En nuestra ruta por los países Bálticos ha sido Letonia el país en el que más días hemos pasado. Tras visitar Kaunas y el Castillo de Trakai (Vilnius ya la habíamos conocido unos años antes, en Navidad, y hemos decidido no incluirla en este nuevo viaje), pusimos rumbo a los lugares que ver en Letonia.
Decidir cuáles de los muchos lugares que hay en este pequeño país del norte de Europa íbamos a visitar no ha sido tarea sencilla. Hay muchos atractivos en Letonia, y lo que teníamos eran solamente 5 días para conocerlos. Por lo tanto, aquí vais a encontrar los lugares que ver en Letonia que nosotros hemos visitado. Y que por una razón u otra (ubicación, interés cultural o natural, atractivo arquitectónico) han pasado a formar parte de nuestro paso por Letonia. Un país que nos ha dejado con ganas de más y al que no descartamos regresar.
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Qué ver en Letonia en 5 ó 6 días
Llegamos a Riga en autobús tras conocer los lugares que ver en Kaunas, la segunda ciudad en tamaño de Lituana. Desde la estación de autobuses de la capital letona cogimos un taxi (bueno, realmente un Bolt, la compañía de VTC más utilizada en los Países Bálticos) al aeropuerto para recoger nuestro coche de alquiler. Realmente queríamos alquilar un coche en el centro de la ciudad, pero las opciones eran pocas y con tarifas más altas que las de aeropuerto de Riga.
Con el equipaje en el maletero pusimos rumbo a Uzvara. Allí pasamos nuestra primera noche en Letonia, en el precioso Hotel Miķelis. Al día siguiente comenzamos nuestra ruta de 5 días por los lugares que ver en Letonia de los que os voy a hablar a continuación según el siguiente itinerario:
- Día 1 desde Uzvara: Palacio de Rundale, Castillo de Bauska, Palacio de Mežotne y llegada a Riga.
- Día 2 desde Riga: Kuldīga, Ventspils y regreso a Riga.
- Día 3 desde Riga: Cēsis, Ungurmuiža, Sigulda, Turaida, Castillo de Birini, regreso a Riga y devolución del coche del alquiler.
- Día 4: Riga.
- Día 5: Riga.
- Día 6: mañana en Riga y salida en autobús hacia Tallin.
Rundale, el palacio más espectacular que ver en Letonia
En un país tan rural como Letonia encontrar una joya arquitectónica de la características del Palacio de Rundale es una grata sorpresa. Se trata de un palacio del siglo XVIII construido como residencia de verano para el entonces duque de Curlandia, Ernst Johann Biron. El interior es un derroche de lujo barroco en el que se pueden visitar un gran número de las estancias, tanto en el ala este, dedicada a los actos oficiales, como en el ala oeste, la ocupada por la zona privada del palacio.

Hay estancias realmente espectaculares, como el salón dorado o salón del trono y el salón blanco, originalmente ideado como capilla y más tarde convertido en salón de baile. Las estancias privadas son más pequeñas pero no menos atractivas. Paredes enteladas, frescos en los techos y muebles de época recrean la época dorada del palacio. En la planta baja no hay que perderse la cocina ni las fascinantes exposición de artes decorativas con un recorrido del gótico al art nouveau.

Por último, no hay que perderse los cuidados jardines inspirados en los jardines del Palacio de Versalles, aunque más pequeños pero no faltos de encanto.

Castillo de Bauska
Muy cerca del anterior palacio se encuentra Bauska. Una tranquila localidad en la que no hay que perderse la oportunidad de conocer uno de los castillos que ver en Letonia. Se trata de una doble fortaleza construida en una colina entre los ríos Mūša y Nemunėlis.

La parte más antigua del castillo está casi en ruinas, pero no hay que dejar de adentrarse en ella y subir a la torre del homenaje en la que se ha instalado una impresionante estructura de madera que permite llegar a lo más alto para disfrutar de una buena panorámica.
En cuanto a la parte más moderna del castillo de Bauska, fue residencia del duque de Curlandia en el siglo XVI. Es han restaurado los interiores, con recreaciones de algunas estancias en las que destaca el colorido y brillante suelo.
En otras partes del castillo están las cocinas, lo que fueron las cuadras y algunas exposiciones que permiten conocer la historia y hasta la moda de la época en la que el castillo estaba habitado.

Palacio de Mežotne
Este pequeño y coqueto palacio se encuentra junto al río Lielupe, que nace en las confluencias de los dos ríos que pasan por Bauska. Rodeado por un parque de 10 hectáreas, este palacio que ver en Letonia perteneció a Charlotte Margarete von Lieven, a quien le otorgó la propiedad la emperatriz rusa Catalina la Grande como agradecimiento como institutriz de sus nietos.

El palacio fue parcialmente destruido en 1944 por los bombardeos del Ejército Rojo, siendo reconstruido en la segunda mitad del siglo XX. En 2001 se instaló en el palacio un hotel que ha sido clausurado por los daños que suponía el trasiego de huéspedes en la propiedad.
Ahora se ha abierto al público como museo, lo que permite recorrer todas las estancias del primer piso, incluido el fastuoso y elegante salón principal, con una cúpula inspirada en el Panteón romano. Esta estancia está considerada la mejor sala clásica de Letonia.

Este día ya hicimos noches en Riga. Elegimos un alojamiento con parking para evitar problemas, pues en casi toda la ciudad el estacionamiento está regulado, y no queríamos tener problema. Pasamos 5 noches en el Aparthotel Amella. Nos encantó la elección, por su ubicación y el maravilloso edificios art nouveau que ocupa. Además el apartamento era amplio, con una cama enorme y muy cómoda, una pequeña cocina y un baño de buen tamaño.

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Kuldiga, el pueblo más bonito que ver en Letonia
Nuestro segundo día recorriendo Letonia en coche nos llevó hacia el oeste del país. Aquí nos detuvimos en Kuldiga. Un encantador pueblo a suficiente distancia de Riga como para no estar saturado de turistas. Considerado el pueblo más bonito de los Países Bálticos, en Kuldiga lo mejor que se puede hacer es pasear sin rumbo.

En cada esquina aparece una casa de madera con un prado frente a la puerta. Las flores llenan de color los parques y los edificios de Kuldiga. Las casas aparecen unas veces solitarias y otras en bonitas hileras, con la torre de alguna iglesias asomando sobre sus tejados. Hay casas históricas, iglesias de diferentes credos, un parque de esculturas y algún museo. Aquí hasta las cafeterías son especialmente bonitas.

Como curiosidad, mencionar que uno de los lugares curiosos que ver en Letonia se encuentra aquí. Se trata de la cascada más ancha de Europa, Ventas Rumba, en el río junto a Kildiga. No hay que emocionarse con este dato. Porque aunque efectivamente es la cascada más ancha, no tiene de alta. Dependiendo del agua que lleve el río, la altura de la cascada puede oscilar entre los 60 cms y el metro.

Ventspils, la ciudad de las vacas
El río Venta, el mismo que pasa por Kuldiga, atraviesa esta ciudad portuaria junto al mar Báltico. Durante siglos, su historia ha estado ligada a la construcción de barcos, teniendo gran importancia desde finales del siglo XVIII, momento en el que Ventspils pasó a estar bajo control del Imperio Ruso y a estar conectada un siglo más tarde con Moscú por ferrocarril. A principios del siglo XX, la ciudad era uno de los puertos más rentables de Rusia.
Tras diferentes avatares provocados por las guerras, cuando Letonia se independizó de la URSS, el gobierno comenzó una cuidada remodelación para convertirla en un atractivo vacacional. Recorrer esta ciudad ahora es pasear por un lugar en el que los cuidados jardines tienen gran protagonismo. Se conservan muchas casas tradicionales de madera cerca del puerto, zona en la que también está el restaurado Castillo de la Orden de Livonia. Las iglesias luterana y ortodoxa también se encuentran en el casco antiguo, cerca del puerto.

Una de las cosas que más nos llamaron la atención son las esculturas de vacas de diferentes tamaños y diseños que recuerdan que en esta parte de Letonia viven las conocidas vacas azules. También nos sorprendió la extensa playa de Ventspils de arena dorada. Se encuentra tras unas dunas que se atraviesan por pasarelas. Al final, todos los servicios playeros para disfrutar de una buena jornada junto al mar.

Cēsis, otro pueblo bonito que ver en Letonia
El tercero de nuestros días con coche recorriendo Letonia pusimos rumbo al Parque Nacional de Gauja. Una extensión que parece interminable de pinos salpicados aquí y allá por castillos, lagos, casas solariegas y pequeños pueblos. La primera para la hicimos en Cēsis. Un pequeño y coqueto pueblo que trepa por una pequeña colina al final de la cual se encuentran los castillos. Uno medieval, fundado en el siglo XIII, y otro más moderno, que aloja un museo.

A los pies de los castillos hay un bonito parque con un estanque. Desde él se puede subir de nuevo para ver la iglesia ortodoxa y adentrarse en el encantador casco antiguo de la ciudad. Aquí las casas de madera pintadas de colores convierten sin duda a Cēsis en uno de los pueblos más bonitos que ver en Letonia.

En algunos puntos de la ciudad se pueden ver hileras de zapatos. Es un homenaje a las familias judías que fueron de la localidad que fueron deportadas y asesinadas por los nazis en los campos de concentración. Cada grupo de zapatos representa a cada uno de los adultos y niños de la familia que allí vivía.

Ungurmuiža, una gran casa solariega
No lejos de Cēsis se encuentra esta casa solariega de estilo barroco, una de las mejor conservadas de toda Letonia. La ubicación no puede ser más bucólica. Rodeada de bosques y praderas, el conjunto de Ungurmuiža es verdaderamente atractivo.
El complejo está formado por varias casas (hay un plano junto al parking). La principal es sin duda la más atractiva, aunque no es sencillo visitar su interior. Nosotros no lo conseguimos, a pesar de haber contacto por correo electrónico con ellos y llamar repetidamente a la puerta. Aún así, merece la pena acercarse a este lugar que ver en Letonia, aunque solamente sea para deambular por la propiedad y empaparse de esa tranquilidad absoluta que parece reinar allí.

Sigulda y sus castillos
Es el lugar más popular del Parque Nacional de Gauja. Su cercanía a Riga y sus castillos atraen a muchos visitantes, aunque como todo en Letonia, nunca te sientes agobiado. La localidad está formada por calles y avenidas salpicadas de casas con su jardín, siempre con muchos espacio entre unas propiedades y otras. Muchas zonas verdes y algunos monumentos en los que hacer una parada. Por ejemplo la iglesia luterana que hay a poca distancia del recinto de los castillos de Sigulda.
En esta localidad letona hay dos castillos. Ambos se encuentran en un recinto rodeado de una muralla, con una gran parque que lleva a diferentes zonas. A la izquierda hay una muiža, una casa solariega. Está ocupada por tiendas de artesanos. Merece la pena entrar para ver como es el interior de una de estas construcciones. Tiene una pequeña zona que recrea una antiguo salón de té.

Al lado está el Castillo Nuevo de Sigulda. Una construcción del siglo XIX que fue residencia de un príncipe ruso. Durante algún tiempo fue un sanatorio, pero ahora se ha convertido en un pequeño museo sin demasiado interés pero al que merece la pena entrar para subir a la torre desde que la que se tiene una bonita panorámica del parque nacional, con una vista que llega hasta el Castillo de Turaida. En la parte posterior se puede ver el Castillo Medieval de Sigulda, del siglo XIII.

Turaida, otro castillo que ver en Letonia
Muy cerca de Sigulda se encuentra Turaida. Un magnífico complejo situado en una loma cuyo nombre quiere decir “jardín de Dios”. El parque se puede visitar de forma gratuita, pero hay que adquirir entrada para poder visitar el castillo y otras construcciones.
El castillo es sin duda el lugar que nadie se quiere perder en Turaida. Se trata de una fortaleza construida a principios del siglo XIII reconstruida en parte, recreando espacios históricos y aprovechando otros como espacios expositivos en los que se explica la historia del castillo.

La pequeña iglesia de madera es una de las más antiguas de Letonia y otro de los edificios que ver en Turaida. No muy lejos, un sendero lleva hasta el conocido como Parque de las Canciones Folclóricas, salpicado de esculturas e inaugurado en 1985.

Por último, antes de abandonar Turaida, hay que dar un paseo por la finca que en el pasado se cedía a campesinos y artesanos con la finalidad de recaudar impuestos con su trabajo para el castillo. Había que mantener la fortaleza y esta era una buena forma de hacerlo. Hoy el lugar es muy evocador, con estanques y construcciones tradicionales que se reflejan en ellos.

Palacio Birini en los límites de Gauja
Este palacio, convertido en hotel, es otro de los lugares que se pueden visitar en el Parque Nacional de Gauja. La propiedad ha pasado por diferentes manos, siendo August von Pistohlkors quien construyó en 1860 el actual palacio para su esposa. En las primeras décadas del siglo XX se convirtió en hospital y a finales del mismo siglo, el palacio fue adquirido y convertido en hotel, restaurante y espacio para congresos y otros eventos.

Lo mejor de este lugar son sin duda sus jardines y el bonito lago frente a la fachada principal. El acceso es de pago, y hay que pagar una entrada diferente si se quiere visitar también el interior del edificio y no se está alojado en él. A nosotros nos pareció algo decadente, y salvo la imponente escalera de honor, el resto no justifica el pago de una entrada.
Merece más la pena deambular por los jardines para ver otras construcciones que formaron en su momento parte de los terrenos del palacio, con funciones de cuadra, lavandería o escuela. Sin olvidar la torre del agua que sigue en pie y abastecía a la mansión mediante energía eólica o la olvidad cripta familiar en el bosque.
Riga, la capital del art nouveau
Es sin duda Riga, la capital letona, el lugar más turístico del país. Probablemente la ciudad más animada de los países bálticos, Riga es una ciudad con muchos atractivos. Culturales, arquitectónicos e incluso gastronómicos. Es una ciudad más grande que Tallin o Vilnius, pero que se puede recorrer caminando sin ningún problema. Merece la pena dedicar al menos dos días a conocerla. Un día para su centro histórico, con sus plazas, iglesias, torres y plazas, y otro para hacer una ruta por el fascinantes art nouveau de esta ciudad. Los amantes de este estilo arquitectónico y decorativo disfrutarán aquí como en pocos lugares.

En esos dos días hay tiempo para cruzar el caudaloso río Daugava y conocer algún barrio al otro lado de la ciudad. Se puede visitar la Biblioteca Nacional de Letonia, un moderno edificio que sirve también como mirador sobre la ciudad.
Si se pasa un tercer día en la ciudad, se puede aprovechar para visitar algún museo, mercados o puede que incluso hacer un recorrido por los cafés y bares más curiosos de Riga. De todo ello hablaré en otro post.
