Varanasi

Viajando desde el amanecer a la puesta de sol

Parece que toda guía de viajes que se precie tiene que recomendar en su páginas al viajero al menos un lugar maravilloso desde donde contemplar un amanecer o una puesta de sol. Y la gente hace caso, es imposible acudir a uno de estos lugares y estar solo… siempre habrá un grupo de personas que contemplará a nuestro lado como hace acto de presencia o desaparece el astro solar. Yo no soy de ir a cada uno de estos lugares y quedarme embobada mirando el infinito, pero si he pasado por un buen número de ellos. En ocasiones me he pegado verdaderos madrugones para llegar a un lugar concreto que estaba a tanta distancia que hacia falta llegar en coche; en otras he terminado acelerando el paso para llegar a tiempo a ver como el sol dejaba de iluminarnos.
Pero, ¿qué prefiero? ¿Me quedo con ese momento en el que el sol aparece por el horizonte o por el contrario me fascina el color dorado que adquiere todo cuando está a punto de desaparecer? El amanecer me encanta porque es la promesa de un nuevo día lleno de oportunidades y actividades, pero me fastidia mucho tener que salir tan temprano de la cama. El atardecer sin embargo es más sencillo de encontrar, no requiere de grandes esfuerzos ni de peleas con el despertador y el tono que el sol regala a la tierra no tiene igual. Una decisión complicada…
Hagamos un repaso a momentos de viaje en los que hemos ido a la búsqueda de amaneceres y puestas de sol, a ver si ayuda a la decisión.

Amanece en Varanasi
Probablemente uno de esos momentos que quien lo vive no olvida jamás. Llegas al Ganges cuando apenas empieza a clarear, sin desayunar y casi con la legaña en el ojo, te montas en una barca… y empieza la magia. Poco a poco el sol empieza a aparecer por el lado opuesto a la ciudad, la luz va dando forma concreta a las siluetas y el Ganges, río sagrado de la India, empieza a vibrar con los sonidos, ofrendas y rezos de los fieles hindúes, mientras que otros como los musulmanes utilizan el río solamente como lugar de baño o juegos. Mientras el sol sube y tiñe todo de una luz mágica los que van en barca contemplan como la vida y la muerte conviven tan cerca una de otra, ambas juntas e iluminadas a la vez por un sol cada vez más intenso. Varanasi es un lugar único, y su amanecer sin duda, también lo es.

Amanecer

Gili Meno y su puesta de sol
En un archipiélago como Indonesia hablar de islas es lo habitual, pero si entre ellas hay unas especiales y casi solitarias (al menos cuando yo las visité), son las Gili. Nosotros estuvimos en Gili Meno, la más tranquila de las tres, una isla diminuta, casi de Robinsones, donde el único medio de transporte es un carro tirado por burritos. Pero lo mejor es caminar por la isla, se rodea andando en poco más de una hora, y si te alojas en el este lo mejor cruzar de lado a lado para sentarte y tomar algo fresco para contemplar tirado en una tumbona de la playa como el sol empieza a esconderse detrás de Bali mientras se refleja magnífico y convierte en doradas las claras aguas del mar.

Amanecer

La primera luz del día en el Monte Bromo
Llegamos cuando era totalmente de noche sin saber muy bien lo que íbamos a ver y que tanto merecía la pena como para salir de la cama a las tres de la mañana, subir en un jeep y luego continuar andando sin ver nada de nada hasta una explanada para esperar bien abrigados a que el sol se dignase aparecer. Sin duda cuando todo empezó a iluminarse nos encontramos ante un espectáculo increíble. Ante nuestro ojos y emergiendo entre nubes y bruma aparecieron las chimeneas de dos volcanes, y al fondo, otro más alto con fumarola incluida. No puedo describir la emoción que sentí, pocas veces algo me ha sorprendido tanto y de forma tan grata.

Amanecer

Cuando el sol se pone en Pushkar
Parece que todos los viajeros que pasan por esta pequeña ciudad india hayamos quedado en el ghat situado al este del lago a una hora concreta. Los escalones están llenos de gente charlando, algunos gitanos pasean entre los turistas intentando vender alguna cosa, las vacas se tumban para aprovechar los últimos rayos de sol… Y entonces ocurre. El sol comienza a descender sobre la ciudad que unas horas antes era blanca y resplandeciente para teñirla de tonos dorados y rojos mientras se refleja y chispea sobre las aguas del lago. Todos sacamos fotos y callamos, pendientes de un momento especial en un lugar mágico.

Amanecer

Acaba el día en Amarapura
Después de un día de calor llegamos al final de la tarde a Amarapura y nos dispusimos a cruzar su famoso puente, el más largo del mundo construido en madera de teca. La brisa empezaba a ser agradable y anduvimos arriba y abajo haciendo algunas fotos para finalmente entablar conversación con un barquero y terminar paseando en barco alrededor del puente mientras el sol iba cayendo en el horizonte y los mojes de Amarapura salían al puente para aprovechar el frescor de la tarde. Todo se fue tornando naranja y desde nuestro privilegiado puesto de observación vimos al sol desaparecer en el momento que más vida había sobre el puente, pues parecía que todos los monjes de la ciudad habían salido a despedirle.

Amanecer

Los primeros rayos de sol en el Himalaya
Sin desayunar y abrigados salimos muy temprano de nuestro hotel en Pokhara para subir hasta Sarankot, el balcón perfecto según hemos leído para ver el amanecer frente a las montañas más altas del mundo. A pesar de la hora cuando llegamos al lugar indicado ya hay gente, no demasiada, pero todos con la cámara preparada esperando el momento mágico. Por desgracia hay algunas nubes y no podemos disfrutar de esa imagen espectacular con un telón de fondo lleno de montañas, pero aún así, es emocionante descubrir parte de los Annapurna, saber que lo que se deja ver entre las nubes son las nieves eternas de esas montañas, y que el pico más acentuado que vemos frente a nosotros es el del Machapuchare, la montaña considerada sagrada y prohibida a los escaladores. Con o sin nubes, es emocionante estar allí.

Amanecer

Podría añadir a esta pequeña lista otros momentos en los que el sol es protagonista bien porque viene o porque se va. Por ejemplo la puesta de sol en Pura Tana Lot, un pequeño templo balinés junto al mar; o la vista de Manhattan desde Brooklyn cuando las luces de la ciudad comienzan a encedense mientras el sol desaparece tras los rascacielos. También recuerdo el amanecer en Playa del Carmen, cuando no podíamos dormir por el jet lag y nos fuimos a la playa.

Pero si tengo que decir si me gusta más el amanecer o el final del día me resulta realmente complicado. Creo que ambos momentos tiene una magia especial y nos regalan sensaciones únicas… Por ello mejor no comparar y disfrutar de cada uno de ellos siempre que tengamos ocasión.

Comentarios (10)

  1. Tenemos la suerte de haber disfrutado este verano de un amanecer y un atardecer de los que mencionas.

    El amanecer fue junto a la caldera Tenger, para ver aparecer al volcán Bromo humeante entre un mar de nubes. Ha sido uno de los amaneceres más bonitos que hemos visto en nuestra vida. Hasta nuestras peques, a pesar del madrugón y del frío, se quedaron con la boca abierta durante el amanecer.

    El atardecer lo vimos también en las Gili, pero en nuestro caso en Gili Air, como comentas la puesta de sol sobre los volcanes de Bali es una auténtica maravilla.

    Es cierto que suelen ser lugares muy concurridos porque todo el mundo los recomienda, pero aún así dejan una huella difícil de borrar.

    Saludos, y tomamos buena nota del resto de recomendaciones.

    1. Coincido con vosotros en que el amanecer en Bromo es uno de los más bellos del mundo… a mi me dejó boquiabierta ¡¡¡porque no tenía ni idea de lo que me esparaba!!
      Un abrazo

  2. Todos estos lugares maravillosos para el amanecer o el atardecer. No olvidare tambien, el atardecer al tope de uno de los templos de Pagan/Bagan en Birmana/Myanmar. Inolvidables. Tantos, tantos lugares encantadores. Sigamos viajando, disfrutando.

  3. Está difícil la elección entre ver amanecer o anochecer, los dos momentos son mágicos, aunque es verdad que es más fácil ver un atardecer. Aunque madrugo bastante todo el año, sigue costándome despegarme de las sábanas 😉
    Pero hay sitios que bien merecen un madrugón, aún recuerdo ver amanecer en el desierto del Néguev en Israel. Y también he podido presenciar anocheceres de postal, como el de Petra, en Jordania.
    Un abrazo!

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