado y el paisaje que teníamos debajo nos encandiló: árboles hasta la linea del horizonte atravesados por serpenteantes cursos de agua de color marrón. Era la selva amazónica en la que pasaríamos los siguientes tres días.

Puerto Maldonado

El vuelo duró apenas una hora, al llegar a Puerto Maldonado y bajar de avión en mitad de la selva lo primero que sentimos fue un tremendo y húmedo calor que nos iba a acompañar los siguientes días.
En la calle nos estaba esperando David, el que sería nuestro guía durante la estancia en el EcoAmazonia Lodge. Nos acompañó a un bus abierto donde ya esperaban otras personas, unos brasileños y otros australianos, y todos juntos emprendimos camino hacia el embarcadero desde donde llegaríamos en barca hasta nuestro alojamiento. En el camino nos pararon en una tienda de comestibles y nos dijeron que podíamos comprar lo que necesitáramos, como agua o aperitivos, pues en el lodge no podríamos adquirir nada de comer. Y tontos de nosotros, picamos. El agua (que pagamos casi a precio de cerveza) no vino bien, pero los snacks no sirvieron de nada, pues realmente hay comida de sobra en el lodge y no necesitas nada más…

Se suponía que antes de embarcar y partir hacia la selva íbamos a pasar por las oficinas de EcoAmazonia en Puerto Maldonado y dejar allí parte del equipaje, pues nos dijeron que por cuestión de espacio no se podía llevar más que una maleta pequeña o una mochila por persona. Nosotros habíamos organizado para llevar solamente un trolley pequeño con todo lo necesario para los dos, pero el resto de gente que venía no lo sabían y tuvieron que reorganizar todo su equipaje. Pero les tocó hacerlo bajo un techado junto al embarcadero, pues al llegar tarde nuestro vuelo desde Cusco íbamos un poco justos de tiempo. Así que allí abandonamos todos nuestras cosas para correr cuesta abajo hacia la barca que nos llevó durante dos horas a través del río Madre de Dios por mitad de la selva hasta el que sería nuestro alojamiento las siguientes tres noches.

Nada más subir a la barca nos tuvimos que poner un salvavidas. Afortunadamente íbamos deprisa y bajo techo, de modo que a pesar del calor no se hacía incómodo llevar puesta esa prenda naranja y que no traspiraba. Al principio el viaje era entretenido, íbamos pendientes de todo, pero después de media hora ya era siempre lo mismo: árboles, árboles y más árboles. Y dos horas de ese modo.

Puerto Maldonado

Cuando bajamos de la barca había pasado la hora de la comida en el lodge, por lo que nos dijeron que antes de ir a las habitaciones pasáramos al comedor y así el personal podría recoger pues éramos los que faltaban por comer. Atravesamos el gran espacio de la recepción desde una puerta daba al bar y la otra al comedor, todo sin ventanas y con mosquiteras. Pero ni luz ni por mucho menos un ventilador que aliviara el calor que hacía a esa hora. Pedimos agua para acompañar la comida y nos servimos de lo que había en el buffet, no era muy variado pero todo me supo bien.

Una vez terminada la comida nos adjudicaron las habitaciones y nosotros tuvimos la “buena suerte” de que nos correspondió la más alejada a las zonas comunes. Con nuestro mini equipaje allá fuimos, nos habían dicho en recepción que era la mejor del complejo… así que nos quedamos de piedra cuando entramos y nos encontramos con un fuerte olor a humedad, una bañera con agua estancada y un inodoro sucio. Salimos de la cabaña más deprisa de lo que habíamos entrado y me fui a recepción a pedir otra habitación y explicar el estado en el que estaba esa. Me dieron la llave de un par de ellas y al final nos quedamos con la cabaña “Serpiente”. No era una maravilla, seguía oliendo a humedad, pero al menos parecía más limpia que la otra, aunque al no haber luz eléctrica era complicado tener claro el estado de limpieza del cuarto. Tuvimos el tiempo justo de lavarnos las manos y salir corriendo porque a las 15:30 salíamos atravesando la selva hacia un lago con el resto del grupo.

Conocimos a Rosita, un monito encantador que acompañaba a nuestro guía a todas partes y a partir de ese momento fue uno más del grupo. El calor era intenso, la ropa se nos iba pegando, pero aguantamos el tirón hasta que llegamos al espacio abierto donde estaba el lago con un pequeño mirador con bancos donde pudimos descansar y contemplar algunos caimanes pequeños que había cerca.Puerto MaldonadoPoco más hicimos ese día porque anochece muy pronto, a las seis, y había que regresar al campamento antes de que oscureciera del todo. La cena era a las 19:30, de modo que tuvimos tiempo de volver a la cabaña en la que a partir de las cinco de la tarde había luz y ventilador (imprescindible, gracias a él pudimos ducharnos y no estar empapados de nuevo a los cinco minutos). Nos duchamos con agua fría, pues a pesar de que en la página web del lodge pone que hay agua caliente, resulta que solamente es en algunas cabañas, y la nuestra no era de esas. Nos pusimos ropa limpia y nos acercamos a las zonas comunes donde había una mesa de ping-pong, y acompañados de una cerveza fresquita jugamos unas partidas (Arturo ganó todas…. que vergüenza). Yo creo que aguantamos allí porque la mesa estaba justo debajo de un ventilador, porque de verdad, tela el calor que hacía. A la hora de la cena la gente estaba ya como loca por entrar al comedor, así que no íbamos a quedarnos los últimos. Allá fuimos y esa noche lo único que recuerdo es que la cena nos la fueron sirviendo en la mesa, que estaba todo bueno y que el postre era un dulce delicioso.

Después de cenar nos fuimos todos al embarcadero desde donde salimos a mitad del río en busca de caimanes, aunque a mi lo que de verdad me impresionó fue silencio que nos rodeaba, tan solo se escuchaba el sonido de la selva. Y lo más increíble aquel cielo cuajado de estrellas. Un momento de esos especiales que uno se lleva para siempre en la mochila.

De vuelta al lodge poca cosa se podía hacer: ojear algunos libros sobre la selva en el lobby, ir a las hamacas junto al río, jugar al ping-pong o al billar… y ya está. No había tele ni mucho menos internet (lo cual es un descanso que yo agradecía y que me hizo ver lo bien que estoy sin móvil) Ir a la cabaña donde a pesar del ventilador aún hacía más calor que en los espacios abiertos tampoco era buen panorama. Así que aguantamos paseando y rociados en repelente de mosquitos, pero estábamos cansados y antes de las diez estámos en la cama, tumbados debajo del ventilador que sabíamos que se pararía en cuando dieran las diez y que todo quedaría a oscuras hasta que comenzara a amanecer.

Lo cierto es que por la noche hacia calor, pero según pasaban las horas iba refrescando, hasta el punto de que un poco antes de amanecer yo tuve que taparme incluso con la colcha. Momentos de placer antes del “sufrimiento” por las altas temperaturas que tendríamos durante el día.

24 de junio

Esa mañana nos despertó el sonido de la selva, las aves saludaban el día que comenzaba para ellas y para nosotros, porque tocaba desayunar para salir a recorrer la selva por trochas preparadas para ello. Salimos todos rumbo al Lago Apu Victor, íbamos acompañados de Rosita que se pasó el camino de mano en mano según la apetecía más estar con unos u otros. Por el camino vimos tarántulas muertas, y David, el guía, con un palo largo y fino invitaba a alguna a salir de sus nidos, y lo consiguió más de una vez. También nos enseño a sobrevivir en la selva: de donde sacar gusanos comestibles, que plantas se pueden comer, como conseguir agua… Confieso que si mañana me perdiera en mitad de la selva del Amazonas me moriría de hambre y de sed, porque no recuerdo como conseguir nada de todo aquello, además del miedo que me daría estar allí sola escuchando a vete a saber que animales alrededor….. Grrrrrr….. miedito solo pensarlo.Puerto MaldonadoDesde la orilla pudimos ver una anaconda en el agua, junto a la barca en la íbamos a subir para recorrer el pequeño lago. Fue tan rápido y me quedé tan sorprendida por la presencia del reptil que cuando quise pensar “voy a hacer una foto” no conseguí ni que saliera enfocada, y al momento la serpiente desapareció… Pero la vi, y eso el lo que cuenta.

Dimos un paseo a pleno sol por el lago, era bonito, pero íbamos abrasados por el sol, y al final solamente eran árboles por todas partes y como mucho vimos unas tortugas o unas garzas volando sobre nosotros. Pero la selva es así, y como no es un zoo, pues los animales salen cuando quieren y lo normal es que no lo hagan cuando hay gente cerca.

Otra vez en la orilla subimos a lo alto de una mirador desde el que tuvimos una bonita vista del lago y los alrededores. La selva llegaba a la linea del horizonte, jamás en mi vida me había sentido rodeada de naturaleza hasta ese punto. Como cosa curiosa, decir que aquí ya no nos costaba nada subir escaleras, habíamos vuelto al modo “poca altura” al que nuestro cuerpo está acostumbrado y si algo nos costaba trabajo era por el calor, ya no por la altura.

Puerto Maldonado

Regresamos al campamento donde aún quedaba tiempo para la hora de comer, así que como había una piscina grande y rodeada de mosquiteras decidimos darnos un baño. Arturo se bañó, pero yo después de llegar hasta allí con el bañador puesto decidí no meterme al agua: estaba tan sucia que se me quitaron las ganas de un chapuzón. El fondo estaba cubierto de una especia de pelusa negra, y el agua totalmente turbia, así que mi gozo en un pozo. Me di un ducha y andando.

A las una era la comida, y nos fuimos bastante hambrientos al comedor. Era de nuevo buffet, y esta vez había arroz, sopa (muy apropiada para esos calores) y dos tipos de carne. Y de postre fruta. Todo estaba bueno, no para tirar cohetes, pero si bastante decente. Con la tripa llena y el calor que hacía en la calle no me apetecía nada estar fuera hasta las tres y media que era la hora a la que saldríamos para la siguiente excursión a la Isla de los Monos, así que nos fuimos a la cabaña con la inteción de dormir un rato. Como no había luz a esa hora, pues nada de ventiladores. Me di una ducha y me tumbé en la cama, y a pesar de que empecé a sudar al momento estaba tan cansada que me quedé completamente dormida hasta que Arturo me avisó para vestirnos y salir.

Era la hora acordado cuando subíamos todos a la barca para cruzar el río Madre de Dios hasta la isla de los monos situada justo enfrente de nuestro alojamiento. Al llegar bajamos a una especie de playa de arena fina que en ese momento estaba seca y cuarteada después de la bajada del río tras la época de lluvias. Tuvimos que caminar bajo el sol unos metros que a todos se nos hicieron interminables, alguno hasta se quitó la camiseta para convertirla en un sombrero. Veíamos los árboles frente a nosotros pero parecía que nunca llegábamos a ellos. Cuanto por fin los alcanzamos caminamos por la selva hasta un claro donde parecía que un montón de monos estuviera esperando que llegáramos. David llevaba un montón de plátanos y entre todos empezamos a ofrecérselos a los animales los cuales se acercaban sin mucho reparo a nosotros. A mi me encantaron los monos araña y sus peculiares andares, aunque se tomaban una confianza que cualquiera nos hubiera dicho que podría haber sido peligrosa, porque tener a monos encima de la cabeza o abrazando tu cuerpo en mitad de la selva no parece lo más responsable, pero gracias a ellos pasamos una tarde divertida y especial.

Puerto Maldonado

Puerto MaldonadoVolvimos sobre nuestros pasos para regresar a la barca y mientras cruzábamos la gran zona de arena aprovecha para caminar descalza mientras mis pies se hundían en la cálida superficie arenosa a la vez que contemplaba el bonito color en el horizonte mientras el sol se iba poniendo.

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De nuevo en el campamento poco había que hacer, así que nos dimos una ducha para luego regalamos una cerveza bien fresquita y jugamos un rato al ping-pong (volví a perder) mientras llegaba la hora de la cena. Y después de la cena un poco más de tenis de mesa y a la cama…. Además había que aprovechar mientras había luz para asearse y ordenar un poco antes de meterse en la cama. Al día siguiente nos íbamos a levantar a las cinco de la mañana y no habría luz eléctrica y aún no habría amanecido, teníamos que dejar todo preparado antes de dormir.

25 de junio

Puntualmente pasó David por el exterior de las cabañas para hacernos de despertador. Los pájaros aún no se habían despertado y aún se sentía ese agradable frescor de la mañana cuando nos dirigimos al comedor para desayunar. A las seis de la mañana nos montábamos en un barca por el río para unos metros río arriba comenzar una ruta por las trochas de la selva. El paisaje era prácticamente el mismo del día anterior, y vimos alguna tarántula más, mariposas, algunas aves…. Nos habían pedido a todos desde el primer día que guardáramos silencio pues la voz humana es lo que más alerta a los animales, y los dos días previos no hubo problema al respecto. Pero este día se había unido una pareja española al grupo y ella no dejaba de hablar, además en un tono alto. En algún momento todos la dijimos delicadamente que se callara, pero no hacia caso. Cada vez que David señalaba algo, ya fuera una planta o un animal, ella se pasaba cinco minutos preguntado donde estaba aquello, o diciendo “una foto, una foto”… Yo que de por si soy bastante impaciente me estaba poniendo de los nervios, y un par de veces la insinué que debía callarse. Pero la entraba por un oído y la salía directamente y sin paradas por el otro.

Puerto Maldonado

Al cabo de un par de horas llegamos a nuestro destino, la Cocha Perdida, una especie de laguna que se abría camino en la selva y nos situaba en un claro desde el que poder apreciar mejor la vegetación y las aves. Nos subimos todos ordenadamente a una barca y David nos indicó que teníamos que remar. Repartimos un remo por pareja y la charlatana, sentada detrás de mi no paraba de decir “quiero remar, quiero remar”. La dieron un remo y comenzamos a avanzar por el agua que serpenteaba entre la vegetación, donde distinguimos algunos caimanes semi ocultos entre las plantas. A los pocos minutos de comenzar el paseo me di cuenta que la española no paraba de hablar y quejarse del calor, del sol, de que si habíamos pagado mucho para que nos hicieran remar…. pero justo eso era lo que no hacía: remar. Ya cansada de sus tonterías me di la vuelta y la dije que había insistido mucho en llevar un remo, que no era un adorno y que se moviera de una vez y se quedara callada un rato. Pero le duró poco la reprimenda…. y es que hay personas que no conciben el respeto a los demás del modo más acertado y entiendo que casi siempre trabajar en grupo facilita conseguir un fin, ya sea que la barca avance o conseguir ver algún animal.

Terminado el paseo en barca continuamos paseando por la selva con la mona Rosita (se me olvidó decir que seguía las rutas a nuestro lado) a nuestra espalda. Una trocha nos llevó hasta el mirados amazónico, una estructura de gran altura desde la que las vistas de la selva fueron mucho mejores que las del día anterior. Lo más curioso es que estaba en una zona intermedia entre dos tipos de terreno, uno muy húmero donde crecían infinidad de palmeras, y otro más seco donde la vegetación era distinta. Desde la altura esta diferencia se veía claramente..Puerto MaldonadoTardamos hora y media en regresar al lodge sudorosos y cansados, y con el disgusto de que Rosita había desaparecido. Todo el tiempo iba con nosotros, y la última en verla fui yo, pero al aviar a David de que no nos seguía me dijo que no pasaba nada, que ya nos alcanzaría… Espero que al día siguiente la encontraran, porque hasta donde yo se no apareció.

Teníamos el tiempo justo para una ducha e ir a comer. Ese día recuerdo con claridad la comida: juanes, un plato típico de la selva que consiste en un arroz que se cuece con carne y verduras en una hora de platanera. Al destaparlo me recordó de repente a una paella aunque en sabor nada tenía que ver.

Esa tarde no teníamos ninguna actividad, pero lo si teníamos claro es que no íbamos a ir a la cabaña para pasar el calor del día anterior, así que nos fuimos a la zona de las hamacas donde nos tumbamos en dos a la sombra para intentar descansar y dormitar, pero como era de tela te envolvían de tal modo que tampoco te daba el aire. Pero al menos de vez en cuando si se notaba algo de brisa. No se cuanto tiempo pasamos allí, no había nada que hacer y yo no tenía ganas ni de leer, me había llevado un libro que no abrí en toda la estancia en la selva. A media tarde decidí que había que moverse y nos fuimos a investigar por los alrededores de las cabañas, y vimos algunas avez y un par de guacamayos que viven siempre en el EcoAmazonia, uno tenía una ala rota y ambos bastante mal humor. Les dimos un plátano que nos entregó un trabajador del lodge y los pajarracos en lugar de ser agradecidos casi me pican.

Tras una nueva ducha y ya con luz en la habitación preparamos la maleta pues a la mañana siguiente saldríamos hacia Puerto Maldonado a las 8 de la mañana. Llegada la hora de la cena, pues lo de todos los días, comedor, cerveza… ¿y ping-pong? ¡¡¡No!!! Hoy tocaba billar. Y Arturo, para variar, pues eso… ganó también. Que aburrimiento de hombre, jejejeje.

26 de junio

Después del desayuno recogimos nuestras cosas y nos fuimos a la barca en la que iríamos a Puerto Maldonado para subir el avión que nos llevaría a Lima, la última escala de nuestro viaje.

El viaje hasta Puerto Maldonado fueron otras dos horas por el río con el mismo paisaje de tres días antes. Llegamos al embarcadero donde el bus de EcoAmazonia nos esperaba para llevarnos a sus oficinas donde todos teníamos parte de nuestro equipaje y en las cuales podríamos esperar hasta la hora de ir a la estación de bus o al aeropuerto. Fue muy gracioso ver como según llegamos allí todos se pusieron como locos con el móvil aprovechando el wifi disponible.

Nuestro avión salía de Puerto Maldonado a las 13:50 por lo que teníamos bastante tiempo antes de ir al aeropuerto, así que preguntamos por algo que hacer en Puerto Maldonado y nos dijeron que el mercado era lo más interesante, y como a mi gusta tanto curiosear entre puestos de comida pues allá que fuimos. Estaba apenas a dos manzanas de la oficina y aunque los puestos que daban a la calle no eran muy llamativos al entrar en la zona interior descubrimos los puestos de frutas, verduras y sobre todo de pescado o carne, donde los cortes de estas últimas e incluso los animales que vendían jamás los habíamos visto en las carnicerías de España. En cuanto al pescado, que decir… irreconocibles para mi. A pesar del calor tengo que decir que el mercado no olía mal, ni tan siquiera fuerte, y que ver un armadillo destripado y sin cabeza fue lo que más me impresionó.

Puerto Maldonado

Visto aquello poco más había que hacer en Puerto Maldonado, así que volvimos a las oficinas donde al menos se estaba medianamente fresco. A las once y media salimos hacia el aeropuerto, el cual estaba en obras y tuvimos que pasar un control de equipajes para lo que facturamos de lo menos efectivo: abría la maleta, un empleado de la compañía aérea metía la mano en cualquier sitio y volvías a cerrar la maleta. Seguridad cero, sin duda. Por no decir lo poco que me gusta que nadie meta la mano en mitad de mi ropa o mis cosas, pero no iba a discutir allí por eso. Tardamos casi una hora en llegar al mostrador para que nos entregaran nuestras tarjetas de embarque y facturar equipaje, y otra hora más sentados esperando antes de poder subir al avión. La aventura en Puerto Maldonado llegaba a su fin. Nos espera Lima y la última noche en Perú.

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