Qué ver en Sofía

Qué ver en Sofía, un día en la capital de Bulgaria

La mayoría de lo viajeros que llegamos a Bulgaria lo hacemos en avión aterrizando en su capital, Sofía. Nosotros así lo hicimos pero en lugar de quedarnos en la ciudad al principio del viaje decidimos abandonarla y recorrer el país para terminar en Sofía nuestro periplo. Nuestra estancia en la capital búlgara fue de dos noche, pero un solo día, el regreso a España de nuestro vuelo abandonaba Bulgaria muy temprano. Por ello intentamos aprovechar a tope el día y aunque no madrugamos lo cierto es que sacamos buen partido a la jornada en la ciudad. Al organizar el itinerario de nuestro viaje ya habíamos seleccionado qué ver en Sofía, y lo cierto es que no solo hicimos lo que teníamos en mente, hubo alguna sorpresa inesperada y alguna actividad extra que nos mostró otra cara de la ciudad.

La capital de Bulgaria no es una ciudad con una gran número de monumentos dispersos que obliguen al viajero a utilizar algún transporte para llegar ellos, más bien ofrece una pequeña amalgama de lugares de interés a los que es perfectamente posible llegar caminando haciendo una sencilla ruta que pase por todos ellos. Nosotros ya sabíamos qué ver en Sofía, el lugar por donde comenzar sin duda lo marcó la ubicación de nuestro alojamiento en el Hotel Sofía Residence, un encantador lugar en una casa delos años treinta a 800 metros de la Plaza Aleksander Nevski. Lo lógico podría haber sido ir empezar la jornada visitando la bella iglesia que hay en la citada plaza, pero preferimos dar un pequeño rodeo y comenzar la ruta de visitas en uno de los muchos parques que tiñen de verde la ciudad.

Monumento al Ejército Soviético

Dando un relajado paseo llegamos al primer lugar marcado en nuestro mapa. Por el camino descubrimos calles con preciosos palacetes, otras con edificios modernos, cruzamos algún parque y descubrimos pequeñas tiendas de artesanos. Una vez en el parque que acoge el monumento uno sabe inmediatamente que ha llegado cuando distingue la alta columna sobre la que un grupo de figuras rodea a un soldado del ejército rojo. En la base hay otros grupos de esculturas de gran tamaño, y en la entrada al jardín que acoge el monumento otros dos grupos de esculturas que representan a mujeres, soldados, campesinos o niños. Muy realista… y muy soviético.

Mausoleo del Príncipe Alejandro de Battenberg

A pocos metros del anterior lugar esta tumba rodeada de jardines contiene los restos mortales de Alejandro de Batterberg, primer jefe de Estado de la Bulgaria moderna. Tras cinco siglos de dominio otomano los líderes del nuevo Estado búlgaro decidieron que su país fuera una monarquía, y a falta de un claro pretendiente al trono el zar de Rusia propuso a Alejandro, un príncipe alemán que no siempre actuó bajo la batuta rusa. Fue por ello que finalmente tuvo que abdicar y abandonar Bulgaria. Sin embargo era tal el afecto por el país que gobernó que según sus deseos, tras su muerte, su cuerpo se traslado a Sofía donde descansa en este mausoleo. Se supone que el lugar debe estar abierto al público, pero nosotros nos tuvimos que conformar con verlo desde el exterior pues estaba cerrado y no encontramos ningún cartel que indicara horarios.

Como os digo, llegar a estos dos lugares es sencillo si estás alojado en el centro, de no ser así, hay una parada de metro allí mismo: Kliment Ohridski

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Plaza Narodno Sabranie

Avanzando en nuestra lista de cosas qué ver en Sofía, el siguiente lugar al que llegamos fue esta concurrida plaza llena de coches aparcados en torno al monumento del zar Alexander II Osvoboditel (libertador). El zar aparece montado a caballo y lleva en la mano una declaración de guerra en contra del imperio otomano mientras que el pedestal, muestra detalles de escenas de guerra. Justo enfrente está la Asamblea Nacional, un cuidado edificio de color blanco sobre cuya puerta se puede leer “la unión hace la fuerza”. O eso dice la información que yo tengo, porque lo pone en búlgaro con alfabeto cirílico, y lo confieso, de momento no hablo ese idioma más allá de “hola” y “gracias”.

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Plaza Aleksander Nevski

Durante unos instantes dudamos si dejar el lugar más impresionante de Sofía para el final de  nuestra ruta, pero algo llamó nuestra atención y nos hizo decidir caminar hacia la plaza y su bella iglesia. Si bien la iglesia de Aleksander Nevski es sin duda el motivo principal para llegar a este lugar, el día de nuestra visita allí había algo más: estaba todo preparado para la presentación del rally de los Balcanes 2016. Yo no tenía ni idea ni de la existencia de ese rally ni mucho menos de que fuera a dar comienzo durante nuestro paso por Bulgaria, pero sabía que Arturo después de tantos monumentos, casas e iglesias estaría encantado de parar un rato a curiosear entre motos, camiones y coches. Hasta a mi me resultó divertido aquello, participantes de Austria, Holanda y hasta de España estaban listos para emprender una carrera que a mi en esos momentos me pareció lo más emocionante del mundo.

Qué ver en Sofía

Pero lo más importante de la plaza, evidentemente no era el rally. Lo merece ser visitado es la iglesia que hay en el centro, el símbolo de Sofía y sin duda el monumento más impresionante que vimos durante nuestro viaje por Bulgaria. El exterior es un mar de cúpulas verdes y doradas, de ventanas  y arcos, es uno  de esos lugares que te recuerdan a otros que conoces pero que tardas poco en darte cuenta de que es único. Construida para rendir homenaje a los soldados rusos que fallecieron en la guerra ruso-turca por la independencia de Bulgaria entre 1882 y 1912, presenta un estilo neobizantino cuyo blanco exterior no anuncia el cavernoso interior. El acceso al templo es gratuito, y sin duda merece la pena entrar para ver sus iconostasios, las lámparas y los frescos con los que está decorado el interior. Una cosa curiosa es que esta iglesia cuenta con dos tronos, uno para el patriarca y otros para los reyes. Pues bien, en este último no se ha llegado a sentar nunca rey alguno. En la cripta, si a alguien le interesan los iconos, se expone la mejor colección del país. Eso sí, para entrar hay que pasar por caja (6 BGN).

En los alrededores de la iglesia encontramos algunas mujeres bastante mayores ofreciendo flores a los visitantes, al parecer las pensiones son tan bajas en el país que estas mujeres intentan sacar algún dinero extra de este modo. Yo había leído al respecto y no puede evitar comprar una flor a una de esas mujeres, sus ojos eran de un precioso color azul y me regaló la más dulce de las sonrisas que encontré en Bulgaria.

Horario de la iglesia: 7:00 a 19:00 h

Quien esté un domingo por la mañana en la ciudad no debe perderse la misa, dicen que el coro que canta en la iglesia es una de las cosas que hay que ver en Sofía (bueno, que oír).

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Iglesia de Santa Sofía

A poca distancia de la iglesia de Aleksander Nevski se encuentra esta otra iglesia cuyo exterior de ladrilo puede que sea el menos atractivo de la capital búlgara y sin embargo es un templo destacado por ser una de las iglesias más antiguas, la cual se construyó en el lugar de la necrópolis de la ciudad de Serdika (el antiguo nombre de Sofía) y sobre otras iglesias, incluso durante unas excavaciones se encontraron restos de mosaicos pertenecientes a otros templos. Santa Sofía también fue mezquita, y es por ello que durante el s.XVI los murales que decoraban el interior fueron destruidos, por ello cuando accedimos al interior  encontramos el templo más sobrio de los que habíamos visto durante nuestro viaje, paredes y arcos de ladrillo con algunos iconos colgados y un bello trono de madera para el patriarca de la iglesia. Poco más, salvo que dentro había una pequeña ceremonia, tan pequeña que solamente participaban en ella tres hombres, y aunque intenté averiguar que era lo que allí pasaba os prometo que no fui capaz, no entendía nada y cuando pregunté eran ellos los que no me entendían a mi. La entrada a la iglesia es gratuita, pero quien quiera bajar a ver los restos arqueológicos tendrá que pagar una entrada.

Fuera de la iglesia se pueden ver la tumba del soldado desconocido y la lápida de Ivan Vazov, el escrito más célebre de Bulgaria.

Horario: de 7:00 a 19:00 h (en invierno hasta las 18:00)

Mercadillo de iconos y antiguedades

Caminando hacia la siguiente iglesia marcada en nuestro plano atravesamos un jardín donde encontramos un mercadillo no muy animado, pocos clientes y tenderos con cara de aburrimiento. A pesar del ambiente del lugar nos gustó dar una vuelta entre sus puestos de iconos, recuerdos de la época comunistas, pequeñas antigüedades y recuerdos de Bulgaria sin mucho encanto. Hicimos algunas fotos, casi con un poco de miedo, y es que la cara de más de uno era de pocos amigos… Tan solo me atreví a pedir permiso a una señora que me sonrió  y me indicó que hiciera las fotos que quisiera.

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Iglesia rusa de San Nikolay

Ya dije antes que los lugares que hay qué ver en Sofía están todos muy cerca, y tanto es así que apenas dejamos el mercadillo ya estábamos viendo la parte trasera de una de las iglesias más peculiares de la ciudad. Se trata de San Nikolay, la iglesia construida para la comunidad rusa de Sofía y finalizada en 1914. En su exterior destacan los brillantes mosaicos y las cúpulas doradas. Se puede acceder por un lateral a la cripta  en la que está enterrado el Arzobispo Serafín Sobolev, considerado milagroso por muchos cristianos ortodoxos. La puerta principal se abre a unas escaleras que llevan al interior del templo el cual que llama la atención por su pequeño tamaño, la disposición del iconostasio en un lateral en lugar de frente a la puerta y por el intenso olor a incienso. Tuvimos la suerte de llegar durante una misa y a mi esos oficios religiosos ortodoxos me dejan ensimismada. Puede que sea por el humo del incienso que envuelve a todo el que está allí, por la forma de entonar del patriarca que oficia la misa, por el recogimiento de los fieles… o puede que sencillamente sea porque es algo a lo que no estoy acostumbrada y ya sabemos que lo diferente casi siempre nos atrae de un modo especial.

Horario: 7:45 a 18:30 horas

Qué ver en Sofía

Palacio Real – Museo Etnográfico

En pleno centro de Sofía, frente al parque que lleva el nombre de la ciudad y a apenas 100 metros de la iglesia rusa, está el que fue Palacio Real. Hacia él dirigimos nuestros pasos pues había leído que era uno de esos museos que merecen ser visitados más por el continente que por el contenido. Así que pagamos nuestra entrada (3 BGN) y ascendimos al piso superior del palacio, lugar que ocupan en una ala el museo que íbamos visitar y en la otra la Galería Nacional de Arte. La colección del museo la componen objetos de la vida cotidiana búlgara, como ropa o joyas, pero todo expuesto de un modo nada atractivo, desde vitrinas medio vacías a salas que piden con urgencia una mano de pintura. Yo que iba pensando en descubrir bellas salas de lo que fue palacio real me tuve que conformar con contemplar el bello techo de la primera sala que visitamos, sin duda un gran trabajo en madera, y la sala verde del final del recorrido que era la única que conservaba cierto aire palaciego. El resto, desde mi punto de vista, totalmente prescindible. Puede que las mejores salas del palacio las ocupe la Galería Nacional, pero a falta de información decidimos no volver a probar suerte no fuera que encontráramos más de lo mismo.

En cuanto al edificio es bastante sobrio y quizás por el lugar en el que se encuentra, con una avenida llena de coches justo delante, no resulta muy llamativo. Lo mejor está en su parte trasera, allí hay unos tranquilos y cuidados jardines con esculturas, y la terraza de un café que ofrece un lugar perfecto para descansar durante el recorrido por la ciudad.

Horario: 10:00 a 17:00 h. Lunes cerrado.Qué ver en SofíaPlaza Nezavisimost 

Tan solo tuvimos que caminar otros 200 metros hacia el oeste para llegar a esta plaza. En ella se encuentras el Museo Arqueológico que ocupa una antigua mezquita, el imponente edificio de estilo soviético que ocupa la Casa del Partido y el también la enorme y poco atractiva mole del Palacio Presidencial. Ante este, cada hora en punto tiene lugar el cambio de guardia. Nosotros llegamos justo para verlo, y la verdad es que no fue nada especial.

Lo que si es especial es la iglesia que se esconde en el patio posterior del Palacio Presidencial. Se trata de la Rotonda de Sveti Georgi, un templo redondo de ladrillo fundado en el s.IV. En tiempo de los otomanos se utilizó como mezquita, pero hoy ha recuperado su función como templo cristiano y se puede visitar su interior además de dar un paseo por las antigua ruinas de Serdica que le rodean.Qué ver en Sofía

Qué ver en Sofía

Catedral de Sveta Nedelya

En una animada plaza a espaldas del Palacio Presidencial pudimos visitar la catedral de Sofía, un edificio que se construyó en el siglo XIV pero que tuvo que ser reconstruido tras el atentado terrorista que tuvo lugar en ella en 1925. Una bomba estalló durante el funeral del general Konstantin Georgiev, asesinado por los bolcheviques dos días antes, y provocó el derrumbe de la cúpula sobre los asistentes. Pero nuestra visita fue bastante más festiva pues nos encontramos con una boda gitana, el exterior era una fiesta en espera de que los novios abandonaran el templo. Nosotros entramos y pudimos ver parte de la peculiar ceremonia a la vez que disfrutamos del bello interior de la catedral cubierto de cuidadas y brillantes pinturas.

Mezquitas,mercados y sinagogas

Nuestro camino continuaba hacia el norte, nos bastó caminar unos metros para encontrarnos con la gran columna que sostiene la enigmática escultura de bronce y cobre que es el monumento a Sofía. En ella destacan tres símbolos: la corona, la guirnalda de laurel y el búho, que simbolizan respectivamente el poder, la fama y la sabiduría.

Con una historia como la de Sofía no es sorprendente que entre tantas iglesias de repente aparezca una mezquita, sobre todo teniendo en cuenta que el 8% de la población búlgara es musulmana. La mezquita Banya Bashi fue la que nosotros visitamos en nuestra ruta por el centro de Sofía. Data de 1576 y es la única mezquita en activo de la ciudad. Por desgracia durante nuestro paso por allí estaba en obras, así que hubo que conformarse con ver el exterior.

Justo al otro lado de la calle entramos a ver el mercado Central Hali, el mercado central construido en 1911 y en cuyo restaurado y cuidado interior de tres plantas encontramos fruterías, panaderías, pescaderías, carnicerías y hasta tiendas exclusivamente dedicadas a la venta de queso. En el centro incluso hay un restaurante de comida rápida muy iluminado gracias a las claraboyas de la parte superior del edificio. Nosotros no pudimos resistirnos al olor de la bollería y nos compramos algo para comer (bueno y además barato).

A la espalda de este mercado, otro lugar peculiar que ver en Sofía: la sinagoga. El día de nuestra visita era sábado, así que ya habréis adivinado que el templo estaba cerrado. Solamente pudimos ver por fuera la que es la segunda sinagoga serfardí por tamaño en Europa y en ella llaman la atención su gran cúpula y sus muros en los que se alternan piedra blanca con ladrillo rojo. A mi me pareció un edificio realmente atractivo, pero me quedé con ganas de ver esa gran lámpara de latón de más de 2000 kilos que hay en su interior y que es la más grande de Bulgaria.Qué ver en SofíaSofía en el tranvía 22

Llegados a este punto ya empezaba a caer la tarde y Arturo estaba empañado en no terminar el día sin recorrer la ciudad en uno de los muchos tranvías con los que nos íbamos cruzando en las avenidas más importantes. No teníamos ni idea de por donde empezar, ni tan siquiera de donde comprar los billetes. Estábamos en la plaza de la mezquita y vimos un quiosco que podría ser el lugar adecuado para vender los billetes de transporte, fue más una intuición que otra cosa, de modo que nos acercamos y conseguimos comprar los cuatro billetes que íbamos a necesitar para el tranvía, para la ida y la vuelta, pues en el plano de Sofía que nos entregaron vimos que no había ninguno que hiciera un recorrido circular. Analizamos el plano buscando cual de esos tranvías no llevaría lo más lejos del centro, y que al volver al centro parara cerca del hotel. Finalmente decidimos que el tranvía nº 22 era el nuestro. La parada estaba muy cerca, y fuimos hacia ella. Yo estaba empeñada en subir en uno de los más antiguos que pasaran, de modo que dejamos pasar un par de ellos antes de que aquel viejo tranvía naranja llegara a la parada en la que estábamos esperando.

La espera fue entretenida, pues muy cerca hay unas fuentes termales a las que los habitantes de la ciudad llegan para llenar botellas y garrafas, incluso vimos a más de uno que llegaba en tranvía, llenaba su garrafa y regresaba por donde había venido.

Qué ver en Sofía

Cuando por fin subimos al tranvía estaba lleno de gente, pero conseguimos un hueco en la parte de atrás, junto al ventanal, y desde allí fuimos viendo como cambiaba la fisonomía de la ciudad, como quedaban atrás iglesias, mezquitas, palacetes y sinagogas del centro de la ciudad para llegar a la periferia, una zona mucho menos atractiva, con altos edificios, con gente rumbo a sus hogares con las bolsas de la compra en la mano, con sus niños saltando junto a ellos, ancianos arrastrando carros con cartones… Allí la ciudad ya no era la que nos muestran las guías, esa ciudad en la que todo es bonito. Pero es una ciudad que también forma parte de Sofía, y hay que verla para saber que tras la zona monumental y cuidada hay otra que parece olvidada, cuyas paradas de tranvía tienen socavones, cuyos edificios lucen grises, donde la gente parece tener complicado eso de salir adelante cada día.

El paseo de ida y vuelta nos gustó, vimos como finalmente el sol había decidido salir ese día aunque solamente fueran unas horas y teñir de naranja el atardecer. El conductor del tranvía estaba encantado con nosotros, le resultaba curioso seguramente llevar dos pasajeros cámara en mano, y sobre todo, le hizo gracia que nos bajáramos en la última parada para correr y poder subir de nuevo al tranvía que nos llevaría al centro de la ciudad. Para mi sin duda esta fue un de las cosas más peculiares que pondría en la lista de  qué ver en Sofía.Qué ver en Sofía

Así terminó nuestro paseo por la ciudad, aprovechamos que el tranvía nos dejó cerca del hotel para subir a cerrar las maletas antes de salir a cenar y despedirnos de la ciudad. No hay duda de que la lista de cosas qué ver en Sofía puede ser más amplia, la ciudad está llena de parques, algunos museos e iglesias. Todo dependerá del tiempo y lo intereses de cada uno. Yo me quedé con ganas de haber ido a la iglesia de Boyana, a tan solo 8 kilómetros de la ciudad y de fácil acceso en autobús, pero se que Arturo disfrutó más viendo todos aquellos coches del rally, por lo que hacerle acelerar para ver la iglesia, después de tantas como habíamos visitado, me parecía fuera de lugar. Quizás en otra ocasión, nunca se sabe…

Información práctica de Sofía:

  • Si vas a la ciudad desde el aeropuerto puedes hacer el viaje en metro. El precio del billete es de 1,60 BGN y la estación del aeropuerto es la última parada de la linea 1. El horario del metro es de 5:00 a 24:00 cada día con una frecuencia de 3 a 7 minutos de lunes a viernes en hora punta, y de hasta 14 minutos en horario normal. Los fines de semana y festivos la frecuencia varía de 6 a 15 minutos.
  • El precio de un taxi entre la ciudad y el aeropuerto oscila entre 12 y 15 BGN. Hay que asegurarse de que son taxis oficiales, de color amarillo y con taxímetro. Dentro de la ciudad un recorrido de un par de kilómetros puede costar alrededor de 4 BGN.
  • Subir en tranvía cuesta 1,20 BGN, hay rudimentario “picador” que deja un par de agujeros en el billete como prueba de que has validado el billete del viaje. Estos se pueden comprar en los quioscos que hay en la ciudad (hay que intuir cuales son) donde además te darán un plano, o bien dentro del tranvía.
  • La capital cuenta con un bueno número de alojamientos, ya sean apartamentos, hoteles o guesthouse. Nosotros en Sofía tiramos la casa por la ventana y elegimos un precioso hotel boutique cerca de la iglesia de Aleksander Nevski, el Hotel Sofía Residence.
  • Comer en Sofía es sencillo, el número de restaurantes y cafeterías nos sorprendió, en la calle de nuestro hotel llegamos a contar seis, más los que pudimos ver en las calles perpendiculares. Los precios son más caros que en el resto del país, pueden llegar incluso al doble que en una taberna de Plovdiv. Hay que andarse con ojo a la hora de cenar pues en la mayoría de ellos la cocina cierra a las diez de la noche y es imposible que te atiendan. Nosotros debido a eso una noche tuvimos que buscar la primera noche uno que cerrara tarde y terminamos en Manastirska Magernitsa, una atractiva mehana (taberna) con jardín y una carta tan amplia que resulta difícil elegir, aunque lo más recomendable son los platos que se hacen según las recetas de los monasterios de Bulgaria. Otro lugar que me gustó y en el que no se servía gastronomía búlgara fue La Cattedrale, un lugar perfecto para una cerveza, un  café o una cena con sabor italiano y con vistas a Aleksander Nevski.
  • No se si todos los sábados del año Sofía se llenará de bodas, pero nosotros nos cruzamos con unas cuantas, desde la gitana desde la que os hablaba antes a una con novia búlgara y novio escocés. Las novias las vimos desde muy elegantes a algunas que más parecían gogos de alguna discoteca… pero en estas cosas, ya sabéis que para los gustos están los colores. Eso si, aprovechad para entrar en la iglesia donde ese esté celebrando esa boda para ver de cerca el ritual ortodoxo.

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Comentarios (10)

  1. Muchas gracias por escribir(me) el post antes de mi huida! Por lo que veo, es una ciudad tranquila y perfecta para pasear tranquilamente. Estaré un día y medio antes de salir para Georgia, conque como la seda. Los monasterios de los otros posts parecen mucho más interesante que la capital, así que habrá que volver a Bulgaria en otro momento. Abrazos, y te cuento a la vuelta!

    1. Espero que te sirva de algo el post, y con el tiempo que tendrás igual si deberías incluir Boyana en la ruta. Y sobre todo no te olvides del tranvía. Besos

  2. Oh, me ha encantado, hace mucho que quiero ir a Sofía y Bulgaría. Estoy mirándolo como un posible destino para un puente o Semana Santa porque también quiero ir al monasterio de Rila. Me gusta mucho Europa del Este y la arquitectura de las catedrales ortodoxas. Sofía me recuerda a una mezcla de Budapest con la sinagoga y demás y las ciudades rusas como San Petersburgo, donde por cierto también hay una avenida Alexander Nevski :) para cuando por fin se alineen los astros me guardo este post con toda la información detallada, ¡gracias!
    Un abrazo

  3. Hola Cristina

    Qué didáctico y entretenido post, me hiciste recordar a un viaje a Riga, capital de Letonia. Esos mercadillos, ese inminente y claro pasado soviético, y sus tranvías hicieron ese trabajo.

    Con gusto me gustaría conocer Sofía, me llamó mucho la atención.

    Un abrazo.

    Bo

  4. La verdad es que sueño con ver Sofía desde mis tiempos del instituto cuando descubrí su catedral estudiando Historia del Arte enamorándome al instante de ella. Gracias a tus fotos, veo que el resto me va a encantar también, así que ya estoy tardando en visitarlo.
    Un abrazo
    Carmen

    1. A mi no ha sido una ciudad que me haya encantado, pero creo que solamente por su imponente iglesia de Aleksander Nevski merece la pena llegar hasta allí.
      Un abrazo

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