MIhintale Diario de viaje Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: de Madrid a Mihintale

Marzo 2015 – Nos vamos a Sri Lanka, la primera ciudad que vamos a conocer en la antigua Ceilán será Mihintale

8 de marzo

Tras meses de preparativos llega el momento de emprender nuestro viaje a Sri Lanka. Es domingo y tenemos que madrugar, nuestro vuelo sale a las 9:30 de la mañana, así que contando el trayecto, el tiempo de antelación en el aeropuerto,…. bueno, que os voy a contar que no sepáis.

Tendremos que subir a dos aviones para llegar a Colombo, el primero de la compañía Qatar Airways con el que llegaremos a Doha. Nunca habíamos volado con esta compañía, y ha sido un grato descubrimiento. Buena atención, comodidad, limpieza y hasta una comida sabrosa. ¿Qué más se puede pedir cuando se van a pasar 6:30 horas en un avión? Bueno, si, viajar en primera, pero de momento el presupuesto no nos alcanza.

Mihintale volando con Qatar airways

La escala es un poco larga, casi cinco horas. Y la verdad es que dan para mucho, desde curiosear por el duty free a cenar o incluso descansar en las tranquilas zonas que el aeropuerto de Doha tiene habilitadas para tal fin. Una maravilla….

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Llega el momento de subir al siguiente avión, y aquí nuestros compañeros de viaje poco tienen que ver con los que nos acompañaron de España a Qatar. Ahora la gran mayoría del pasaje son hombres de tez oscura que sin lugar a dudas vuelven a casa para visitar a la familia desde el país en el que ahora trabajan.
El vuelo en este caso es con Srilankan Airlines…. y el avión es muy diferente del que dejamos unas horas antes. La sensación al sentarnos en nuestros asientos es estar en una avión antiguo, donde hasta la tapicería de muchos asientos está rota…. Pero las cosas son así, y aunque las comparaciones son odiosas, cuando nos traen algo para comer nos miramos y comentamos lo distinto que es todo entre esta compañía y la recién descubierta Qatar.
Con la tripa llena, nos disponemos a dormir para intentar evitar en la medida de lo posible el temido jet lag.

9 de Marzo 

Son casi las seis de la mañana cuando aterrizamos en Negombo, una ciudad unos kilómetros al norte de Colombo que es donde se encuentra uno de los dos aeropuertos internacionales del país. Control de pasaportes en primer lugar, luego recoger el equipaje, cambiar dinero… atravesar un largo pasillo lleno de tiendas de electrodomésticos (si, dentro del aeropuerto) y salir en busca de Chami, el conductor con el que hace meses y gracias a Viajeros Callejeros he contactado y contratado para nuestros primeros días en el país. Vemos entre la cantidad de gente portando carteles con nombres de viajeros a un chico en cuyo cartel aparece mi nombre, pero nos dice que no es Chami, que está en el parking y enseguida viene.
Pocos minutos después llega y vamos juntos hacia el coche que nos llevará a recorrer durante 6 días la ciudades culturales cingalesas. Lo primero que sentimos al salir del aeropuerto fue calor y esa bruma de primera hora de la mañana, olor a flores mezclado con el de gasolina y ya desde el primer momento la sensación de estar rodeados de vegetación. Acomodamos el equipaje y empezamos el viaje por unas carreteras en un estado magnífico, muy nuevas, como si acabaran de terminarlas e incluso de pintar cada una de las lineas que delimitan carriles y andenes. A pesar de ello y de que hay poco tráfico (según nosotros, porque el conductor aseguraba que había muchos coches a esa hora, pero doy fe de que eran entre pocos y muy pocos), conducen como locos. Como en otros países de Asia en las carreteras impera la ley del más fuerte: la moto tiene prioridad sobre la bici, el tuk tuk sobre la moto, el coche sobre el tuk tuk… y así en una larga cadena en la que cada cual adelanta como y cuando quiere o le dejan.
Durante las cinco horas que duró el viaje hasta nuestro destino, Anuradhapura, ni por un momento dejamos de estar rodeados de exuberante vegetación: cocoteros, buganvillas, adelfas…. Todo era verde con manchas del color de las flores. Aunque cruzáramos una ciudad o un pueblo y en primera linea estuvieran casas, tiendas o templos, detrás siempre el color verde infinito. Además de esto, otra cosa que nos llamó la atención fue como de unas zonas a otras cambiaba el tipo de templos que podíamos ver. El país es mayoritariamente budista, pero también hay población hindú, musulmana o cristiana. Y en la primera parte del viaje, en la zona más cercana a la capital del país, lo que más vimos fueron iglesias y pequeños templetes junto a la carretera en el interior de los cuales había vírgenes o figuras de Jesús. Poco a poco esto fue cambiando, y aunque en todas partes parece haber una pequeña mezquita o una iglesia, el número de templos budistas fue aumentando de forma considerable según nos acercábamos a la zona central de Sri Lanka.

Por fin, después de casi 24 horas desde que salimos de nuestra casa…. llegamos al primer hotel de nuestro viaje, The Sanctuary at Tissawewa, una gran casa colonial rodeada de amplios jardines por los que paseaban pavos reales.pizap.com14664550243621A nosotros en general el calor nos quita el hambre, y después de tanto viaje con todo tipo de comidas a cualquier hora lo que menos nos apetecía era comer a pesar de que era hora apropiada para ello. Así que le dijimos al conductor que tal y como habíamos acordado por mail esa tarde íbamos a ir a Mihintale, una pequeña población a media hora en coche de Anuradhapura.

Una buena ducha, sacar lo imprescindible de las bolsas, un ligero descanso y a los dos y media de la tarde estábamos abajo deseando salir a conocer Mihintale, el primer lugar de nuestra ruta por Sri Lanka. Durante el camino, como no, verde y más verde aparecía antes nuestros ojos. Llegamos a un parking rodeado de jardines y árboles, bajamos del coche y caminamos unos metros por una calle de tierra a cuyos lados había algunos puestos de bebidas y recuerdos que me llamaron la atención por lo poco atractivos que resultaban. Los puestos eran apenas unos cuantos tablones tapados por unas lonas de plástico, y sobre ellos estaban más tirados que colocados los productos que allí vendían….

Al final de ese camino alcanzamos lo que era el inicio de la visita a Mihintale: la escalera que nos llevaría a lo alto de la montaña donde se encuentra el lugar en el que el budismo llegó a Sri Lanka en el año 247 de nuestra era. Durante el primer tramo de la subida pudimos llevar puestos los zapatos, así que escalón tras escalón fuimos subiendo disfrutando de la sombra, las flores, las ardillas…. y asombrándonos cuando escuchamos un ruido entre la vegetación y cuando fuimos a mirar que era nos encontramos con un lagarto de un tamaño enorme, yo creo que su longitud era como poco de metro y medio, y menos mal que estaba al otro lado del muro porque si no creo que no me hubiera hecho ninguna gracia tenerlo en posición de posible ataque. Un poco más arriba un desvío del camino principal nos llevó a nuestra primera dagoba cingalesa: Kantaka Chetiya.

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Unos cuantos escalones más arriba llegamos a una explanada donde tuvimos que pagar entrada (si, en esta zona del país hay que pagar muchas y muy caras entradas) y desde ahí continuamos nuestro recorrido pasando por el que fue el refectorio de un monasterio, en el cual los monjes daban de comer a los peregrinos. Desde allí más escaleras llevaban hacía la zona más importante del recinto arqueológico de Mihintale, pero de nuevo una desviación me llevó a Naga Pokuna, el estanque de la serpiente, desde el que las vistas y la tranquilidad (estuve sola por allí pululando un buen rato disfrutando de las vistas y persiguiendo mariposas, ya que Arturo estaba tan acalorado que decidió esperarme en una sombra) hacen que merezca la pena tomar la corta desviación.

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Subimos más y más escaleras hasta que llegamos a un lugar donde ya teníamos que dejar nuestro calzado pues lo siguiente que íbamos a conocer en Mihintale era el lugar que antes mencioné como del nacimiento del budismo en este país. Unas cuantas escaleras (por las que casi subimos corriendo, quemaban lo que no está escrito) más arriba alcanzamos una amplia y preciosa explanada en cuyo centro vimos la Daboga Ambasthale, la cual marca el lugar donde según la tradición se encontraron Mahinda y el rey que acogió el budismo como religión en Sri Lanka.

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Una vez allí no se había acabado el subir escaleras. Aún nos rodeaban tres lugares a los que queríamos subir, y como no, el modo era hacerlo descalzo por diferentes tramos de escalones. Así llegamos a un gran Buda blanco, a la daboga Mahaseya (la mayor del lugar) y Aradhana Gala, una roca desde la que se divisa el precioso paisaje que rodea Mihintale aunque llegar a lo alto no es tarea sencilla, pues primero quema la roca por la que se asciende y luego hace tanto aire que hay que asirse con fuerza a la barandilla instalada como seguridad.pizap.com14663991881601El sol ya estaba bajando en Mihintale cuando abandonamos la cima de la colina para regresar al coche. Lo primero, recoger nuestros zapatos a cambio de una propina. Aprovecho para decir lo mucho que me fastidian estas cosas, a mi no me importa descalzarme, taparme los hombros o hacer pino puente si es necesario para visitar un lugar. Pero que después de haber pagado una entrada bien cara aún me cobren por dejar en determinado lugar mis zapatos, me molesta, no puedo remediarlo. Me parece un negocio redondo, sobre todo cuando ves que la gente del país paga mucha menos entrada y por supuesto deja sus zapatos en otro lugar en el que luego nadie le pedirá dinero. Si por mi fuera los dejaría siempre a pie de escalera, pero Arturo se queda más tranquilo si los deja donde todos los turistas que pasan por allí, así que ni modo… a soltar dinero toca.

De regreso a Anuradhapura ha anochecido, y le decimos a “Chami” que queremos buscar un restaurante para cenar, Casserole. Con mis indicaciones y un par de preguntas a gente de la ciudad, finalmente lo localizamos… para descubrir que estaba en obras. Buscamos otra opción, el Mango Mango, pero tenemos ganas de una cerveza fresca y allí no la sirven. Así que decidimos ir a cenar al hotel y quitarnos de dar más vueltas por una ciudad moderna sin ningún encanto.

Cuando llegamos apenas hay dos mesas ocupadas, pero el ambiente es agradable y nos sentamos ya con hambre después de un montón de horas sin comer nada, solamente a base de agua. No tardan en servirnos la cena que comemos con ganas, y cuando terminamos fuera ya no se escucha ningún ruido, la tranquilidad es total e intuimos que dormiremos genial para así estar listos al día siguiente y poder continuar recorriendo las ciudades antiguas de Sri Lanka.

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