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Diario de viaje: norte del Valle Sagrado de los incas

por Cristina 13/07/2014
Valle sagrado de los incas

20 de Junio – Valle Sagrado de los incas

Abandonamos Cusco con Hugo, el conductor que habíamos contratado para el recorrido por el Valle Sagrado de los incas, siguiendo el mismo camino que el día anterior habíamos llevado con el combi para llegar Pukapukara. Pero esta vez seguimos nuestra ruta por Perú haciendo alguna parada durante el camino en miradores sobre el valle hasta alcanzar nuestra primera parada: Pisac. El viaje es corto, alrededor de una hora (mucho para una distancia de solamente 33 kilómetros entre nuestro origen y destino). Nosotros le pedimos a Hugo que nos dejara en la entrada de la fortaleza inca, en lo alto de la montaña y le indicamos que nos esperara en la plaza de Pisac pues íbamos a hacer la ruta andando por todas las zonas del recinto arqueológico.

La entrada al recinto inca está incluido en el boleto turístico, con lo que nos bastó enseñarlo para poder acceder. Aunque llegamos a las nueve de la mañana y nos parecía temprano, ya había muchos grupos de turistas con su guía, pero nadie de esas personas hizo el recorrido por toda la fortaleza pues todos llegan y regresan en taxi o bus, lo cual es genial para los que decidimos caminar los cuatro kilómetros entre ruinas y andenerías para llegar al pueblo, ya que se hace con mucha tranquilidad y resulta un paseo agotador pero interesante.

Lo primero que encontramos al entrar en el recinto fue la zona urbana, donde se distinguen los restos de casas y calles. El recorrido continúa junto a unas enormes andenerías incas, cuya vista resulta espectacular desde cualquier rincón. Valle Sagrado de los incasUn poco más adelante se pasa junto a unos baños litúrgicos, y desde allí se pueden distinguir en la roca huecos que fueron tumbas incas y que forman un auténtico panal en el muro de acantilado. Lo siguiente es la zona militar, la construcción más alta de toda la fortaleza desde la que hay magníficas vistas, pero a la que cuesta bastante acceder ya que hay muchas escaleras y una vez más había que añadir el tema de la altura y que hacía bastante calor. Pero llegamos a lo más alto como unos campeones con el buen sabor de boca de pensar que a partir de allí todo sería bajada.Valle Sagrado de los incasA partir de aquí la mayoría de la gente regresaba al punto de partida sin llegar a uno de los lugares más interesantes y llamativos de la ruinas, el centro ceremoníal. Su ubicación al borde de varios bancales, y en sus construcciones se puede observar el increíble trabajo de los incas en la piedra y ver un intihuatana (que quiere decir amarradero del sol y es un artefacto astronómico) y varios canales.

Continuando el camino hacia el pueblo de Pisac el camino se bifurca y nosotros elegimos el que iba hacia la izquierda pasando entre varias andenerías y los restos del antiguo pueblo de Pisac. Durante el recorrido también vimos en diferentes puntos sobre la montaña torres incas de las que no se tiene clara la función.
El camino iba bajando ofreciendo impresionantes vistas del Valle Sagrado de los Incas. En un momento ya pudimos empezar a ver el pueblo desde arriba y nos llamó la atención una zona cubierta de blanco que al llegar abajo pudimos ver que eran los techados de los puestos de artesanía en la Plaza de Armas.Valle Sagrado de los Incas

La verdad es que el camino de 4 kilómetros se hace bastante cansado, no siempre es regular, sube y baja, hay zonas que resbalan y otras de escalones, pero fue divertido y estimulante hacerlo disfrutando en todo momento de un increíble cielo azul y espectacular paisaje.
Una vez en el pueblo no caminamos muchos metros antes de empezar a encontrar puestos de artesanía pertenecientes al famoso mercado de Pisac. El mercado como tal tiene lugar tres días a la semana: martes, jueves y domingo. Nosotros elegimos para visitar el lugar un viernes precisamente para evitar ese mercado pues son los días que más gente acude a las ruinas y la ciudad, y a pesar de ello puedo confirmar que el mercando es enorme y ocupa toda la plaza y parte de todas las calles aledañas. Cierto que es solo de artesanía y los demás días hay también productos de alimentación, pero a pesar de ellos preferimos hacerlo de ese modo y ver todo más tranquilo.
Después de dar una vuelta por el mercado nos sentamos en un bar de la plaza, oculta por los puestos y sus techados, a tomar una cerveza. Fue un descanso sin duda merecido.Valle Sagrado de los incasRecordé haber leído que había por la ciudad varios y llamativos hornos comunitarios. Uno de ellos estaba en un rincón de la plaza, así que fuimos a buscar a Hugo para decirle que ya estábamos casi listos para salir, y nos dijo que estaba un poco preocupado, que habíamos tardado mucho y la verdad es que tenemos que reconocer haber tomado el paseo con calma para poder disfrutar, y no como una carrera contra reloj.
Pero realmente teníamos aún mucho tiempo para llegar a Ollantaytambo sin intención de parar en ningún otro sitio, de modo que no había razón para correr en ningun momento. Fuimos al horno donde el hombre que se encargaba del mismo nos dijo que trabajaba allí todos los días desde la cuatro de la mañana, que hacía la comida para el local donde estábamos, pero que también muchas personas del pueblo llevaban allí sus panes o su carne a preparar. Su trabajo era todos los días a la semana y tan solo una tarde podía salir antes de la noche. Y nos lo contaba como lo más normal del mundo…. Sin duda hay personas que llevan una vida muy dura y sin embargo dan gracias por ella.
Compramos tres empanadillas de carne recien hechas, le dimos una a Hugo y salimos de Pisac por una carretera que discurría paralela al río Urubamba cruzando el Valle Sagrado de los incas.

Valle Sagrado de los incas

El camino de unos 60 kilómetros fue entretenido, entre montañas y con bonitas vistas del río. Atravesamos varios pueblos, Calca, Huaran, Yucay o Urubamba, y a simple vista ninguno tenía el menor atractivo. Como las referencias tampoco indicaban que mereciera la pena parar, no lo hicimos y seguimos hasta nuestro hotel en Ollantaytambo, viendo por el camino algunas casas donde vendían chicha lo cual era sencillo saber por que se señala con una bandera blanca, roja o verde. Esta bebida es muy popular y se obtiene tras la fermentación de maíz y otros cereales, pero nosotros no llegamos a probarla.
No tardamos en llegar a Ollanta, y ya al atravesárlo con el coche nos dimos cuenta de que era un lugar precioso ubicado en un enclave espectacular entre montañas del Valle Sagrado de los incas. Hugo nos llevo hasta un parking desde donde tuvimos que caminar a nuestro hotel, el Albergue de Ollanta que se encuentra ubicado directamente en la estación de la que parten los trenes hacia Aguas Calientes. Acordamos con el que vendría a por nosotros el domingo a las 11 de la mañana para regresar a Cusco por el sur del Valle Sagrado de los incas.
Hicimos el check-in y nos fuimos a la enorme habitación por la que íbamos a pagar bastante más que en ninguno de los otros hoteles del país y en la que descubrimos no había razón para un precio tan elevado. Cierto que era enorme, pero al abrir las ventanas nos encontramos con unas vistas que afortunadamente no íbamos a ver en casi ningún momento, y me pareció fatal que estando en un sitio tan bonito a mi hubiera tocado eso. No dudé en comentarlo en recepción y me contaron la historia de que todo estaba ocupado, que las habitaciones libres eran aún más caras por tener mejores vistas y mini bar…. Todo cosas que al hacer mi reserva nadie me comentó ni me dio oportunidad de elegir. Pero bueno, eso no iba a amargar mi estancia en un lugar tan bonito, y decidí ignorar el tema para salir a dar un paseo por Ollantaytambo, el mejor ejemplo de planificación urbana inca que se conserva.
El paseo hacia el pueblo era agradable, pero estaba más lejos de lo que yo pensaba. Pasamos por varios hoteles y restaurantes antes de adentrarnos en las estrechas calles peatonales cuyos muros siguen siendo de piedras colocadas por los incas y por la cuales discurre agua por los laterales. Sin duda esas calles tienen un encanto especial, son tranquilas y apenas pasa gente por ellas, y el sonido del agua, la ausencia de coches y las vestimentas de algunas mujeres con las que nos cruzamos hacían sentir que habíamos vuelto atrás en el tiempo.

Valle sagrado de los incas

Empezó a oscurecer y antes de darnos cuenta era completamente de noche y como no, hacía frío. Nos acercarmos a la plaza y nos sentamos en la terraza de un restaurante a tomar una cerveza antes de cenar, cosa que no hicimos lejos. En un mismo lateral de la plaza había varios restaurantes seguidos y elegimos para entrar el que nos pareció más cálido dentro gracias a un horno para pizzas. Su nombre era Quinua, como el cereal que tanto consumen los peruanos, y la verdad es que no puedo destacar nada. Una carta demasiado extensa para un local tan pequeño en la que había desde cualquier plato de carne a varias pizzas o pastas; no recuerdo que cené aquella noche, pero si que el mantel estaba treméndamente sucio. Afortunadamente cuando viajo procuro dejar los remilgos en casa, pero desde luego en España no toleraría sentarme en un local con esos niveles de limpieza. Supongo que esas cosas pasan cuando una ciudad es tan turística que un local tiene garantizada la clientela tenga el mantel como lo tenga.
Volvimos de nuevo al hotel y al encender el único radiador este estaba en un estado lamentable (sucio y roto) así que bajamos a decir si nos daban otro o lo arreglaban, y la solución fue esta última. También preguntamos por el suelo radiante del que se habla en su página de internet y nadie sabía nada al respecto. En fin…. que yo estaba cansada y como teníamos que madrugar mucho para coger el tren a Machu Picchu a la mañana siguiente, nos dimos una buena ducha y nos dispusimos a leer un rato, pero reconozco que aguanté poco porque estaba cansada, así que creo que poco después de las diez debía estar totalmente dormida. Era nuestra primera noche en el Valle Sagrado de los Incas.

Valle Sagrado de los Incas

21 de Junio
Hoy tocaba madrugar, es el día más esperado del viaje: nos vamos a Machu Picchu. Nuestro tren salía a las 6:10 de la mañana, y antes había que desayunar, así que el despertador estaba puesto con suficiente tiempo para ello. Todo estaba ya preparado para salir a tiempo y subir al tren que nos llevaría a la visita estrella del nuestro viaje.
Unos minutos antes de la salida del tren salimos al andén donde entregamos nuestros billetes y subimos a nuestros asientos. Todo el mundo había ocupado ya sus asientos y resultó que los nuestros iban separados. Pero casualmente había otra pareja que también iban en lados distintos del pasillo e intercambiamos asientos con ellos.
El tren era bastante cómodo y tenía una ventanas amplias en los laterales y otras en el techo que permitían ver todo según avanzábamos por el valle junto al río Urubamba hacia la estación de Aguas Calientes. Cada vez que nos acercábamos a una zona de interés, una grabación nos contaba un poco sobre ese lugar, lo que hizo bastante entretenida la hora y media de viaje. A mitad de camino nos ofrecieron una bebida caliente y un bollo a cada uno, pero nosotros lo guardamos porque al haber desayunado tampoco teníamos hambre, y el día era largo, así que nos podría venir bien más tarde.

Valle Sagrado de los incas

El tren de vuelta lo cogimos a las 18:35, y la verdad es que cuando me monté en el tren pensaba que me quedaría dormida pues estaba agotada. Me dolía todo el cuerpo y tenía incluso la sensación de tener fiebre, pero creo que el propio cansancio no dejo relajarme y dormir la menos unos minutos.
En cuanto llegamos al hotel, subimos a dejar la mochila, lavarnos las manos y bajar a cenar al restaurante. Iluminado con velas era muy acogedor, y la carta aunque escueta era bastante sugerente. Los precios un poco altos, al nivel del hotel, pero cenamos bien y sobre todo sin necesidad de tener que movernos ni un metro más allá de la estación de trenes, creo que si hubiera tenido que volver al pueblo para cenar esa noche hubiera preferido irme a la cama con hambre de tan cansada como estaba. Ahora mismo recuerdo según escribo recuerdo esa sensación y creo que ha sido la única vez en la vida que me he sentido así.
Una ducha caliente, y a la cama. Ni libro ni nada. Solo quería dormir sin prisa para levantarme…..

22 de Junio

…pero para mi desgracia a la mañana siguiente que podía quedarme en la cama hasta que hubiera querido el ruido de los trenes me despertó a las cinco de la mañana. En el hotel habían prometido que todo estaba tan aislado que no se escuchaba practicamente nada. Pues puedo decir que al menos desde nuestra habitación no era así, y que el sonido se escucha alto y claro desde bien temprano. A pesar de ello aguanté bastante rato entre las sábanas cogiendo fuerzas para el día que teníamos por delante. Cuando al final me animé a levantarme eran ya las ocho, así que bajamos a desayunar tranquilamente y después hicimos el check out para poder irnos a visitar Ollantaytambo antes de las once que era la hora a la que Hugo vendría a por nosotros.

Valle Sagrado de los incas

Subimos paseando de nuevo hasta el pueblo para dar un paseo por sus calles y luego nos fuimos a las ruinas incas, unas de las más impresionantes del Valle Sagrado. El boleto turístico incluye la entrada al recinto. Nada más entrar nos encontramos frente a unos impresionantes bancales que ascendían por la escarpada montaña y desde los cuales cuenta la historia los incas recibieron a los hombres de Pizarro con una lluvia de lanzas y flechas haciendo a estos últimos huir en desbandada. Así se convirtió Ollantaytambo de la mano de Manco Inca en el lugar donde los españoles sufrieron su mayor derrota en tierras peruanas.Además de ser fortaleza, Ollantaytambo también era un templo, y en la cima de sus bancales se erige un centro ceremonial. En la época de la conquista se estaban construyendo uno muros que ya no se terminaron y en los que llama la atención su increíble factura. Las piedra provienen de una cantera situada a 6 kilómetros y se transportaron hasta la fortaleza desviando el cauce el río. Y es que estos incas eran unos constructores finos y con muchas ideas prácticas. Una vez más y sobre todo con el cansancio acumulado del día anterior costaba subir cada peldaño, pero el que algo quiere, algo le cuesta, y en este caso yo tenía claro que iba a llegar arriba en más o menos tiempo, y como siempre iban pidiendo que lo que encontrara arriba estuviera a la altura del esfuerzo que estaba haciendo. Y una vez más así fue; tanto las vistas sobre el Valle Sagrado de los incas como las ruinas incas merecían el trabajo extra que les había pedido hacer a mis piernas.
Valle Sagrado de los incasDescendimos de nuevo al pueblo pues ya íbamos justo de tiempo y Hugo venía a buscarnos a las once. Pasamos por algunas tiendas en cuya fachada colgaban coloridas alfombras y tapices antes de llegar a la calle que bajaba de nuevo al hotel. Llegamos con tiempo para recoger nuestras cosas y salir hacia el parking donde Hugo tendría que coger el coche y desde allí irnos de vuelta a Cusco recorriendo el sur del Valle Sagrado de los incas.

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Perú

Diario de viaje: ruinas incas alrededor de Cusco

por Cristina 12/07/2014
Ruinas incas Cusco

19 de junio – Recorriendo ruinas incas

El combi desde Cusco nos llevó montaña arriba hasta los restos incas de Tambomachay, un lugar a unos metros de la carretera principal al que se accede con el boleto turístico y que consiste en un baño ceremonial de piedra que canaliza agua cristalina a través de fuentes que siguen en uso. Se puede subir a las montañas de los alrededores y aunque ya daba el sol y hacia una temperatura agradable, en algunas zonas el agua se había convertido en hielo sobre la hierba.

Ruinas incas CuscoEn el camino de salida habían colocado algunos puestos de artesanía en los que vendían prendas de lana, y una vendedora se acercó a mi con un chaqueta como tantas que había visto en Cusco y me animó a probármela pero la dije que no, que no quería comprar nada. Pero ante tanta insistencia y Arturo que me animaba me la probé….. y parecía hecha para mi, así que cuando la vendedora me dijo que costaba 60 soles me quedé sorprendida, porque en Cusco pedían 250 por la misma (o muy parecidas). Aún así decidí regatear y me la llevé por 50 soles.
Al regresar a la carretera, justo al otro lado estaban las ruinas incas de Pukapukara, una estructura con vistas al Valle de Cusco y cuyo nombre significa “fortaleza roja” que es precisamente el color de la piedra con la que está construida. Tiene varias cámaras residenciales y desde la parte de alta disfrutamos de una preciosa vista panorámica antes de comenzar la ruta de regreso a Cusco.

Ruinas incas Cusco

La primera parte del recorrido lo hicimos por el borde de la carretera por la que habíamos llegado hasta allí, y atravesamos un pequeño pueblo con casas decoradas y tiendas. Según nos habían indicado teníamos que llegar a otra casa en una curva de la carretera en la que había caballos, y desde la que partía un camino por el valle que llegaba hasta Q’endo.
Seguimos una senda que se veía mejor en unos tramos que en otros, cruzamos un riachuelo y no teníamos muy claro por donde seguir. Vimos a gente que venía a caballo por un camino a nuestra derecha, y unos chicos con otro grupo de caballos cerca del río. Pero ni idea de por donde seguir, así que preguntamos y nos indicaron que teníamos que continuar de frente atravesando un campo sembrado hasta un pueblo y allí a la derecha. Así lo hicimos y enseguida estábamos en las ruinas incas de Q’endo, cuya visita está incluida también en el boleto turístico.
El recinto lo forma una gran roca en torno a la cual hay nichos, cuevas y pasadizos. Los cruzamos todos rodeando la roca y también bajamos a una cueva donde la temperatura baja bastantes grados con respecto al exterior y en la cual encontramos unos altares labrados en la roca en los que supuesta se hacían los sacrificios que continuaban con chicha, o tal vez sangre, corriendo por los canales que hay sobre las rocas.

Ruinas incas

Visto este lugar, salimos cruzando un puente sobre un riachuelo y así volver a la carretera que nos llevaría a Sacsayhuamán, las más imponentes ruinas incas cercanas a Cusco. Para llegar allí pasamos primero por una granja de llamas, y más tarde por una zona de explanadas que estaban llenas de familias de picnic y algunos preparando barbacoas, pues era día festivo en Cusco por ser el Corpus. Lo que teníamos más cerca era una grande y blanca escultura de Jesucristo mirando a la ciudad, y subimos hasta su base, donde un mirador nos regaló una bonitas vistas del casco histórico cusqueño.

Desde la base del Cristo se veían las piedras de las ruinas incas de Sacsayhuamán y parecía sencillo llegar hasta allí en linea recta, así que con tal de no dar la vuelta y bajar para volver a subir teniendo además que retroceder por el camino, decidimos ir por el camino que creimos más corto. Y seguramente lo fuera, pero había algunos tramos en los que la bajada no es para cualquiera, había mucha pendiente y además al ser arena resultaba bastante escurridizo. Pero superamos la prueba, aunque en más tiempo del que habíamos pensado, y llegamos hasta las piedras de la calzada que subía hasta las inmensas ruinas a las cuales se accede con el boleto turístico (sin duda ese día le estábamos sacando provecho).

Lo que parece una ciudad enorme realmente no es más de un 20% del tamaño original que tuvo este enclave inca, pues tras la conquista de los españoles estos utilizaron muchas de sus piedras para construir sus casas cusqueñas e incluso la Catedral. Afortunadamente dejaron las piedras más grandes que son las que forman las impresionantes almenas principales. Esta zona tiene diferentes alturas y en ellas se puede contemplar de cerca el trabajo tan esmerado de los incas con la piedra, y su capacidad para formar muros con rocas creando lo que parecen verdades rompecabezas.

Restos incas CuscoEn la parte trasera de esta zona de Sacsayhuamán también hay un mirador sobre Cusco desde el que pudimos distinguir parte de la procesión del Corpus.

Restos incas

El centro del recinto es una gran explanada en la que actualmente cada año se celebra el Inti Rayma, una fiesta en honor al sol que se celebra en Cusco cada solsticio de invierno (24 de junio). Durante nuestra visita estaban montando el gran escenario y las gradas donde tendría lugar el espectáculo.
Al otro lado de la explanada está la colina de Rodadero, cuyo nombre viene de la piedras pulidas que durante siglos se han utilizado como toboganes naturales (ahora ya no, controlan que nadie se tire por allí) En lo alto de la colina hay una serie de bancos de piedra conocidos como el Trono del Inca, desde allí se tiene una buena vista de la zona de la muralla en toda su extensión, así que una vez más mereció la pena el esfuerzo de subir cuestas y escaleras.

Ruinas incas Cusco

Volvimos desde aquí a la salida y emprendimos la bajada caminando sobre la calzada inca hacia la ciudad de Cusco y el barrio de San Blas

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Perú

Diario de viaje: Cusco

por Cristina 11/07/2014
Cusco

16 de junio – Cusco

Teníamos ya reservados nuestros billetes de bus para viajar a Cusco a través de una agencia de la ciudad. Esa mañana vinieron a por nosotros en coche para llevarnos a la estación desde donde saldríamos hacia Cusco, y realmente agradecimos tener un vehículo en la puerta porque íbamos cargados y además a las siete y media de la mañana hacía frío.
No tardamos casi nada en llegar al destino, pues a esas horas la ciudad está aún despertando. Descargamos nuestras cosas y accedimos a la estación, donde tuvimos que pagar una tasa de 1 sol por salir de allí.
Habíamos reservado asiento en el piso superior, así que en cuanto todos los equipajes estuvieron en el maletero, fuimos subiendo para instalarnos. Las butacas eran amplias y reclinables, pero estaba todo tan sucio, desde el asiento a los cristales, pasando por el reposacabezas (una tela blanca que estaba rozada y renegrida, así que la di la quité y listo) que daba un poquito de rabia comprar algo que te venden como fantástico y encontrarte que no han sido capaces ni de barrer el suelo. En fin… era lo que tocaba, así que cogimos nuestros libros y nos decidimos a pasar allí las siete u ocho horas que teníamos por delante.

Una vez en Cusco tocaba buscar taxi para llegar al hotel situado en San Blas. El primera taxista nos pidió 20 soles, pero al final otro nos llevó por los diez que yo ofrecía. Eso si, tuve que ir casi sentada encima de una maleta, pero el recorrido era corto y al final casi tuvo su gracia.

La calle de nuestro hotel era estrecha, y además de doble sentido, lo que no dejó al taxista llegar hasta la puerto, así que nos tocó cargar con el equipaje unos metros durante los cuales yo no dejaba de mirar encantada puertas, tiendas y algún museo con el que nos cruzamos. Cusco me gustaba, y más después de haber estado en Puno y haberle encontrado tan poco encanto.

Cusco

En el hotel, de nuevo uno de la cadena Tierra Viva que había abierto sus puertas hacia un mes tenía ya nuestra habitación lista, así que fuimos a dejar nuestras cosas, organizar un poco y salir para una primer contacto con la ciudad y buscar un lugar para cenar.

CuscoDesde el hotel tuvimos que bajar un calle empedrada y estrecha llena de tiendas y restaurantes (imposible ser más turístico a no ser que seas una localidad de la Costa del Sol española en verano). Al acabar la calle nos encontramos en el corazón de la ciudad colonial, la Plaza de Armas. Ya era de noche y a pesar de ello había mucha animación y gente vestida con trajes regionales bailando. Nos explicaron que algunos ensayaban para el Inti Raymi, la gran fiesta de la ciudad que se celebraría el 24 de junio, y otros para las fiestas del Corpus que eran justo durante los días de nuestra estancia en la ciudad.

Anduvimos un poco más allá hasta alcanzar la Av.del Sol y desde allí la calle Almagro. Íbamos buscando la calle Almagro y un restaurante: Los Toldos. El local es muy amplio y estaba lleno de peruanos comiendo el plato estrella del local: el cuarto de pollo con patatas. Nos sentamos y pedimos pollo, como no, pero también otro de los platos típicos de Cusco, los antichuchos (corazones a la brasa), y mientras nos comimos una ensalada con salsa de aceitunas que se incluye en el precio de cualquier comida. Tengo que decir que a mi el pollo asado normalmente me deja indiferente, no es algo que me encante. Pero en este lugar comí sin duda el mejor pollo que he probado: tierno y crujiente a la vez. Y además a un precio increíble: 14 soles. Os lo recomiendo sin lugar a dudas.

Cusco

De regreso al hotel hacía frío, pero a pesar de ello dimos una pequeña vuelta por la Plaza de Armas, que aunque a esa hora aún estaba animada, ya permitía pasear por ella con cierta calma.
En el hotel la cama resultó tan cómoda como la de los anteriores hoteles de la cadena Tierra Viva. Dormimos como benditos.

17 de junio

Salimos de la habitación para desayunar, y aunque el día estaba totalmente despejado, hacía aún frío, así que nos tuvimos que poner algo de abrigo. El salón de desayunos tenía unas estufas gracias a las cuales no daban ganas de salir corriendo de allí. Tomamos zumo, embutidos, queso, mate de coca, fruta, bollería… Energía para el día que íbamos a pasar pateando Cusco.

Como en Cusco amanece temprano pero también anochece pronto, en estos viajes hay que aprovechar las horas del luz para hacer las visitas, así que nuestra hora de salida estaba siempre entre las 8 y las 8:30 (aunque algún día se nos pegaban las sábanas). Mochila a la espalda y cámara al cuello caminamos por las mismas calles de San Blas del día anterior, pero esta vez iluminadas por la radiante luz del sol. Las tiendas comenzaban a abrir y decorar algunas paredes con su mercancía de miles de colores.
Antes de llegar a la Plaza de Armas se pasa por el probablemente muro inca más famoso de la ciudad, pues en él se encuentra una curiosa piedra en la que se cuentan hasta 12 esquinas. Allí encontramos a un señor para que otra amiga viajera nos había dado una foto hecha nada menos que seis años antes. Y de verdad que el hombre estaba igualito a pesar de los años pasados.
Un poco más adelante se encuentra la entraba del Palacio Arzobispal, el cual fue nuestra primera visita de pago en la ciudad. Para acceder pudimos adquirir el boleto religioso que incluye también la visita a otras iglesias cusqueñas, y el cual nos costó menos de lo que decía la información que llevábamos: solamente 30 soles por persona. El muro que contiene la piedra que antes mencioné pertenece ahora a este lugar, cuyo interior está formado por patios y diferentes estancias donde observar pinturas, muebles y unos asombrosos techos de madera.

Cusco

Al salir de este palacio/museo continuamos hasta la Plaza de Armas que ya estaba llena de gente. Las fiestas del Corpus en Cusco habían empezado y veríamos todos los días bailes y procesiones. La verdad es que si hubiéramos tenido mucho más tiempo nos hubiera gustado sentarnos y pasar horas viendo lo que allí pasaba, pero cuando estamos de viaje por desgracia no contamos con todo el tiempo que quisiéramos, y hay que priorizar. Dimos una vuelta por la plaza, nos hicimos fotos y nos paramos durante un rato a ver los trajes y bailes de los que por allí pasaban, una muestra de color pero también de cierto desorden, una forma de organizar las cosas a la que nosotros no estamos acostumbrados, porque ya sabemos que los occidentales queremos tener todo controlado y en orden, y aquí os puedo decir que todo estaba lejos de ser de ese modo.CuscoDejamos la plaza en dirección a la Iglesia de San Francisco, una gran mole que fue de las pocas que no tuvo que reconstruirse por completo tras el terremoto de 1650. En su interior lo más interesante nos resultó un coro de madera de cedro, pero como en la mayoría de las iglesias peruanas, no se pueden hacer fotos, así que nos queda solo el recuerdo de haberlo visto.

Cusco

A pocos metros de la iglesia estaba el arco de Sta. Clara, cercano al convento del mismo nombre, el cual no conseguimos ver por un tema de horarios. Un poco más allá se abría ante nosotros otra plaza con otra iglesia, la de San Pedro, y uno de los lugares más pintorescos de la ciudad: el mercado al que da nombre la cercana iglesia.
Los puestos de comida preparada rodeaban la plaza, y en el interior de este turístico mercado de Cusco, recuerdos para turistas, zumos, frutas, panes, carne., flores… Y al fondo más comida preparada y una zona con mesas donde sentarse y comerla. Un lugar sin duda muy bullicioso donde una tendera nos recordó que la mochila delante y ojo con las carteras.

Cusco

Tras el paseo entre puestos de comida salimos del mercado para continuar paseando por la ciudad colonial rumbo a la Catedral, la cual íbamos a visitar con el boleto turístico. En la Plaza de Armas seguía la fiesta, grupos de niños y jóvenes iban desfilando por delante de la catedral mientras bailaban al ritmo de la música.

La entrada a la Catedral de Cusco se hace por la iglesia que se encuentra adosada a su izquierdo, y se hace por otra también pegada a su lado derecho. La primera es la Iglesia de Jesús María y la segunda la del Triunfo. En ninguna de las tres se pueden tomar fotografías, por lo que la verdad es que es complicado recordar todo lo que se ve dentro. Me llamaron la atención las enormes puertas que unen unas iglesias con otras, las imágenes con elaborados vestidos en las que se mezcla catolicismo y tradición indígena. Muy curioso también el cuadro de la última cena donde el plato principal es un cuy. Y por supuesto la renegrida imagen de el Señor de los Temblores, un Cristo crucificado al que se saca todos los lunes santos en procesión a la luz de las velas cuyo humo se pega a la figura tiñéndole de negro. En la Iglesia del Triunfo se encuentra los restos del Inca Garcilaso de la Vega.

Cusco Plaza de Armas

Como la plaza estaba animada, nos quedamos un rato viendo lo que allí pasaba, y más tarde nos dirigimos hacia el barrio de San Blas para subir hasta la Iglesia de San Cristobal, cuya entrada estaba incluida en el boleto religioso. Pero cuando llegamos a la calle Arco Irís y Arturo vio la cuesta que había que subir, dijo que se quedaba tomando una cerveza Cusqueña en un bar que había justo en el cruce de la calle. De modo que con mucho ánimo comencé a subir por la calle empedrada rumbo a la iglesia.
Al llegar arriba me encontré con una amplia plaza y en uno de sus lados la iglesia. Por si fuera poca la subida, subí también al campanario. Vi que no era muy alto, y como ya estaba allí, total un poco más de esfuerzo tampoco iba a ser para tanto. Las vistas desde lo alto son magníficas, se distinguen los tejados de la ciudad hasta la Plaza de Armas.

Cusco

Cuando bajé me senté un ratito a descansar y luego continuamos bajando por la calle Ataud (uno de esos nombre poco habituales de las calles de Cusco) hasta el Museo Inka ubicado en una de las más bonitas casas coloniales de la ciudad. Alrededor de una patio porticado se abren las salas en las que se muestra una gran muestra de arte inca: cerámica, joyería, momias, maquetas…. No se hace pesado porque la muestra es variada. En el patio había unas mujeres tejiendo con un telar de cintura y en la planta superior se vendían sus creaciones y otros artículos de artesanía.

Cusco

La verdad es como es que sin darnos cuenta se acercaba el final del día, y lo mejor era ir al hotel para descansar un rato antes de salir a cenar y también de ese modo cambiar la chaqueta ligera del día por algo abrigado para el frío de la noche.

Esa noche bajamos de nuevo por las cuestas de San Blas para cenar en un sitio que habíamos visto en la Plaza de Armas, Papacho’s, una hamburguesería moderna y con cierto estilo neoyorquino que forma parte del grupo de restaurantes del más famoso cocinero peruano, Gastón Acurio. Nos pedimos como no una contundentes y originales hamburguesas acompañadas de una limonada con menta y hierba luisa. Aunque el precio del local es un poco elevado para estar en Perú sin duda es el lugar indicado si alguien se muere por comida de tipo occidental (y no quiere ir al Burguer King de la Plaza de Armas.

Gaston Acurio Cusco

Cuando terminamos de cenar la verdad es que aún era temprano, y nos fuimos a dar un paseo por la ciudad colonial iluminada, y llegamos a la calle Sta.Catalina Ancha donde está el Museo del Pisco, pero había mucha gente y poco espacio para sentarnos y comentar el día, así que continuamos andando hasta que encontramos otro local (Sara: the organic café) que nos pareció acogedor y entramos a tomar un pisco sour. Ya sabemos que es una bebida que se toma más como aperitivo, pero a nosotros nos daba igual, y ya que en España no es tan sencillo poder tomarlo, habíamos decidido beberlo en Perú siempre que fuera posible.
Con buen sabor de boca nos fuimos caminando hasta el hotel y se que me repito, pero de verdad que la camas eran de esas que a uno no le importaría tener en casa: grandes y cómodas. Así que dormir allí era un verdadero gustazo.

18 de Junio

Primera parte del día igual que siempre: desayuno y en marcha para recorrer la ciudad bajo ese cielo azul tan increible que estábamos teniendo todos los días.

Hoy la ruta empezaba en la Avenida del Sol, en la oficina de turismo donde teníamos que comprar el dichoso Boleto turístico sin el cual no se pueden visitar algunos de lugares de mayor interés de Cusco y del Valle Sagrado. La broma fueron 130 soles por persona, y nos entregaron una lista con lo lugares que se podían visitar. Curiosamente no coincide con lo que aparece en internet y así se lo hice saber, pero realmente mostraron muy poco interés al respecto (hoy, dos meses después, sigue apareciendo mal).

Ya que estábamos allí bajamos a ver uno de lo lugares incluidos en el boleto: el Museo de Arte Popular. Es una sala donde se exponen las obras premiadas cada año en el concurso que da nombre al museo. Preciosos y originales belenes se mezclan con figuras que representan de diferentes maneras la vida tradicional cusqueña. Para variar no se pueden hacer fotos, así que el quiero verlo tendrá que ir.

A poca distancia se encontraba una de las joyas de la ciudad, Qorikancha. Son los restos del templo más rico del Imperio Inca, y allá que fuimos nosotros. Las pulidas piedras de dicho templo son hoy en día la base del convento de Sto. Domingo, junto al cual se encuentra otra iglesia colonial, en cuyo interior me encantaron unos preciosos cuadros de niños vestidos con vaqueros y camisetas representando ángeles.
Después de visitar la iglesia pagamos la entrada (no estaba incluido en el boleto turístico) y accedimos al convento. En su interior encontramos un gran claustro en torno al cual se encuentran los restos del templo inca que en tiempo estuvo cubierto de oro (de hecho Qorikancha quiere decir en qechua “patio dorado”). Se dice que aquí se guardaban increibles tesoros de oro mazico, así como momias a las que sacaban al sol cada día para hacerles ofrendas de comida y bebida. En el centro del claustro se encuentra la antigua fuente octogonal que en su día estuvo recubiertade 55 kilos de oro. Pasamos por diferentes cámaras donde se pueden ver los muros de piedra que encajan de tal modo que en algunos puntos no se distingue donde acaba una y empieza otra. También se puede subir una escalera para ver desde arriba lo que queda del templo inca. En un punto del claustro se ve la salida al exterior donde está el llamativo muro curvo de 6 metros que se ve desde dentro del recinto y desde la calle..
La verdad es que hay que imaginar mucho, pero sin lugar a dudas es una buena muestra del trabajo en piedra de los incas.

Cusco Qorikancha

Al salir del museo paseamos hasta la Plaza de Armas, pues no habían contado que esa mañana empezaban las procesiones del los santos a la Catedral, desde donde saldrían al día siguiente para la procesión del Corpus. Encontramos una plaza llena de gente en un ambiente totalmente festivo mientras los pasos de las diferentes iglesias iban llegando a la Plaza. Dimos una vuelta y abandonamos la plaza hacia la calle Garcilaso donde teníamos que buscar la agencia donde teníamos reservada la estancia en el lodge de Puerto Maldonado. La encontramos en un patio colonial donde en cada una de las dos plantas había agencias de viajes, tiendas e incluso el Museo del cacao. Una vez pagado vimos que había mucha animación en la calle Garcilaso hacía la plaza San Francisco, y nos acercamos a ver que pasaba. Encontramos la tranquila plaza del día anterior tomada por los puestos de comida y bebida y mucha gente sentada en mesitas o paseando. Ambiente de fiesta 100%.

Cusco

En la cercana Plaza del Regocijo está una de las mejor conservadas casas de la ciudad, y en la cual residió Garcilaso de la Vega, cronica hispanoinca hijo de un español y una princesa inca. Dicha casa aloja hoy el Museo Histórico de Arte Regional (aquí si valía el boleto turístico). En él se muestran desde flechas del periodo precerámico a vasijas o momias, pasando por objetos de oro y en la planta alta algunos objetos de arte religioso así como la reconstrucción de una habitación de la época en que estas casa estaban habitadas. La verdad es que en museo bastante ecléptico, pero solamente por ver la casa y la distribución, y ya que estaba incluida en el precio, mereció la pena entrar.

El Museo Municipal de Arte Contemporáneo está en la misma plaza y también se incluye la entrada en el boleto, así que fuimos a verlo, pero nos resultó nada motivador ni interesante, tan solo un patio al final cuyas puertas y barandillas estaban pintados del mismo azul intenso que tantos lugares de la ciudad.

Cusco

Con tanto paseo sin duda nos habíamos ganado una cerveza con buenas vistas, y el lugar ese día sin duda estaba en la Plaza de Armas, donde parecía estar todo el mundo viendo la procesión. Así que subimos a uno de los más concurridos bares de la ciudad, Norton Rats. Como pudimos nos hicimos hueco en su estrecho balcón para tomar una Cusqueña mientras veíamos lo que pasaba abajo. Lo malo era que nos daba el sol directamente en la cara y llegó un momento que lo mejor era dejar hueco a otros para mezclarse con la gente en la plaza.

Cusco Corpus

Un poco agotados de tanto santo y tanto ruido vimos como empezaba a caer la tarde y la plaza se tenía de un precioso tono dorado. Tocaba volver al hotel, descansar un rato para salir abrigados a cenar. Esa noche nos decidimos por Pachapapa, un restaurante en la Plaza de San Blas que ya me había recomendando otra viajera, y también en el hotel. Así que allá que fuimos. A pesar de tener un patio muy agradable, nosotros decidimos cenar bajo techo y cerca de una estufa de leña. De verdad que la temperatura baja tanto que uno puedo pasar realmente frío si no se abriga. El restaurante era muy íntimo, agradable y romántico, con velas en las mesas. Probamos chicharrones y lomo saltado, de nuevo con limonada. Después un paseito por el barrio… ¡¡y a la cama!!

Cusco

19 de junio
Hoy tenemos un plan interesante: nos vamos “de ruinas incas”. Madrugamos para luego bajar hasta la estación de los combis que van Pisaq. A esa hora hay poca gente en la calle y también pocos viajeros. Compramos nuestro billete por ….. soles y esperamos a que nos digan que podemos subir a ese mini bus de aspecto destartalado. Cuando lo hacen tenemos los asientos asignados en la segunda fila…¡¡¡y no me entran las piernas!!! Menos mal que el trayecto es corto, pues tan solo vamos hasta ….. Pero durante el camino no para de subir gente al combi, y lo curioso es que nadie paga (¿existirá un abono transporte como en Madrid?). Avanzamos montaña arriba y al abandonar Cusco el paisaje es increiblemente bello y verde. Se hacen paradas y veo que a los viajeros se les cobra al bajar y al que lleva billete se lo marcan. Todo aclarado.
En poco más de media hora llegamos a nuestro destino y nos hacemos hueco para bajar del bus. Estamos en el primer punto de la ruta de 8 kilómetros que nos llevará de regreso a Cusco.

Cusco

Después de recorrer todos los lugares de interés en esa ruta de 8 kilómetros y disfrutar de las vistas de la ciudad desde Sacsauhyamán bajamos andando hacia la Plaza de Armas por la cuestas de San Blas. Arturo iba pensando en tomar una cerveza en el bar del día anterior, pero oooohhhh, desilusión, estaba cerrado. Así que seguimos bajando y nos encontramos con un montón de gente en los alrededores del Museo Inca. La fiesta había llegado hasta allí, y había puestos de anticuchos, de cervezas, gente sentada comiendo y bebiendo. Costaba avanzar y a mi se me antojó tomar uno de esos pinchos, así que por 3 soles los compramos y nos los comimos de camino a la Plaza donde desde por la mañana estaba animada con la procesión del día del Corpus. Nosotros la verdad es que no notamos mucha diferencia con la del día anterior, los santos y Vírgenes eran los mismos, pero ahora viendo las fotos creo que le habían cambiado el traje y llevaban otros mucho más vistosos y trabajados que el día anterior. La plaza estaba llena de gente que iba y venía entre el paso de una banda de música y su correspondiente Santo y el siguiente. Como ya teníamos sensación de haber visto todo, nos fuimos cuesta arriba hacia el hotel para descansar en el bonito jardín trasero con una cerveza de las que teníamos en el mini bar y que podíamos consumir de forma gratuita.

Ya era de noche, y cómo no, hacía frío, cuando salimos a cenar. Pensamos volver a Sta. Catalina Ancha donde habíamos visto bastantes sitios para cenar, pero en algún momento nos despistamos y cuando nos dimos cuenta estábamos en la calle Ruinas, que aunque es continuación de la otra a nosotros nos sonó a “nos hemos equivocado”. Vimos un par de locales y nos decantamos por Don Carlos que tenía fuera un menú con buena pinta y precio aceptable, pero que luego no estuvo a la altura. Lo primero nos dijeron que no había menú, pero cuando dijimos “nos vamos” de repente ya si había ese menú. Pero lo que cenamos nos dejó indiferentes, una pena para ser la última cena antes de regresar del Valle Sagrado.

20 de junio

Habíamos quedado a las 8 de la mañana con Hugo, el conductor que nos llevaría por el norte del Valle Sagrado hasta Ollantaytambo, y que dos días después vendría a buscarnos para regresar a Cusco. Puntualmente estaba en la puerta del hotel, que como seguía en la misma calle estrecha a la que era complicado acceder, pues dejó el coche en la Pza. de San Blas y hasta allí nos tocó ir con el equipaje.
Abandonamos Cusco por el mismo camino que había llevado el bus el día anterior, pero este día nuestro destino era Pisaq.

22 de junio

Ya bien entrada la noche llegamos de nuevo a Cusco y Hugo nos dejó en nuestro hotel, otro Tierra Viva pero esta vez en la zona cercana al Mercado de San Pedro. No tardamos en hacer el check-in y estar alojados en una amplia habitación. Y en poco tiempo salimos dispuestos a cenar y esta vez a un sitio que fue el primer restaurante en que el que cenamos el Cusco: Los Toldos. Arturo repitió cuarto de pollo asado, pero yo me pedí un cordon bleu con patatas que fui incapaz de acabar de lo grande que era.

Al terminar la cena dimos un pequeño paseo hasta la Plaza de Armas que estaba preciosa toda iluminada y así despedirnos de la bonita ciudad colonial.

23 de junio

Hoy podemos levantarnos con cierta tranquilidad. Nuestro vuelo salía de Cusco a las 11:45, por lo que nos dimos el capricho de desayunar con calma y probar todo lo que había en el buffet. Una vez cerrada la maleta bajamos a hacer el check out y avisar un taxi, pero ese día era de nuevo fiesta en el centro de Cusco y el tráfico estaba siendo complicado, de modo que salimos del hotel para parar al primer taxi que pasara y que además nos cobró menos que el que habían avisado en el hotel. En media hora estábamos entrando en el aeropuerto cusqueño para abandonar la ciudad colonial rumbo a la selva amazónica.

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Perú

Diario de viaje: Puno y el Lago Titicaca

por Cristina 10/07/2014
Puno

14 de junio – Conociendo el Lago Titicaca

Nos levantamos relativamente temprano para aprovechar el día, pero como en Perú amanece tan pronto siempre nos daba la sensación de haber remoloneado más de la cuenta. Bajamos a desayunar y para nuestro asombro en el comedor hacia un frío increíble, no había calefacción y no habían encendido las estufas. A pesar de que el desayuno era variado y rico solamente teníamos ganas de regresar a la habitación para entrar en calor.
Salimos a la ciudad con destino al lago navegable más alto del mundo, el lago Titicaca, pero primero hicimos parada en la Plaza de Armas donde se alza imponente la catedral barroca de la ciudad. Entramos a dar una vuelta por el interior y de nuevo nos encontramos con las típicas imágenes de santos con trajes recargados y pelo con tirabuzones. A mi personalmente, la parte que más me gustó de esta iglesia es la fachada.

Lago Titicaca, Puno

Para llegar hasta el muelle del lago Titicaca donde teníamos que coger el barco a los Uros podíamos hacerlo en taxi o andando, y aunque nos dijeron que estaba lejos teníamos ganas de caminar y descubrir la ciudad, de modo que emprendimos paseo por la calle que nos llevaría hasta el borde del lago.
De camino tuvimos la suerte de cruzarnos con el mercado semanal de la ciudad. En mitad de la calle cantidad de puestos de frutas, verduras y otros productos se situaban unos al lado del otro. Incluso había grupos de mujeres sentadas unas juntos a otras con su mercancía delante. Nos llamó la atención que todas estas mujeres vendían lo mismo: patatas. Eso si, no solamente la que podemos conocer en España, si no diferentes variedades de este tubérculo. Nos dijeron los nombres de varias de ellas e incluso nos explicaron como se procede al secado y salado de algunas, pero palabra que ahora no sería capaz de repetir nada de todo eso.

Lago Titicaca

Entre puestos de comida situados junto a unas inutilizadas vías del tren, continuamos nuestro camino. Nos llamaron la atención unos carteles colocados en diferentes fachadas en las que se denunciaba la inseguridad y los robos. No se si fue solamente sensación mía, pero yo creo que inconscientemente aceleramos un poco el paso, pero poco, porque en Puno no se puede hacer nada deprisa, te agotas sin darte ni cuenta.
Un poco más adelante llegamos al lago Titicaca y nos dirigimos al muelle para comprar nuestros tickets, pero antes paramos para observar la ciudad, y aunque en la foto que pongo aquí parece bonita, de verdad que a nosotros no nos lo pareció en absoluto. La vista la formaba una montaña por la que descendían casas que parecían sin acabar en la mayoría de los casos, de un color tierra que contrastaba con el increíble color azul del cielo. Eso unido a lo poco agradable que nos pareció la ciudad durante el paseo previo hizo que cambiase nuestra opinión formada la noche anterior a la luz de la luna. Y es que como decimos en España, de noche, todos los gatos son pardos.

Lago Titicaca

Al organizar el tiempo en Puno decidí que el primer día visitaríamos las más famosas de las islas del lago Titicaca: los Uros y por la tarde iríamos a otros lugares cercanos a la ciudad, para el segundo día llegar a la Península de Capachica desde donde había leído que las vistas del lago eran tan bonitas como desde Taquile con la ventaja de que no había turistas. Después de haber hecho esto puedo recomendar que si alguien tiene dos días en Puno, que el primero lo dedique a Uros-Taquile y el segundo, si no pernocta en una isla, a Capachica y Sillustani. El resto de sitios que visitamos creo que son totalmente prescindibles.
Al llegar al embarcadero directamente fuimos a comprar el ticket exclusivamente para los Uros (el barco sale con mucha frecuencia, basta que tenga a bordo un mínimo número de pasajeros), y además tuvimos que pagar un ticket para poder entrar a las islas, algo que nos contaron era para ayuda de la población de esas islas uno de cuyos medios de vida era el turismo. Nos dijeron que se visitaban dos islas de forma aleatoria pues de ese modo los turistas llegaban a todas ellas y todos los habitantes se podían beneficiar de nuestra visita. Algo más tarde nos enteramos en el barco que aproximadamente la mitad de las islas no permiten el acceso a turistas, mantienen su modo de vida ajenos a los curiosos que pasamos por allí cada día.
Subimos al barco y empezamos alejarnos de la ciudad aunque nunca llegamos a salir realmente a “lago abierto” por llamarlo de algún modo. Fuimos cruzando por zonas abiertas entre la totora hasta que llegamos a la entrada a las islas donde hubo que entregar los tickets que mostraban que habíamos pagado los 5 soles de rigor.

Lago Titicaca

Un poco más adelante se abría ante nosotros un gran espacio del lago Titicaca en torno al cual flotaban todas las islas de los Uros. Seguimos navegando hasta que llegamos a la que nos había tocado, y empezamos a bajar y pisar ese suelo lleno de largas cañas con las que los habitantes de las islas mantienen sus islas flotantes, hacen sus casa e incluso sus barcas.
Nos invitaron a todos a sentarnos en el suelo y uno de los habitantes comenzó a explicar su modo de vida, como las islas se mantienen ancladas e incluso demostrar lo que iba contando con una especie de teatrito que representaba una isla en miniatura. Y luego nos invitó a ver la artesanía que vendían en la isla.
Tengo que decir que todo lo que nos contaron me pareció curioso e interesante y que no dudo que en su momento todas esas islas estuviesen realmente habitadas. Pero la sensación que tuve en la islita que nosotros visitamos era de que allí no vivía nadie, que sencillamente llegaban cada día para contar su historia y ya está. No había comida, ni ropa tendida, ni sensación de que aquello fuese más que una representación para los turistas. Vi otras islas que justamente son las que no se pueden visitar donde las mujeres lavaban la ropa, la tendían, cocinaban… Igual me equivoco, y desde luego con mis palabras no quiero quitar mérito al trabajo, pero no puedo terminar de creer lo que me dijeron.
Aparte de esta apreciación personal, hubo una cosa que me sentó terriblemente mal. Nos contaron que tenían una barca de totora y que a quien quisiera nos llevaban a otra isla mucho más grande, con restaurantes y un mirador desde donde ver las islas desde arriba. Claro que eso era previo pago de otros 10 soles, pero bueno, pues ya que estábamos allí, pues venga, a la barca. Para empezar vimos otras a remo, pero esta iba con motor (realmente para que esforzarse si nosotros íbamos a pagar de todos modos), y segundo, la isla a la que nos llevaron me pareció una tomadura de pelo: pequeña, fea y si, con un mirador, pero desde le cual solamente se veía la propia isla. Nos tocó pasar allí además casi una hora porque unas personas del grupo que iba en nuestra barca decidieron comer y hubo que esperarlas.
Al montar de nuevo en nuestro barco le dije al capitán (no se si ese nombre es correcto para quien maneja un barco pequeño, pero no conozco otro…) que al comprar el ticket nos dijeron que nos llevarían a dos islas y solamente nos había llevado uno. Por supuesto hubo una pequeña discusión porque él decía que ya habíamos estado en dos islas, cosa que era cierto, pero no nos había llevado él. Así que como todos empezaron a unirse a lo que yo reclamaba, se desplazó unos metros y nos dejó bajar en otra isla donde solamente había ya dos mujeres y no nos hicieron ni caso.
Así que bueno, es algo que hay que conocer, pero sinceramente entre unas cosas y otras para mi fue un poco decepcionante todo el tema de las islas de los Uros.

Lago Titicaca

De nuevo en tierra firme paseamos hacia la carretera pasando por los puestos de artesanía atendidos siempre por mujeres de hablar pausado y difícil sonrisa. Compramos unos imanes para la nevera y nos fuimos en busca de Freddy, el taxista con el que habíamos contratado la visita de la tarde a Ichu y Chucuito. Y la verdad es que lo parecía interesante no lo fue tanto, fue un final decepcionante para un día que habíamos empezado con ilusión.
En primer lugar fuimos a Ichu para subir a unas pocas visitadas ruinas. Ahora sabemos que la razón de que vaya poca gente es que está muy mal señalizado todo y que no merece la pena. O al menos la increíble vista que esperábamos ver no llegó, pues se había nublado y el lago se veía de un tono oscuro y opaco.

lago Titicaca

La siguiente parada fue Chucuito, un pequeño pueblo con un templo inca a la fertilidad lleno de falos de piedra de diferentes tamaños y un par de iglesias coloniales, una de ellas con un cementerio alrededor, el cual entramos a curiosear y recibimos como regalo toparnos con un perro muerto sobre una losa… bastante desagradable, no voy a dar detalles. Grrrrrrrrrr…… Lo mejor que vimos en este pueblo fue la celebración de una boda, donde las mujeres llevaban sus mejores polleras (faldas con mucho vuelo y enaguas) y no paraban de bailar y beber cerveza. Y como cosa curiosa dos grandes cabezas de incas a las afueras del pueblo talladas en la roca.
En definitiva, que nadie cambie visitar las islas del lago por conocer estos lugares.

Lago Titicaca

Volvimos a Puno e hicimos lo mejor para intentar acabar el día mejor de lo que había sido hasta ese momento. Lo primero que hicimos fue acercarnos a La casa del corregidor, sin duda el edificio con más encanto de la ciudad. Actualmente en su interior hay tiendas y un café/restaurante con una terraza en el patio de la casa. Fue ahí donde nos sentamos a tomar nuestro primer pisco sour del viaje a Perú. Todo un descubrimiento, algo que no habíamos tomado nunca y que a partir de esa tarde bebimos cada día que podíamos como aperitivo.

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Antes de que anocheciera regresamos al hotel a terminar de abrigarnos y salir a dar una vuelta. Esa noche hizo tanto frío que me terminé comprado unos guantes en un puesto de la calle y mi única obsesión fue cenar en un sitio donde hiciera calor. Paseamos por la peatonal Jirón Lima arriba y abajo, y al final fuimos a la Plaza de Armas, donde subimos a cenar a Mojsa una de las mejores cenas del viaje. Descubrí el ají de gallina del que solo puedo decir que es un plato delicioso.
Y poco más hicimos, entre el frío y lo poco motivador de la ciudad terminamos pronto el día regresando al hotel donde me pasó algo curioso. Justo antes de dormirme sentí el corazón muy acelerado y al tomarme las pulsaciones estaban nada menos que a 110, pero lejos de quitarme el sueño pensé y razoné que aquello era sencillamente por la altura y la necesidad de mi cuerpo de llevar oxígeno a todos los órganos, así que me quedé dormida como si tal cosa, pensando en el lago Titicaca, en las islas y en el delicioso pisco sour que me había tomado un rato antes.

15 de junio

Nuevo día con un increíble cielo azul en Puno, donde después de un desayuno en el mismo comedor helado del día anterior, salimos del hotel a las 8 a.m. pues hemos quedado de nuevo con Freddy, nuestro taxista del día anterior para recorrerla Península de Capachica y los pueblos que en ella se asoman al lago Titicaca.
Salimos de Puno por calles estrechas donde asoman algunas casas que debieron ser bonitas en su día, pero que hoy están en un lamentable estado de deterioro. El resto, feo. Calles sin encanto que dan a plazas marrones que se abren a otras calles más anchas pero con casa iguales a las de cualquier otro lugar de la ciudad. Avanzamos por una carretera recta en mitad del altiplano, a un lado el lago, al otro alguna montaña. En un punto dado nos desviamos y el lago Titicaca empezó a compensarnos en este día las decepciones del día anterior.
La primera parada no programada es precisamente en la ciudad que da nombre a la Península, Capachica. Resultó que era día de mercado y no me pude resistir a bajar del taxi y pasear con Arturo para ver que se cocía a las afueras del pueblo. Vimos mujeres con trajes tradicionales y sombreros diferentes a los habíamos visto en otros sitios, los puestos estaban en el suelo y todo se coloca por zonas. Carnes, pescado, ropa… hasta hay una zona de trueque. La gente nos miraba con cierta curiosidad pero si hacer demostración de que no es habitual para ellos ver turistas en su mercado dominical. Este fue el primer regalo inesperado del día.

lago Titicaca

Lago Titicaca mercado de Capachica

Avanzamos en nuestro recorrido hacia Llachón por una carreterita en obras al borde del lago. Las vistas eran increíbles, por lo que ir despacio era un verdadero regalo. En no mucho tiempo llegamos al pequeño pueblo que era nuestro destino, el cual está situado al final de la península. Paramos en la plaza donde había apenas un puñado de gente y acordamos con Freddy que nos esperase allí mientras nosotros subíamos por ladera de la montaña para disfrutar de las prometidas vistas del lago, y luego bajábamos hasta la playita al borde del lago.
Hacía sol y una temperatura muy agradable, pero con lo que cuesta moverse a esas alturas parecía a cada paso que se nos saldría el corazón por la boca (bueno, a mi, Arturo iba más fresco que una lechuga). Con más o menos esfuerzo llegamos a la cima…y confirmo que mereció la pena. Las vistas del lago Titicaca y los alrededores eran preciosas. Sin duda era el segundo regalo de este día que se iba perfilando perfecto.

Lago Titicaca

Después de bajar hasta la playa que tiene Llachón al borde del lago Titicaca (y posterior agotadora subida) nos marchamos de este encantador lugar hacia Chifrón, otro pequeño pueblo de la Península. Para ello pasamos de nuevo por Capachica y luego llegamos a otra playa del lago Titicaca en la que al ser domingo vimos a algunas familias pasando el día e incluso algún valiente que se atrevía a meterse al agua. Dimos un pequeño paseo y nos fuimos por esas largas carreteras hacia nuestro siguiente destino: Sillustani.

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En el camino paramos en algunas casa muy curiosas hechas de piedra y con formas de lo más peculiar, todas con las estancias alrededor de un patio. Fuera de la mayoría de ellas había algunas llamas o alpacas. Yo iba buscando una casa en concreto para entregar una foto de otra viajera que estuvo unos años antes por allí, así que nos tocó parar en varias de ellas hasta encontrar la correcta, pero tuve que dejar las fotos a una vecina, porque los dueños estaban de fiesta (o eso nos dijeron)
Llegamos alrededor de las dos de la tarde, buena hora ya que es más tarde cuando empiezan a ocupar el lugar los grupos de turistas. El coche nos dejó en un parking y paseamos hasta la entrada de la ruinas (hay que pagar para acceder a ellas) bajo un precioso cielo azul. Y para variar, tocaba subir por la ladera de una montaña hasta las chullpas, tumbas de la cultura Kolla. En la explanada superior pudimos ver varias de estas enormes sepulturas construidas con enormes rocas. Alguna de ellas mantiene abierto la pequeña apertura que daba acceso al interior donde se encontraban los restos momificados en posición fetal del difunto.
De camino vimos rebaños de alpacas (supongo que se denominan así, como los de ovejas…) y disfrutamos de la vista desde lo alto. Al fondo hay un lago con una curiosa isla, donde una vez más los colores de tierra, cielo y agua forman una estampa increíble.

Lago Titicaca, Puno y Sillustani

Lago Titicaca

Una vez visto todo regresamos al coche, donde pude entregar otra de las fotos de “Tengo una foto para ti“, esta vez al amigo del chico de la foto. Y luego otra vez carretera hasta Puno, que de nuevo me pareció una ciudad fea, desde que entramos de nuevo en ella intenté encontrar algo bonito en sus calles, pero de verdad que me resulto imposible. La salva sin duda el lago Titicaca y azul intenso de sus aguas.
Volvimos al hotel porque ya tocaba abrigarse bien, descansamos un rato y salimos a tomar un pisco sour, esta vez en un local de Jirón Lima que se llama Colors. Cuando el hambre empezó a dar señales de vida, nos fuimos a buscar restaurante y entramos en uno de menú que estaba bastante animado, y nos pedimos unas pizzas que no eran nada del otro mundo. De las cenas de Puno, esta sin duda fue la peor.
Poco más dio de si el día, como anochece tan pronto y hace tanto frío, no apetece mucho andar buscando algún local donde tomar algo más, así que nos fuimos a preparar equipaje para nuestra salida temprano la mañana siguiente hacia Cusco.

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Perú

Diario de viaje: del Cañón del Colca a Puno

por Cristina 09/07/2014
Del Colca a Puno, Volcán Ubinas

13 de junio

Parte de la ruta que hicimos este día desde Chivay fue la misma que cuando llegamos al Colca desde Arequipa. El mismo paisaje, pero esta vez sin ninguna parada.

En Pataguas hicimos la parada obligada para reponer fuerzas, ir al baño, y en nuestro caso, para cambiar al bus que nos llevaría a Puno. Hacía bastante más aire y frío que dos días antes, así que entramos a tomarnos un mate triple de coca y así prepararnos para la altura que nos esperaba en la ciudad ubicada al orillas del lago Titicaca. Ese día jugaba España en la Copa del Mundo de Brasil, era su primer partido. Holanda era el contrincante, y justo cuando nosotros estábamos esperando la salida de nuestro transporte le metieron a España el primero de los cinco de goles que vendrían…. pero de ese resultado nos enteremos ya en nuestro destino.

Una vez en la carretera hacia Puno vimos una gran nube blanca que resultó ser la fumarola de uno de los volcanes activos peruanos, el Ubinas. Un poco más adelante pudimos parar y hacer algunas fotos, aunque por el viento la gran fumarola que habíamos visto concentrada se había convertido en una especie de nube alargada.
La siguiente parada la hicimos en un lugar llamado Lagunillas donde habitualmente hay muchas aves migratorias. Nosotros tan solo pudimos ver a lo lejos algunos flamencos y patos.

Del Colca a Puno

El resto del viaje fue bastante monótono, y además se nos hizo de noche por lo que no podíamos ver ya nada fuera del bus. Llegamos a Puno de noche, cerca de las ocho, y mientras entrábamos en la ciudad pudimos contemplar una gran y dorada luna en el cielo que se reflejaba sobre la aguas del lago Titicaca. No hay fotos, pero fijo que esa imagen no se nos olvida a ninguno de los que íbamos en el bus, pues nos mostró una ciudad que parecía mágica, con montones de casitas iluminadas en la ladera de la montaña y que a la mañana siguiente, al menos nosotros, descubrimos que la magia había desaparecido con la luz del sol.
El bus nos dejó en la Plaza de Armas pues la calle de nuestro hotel supuestamente era peatonal (pero luego entraban coches). Caminamos hasta otro Tierra Viva en el que íbamos a pasar tres noches, y sorpresa de bienvenida: nos dicen que nos han asignado una habitación superior en lugar de la standard que habíamos reservado. Mientras se hacía el check-in, aprovechamos para tomar un mate de coca disponible todo el día para los clientes del hotel, y luego subimos a la habitación a dejar el equipaje, abrigarnos y salir a cenar.

Del Colca a Puno Hotel Tierra Viva

Bien abrigamos salimos a la calle, y aún así yo tenía frío. La temperatura en Puno durante el invierno cae en picado, y estar a cero grados o menos es habitual por la noche.
La calle más turística de la ciudad estaba a escasos metros del hotel, y allí es donde podíamos encontrar un lugar para cenar. Paseamos un poco en busca de alguno que nos cuadrase más, y al final encontramos en La Hacienda, y local con luz tenue, velas, un horno y en el que al menos no hacía demasiado frío. Yo cené un menú de tres platos por 15 soles entre los cuales había un crema de champiñón bien caliente, gracias a la cual conseguí entonar el cuerpo. Arturo se decantó por una pizza que sin ser gran cosa le supo a gloria.
Al salir poco más había que hacer, salvo descansar para la jornada del día siguiente que resultó mucho menos interesante de lo que yo hubiera querido.

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Perú

Diario de viaje: Cañon del Colca

por Cristina 08/07/2014
Cañón del Colca

11 de junio – Cañón del Colca

Una vez alojados en el hotel que sería nuestro hogar en el Cañón del Colca acordamos que a las tres haríamos el trekking previsto por los alrededores de Yanque y que estaba incluido en el precio de la estancia. Mientras aprovechamos para picar algo y disfrutar de las vistas desde la terraza de nuestra habitación.

Cañon del Colca Hotel

A las tres de la tarde vino puntualmente María, una chica del pueblo, a buscarnos para empezar la ruta por una zona del Cañón del Colca. Fuimos cuatro, pues con nosotros vino otro huesped del hotel, un chico ruso de camino a los mundiales de Brasil. Era todo energía y nos puso durante todo el camino un poco nerviosos porque parecía no tener miedo a nada o haber sido una cabra montesa en una vida anterior.
Salimos del pueblo hacia las montañas, y la primera parte del recorrido fue genial, hacia sol pero no molestaba y las vistas eran incomparables. Cruzamos un puente sobre el río Colca en una parte muy estrecha y caminamos hasta el puesto de control de las ruinas de Uyo Uyo. Y ahí empezó el suplicio. No se la distancia ni el tiempo, pero a mi se me hizo eterno el ascenso por la ladera de la montaña. A pesar de caminar muy despacio para no agotarme la sensación de estar haciendo un gran esfuerzo era constante. Me repetía que era por la altura, que no pasaba nada, pero sentía el corazón a cien a pesar de que mi ritmo era de tortuga.
Pero al final conseguimos llegar a las ruinas, aunque tan tarde que ya no daba el sol. Dimos un paseo entre las casas y empezamos a descender hacia el pueblo. Pasamos primero junto a los baños termales públicos del pueblo y cuando me di cuenta estaba otra vez en una cuesta arriba. Yo insistía en parar a algún coche o camioneta para que nos llevara, pero el resto parecían estar más frescos que una lechuga, de modo que me tocó caminar hasta el hotel.

Cañon del Colca

Después de tres horas caminando por senderos del Cañón del Colca reconozco que lo único que quería era darme una ducha y meterme en la cama, estaba agotada. Pero había que cenar, así que tuve que hacer de tripas corazón y aguantar.
Sobre el hotel tengo que decir que estaba en un sitio espectacular, pero que le faltaban un par de cosas: una TV ya que a las seis de la tarde es de noche y las cosas que hacer en Yanque son pocas; y calefacción en la habitación pues en el Cañón del Colca hace mucho frío, y un calefactor no era suficiente para mantener cálida y cómoda la habitación, no quedaba más remedio que meterse en la cama si no querías congelarte fuera de ella.
A las ocho estábamos cenando, yo una rica trucha que me supo a gloria. Y en cuanto nos lavamos los dientes, ¡¡¡¡a la cama!!!! Al día siguiente nos esperaban los cóndores del Colca.

12 de junio

Empezamos el día con un madrugón de esos épicos. A las seis de la mañana ya estábamos desayunando a toda prisa porque teníamos que salir en media hora con el grupo. La primera para tuvo lugar en la plaza de Yanque, cerca del hotel. El sol empezaba a iluminar en cielo de un azul increíble, y las sombras en la plaza eran muy alargadas y se cruzaban una con otras en un plaza que a esa hora parecía una feria. Nos contaron que como es la primera parada de todos los grupos que salen hacia la Cruz del Condor, los vendedores saben que o están a esa hora o ya luego no vendrá nadie. Bailarines, vendedores de artesanía, señoras con sus trajes llenos de color acompañadas de halcones y llamas… Yo tenía tanto frío que las manos se me quedaban heladas y lo único que hubiera querido es comprar unos guantes. Pero tenía una misión: empezar con la entrega de “Tengo una foto para ti“. Varios viajeras me habían entregado fotos en España, eran de personas de Perú a las que habían sacado fotos y yo tenía que encontrar a esa gente y hacer entrega de fotos en algunos casos hechas seis años atrás, algunas precisamente en el Cañón del Colca.
Así que con mis manos congeladas y mostrando las fotos recorrí la plaza en busca de aquellas personas, y tuve suerte porque encontré a dos mujeres de las fotos. Primera prueba de la misión, ¡¡¡superada!!!

Cañón del Colca

En pocos minutos tuvimos que volver todos al bus para salir a la carretera del cañón del Colca que nos llevaría a ver a los cóndores. De camino hicimos algunas paradas, la primera en un mirador en el que a todos nos llamó más la atención la mini alpaca que estaba junto a su madre y su dueña dispuesta a posar para una foto (a cambio de una propina…. pero reconozco que di unos soles con agrado por haber podido acercarme tanto a la cría).

Cañón del Colca

Continuamos el viaje y paramos en Maca, un pequeño pueblo con una de esa blancas y grandes iglesias coloniales que salpican el valle del Colca. Dentro está prohibido hacer fotografías en casi todas, pero si se pueden visitar. Yo en cada una me sorprendía con las figuras de vírgenes y santos, tan parecidas a las de España y a la vez tan diferentes. Los ropajes mucho más coloridos y con iconografía distinta a la que estamos acostumbrados y sobre todo el pelo, largo y con tirabuzones me parecían más adecuados para una muñeca que para una imagen de un santo. Sin duda, la mezcla de culturas…
En la puerta de la iglesia había un señor con un águila andina preciosa. Arturo fue en el que en este caso el que no pudo resistirse a la foto, así que cogimos al animal sobre el brazo, y puedo decir que pesaba mucho más de lo que esperaba. Y además torpe de mi (Arturo dice que tengo mala mano con los animales), fui directa a tocar la cabeza del ave… y fue más rápida ella que yo, así que terminé con un picotazo de aviso en la mano.

Cañón del Colca, Maras

De nuevo en el bus, fuimos avanzando por una carretera cada vez en peor estado, por lo que se tarda mucho en recorrer pocos kilómetros. Pasadas las ocho de la mañana llegamos a un punto cercano a la Cruz del Condor, donde los que quisimos bajamos para hacer un recorrido andando hasta los miradores. Nosotros nos bajamos y la verdad es que disfrutamos de casi una hora de paseo al borde del cañón con unas preciosas vistas y el silencio como sonido de fondo. Vimos algunos cóndores planeando cerca pero por debajo del punto en el que estábamos.
Continuamos caminando hasta los miradores donde se agrupaba un montón de gente, con la esperanza de ver de cerca algún condor. Llegamos y parecía que no había ninguna corriente que animara a las aves a satisfacer nuestra curiosidad, el tiempo pasaba y tan solo pudimos verlas paradas sobre algunas rocas. La guía nos dijo que a las diez nos íbamos, el reloj corría y veíamos que nos teníamos que marchar sin la buena suerte de ver lo que queríamos: algún condor planeando cerca de nosotros y sobre el cañón.
Y justo, quince minutos antes de la hora, cuando ya pensábamos regresar al bus, allí estaban. Uno tras otros pasaban frente a nosotros, de repende vimos un grupo numeroso y no sabíamos a cual mirar. Como regalo de despedida pasó incluso uno planeando muy cerca sobre nuestras cabezas.
Reconozco que fue uno de los momentos más especiales del viaje, de esos que te ponen la piel de gallina cuando siente la sombra del gran ave sobre ti.

Cañón del Colca Cruz del Condor

Cañón del Colca Cruz del Condor

Cañón del Colca Cruz del Condor

Con muy buen sabor de boca salimos de allí para regresar  a Chivay y Yanque. Por el camino paramos en mirador desde el que se ve lo que realmente podría llamarse “cañón”, es decir, la zona donde el valle se cierra para dejar el curso del río Colca en un estrecho camino entre montañas.
En ese mirador, como no, había un buen número de vendedoras de artesanía y pude hacer entrega de otra de las fotos que llevaba. La señora que salía en la foto no estaba en ese momento, pues me explicaron que se turnan en los días que acuden a poner sus puestos, que un día van unas señoras y otros días otras. Pero se ofrecieron sin problema a entregar la foto que llevaba y me dijeron que el niño que salía en la foto con su madre ya tenía 9 años.

Cañón del Colca

Cerca de las doce de la mañana nos dejaron en la plaza de Yanque.. Teníamos el día libre y lo primero que hicimos fue sentarnos en un bar de la plaza, en la única mesa al sol y tomarnos algo. Arturo se decantó por la cerveza y yo por probar la Inca Cola, esa bebida amarilla dulzona con sabor a caramelo multifrutas (por intentar sacarla sabor a algo). Disfrutamos durante un rato largo de no hacer nada, solamente mirando a la gente pasar, viendo a los combis llegar y marchar…. Es de esos momentos que te sirven para desconectar y relajarte del ajetreo del viaje.
Pensamos en dar un paseo a caballo, pero cuando fuimos al hotel a preguntar no tenían nada disponible, así que nos sentamos al sol a leer un rato. El silencio de la montaña nos envolvía y se estaba muy bien, pero algo había que hacer antes de la noche, así que nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, que es de todo menos bonito, la verdad, y terminamos paseando por su cementerio lleno de cruces y flores de papel. Entramos en un parque con columpios y una campo de futbol y yo estuve jugando con unas niñas a saltar y hacer carreras. Ni que decir tiene como terminó mi cuerpo, de verdad que lo de altura hay que vivirlo para entenderlo. De regreso a la plaza nos cruzamos con un grupo de llamas y sus dueños que regresaban a casa al caer la tarde.
Una cerveza más en la plaza del pueblo, una rica cena, y a dormir hasta la mañana siguiente.

Cañón del Colca

13 de junio

Después de un buen desayuno habíamos reservado para montar a caballo un par de horas. Y la verdad, maldita la hora. Al principio iba feliz, mirando a todas partes y pidiendo parar para hacer fotos. Pero según iba pasando el tiempo solamente pensaba en acabar ese suplicio. Me dolía el trasero muchísimo, las cinchas me las habían dejado tan cortas que llevaba las piernas encogidas, y encima se les ocurrió ponerse al trote. Yo parecía un saco de patatas, con cada paso del animal me molestaba más…. En fin, que el paseo muy bonito pero si lo hubiera hecho andando fijo que hasta lo hubiera disfrutado.

Cañon del Colca

Regresamos al hotel y yo estaba tan dolorida que pensaba que no podría volver a sentarme en una semana…. Pero los males nunca son tan terribles como pensamos, así que cuando un coche vino a buscarnos para llevamos hasta Chivay y reunirnos con el grupo que iba a salir rumbo a Arequipa, casi agradecí poder descansar en un asiento cómodo aunque fueran pocos minutos.
Aunque nosotros íbamos hacia Puno, saldríamos de Chivay en un bus que pararía en Pataguas y allí tendríamos que cambiar a otro que ya nos llevaría a la ciudad junto al lago Titicaca.
En Chivay tuvimos tiempo de dar una vuelta por la ciudad, ver su iglesia y visitar su mercado antes de emprender ruta.

Cañón del Colca Chivay

A la una y media abandonamos la ciudad más turística del cañón del Colca dejando atrás uno de los lugares más conocidos de Perú.
Nos esperaba el lago Titicaca.

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