Berguedà

Descubriendo Barcelona: un día en el Alto Berguedà

Hace unos meses la web de viajes Minube convocó un atractivo concurso en el que buscaban viajeros dispuestos a descubrir rincones poco conocidos de Cataluña. Para mi sorpresa fui una de los tres viajeros seleccionados y tras unos días de organización me comunicaron que mi provincia sería Barcelona, tendría que viajar hasta allí durante seis meses en busca de lugares desconocidos que luego pudiera compartir con todos los lectores de Minube. La verdad es que la tarea me pareció sumamente complicada. Me encontré en casa sentada frente al ordenador con un mapa de carreteras en las manos intentado averiguar que tenía Barcelona más allá de su atractiva capital que mereciera la pena conocer y que además poca gente supiera de su existencia. Poco a poco fui acotando hasta que gracias a un comentario de Dani (del blog Viajes Pedraforca) decidí cual sería mi destino: la desconocida comarca del Berguedà.

Hasta ese comentario que me hizo Dani confieso que lo único que yo sabía del Berguedà es que allí hay una montaña que se llama Pedraforca, la más emblemática de la provincia de Barcelona. Pero fue tener claro el destino para mi primera escapada y la cantidad de lugares que fui encontrando dejó claro que con un solo viaje a esa comarca no sería suficiente. Aunque todo está cerca sin embargo cada lugar por el que se pasa resulta tan atractivo que es complicado no querer pararse a cada momento para hacer una foto, pasear por un pueblo o caminar hasta una pequeña iglesia en el centro de alguna villa de aspecto medieval.

Al organizar las escapadas tuve que acotar por zonas para poder conocer todo lo posible en cada rincón del Berguedà, y aunque el primer día que pasé allí amaneció lluvioso lo cierto es que disfruté de una buena jornada. Al estar muy  nublado no pude llegar al que hubiera sido uno de los puntos estrellas del día, Gresolet, su mirador y el hayedo que hay allí, pero aún así pude conocer otros lugares que bien merecieron llenarse las botas de barro y compensaron con creces los paseos bajo la lluvia.

Ese día en el Berguedá comenzó en Sant Corneli, una antigua colonia minera hoy convertida en destino de fin de semana para aquellos que tienen la suerte de tener alguna vivienda en los edificios que antaño alojaron a los mineros. Es un lugar tranquilo, en lo alto de la montaña, se respira calma y aire puro. Allí hay un par de restaurantes, un hotel (en el que pasé la noche) y el peculiar Museo de las Minas. La visita a este Museo se hace en aproximadamente hora y media, es guiada y se recorren distintos espacios:

  • La exposición permanente que se divide en dos áreas: la dedicada al carbón y su explotación, y otra, en la cual el visitante se puede acercar a la vida cotidiana en la colonia minera.
  • Se continúa el recorrido entrando durante unos 450 metros en la galería Sant Romà, donde mediante un tren minero es posible ver cómo era el trabajo en el interior de las galerías de Sant Corneli.
  • Visita el interior de la vivienda de un minero.
  • Además en el exterior de las minas se exponen trenes mineros y maquinaria utilizada cuando las minas estaban en activo.

Berguedà

Finalizada la visita al Museo de las Minas puse rumbo a una pequeña población a poca distancia, La Nou de Berguedà. La distancia era poca y el navegador del coche me llevó a mi destino sin problema. En poco más de 20 minutos había bajado la ladera de una montaña y subido la de otra para llegar a la localidad que iba a visitar. Allí pude ver el Santuario de Lourdes, el primero dedicado en España a esta Virgen, la iglesia románica de San Martín que aún conserva en su puerta algunos herrajes originales y dar un paseo por un pueblo que puede presumir de un bello entorno, de tranquilidad y de contar con algo casi desaparecido en las grandes ciudades: un buzón y una cabina telefónica.

Berguedà

De nuevo montaña abajo mi destino era Saldes, a los pies del Pedraforca. Tenía señalados varios lugares para conocer en la carretera B-400 que era la ruta que me llevaría a mi destino, pero el día se iba poniendo cada vez más gris, las montañas permanecían ocultas tras las nubes y el clima parecía empeñado en cambiar mis planes. Finalmente tuve que asumir que algunos lugares del Alto Berguedà tendría que visitarlos en otra ocasión, no tenía mucho sentido empeñarme en subir montaña arriba cuando no iba a poder disfrutar de las prometidas vistas que tendría desde el mirador de Gresolet. Por ello me limité a hacer cuatro paradas en ruta las cuales compensaron la decepción de tener que modificar la ruta.

El primer lugar en el que paré fue Maçaners, una pequeña localidad al borde de la carretera que desde lejos ya invita a detenerse. Rodeada de verdes prados, de montañas, con casas de piedra y esa tranquilidad que ya iba pareciendo la característica más destacada del Berguedà, dar una vuelta por el pueblo fue una delicia, aunque la lluvia no paraba… pero al fin y al cabo era solamente agua. Yo pequé de osada y me metí con el coche por las calles de Maçaners. Error. Además de estrechas son empinadas y en un momento llegue a pensar que no sería capaz de salir de allí. Pero con paciencia, conseguí llegar a la parte alta del pueblo donde hay una zona perfecta para dejar el coche antes de comenzar a descubrir el lugar.

Berguedà

Desde allí de nuevo carretera y muy atenta a una señal: la que indicara Molers, un lugar que me había recomendado especialmente Dani Amigó. La encontré a poca distancia, a la derecha según avanzaba hacia Saldes. Entré por un camino no asfaltado pero por el que se puede circular sin problema. En un momento ese camino se bifurca y yo elegí la opción errónea, me fui a la izquierda y terminé en la propiedad de una antigua masía hoy convertida en hotel y restaurante. Así que tocaba retroceder para tomar el otro sendero. Pocos metros más allá apareció ante mis ojos la diminuta Molers: un puñado de casas y la pequeña iglesia románica de Sant Ponç es todo lo que hay allí. Además de un paisaje que si nublado era de infarto no quiero ni pensar como será cuando el cielo luzca azul y las montañas no queden ocultas tras las nubes.

Bergudà

Aquí fue cuando di media vuelta, a mi pesar tuve que olvidarme del Pedraforca y de Gresolet y regresar por donde había venido. En ruta había visto infinidad de coches parados en cualquier hueco junto a la calzada, gente con grandes cestas,… y es que el otoño en el Berguedà es época de salir en busca de setas, de esos apreciados níscalos o rovellons. No pude evitar parar (confieso que lo hice de cualquier modo, pero había tan poco tráfico que no llegué a molestar a nadie) y acercarme a un par de personas que estaban con sus cestas recogiendo setas y que llevaban ya buena carga. Me dijeron que había tantas que casi no había ni que internarse en el bosque, pero que no lo contara, no fuera que llegara tanta gente que se quedaran sin su tesoro.

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En esta misma ruta había visto desde el coche una iglesia en la parte baja del valle, al ir se me pasó la desviación por no tener claro el lugar para bajar, pero a la vuelta iba atenta y tomé el camino que me llevó a la iglesia de Sant Julià de Freixens. Este templo fue construido en el siglo X, época de la que se conserva su ábside semicircular. Durante los siglos XVII y XVIII fue reformada y ampliada, lo que cambió su aspecto original. Pero lo que más me llamó la atención del lugar fue ese pequeño cementerio junto a la iglesia cuyas vistas es una pena que no puedan disfrutar los que allí descansan.

Berguedá

Ya solamente quedaba una parada ese día y era en una de las poblaciones más bonitas del Berguedà: Bagà. Se trata de una ciudad medieval cuyo casco antiguo está rodeado por la muralla, las casas de piedra se asoman  a recoletas plazas y abren sus puertas a empinadas calles. Sin duda me pareció un lugar para pasear sin rumbo fijo, para perderse en cualquier callejón o para sentarse (si el clima acompaña) en la terraza de algún bar a disfrutar de un lugar sin coches donde el tiempo parece haberse detenido. Entre los lugares que no hay que perderse en Bagà están estos:

  • La Plaza Galceran de Pinós,  un espacio porticado en el que destacan edificios antiguos y la zona arbolada que rodea la estatua del señor de la ciudad que da nombre a este espacio.
  • Iglesia de Sant Esteve de Bagà, bello ejemplo de transición del arte románico al gótico.
  • Palacio de Pinós. Hoy aloja en su interior la oficina de Turismo y el centro de interpretación del catarismo. Fue la residencia de los Barones de Pinós desde la fundación de la ciudad al 1233.
  • El puente de piedra sobre el río Bastareny es uno de los lugares con más encanto de Bagá, tiene un entorno precioso y las vistas de la iglesia de Sant Esteve son las mejores que se pueden conseguir.
  • Santuario de Paller, a dos kilómetros de la ciudad y de nuevo montaña arriba se encuentra el santuario dedicado a la Virgen de Paller, patrona de la ciudad. El templo actual data del siglo XVIII y en el se celebra el primer domingo de septiembre la fiesta de esta Virgen.

Berguedà

Esto fue lo que dio de si mi jornada por el Alto Berguedà, un lugar con muchas posibilidades, una para cada viajero. Se puede elegir entre hacer rutas por la montaña, relajarse en algún tranquilo lugar, conocer museos o recorrer la comarca en busca de iglesias con historia.

Esto es #Descubriendocatalunya y con la ayuda de @BCNesmuchoMAS pienso seguir buscando lugares bellos y sobre todo poco conocidos. El mes que viene, más rincones de Barcelona.

Otros datos:

Alojamiento: Hotel Santa Bárbara – Sant Corneli. Precio habitación individual con desayuno: 40 euros.

Transporte: hacer esta ruta sin coche hubiera sido imposible, y menos en un solo día. Yo alquilé un coche con Sixt España y sin duda fue la mejor opción, recogida y devolución en El Prat y atención durante el viaje ante cualquier contingencia.

Comer: en otoño es temporada de setas de modo que no hay que dejar de probar algún plato que las lleve como ingrediente, sin olvidarse de las cocas o los embutidos de la zona que toman hasta en el desayuno.

Comentarios (14)

  1. Me ha encantado tu post! Y más aun que se trate de Cataluña que es donde nosotros vivimos :) Me gusta mucho leer este tipo de artículos de nuestra propia ciudad porque muchas veces visitamos lugares remotos en el culo del mundo y desconocemos los que tenemos tan cerca. Sin duda tomamos notas de muchas cosas para hacer y ver por aquí en “casa”.
    Un besazo viajera!

    1. El mejor piropo es que alguien de “la tierra” diga que le gusta el post. Así que nada,ya tenéis datos para una escapadita cerca de cada. ¡Un abrazo!

  2. Hola Kris,
    Felicidades por el post, que me ha gustado mucho, y gracias por la mención. Celebro que te haya gustado el Alt Berguedà. He leído que dormiste en el Hotel Santa Bàrbara de Sant Corneli, un establecimiento que también conozco, porque he ido a comer 3 o 4 veces. No sé si comiste o cenaste, pero es de esos locales donde es casi IMPOSIBLE acabarte toda la comida que te sirven 😉 . Un abrazo

    Dani

    1. He vuelto encantada del Alto Berguedà, a pesar de cielo gris y la lluvia disfrute mucho de la calma y lo bellos rincones de la región. Un abrazo y de nuevo gracias por tu recomendación. 😉

  3. Pues la verdad es que de Barcelona creo que solo conozco la capital, y un par de pueblos costeros, tengo pendiente un viaje a Cataluña y con lo que a nosotros nos gusta andar recorriendo carreteras descubriendo pueblecitos, esta me parece una buenísima opción para hacer. Un saludo Kris.
    Carmen

  4. Que bella es la comarca del Alt Berguedà. Justo estuviste en uno de los pueblos de Barcelona que más me gustan Bagà donde destaca la Ruta de los catáros que pasa por la zona. Te recomienda para la próxima vez que te acerques a Berga, que también me gusta mucho y hagas un paseo por El Cadí, ufff, ahora en otoño es sublime!

    La próxima vez que vengas… ya sabes… te esperamos en el Penedès!

    Eva y Carmelo

    1. Confirmado que el otoño en esta comarca es una verdadera maravilla… Y ya sabes que el Penedés está dentro de mis planes futuros. Un beso para los dos.

  5. Me parece alucinante el desconocimiento que tengo de los pueblos que hay en España. Nada más que tengo que imaginarme paseando por Saldes, Maçaners o Bagà para verme transportado 500 años atrás.

    Muy buena la iniciativa de descubrir esta comarca catalana.

    Saludos Viajeros

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