Letonia nos ha sorprendido gratamente en cada lugar de su territorio que hemos visitado. Sin duda, los lugares que ver en Riga son los que atraen a la mayoría de los visitantes que llegan a la país. Pero fuera de la capital hay localidades que son dignas de ser visitadas. Una de ellas es sin duda duda Kuldiga. Uno de esos pueblos ante los que uno cae rendido en cuanto recorre sus calles bordeadas de esas casas de madera tan típicas de los Países Bálticos.
Índice del artículo
Dónde está Kuldiga
Este pequeño y encantador pueblo se encuentra en la región de Kurzeme (Curlandia en español), en la zona occidental del país. Una tierra en la que la Letonia rural y sus pastos comparten protagonismo con solitarios castillos, tranquilos pueblos y playas de arena dorada bañadas por el Báltico. Sin olvidar las vacas “azules” que se crían en esta parte del país y que una de las razas vacunas más raras del mundo.
Kuldiga está casi en el centro de Curlandia. A 145 kilómetros de Riga. Una distancia que parece haberla dejado un poco apartada de las rutas más típicas de quienes visitan Letonia y que casi siempre se conforman con visitar la capital y el cercano Parque Nacional de Gauja, otro de los lugares que se pueden incluir en la lista de los que ver en Letonia.

Cómo llegar a Kuldiga desde Riga
El trayecto entre Riga y Kuldiga se puede hacer en transporte público o en coche particular. También se puede reservar esta excursión privada a Kuldiga para grupos de hasta 6 personas. El precio me parece elevado, pero si se viaja en grupo puede ser una buena opción para conocer este encantador pueblo letón.

Alquiler de coche
Es la opción que nosotros elegimos en esta ruta por los Países Bálticos. Algo que nos dio mucha libertad tanto en horarios como en el diseño de cada ruta o cambios de última hora en la misma.
Las carreteras son buenas para ir desde Riga a Kuldiga, no hay mucho tráfico y no es complicado estacionar sin tener que pagar por ello (algo que no ocurre en la capital letona). El tiempo del viaje entre ambas localidades puede rondar las 2 horas.
Podéis leer el post alquilar con coche en los Países Bálticos para descubrir las mejores opciones y, sobre todo, decidir si os conviene alquilar un coche para todo el viaje o alquilarlo en cada país para los días que os pueda hacer falta.
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Transporte público
Si decidís llegar a Kuldiga en transporte público, podéis hacerlo en autobús. Las líneas 7016 y 7410 parten de la Estación Central de Autobuses de Riga con diferentes horarios. El tiempo del viaje en este caso oscila entra las 2 horas 30 minutos y las 3 horas y media. Podéis ver horarios y comprar los billetes aquí.
En el caso de que hagáis el trayecto en autobús, puede que sea interesante hacer noche en Kuldiga. No iréis tan ajustados de tiempo y podréis alojaros en algunos de los encantadores hoteles boutique de la localidad. Dos buenas opciones son el Boutique Hotel Virkas muiža (en una preciosa mansión histórica) y el Jēkaba sēta, algo más económico y también en un edificio histórico.
Qué ver en Kuldiga
Lo mejor que se puede hacer en Kuldiga es pasear. Dejarse llevar sin rumbo por sus calles y plazas. Aquí y allá aparecen casas cuyas puertas se abren a verdaderos jardines naturales. Fachadas, puertas y ventanas están siempre pintadas de colores, y los edificios históricos en muchos casos se han rehabilitado para alojar tiendas, restaurantes, hotelitos y oficinas municipales. Además, hay que ir atentos a las esculturas que decoran Kuldiga y hasta a los escaparates de las encantadoras tiendas que salpican las calles de este precios pueblo letón.

Rātslaukums, la plaza del Ayuntamiento
Es una de las tres plazas en torno a las que se orquestan las calles de Kuldiga. Aquí se encuentra el Ayuntamiento del Kuldiga de estilo neorrenacentista que parece estar un poco fuera de lugar, rodeado de las tradicionales casas de madera letona.
Al sur de la plaza, en la esquina de Pasta iela y Baznīcas iela, se puede ver la que dicen es la casa de madera más antigua de Kurzeme. Data del siglo XVII, aunque fue reconstruida en 1982.
También en esta plaza está la Oficina de Turismo, que ocupa el edifico del antiguo ayuntamiento. Merece la pena entrar porque puede haber alguna exposición y tienen una pequeña tienda de recuerdos artesanos.

Por último, si queréis hacer un alto para comer o tomar un café, os recomiendo Goldingen Room. Un precioso local con grandes ventanales y cómodos sofás. Nosotros entramos casi por obligación, ya que comenzó a diluviar y lo más sensato era refugiarse bajo techo. Llovía tanto que terminamos dejando Kuldiga para ir hacia la costa en busca de sol. Tuvimos suerte y regresamos por la tarde a una Kuldiga mucho más templada y algo soleada.

Baznīcas iela
Es una de las principales calles de Kuldiga y atraviesa la Plaza del Ayuntamiento de la que os acabo de hablar. En Baznīcas iela se pueden ver algunos de los mejores ejemplos de arquitectura de madera del pueblo. Concretamente en dos edificios históricos.

Uno de ellos es la Casa Stafenhagen, de 300 años de antigüedad. Cuenta una historia (que algo tiene de leyenda) que durante la Gran Guerra del Norte, en 1702, el rey sueco Carlos XII no puedo alojarse en el castillo de Kuldiga y por ello se alojó en esta casa, propiedad del burgomaestre que la da nombre. Su interior aloja la chimenea de mampostería más grande de Kurzeme y un arcón que al parecer dejó el monarca sueco. No os puedo garantizar si se puede visitar el interior de casa, pues nosotros sentimos que allí vivía gente y que el tema visitas no parece estar regulado de forma oficial.

El otro edificio histórico que ver esta calle es monumento nacional y una de las pocas estructuras de entramado de madera del siglo XVII reconocible por su gran tamaño y el color amarillos de sus ventanas. Aquí estuvo la conocida como Farmacia de la Corte del Duque, ya que en aquel momento había que comprar una licencia al duque para abrir un negocio. Actualmente es un edificio residencial.
Iglesia luterana de Sta. Catalina
No faltan iglesias que ver en Kuldiga. Las hay luterana, ortodoxa, evangélica y católica. Y todas de un tamaño considerable que parece algo excesivo teniendo en cuenta la población del pueblo.
La más destacada de estas iglesias cristianas es la de Santa Catalina. El edificio de culto más antiguo de Kuldiga, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII. Está dedicada al culto de la patrona de la localidad y ha sufrido más de una remodelación a lo largo de los siglos tras ser destruida por incendios y saqueos. Tras la Segunda Guerra Mundial los soviéticos la utilizaron como establo. Más tarde se convirtió en sala de conciertos y exposiciones, hasta que en 1989 se recupero como lugar de culto luterano.

Alekšupīte y los estanques de Kuldiga
Este estrecho arroyo, afluente del río Venta atraviesa el pueblo entre las antiguas casas. Aquí y allá lo cruzan pequeños puentes y en el curso del río se han creado dos estanques que han pasado a ser uno de los lugares más pintorescos de Kuldiga, con sauces cuyas hojas se mecen sobre el agua y una curiosa escultura del un bebé gigante que parece flotar sobre el agua.

Puente sobre el río Venta
Este puente es el más grande de los que cruzan el río Venta en Kuldiga y el tercer puente de ladrillo más largo de Europa. Es un magnífico mirador sobre el río. Desde el se puede ver las cascada de la que os hablaré más adelante. Fue construido en los años 70 del siglo XIX, según las normas de ingeniería vial del Imperio ruso.
Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército ruso destruyó en su retirada dos tramos del puente, construcción que fue reconstruida unos años después con hormigón. Ya en el siglo XXI, este emblemático puente ha sido restaurado para devolverle su aspecto original.

Pils iela, otra calle que ver en Kuldiga
No hay que perderse esta tranquila calle en la que hay más de un atractivo. El primero se encuentra a su izquierda. Es la Casa del Vigilante de las Ruinas. Fue construida tras la destrucción del Castillo de la Orden de Livonia, cuyas ruinas se pueden ver al otro lado de la calle. Su objetivo era el que indica su nombre, proteger las ruinas. Como dato algo siniestro sobre esta casa, deciros que una truculenta historia cuenta sobre ella que fue escenario de decapitaciones y ejecuciones. Y que era tanta la sangre que salía de ella que el arroyo a sus espaldas fluía teñido de rojo.
Se puede dar un paseo por los senderos alrededor de las ruinas del castillo. Están rodeadas por un cuidado parque que ha pasado a ser un agradable jardín de esculturas.

Unos metros más arriba se puede ver el edificio del Museo de Historia de Kuldiga. Rodeado de jardines, es una de las construcciones más bonitas de la localidad. El edificio se construyó en París en 1900 y sirvió en aquel entonces para albergar el pabellón ruso en la Exposición Universal.

Frente la museo hay un mirador que pertenece a un restaurante, un lugar desde el que se tienen bonitas vistas del río, del puente y de las cascada del río Venta.

Ventas Rumba, la cascada más ancha de Europa
Al leer esto, que nadie se emocione. Aquí no vais a encontrar una cascada que os deje con la boca abierta al ver la gran caída de las aguas del río Venta. Porque aunque esta cascada es la más ancha de Europa, su altura oscila, según el nivel del río, entre los 60 y 95 centímetros. Es más lo curioso del lugar que lo impresionante del mismo.
Se pueden ver bien desde el mirador que antes mencione. Pero si queréis verlas de cerca o caminar por el río junto a ellas, lo mejor es cruzar al otro lado del río por el puente de ladrillo y girar a la derecha. Allí encontraréis varios lugares para el baño, para un picnic y para hacer algunas fotografías.

Iglesia Evangélica de Santa Ana
Está iglesia de estilo neogótico se construyó con donaciones que comenzaron a recaudarse a principios del siglo XVII. Pero la iglesia no comenzó a construirse hasta 300 años más tardes, pues el dinero que ser reunía se iba gastando una y otra vez en necesidades más urgentes.
En su interior destacan las bóvedas en forma de estrella y el órgano, considerado el tesoro más importante de la iglesia, ya que fue construido por uno de los organeros más destacados en su época. Las vidrieras también son elementos destacados en esta iglesia que ver en Kuldiga. En ellas se representan lugares del pueblo, como la propia iglesia y el puente de ladrillo.
Estas vidrieras se salvaron de ser destruidas en la Segunda Guerra Mundial gracias a que los vecinos las quitaron de los vanos y las enterraron. Estuvieron escondidas siete años y más tarde colocadas de nuevo.

Iglesia de la Santísima Trinidad
Se trata de una iglesia de culto católico cuya torre sobresale por encima de los tejados que rodean la plaza en la que fue construida a mediados del siglo XVII. Su sencillo exterior contrasta con un interior decorado en estilo barroco y rococó. Entre las obras de arte que hay en esta iglesia de Kuldiga llama la atención un confesionario decorado con pinturas.

No hay que dejar de fijarse en las construcciones que rodean la iglesia, algunas con escaleras que bajan directamente a prados cubiertos de margaritas (en primavera y verano) y rodeadas de esas flores de intensos colores que aparecen en los campos letones en cuanto el clima empieza a acompañar.

También hay que dar un paseo por la Raiņa iela. En ella se pueden ver agrupadas muchas de las típicas casas de Letonia, con fachadas, puertas y ventanas pintadas en tonos pastel.

Iglesia ortodoxa de la Santa Madre de Dios
Alejada del centro de Kuldiga y de la mayoría de lugares que ver en el pueblo, esta iglesia solo la vimos desde el coche. Está en un jardín y por la información que tengo, os puedo decir que fue construida en la segunda mitad del siglo XIX. Es de ladrillo y tiene un par de pequeñas cúpulas con la característica forma de cebolla de los templos ortodoxos rusos.
Qué ver en Kuldiga: mapa
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