Tras decidir que nos íbamos a Japón había que empezar a preparar un montón de cosas, desde vuelos a hoteles pasando por el transporte en Japón. Esto último era algo que temíamos complicado y que afortunadamente resultó mucho más sencillo de los hubiéramos podido imaginar.
A continuación os cuento todo lo relacionado con el transporte en Japón, desde como llegar hasta como desplazarse. Tomad buena nota porque con estos datos seguro que no tenéis pérdida.
Los vuelos
Dimos vueltas a si llegar y regresar desde Tokio o combinar la entrada desde la capital japonesa con la vuelta desde Osaka, pero finalmente viendo la diferencia de precio y que teníamos el JR pass para poder volver a Tokio decidimos que nuestros aeropuerto de sería siempre el de Narita. Compramos los vuelos en Edreams a un precio mucho más barato de lo que jamás hubiera imaginado: 600 euros i/v con Aeroflot haciendo una sola escala en Moscú tanto a la ida como a la vuelta. Y ese precio porque nos demoramos unas semanas, si hubiera comprado nada más encontrar las fecha que nos cuadraban el precio del vuelo no hubiera llegado a 500 euros.
Japan Rail Pass
Se trata de la tarjeta que da la posibilidad de viajar en casi todos los trenes de Japan Rail a lo largo y ancho del país. Solamente la pueden comprar extranjeros o japoneses no residentes en Japón y existen tres opciones: 7, 14 y 21 días. Sale bastante a cuenta su uso, sobre todo si se incluyen varios trayectos largos en trenes shinkansen (alta velocidad).
Hay que tener en cuenta que hay que comprarla fuera de Japón, ya que allí no se puede adquirir. Yo hice una búsqueda por la red y finalmente encontré una agencia de París que era la que tenía mejores precios (el precio en yenes es fijo, pero varía a la hora de comprar dependiendo como esté el cambio en ese momento) y además me la mandaban a casa en 24 horas.
Para saber cual de las tres tarjetas os conviene comprar, organizad primero el itinerario intentando que los traslados en tren queden lo más juntos posibles. Una vez que tengáis claro que trenes tendréis que coger, id a la página de JR y consultad los precios de cada trayecto. Y ya solamente hacer cuentas.
En cuanto al uso de la tarjeta es sencillo:
- Se puede comprar hasta tres meses antes de activarla.
- Una vez en Japón se puede activar en cualquier oficina de JR hasta 30 días antes de su primer uso. Es decir, te puede cuadrar activarla y si quieres incluso reservar asientos el 1 de julio, y que el primer trayecto que vayas a hacer sea el 30 del mismo mes. Este último día es cuando comienzan a contar los días de uso del pase.
- Puedes reservar asientos para casi todos los trayectos. Si por cualquier razón luego cambias de opinión no hay problema. A favor de las reservas que llevas asiento garantizado.
- Si quieres consultar de antemano opciones de trayectos y horarios puedes hacerlo en Hyperdia.
Recordad que el JR pass también es válido para otros medios de transporte en Japón, como algunos autobuses de Kioto, ciertas lineas de metro en Tokio o el ferry de Mijayima
Si quieres consultar la página en la que nosotros compramos nuestro Japan Rail Pass para el transporte en Japón, pincha aquí.
Metro y bus
En las ciudades más grandes, como Tokio, Osaka o Kioto, el metro es un medio rápido y cómodo de acceder a la mayoría de los lugares y no es tan complicado como podríamos pensar. En todas las estaciones hay grandes planos donde aparecen todas las lineas y estaciones en alfabeto latino. Además siempre se indica el precio de cada billete teniendo en cuenta estación de origen y de destino. Basta con introducir el importe para obtener el billete y poder entrar al metro por los torniquetes. Una vez dentro dependiendo de la estación puedes encontrar pasillos más o menos largos pero todo está siempre señalizado. Lo más complicado puede ser encontrar la salida correcta al llegar al destino ya que algunas veces puede haber distancias de cientos de metros entre una y otra. Pero preguntando seguro que se acierta. Para abandonar el metro en si, hay que volver a meter el billete en el torniquete, el cual ya no saldrá y así se evita el problema de cientos de billetes tirados por el suelo. Si has pagado menos del importe que corresponde a la estación en la que estás sencillamente te pedirán que pagues la diferencia para poder salir.
Existen tarjetas como Suica que se pueden cargar para ir utilizándolas en cada viaje, nosotros no creíamos necesario ese trámite ya que como os digo es muy sencillo saber cuando pagar para cada trayecto.
En cuanto a los autobuses, la verdad es que los utilizamos solamente en Kamakura, Nikkó y Kioto. En esta última se hace necesario para llegar a muchos lugares, ya que el metro tiene tan solo dos lineas y gran parte de la ciudad queda sin ese servicio. Lo más curioso de este medio de transportes es la forma en la que se paga. Se hace a la salida, y hay que depositar el importe exacto en una máquina que lo cuenta y da el ok. Puede pasar que pienses “¿y si no tengo ese dinero?”. No pasa nada, los japoneses piensan en todo y esa misma máquina te da la posibilidad de cambiar lo que necesites, ya sean billetes o monedas. Así además se evitan el uso de billetes de bus.
Os dejo los enlaces de las página de transporte en Japón de las diferentes ciudades, seguro que os vienen bien:






El conductor del coche que nos había llevado hasta allí nos dejó justo en la entrada al Monte. Suponíamos que había que descalzarse, pero el conductor nos dijo que no, que podíamos entrar calzados. Así que cogimos nuestra mochila con los chubasqueros y la cámara de fotos y nos dispusimos a comenzar el ascenso.
Según íbamos ganando altura la temperatura iba bajando, los escalones estaban más fríos, los pies se nos quedaban helados, yo quería caminar de puntillas del asco que me daba y Arturo me regañaba e insistía en que plantara todo el pie o me iba a terminar cayendo. Justo me decía eso cuando dos turistas que bajaban se escurrieron en los escalones encharcados y una de ellas se pegó tal golpe que en poco minutos tenía el brazo completamente amoratado. Las encontramos de nuevo a la bajada y no tenían ni una buena palabra para el sagrado Monte Popa.
Nos quedaba volver sobre nuestros pasos. Otra vez esos escalones sucios y malolientes, los monos que a mi me parecían cada vez más atrevidos y agresivos… No veía el momento de llegar abajo y olvidarme de ese lugar que tan poco me estaba gustando. Entonces uno de esos monos empezó a tirarme del pantalón y en vista de que yo no le hacía ni caso, de un salto se subió a mi cabeza… Se me juntó el susto con el asco y comencé a levantar la voz cada vez más angustiada y nerviosa, hasta que vino una de las personas que vigilan que los monos no ataquen a los peregrinos y le espanto con solo enseñarle un largo palo… Y a todo esto, Arturo haciendo una foto… Creo que no llegó a ser consciente del mal momento que yo estaba pasando.


Poco más hicimos ese día porque anochece muy pronto, a las seis, y había que regresar al campamento antes de que oscureciera del todo. La cena era a las 19:30, de modo que tuvimos tiempo de volver a la cabaña en la que a partir de las cinco de la tarde había luz y ventilador (imprescindible, gracias a él pudimos ducharnos y no estar empapados de nuevo a los cinco minutos). Nos duchamos con agua fría, pues a pesar de que en la página web del lodge pone que hay agua caliente, resulta que solamente es en algunas cabañas, y la nuestra no era de esas. Nos pusimos ropa limpia y nos acercamos a las zonas comunes donde había una mesa de ping-pong, y acompañados de una cerveza fresquita jugamos unas partidas (Arturo ganó todas…. que vergüenza). Yo creo que aguantamos allí porque la mesa estaba justo debajo de un ventilador, porque de verdad, tela el calor que hacía. A la hora de la cena la gente estaba ya como loca por entrar al comedor, así que no íbamos a quedarnos los últimos. Allá fuimos y esa noche lo único que recuerdo es que la cena nos la fueron sirviendo en la mesa, que estaba todo bueno y que el postre era un dulce delicioso.
Desde la orilla pudimos ver una anaconda en el agua, junto a la barca en la íbamos a subir para recorrer el pequeño lago. Fue tan rápido y me quedé tan sorprendida por la presencia del reptil que cuando quise pensar “voy a hacer una foto” no conseguí ni que saliera enfocada, y al momento la serpiente desapareció… Pero la vi, y eso el lo que cuenta.

Volvimos sobre nuestros pasos para regresar a la barca y mientras cruzábamos la gran zona de arena aprovecha para caminar descalza mientras mis pies se hundían en la cálida superficie arenosa a la vez que contemplaba el bonito color en el horizonte mientras el sol se iba poniendo.

Tardamos hora y media en regresar al lodge sudorosos y cansados, y con el disgusto de que Rosita había desaparecido. Todo el tiempo iba con nosotros, y la última en verla fui yo, pero al aviar a David de que no nos seguía me dijo que no pasaba nada, que ya nos alcanzaría… Espero que al día siguiente la encontraran, porque hasta donde yo se no apareció.