Cuando el pasado otoño viajé al Alto Berguedá como descubridora de Cataluña de Minube quedé fascinada por aquellos pueblos de piedra y ese paisaje teñido de tonos dorados. Pensé que no podía haber nada más bonito en la provincia de Barcelona, volví encantada de aquellas escapadas. Ahora he regresado a Barcelona para conocer otra de sus comarcas, Anoia. Y si el Berguedá me gustó, Anoia me ha enamorado. Puede que haya sido la primavera, esos campos inmensos en los que el trigo verde llega hasta horizonte para fundirse con el azul del cielo, o esos otros de flores amarillas que inundaban el aire con su aroma.
Se acerca el verano, las ganas de playa y de sol. Más de uno ya está pensando cuál será su destino para las próximas vacaciones, y para quien no pueda aguantar hasta los tradicionales meses de julio y agosto hay un destino estupendo: las mejores playas de Canarias. Allí termina ahora la temporada alta, esa en la que las islas están llenas de europeos deseosos de buen clima y que hace que entre los meses invernales sean el momento elegido por alemanes, británicos o suecos para viajar a nuestras islas más meridionales.
El día de Sant Jordi es la fiesta grande de Cataluña y se homenajea a ese caballero que hace mucho tiempo libró a Montblanc (Tarragona) de ese dragón que tenía atemorizada a su población. Pero Sant Jordi, que así se llamaba el caballero, mató con su espada al dragón y los liberó. Dice la leyenda que de la sangre del dragón brotó un rosal con las más bellas flores, una de las cuales arrancó el caballero y se la ofreció a la princesa que había liberado.
Como en toda leyenda, no hay duda de que algo habrá de verdad. Sea como fuere, la tradición de regalar rosas el día de Sant Jordi permanece hoy en día y muchos dicen que este santo sería la versión catalana de famoso San Valentín.
Hace años vi un película antigua en blanco y negro, “Vacaciones en Roma“. Sus protagonistas eran Gregory Peck, una joven Audrey Hepburn y la capital italiana. Todo ocurre en 24 horas, suficientes para que yo me enamorara de la Ciudad Eterna siguiendo el precioso recorrido que ellos hacen por las calles y plazas de Roma. Esta comedia le valió a la actriz un Oscar, y a mi me dejó con el deseo de tener alguna vez unas vacaciones en Roma siguiendo los pasos de la princesa y el periodista que le hace de cicerone por los lugares más emblemáticos de la ciudad.
El Valle de Katmandú es desde mi punto de vista el lugar más interesante de Nepal. Solamente la capital del país contiene un buen número de palacios, templos, estupas y mercados como para ser un gran destino turístico. Los alrededores de la ciudad no se quedan atrás, y sus ciudades medievales, sus pueblos anclados en el pasado o el paisaje que rodea todo ello son un reclamo para que cualquier quiera pasar varios días perdido en este rincón a los pies del Himalaya. Entre todos esos lugares hay un templo que destaca sobre el resto y que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco: Changu Narayan.
En Madrid tenemos un puñado de museos que se encuentran entre los mejores del mundo. Cada año miles de turistas visitan el Prado, el Reina Sofía o el Thyssen. Entre las obras que cuelgan en sus paredes hay obras sobradamente conocidas como Las Meninas de Velázquez, el Guernica de Picasso o el Jardín de las Delicias de El Bosco. Sin duda estos tres museos de Madrid merecen ser tenidos en cuenta por cualquier viajero que visite la capital española.
En este post no os voy a hablar más sobre las maravillas que esconden entre sus paredes esos museos de Madrid arriba citados. Lo que os voy a contar es que en mi ciudad hay otros muchos museos menos conocidos, pequeños, ubicados en preciosos edificios y con magníficas colecciones en su interior a los que también podéis dedicar unas horas si venís a la ciudad (y si vivís en ella no tiene perdón que me digáis que no los habéis visitado). Os recomiendo cualquier de ellos, y es que todos están entre mis museos favoritos de Madrid.
