Cartagena de Indias

Cartagena de Indias, la cara menos amable de la ciudad

Cartagena de Indias es una de las ciudades coloniales más bellas. Tanto como que no hay turista que viaje a Colombia que no la visite. Y es que hay mucho que ver en Cartagena. De eso todo el mundo os hablará (incluida yo en otro post). Pero esta ciudad tiene también una cara menos amable para el viajero. Esa que o no todos perciben o sobre la que prefieren hablar.

Yo he decidido contaros en este post aquellas cosas que en Cartagena de Indias no me gustaron, me molestaron o sentí que restaban encanto a la ciudad. Antes de nada dejar claro que esta ciudad colombiana me parece preciosa y que disfruté mucho en ella. Porque luego parece que siempre aparece alguien empeñado en decir que no tienes ojos, que como se puede decir que no te ha gustado ese lugar y bla bla bla. Incluso alguien dirá que no es cierto lo que cuento. Pero yo os quiero contar como me sentí al visitar la ciudad. Esos momentos que me incomodaron y me hicieron ser consciente de que el turismo, muchas veces, perjudica a un lugar tanto como le puede beneficiar.

Cartagena de Indias: no todo es color de rosa

Es Cartagena la ciudad más turística de Colombia. Pero más allá de sus bellas casas coloniales, de sus imponentes iglesias y de sus atractivas mansiones rodeadas de buganvilias hay una Cartagena de Indias que hay que saber que existe y que puede hacer que no se disfrute tanto de la ciudad como uno quisiera. No hay duda de que el turismo tiene mucho que ver con lo que os voy a contar. Si no estuviera el casco antiguo de la ciudad lleno de viajeros las cosas serían de otro modo. Puede que incluso la ciudad no luciera tan bella como lo hace, pero su belleza se ve empañada por algunas cosas de las que casi nadie os hablará.

Vendedores ambulantes

Soy consciente de que en una ciudad tomada por el turismo como es Cartagena de Indias es inevitable encontrar tiendas de recuerdos por todas partes y puestos de artesanos en algunos lugares. Pero cuando los vendedores recorren en la ciudad en busca de clientes y a cada paso alguien te ofrece un sombrero o un vestido a mi me resulta incómodo y agobiante. Si quiero un sombrero ya buscaré donde comprarlo. Y si busco algún tipo de recuerdo ya me las ingeniaré para localizar el lugar en el que hacerme con él. No me apetece para nada pasarme el día diciendo «no, gracias» a cada vendedor que se cruza en mi camino.

Es imposible sentarse a tomar una cerveza en alguna terraza a pie de calle sin que alguien se acerque a venderte sombreros o puros. Todos con la sonrisa en la boca hasta que dices que no y entonces te cuentan que el sol es muy fuerte y «necesitas» ese sombrero o te preguntan que como es posible que no compres cigarros o cualquiera otra de las cosas que venden para llevar de regalo a amigos o familiares. No hay momento de relax ante estos insistentes vendedores mientras estás en las calles del casco antiguo. Por supuesto uno siempre puede huir a Getsemani, el barrio de moda de Cartagena, un lugar al que aún no han llegado estos vendedores que persiguen turistas.

Cartagena de Indias

Taxis

Con los taxistas ocurre lo mismo que con los vendedores. Allá donde ven un turista paran, bajan la ventanilla y te pregunta si quieres un taxi. Si lo quisiera, ya lo pararía. No quiero tener que decir no a cada uno que pasa. Pero como me enseñaron a ser educada, pues así pasa. No había calle abierta a tráfico, ya fuera de día o de noche, en la que no tuviéramos que decir varias veces que no necesitábamos un taxi.

Lo mejor de todo es que cuando si tuvimos que subir a uno, al decirle nuestro destino dijo que no sabía donde estaba y nos hizo bajar. No les interesa dar vueltas cuando el precio de la carrera es fijo y saben que tienen montones de turistas esperando subir a su vehículo.

Prostitución

Una de las cosas que más nos sorprendió en Cartagena de Indias fue el gran número de prostitutas que cada tarde, en cuanto comienza a caer el sol, se reúnen en la Plaza de los Coches, a los pies de la Torre del Reloj. No son ni una de dos. Se cuentan por decenas esperando a sus clientes en una de las plazas más transitadas y turísticas de Cartagena de Indias. Al principio pensamos que eran chicas que habían quedado para ir de fiesta. Pero por su actitud y la de los hombres que a ellas se acercaban no tardamos en entender que esa plaza es el lugar de reunión para las meretrices de la ciudad. Y no tenemos duda de que si van a esta plaza a captar clientes es porque en muchos casos son los turistas los que buscan sus servicios.

Precios

En general a nosotros Colombia no nos ha parecido un país barato. Hay ciudades con precios más ajustados pero en cuanto llegas a Cartagena de Indias todo se dispara. La ley de la oferta y la demanda. Muchos turistas, precios más elevados. Desde los alojamientos a los restaurantes, todo en esta ciudad es más caro que en el resto del país. Por poner un ejemplo: una limonada en Salento (Eje Cafetero) cuesta unos 5.000 pesos; en Cartagena tendrás que pagar 10.000 y en muchos casos no estará ni la mirad de buena que en otros lugares. Así que si decidís viajar a Cartagena llevad preparada la cartera porque vuestro presupuesto de viaje aquí se duplicará.

Cruceros

Nosotros tuvimos la suerte de que durante los dos días que pasamos en la ciudad no atracará ningún barco lleno de turistas. Aún así las calles del centro estaban hasta arriba de gente, no quiero ni pensar como se pueden poner cuando atraquen dos o tres cruceros. O incluso como nos contaron, hasta los cinco que han llegado en algunas ocasiones. Es un turismo de paso, no gasta en la ciudad y solo la recorre a toda prisa para aprovechar las horas que le dejan para hacerlo.

No es Cartagena de Indias la única ciudad cuyas calles se llenan con la llegada de un crucero. En nuestro caso tuvimos que compartir ciudad en Croacia, en Split, con los viajeros de un crucero y os aseguro que no hay forma más sencilla de restar encanto a una ciudad que llenar hasta los topes sus calles de turistas.

Palenqueras

Hay unos personajes que todos esperan ver en Cartagena de Indias. Se trata de las palenqueras, esas mujeres que llegan a la ciudad desde San Basilio de Palenque, una localidad a 50 kilómetros de Cartagena. Hablan su propia lengua criolla y son descendientes de aquellos que escaparon de la esclavitud. Estas mujeres trabajan en las calles de la bella Cartagena de Indias vendiendo fruta fresca. Se las puedes encontrar sentadas frente a sus puestos buscando siempre la sombra de alguna calle estrecha o de algún edificio en las plazas de la ciudad.

Pero hay otras mujeres que nada tienen que ver con las auténticas palenqueras. Son sencillamente mujeres afroamerianas que han encontrado un filón en vestirse ropas de colores y colocarse una cesta con frutas sobre la cabeza. Solo buscan al turista para hacerse una foto a cambio de unos pesos. No tienen reparo en perseguir a los viajeros que pasan ante ellas y en mostrar una gran sonrisa para la foto, sonrisa que se convierte en mal gesto si lo que el turista les da no está a la altura de sus expectativas. Si queréis fotos de palenqueras de verdad, buscadlas por la ciudad, comprarlas algo de fruta y os regalarán la mejor sonrisa para una foto.

Cartagena de Indias,

Estas son mis apreciaciones sobre una ciudad de la que pensaba me iba a enamorar y que a pesar de su indudable belleza no ha logrado conquistarme. Me han gustado sus calles, sus murallas, sus iglesias y sus plazas. Pero solamente he podido disfrutar de ellas con tranquilidad cuando salía a pasear a primera hora de la mañana, antes de que la ciudad se llenara de turistas y de todo lo que generamos allá donde vamos. Por suerte esos paseos matutinos por una ciudad que se despereza me regalaron una cara mucho más atractiva de Cartagena de Indias, y con ella es con la que me quedo.

Post a new comment

Centro de preferencias de privacidad

Google

Analíticas de visitas y tráfico web.

_ga,_gid,_gat
_ga,_gid,_gat

GPDR

Cookie para obtener información sobre los consentimientos dados sobre la ley GPDR

gpdr[allowed_cookies],gpdr[consent_types]