A las afueras de Toledo, con magníficas vistas a la ciudad, se puede visitar el Palacio de Galiana. declarado Bien de Interés Cultural en 1985. Es uno de los monumentos toledanos menos conocidos, ubicado a orillas del río Tajo y rodeado de cuidados jardines. Conocerlo es sin duda una de las cosas originales que hacer en Toledo.
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Cómo llegar al Palacio de Galiana
La mejor forma de llegar hasta el palacio es en coche. El recinto cuenta con amplio aparcamiento, lo que facilita la visita.
El acceso al recinto del palacio está muy cerca de la estación de tren. Si llegáis a la ciudad en ese medio de transporte podéis aprovechar la cercanía del monumento para visitarlo. Es un paseo de tan solo 15 minutos.
Desde el centro de la ciudad se puede llegar también dando un paseo hasta el Palacio de Galiana. Desde la Catedral tendréis que caminar unos 35 minutos, cruzando en ruta el Puente de Alcántara. Si estáis, por ejemplo, en la Plaza de Zocodover o en el Alcázar, el tiempo del paseo será de una media hora.
Otra opción es utilizar algunas de las líneas de autobuses (L61 ó L62) que van desde el centro de la ciudad hasta la estación de tren y desde allí caminar hasta el palacio.

Palacio de Galiana: horarios y precios
El precio de la entrada general es de 8 €. Solamente se puede comprar a través de la web del Spain Heritage, lo que hace que se sumen gastos de gestión y que el precio final sea de 8,40 €.
Los mejores de 6 años no pagan entrada y hay descuentos para grupos de más de 10 personas.
La entrada incluye visita audioguiada a través de un QR.
En cuanto a los horarios, el Palacio de Galiana abre solamente viernes, sábados y domingos siempre que no haya algún evento especial que impida las visitas turísticas, ya que es una propiedad privada que se alquila para la celebración de presentaciones, celebraciones familiares o reuniones de empresa.

Historia del Palacio de Galiana
El Palacio de Galiana lleva su actual nombre desde el siglo XVI como recuerdo a Galiana, princesa musulmana que, según la leyenda, fue esposa de Carlomagno que habitó lo que fueron unos fabulosos jardines y palacios en el alficén toledano, uno de los seis barrios del casco antiguo de la ciudad.
Sin embargo, la historia del palacio se remonta al siglo XI, cuando el rey Al Mamun ordenó su construcción como palacio de recreo. Levantarlo a orillas del Tajo, apartado de la ciudad, tenía una razón: el agua era imprescindible para el cuidado de los huertos y jardines de la almunia.

Tras la batalla de las Navas de Tolosa, tras la derrota de los almohades por el ejército de Alfonso VIII, el palacio musulmán quedó en tan mal estado que un siglo más tarde se reconstruyó en estilo mudéjar. A finales del siglo XIV, la propiedad del Palacio de Galiana pasó a ser propiedad del Monasterio jerónimo de Santa María de Sisla. Pocos años después, los monjes se lo vendieron a Doña Beatriz Pérez de Guzmán y Silva.
Una compra que siglos más tarde hizo que la antigua almunia llegara en el siglo XIX a la última descendiente de los Guzmanes, la emperatriz Eugenia de Montijo. El palacio llegó a ella en un lamentable estado de abandono. La esposa de Napoleón III quería restaurarlo, pero murió antes de conseguirlo.
Así estuvo hasta que en 1959 adquieren la propiedad Alejandro Fernández de Araoz y Carmen Marañón. Fueron ellos quienes finalmente encargaron la restauración del palacio, consiguiendo devolverle el que debió ser su aspecto original.

Visitar el palacio
Con la entrada al palacio se entrega a los visitantes un pequeño plano con el código QR para la visita autoguiada en la que se puede escuchar la relación del Palacio de Galiana con Eugenia de Montijo y el matrimonio Fernández de Araoz Marañón. Además de la leyenda de amor en la que se habla del matrimonio de Galiana y Carlomagno.
El corazón del palacio es una gran torre de planta rectangular y estilo mudéjar, con un salón de recepciones en la planta baja rodeado de estancias. Cuatro columnas sujetan 9 bóvedas de ladrillo del llamado estilo pañuelo que soportan el peso del techo sin necesidad de otros elementos constructivos.

Destacan las ventanas con yeserías que se abren a los jardines. Son de la época de Doña Beatriz de Silva. El escudo de su familia aparece tanto en esas ventanas como en los capiteles de las columnas.

El aljibe o alberca se encuentra en un patio del lado del mediodía con altos muros cubiertos de hiedra. Los cipreses y las fuentes decoran el patio, mientras que la alberca, ahora vacía, hacia de espejo y sus aguas refrescaban el ambiente en los calurosos días toledanos.
En cuanto a los jardines, Carmen Marañón quiso devolverles parte de su antiguo esplendor, inspirándose en los jardines del Generalife. Los rodeó de cipreses, plantó árboles frutales, adelfas y rosales.

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