Diario de viaje: de Arequipa al Cañón del Colca

11 de Junio – Rumbo al Cañón del Colca

Para llegar al Cañon del Colca valoramos las opciones de como llegar y como movernos una vez allí. Finalmente decidimos que la manera más cómoda de hacerlo y que además nos daba garantía de poder ver todo lo que nos interesaba era contratar un trayecto organizado Arequipa-Cañón del Colca-Puno. Pudimos hacerlo directamente a través del hotel que habíamos reservado en Yanque y además pagarlo todo una vez allí. De modo que esa fue nuestra opción.

Era miércoles y lucía de nuevo un esplendido sol aunque tan temprano refrescaba bastante. Tal y como acordaron con nosotros vinieron a buscarnos a las 7:30 de la mañana en el bus que nos iba a llevar al más conocido de los cañones peruanos. Cargamos todo en el bus y nos sentamos. Nos tocó armarnos de paciencia, ya que nos pasamos una hora recorriendo Arequipa de hotel en hotel para recoger a todos los pasajeros que íbamos a hacer el recorrido: finlandeses, franceses, canadienses, estadounidenses… y nosotros dos.

Una vez que estábamos todos a bordo partimos hacia nuestro destino. La primera parada fue a las afueras de la ciudad para ver el Misti, pero la verdad es que teníamos el sol justo enfrente y no se le veía con la claridad con que nosotros le habíamos visto en otros lugares de la ciudad blanca.

Continuamos el viaje y nuestra guía-acompañante nos preguntó a todos si habíamos sentido los temblores de tierra de las noches anteriores, algunos a horas tempranas, como las once de la noche. Pero nosotros debíamos estar tan cansados y aún con efectos del jet-lag que no nos enteramos de nada. A continuación llegó el momento “coca”. La guía que nos acompañaba nos ofreció una hojas de esta planta, a la vez que comentaba que íbamos a ir subiendo cada vez más y los posibles síntomas que podríamos tener. Yo me metí aquellas hojas en la boca, que sinceramente me parecían laurel, pero antes que tener cualquier problema me hubiera comido un kilo de aquello. Empezamos a masticar y en muy poco tiempo pasamos a tener la boca dormida (como cuando vas al dentista y te pones anestesia) y llena de trozos de coca. Y esos fueron todos los efectos que notamos. Decir que por suerte no tuvimos ningún mal estar durante el viaje, lo que sin duda ayuda a disfrutar mucho más de todo.

Cañón del Colca, Volcán Misti

Durante el camino paramos en un par de lugares de la Reserva Nacional de Salinas para ver vicuñas. Justo antes del viaje descubrí que estos animales, al igual que la más conocida llama y las alpacas, son camélidos. Si, igual que camellos o dromedarios. La verdad es que si te fijas, el morro de todos ellos es muy similar, del resto… bueno, cada uno que busque parecidos.

Como a mitad del recorrido se llega a Pataguas lugar donde se separa la carretera que viene del cañón. Por una lado se va a Arequipa, por el otro lado a Puno. Paramos a tomar algo, el baño, comprar caramelos de coca (muy ricos y efectivos) y estirar las piernas.

Cañón del Colca

El viaje continuó pasando por Vizcachani y los bofedales del Toccra, donde pudimos ver por primera vez otro de los camélidos andinos, la alpaca. Fue divertido, pues todos bajamos del bus para hacerlas fotos, estábamos muy cerca, pero yo quería sacar una foto mejor y pensé: “no hay valla, este animal no muerde, ¿qué hago entonces aquí parada en la carretera en lugar de acercarme?” Y eso fue lo que hice, pero claro, todos los demás me vieron tan animada que se vinieron detrás cámara de fotos en mano… y al ver tanta gente al final las alpacas se terminaron marchando. Luego en el bus me reía con Arturo al pensar que sensación nos daría si nos encontráramos con unos turistas en mitad de una carretera haciendo fotos como locos a las vacas o las ovejas…. porque seguro que para los peruanos vernos a nosotros debe ser algo similar.

Cañón del Colca, Alpacas peruanas

Desde aquí empezamos a subir cada vez más, hasta llegar a Patapampa, el punto más alto por el que pasamos en Perú: 4900 metros. Justo en ese momento había muchas nubes por lo que no pudimos ver demasiado bien todos los volcanes que se divisan desde el mirador en lo alto de la montaña. Pero aún así, el lugar es sin duda magnífico.

Cañón del Colca, parada en el mirador de los volcanes

Curva tras curva nos fuimos acercando a nuestro destino, el paisaje la verdad es que muchas veces dejaba sin aliento: por espectacular y por sentirte literalmente al borde de un precipicio. Un poco antes de llegar a Chivay paramos en un mirador para ver el pueblo y el paisaje.
Para visitar el Cañón del Colca hay que pagar una entrada: 70 soles. Sin ella no se puede llegar al lugar más emblemático: la cruz del condor. De modo que nuestra guía fue recogiendo el dinero para evitar que todos bajáramos del bus a comprar el dichoso ticket, y continuamos hasta Chivay donde se quedaron muchos de nuestro compañeros de viaje a comer, mientras a nosotros nos llevaron a Yanque que era donde estaba nuestro hotel y donde nos esperaba un trekking por la zona. Hasta el día siguiente ya no volveríamos a ver a la gente con la que habíamos llegado desde Arequipa.

Cañón del Colca, Perú

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