Geisha Maiko Henshin

Visitar Kioto y convertirse en geisha por un día

Durante nuestro viaje a Japón sería mi cumpleaños, y le dije a Arturo que si el regalo podría ser vestirme de geisha. Me dijo que si, e inmediatamente me puse a buscar en internet posibilidades para ello. La primera conclusión a la que llegué fue que Kioto era el lugar perfecto, pues era donde más estudios dedicados a ello había. La segunda fue que era algo caro. Pero como era un regalo y Arturo no le pareció mal, seguí adelante con la idea.

Después de buscar y comparar me decidí por el Maiko-henshin Studio Shiki. Tienen dos locales diferentes, y yo elegí el que está más cerca del templo Kiyomizu-dera. Todo lo que tuve que hacer desde España fue ponerme en contacto con ellos vía mail y concretar fecha, hora y el plan que quería de entre los que ofertaban. Elegí una fecha pero posteriormente decidí que me cuadraba más un día diferente, de modo que volví a escribirles indicando que quería modificar el día y no me pusieron ningún problema: me esperaban el 11 de octubre a las tres de la tarde. Así que llegado el momento acudimos al estudio, yo entre nerviosa y emocionada. Acababa de ver a tres chicas japonesas en la calle convertidas en geishas y no sabía si mi apariencia final sería tan siquiera aproximada a la de una maiko real.

Una vez en el interior del estudio me identifiqué y enseguida me atendieron. Me explicaron en un inglés sencillo y claro lo que tenía que hacer antes de empezar con la transformación, y me dijeron que debía comprar los típicos calcetines blancos imprescindibles para poder calzar sandalias de dedo por 390 yenes. Ya iba avisada de ello, de modo que no me llamó la atención. Intentaron convencer a Arturo para que el se vistiera de samurai, pero tenía muy claro que no, y como había visto una especie de café muy cerca dijo que él se iba allí. Le dijeron que regresara como en hora y cuarto pues yo ya estaría preparada.

Cuando él se marchó me dieron mis calcetines y una bata blanca, y me indicaron que subiera a la última planta y que dejara todas mis cosas en una taquilla con llave, incluidas pulseras, anillos y pendientes. Así que subí las empinadas escaleras hasta la zona de tocador donde había un montón de chicas desmaquillándose después de la experiencia de verse convertidas en geisha. Una vez en bata y calcetines (si, sexy hasta decir basta) bajé a la zona de maquillaje. Y empezó la transformación.

Empieza la transformación en maiko

Con una redecilla retiraron todo mi pelo en un un recogido y me pidieron que cerrara los ojos. Yo notaba como iban aplicando productos sobre mi rostro: primero limpiar, luego una crema para fijar los demás productos y a continuación con una brocha, el maquillaje blanco. Cuando volví a abrir los ojos mi cara no era mi cara: era una careta blanca sin cejas ni labios, todo era uniforme. No sabía si reir o llorar, porque la pinta entre tanta blancura y verme sin pelo era tremenda… Menos mal que el proceso de maquillaje siguió: raya negra en los ojos, máscara en pestañas, toque rojo en el borde de los ojos…

Lo mejor de todo fue volver a ver aparecer mis cejas poco a poco debajo de aquella cobertura blanca. La chica que me maquillaba iba cepillando y dando forma hasta que como dos alas de golondrina, de nuevo sobre mis ojos estaban mis cejas como recién depiladas. Vamos, que tengo que confesar que nunca habían estado tan perfectas. Y por último, los labios. Sobre ellos aplicaron con un pincel una especie de tinte rojo que me manchó hasta los dientes, pues pintan todo el labio, no solo el exterior.

Así que con cara de maiko (occidental, eso si) me acompañaron a la sala de peluquería donde una gran pared estaba cubierta de espejos y otra de pequeño armarios dentro de cada cual había una peluca. Otra chica me tomo la medida de la cabeza con sus manos y abrió un armarito del que sacó una peluca increible. Me la colocó en un momento, la peinó un poco para dejarla perfecta y ya estaba lista para vestirme, así que me llevaron al “armario”, que era otra sala con un lateral lleno de fantásticos trajes.

Eligiendo el kimono

Había tantos y de tantos colores y estampados que me sentí un poco agobiada. No sabia cual elegir, y yo que soy libra tuve en ese momento una crisis de indecisión. Eliminé varios de golpe, pero de repente ya no sabía cual me gustaba más, cual me sentaría mejor, cual sería más adecuado para una geisha en una tarde de otoño… Así que me decidí por uno que me pareció a la vez discreto y muy elegante. Y con él fuimos a la sala donde me iban a vestir.

Maiko henshin

Era un gran espacio y me situaron en el centro para empezar a ponerme montones de cosas sobre la bata blanca que me habían entregado al comienzo de todo. Cinturones, faldas, telas cruzadas sobre el pecho, piezas escondidas en el escote… Fue todo muy rápido, tanto que cuando me di cuenta estaba metida en aquel fantástico atuendo y veía en el espejo a una persona que no era yo. Tan solo me empecé a reconocer al sonreir, entonces recuperé parte de mi gesto y supe que la que me miraba desde aquel espejo no era otra que la versión maiko de Cristina.

Faltaban unas flores en el pelo, que cuando me las pusieron pensé que jamás hubiera elegido ese tono para ese kimono, pero casi ninguna de las chicas que me rodeaban hablaba inglés, y estaban demasiado emocionadas aplaudiendo y diciendo que estaba perfecta como para incordiarlas con el color de unas flores.

Geisha y modelo

Lista para la sesión de fotos, bajamos a la planta baja donde me encontré con Arturo…¡¡¡y no me conoció hasta que no le hable!!! Fue muy divertido, me miraba sorprendido y encantado. Antes de salir me tenía que poner las sandalias, y al verlas pensé que me mataría al primer paso, y además me quedaban cortas, pero no había nada más grande (y yo tampoco tengo un pie enorme, pero es lo que había…)

Enseguida vino la fotógrafa a por mi, y al verme me dijo que tenía que llevar escalera para las fotos, porque yo era muy alta y ella muy bajita. Así que con todos los aperos para el reportaje, nos fuimos a las calles de Kioto que servirían de telón de fondo para mis fotos como geisha, o más bien, como maiko. Y para mi sorpresa, caminar sobre aquellos zancos resultó mucho más sencillo de lo que yo pensaba, parecía sin más una extensión de mi pierna sobre la que caminaba con mucha facilidad.

Maiko henshin

Arturo se mantuvo todo el tiempo a cierta distancia, por lo que íbamos andando la fotográfa y yo al principio por rincones solitarios, pero poco a poco fue apareciendo gente y muchos me miraban sorprendidos, creo que incluso dudaban si sería realmente una maiko o no. Mucha gente no sabe que existe la posibilidad de vestirse de geisha, por lo que la duda es razonable, sobre todo si te ven de lejos y no distinguen bien el rosto. Además Arturo decía que estaba tan metida en el papel que si él no hubiera sabido quien era también hubiera creído que era una aunténtica maiko.

Las fotos me las hacía en lugares con mucho encanto y teniendo en cuenta el fondo, las flores y la luz. La verdad es que algunas quedaron realmente bonitas, y posar para ellas fue divertido.

La fotógrafa me hizo fotos durante una media hora, y en un par de veces me dijo que no podía sonreir, porque si lo hacía se me veían los dientes amarillos comparados con el blanco de la cara. Así que con la boquita cerrada fui posando tal y como ella me pedía para cada foto: mira aquí, sube la cara, gira el pie….

Paseo como maiko por las calles de Kioto

Acabada la parte de poses con la fotógrafa del estudio, nos quedaba por delante media hora a Arturo y a mi para pasear y hacer más fotos. Me recordaron que no podía comer, beber ni fumar con el traje puesto, porque “el que rompe paga”. Así que nos fuimos caminando por las calles que rodeaban el estudio mientras yo iba parando y posando ahora para Arturo.

Durante nuestro paseo los turistas y algunos japoneses me hacían fotos y comentaban entre ellos la aparición de una geisha donde menos se lo esperaban, jajajajaja. Incluso un par de chicas vestidas con yukata me pidieron hacerse una foto conmigo. Todo resultaba divertido sobre todo visto desde esa altura: con los zancos debía sobrapasar el 180 de altura seguro.

Maiko henshin

Cuando aún nos quedaban unos diez minutos para regresar, le dije a Arturo que ya no aguantaba más, la presión de la peluca empezaba a ser insoportable. Es una pieza pesada y voluminosa, evidentemente debe ir bien ajustada para evitar que se mueva, pero la zona de las sienes después de casi una hora empieza a molestar de verdad. De modo que regresamos al estudio a donde llegue con cierta mala cara, pues la molestia aumentaba por momentos.

Maiko henshin

Fin de mi día como geisha

Una vez dentro del estudio tardaron poquísimo en volver a dejarme en bata. Lo primero que me quitaron fue la peluca y después en el vestidor empezaron a quitar pieza a pieza cada una de las que me habían colocado. Ya solamente quedaba recuperar mi cara, y para ello en el tocador de la planta alta encontré todo lo necesario: aceites, desmaquillantes, cremas hidratantes, toallas y secador por si alguien necesita peinarse.

Antes de abandonar el estudio y pagar (16000 yenes nos costó la experiencia) me entregaron un cd con todas las fotos y un mini album con una selección de ellas.

Y eso fue todo, había pasado una horas increíbles convertida en una auténtica geisha japonesa. Claro, por fuera… el mundo de las geishas requiere años de preparación como para que en tres horas puedas ser una de ellas, y sin duda, merece un artículo aparte.

Espero que os haya gustado la historia y os animéis a vivir el la experiencia maiko hensin. Aquí os dejo los datos del estudio al que yo acudí en Kioto:

Maiko-Henshin Studio Shiki

E-mail: shiki-honten@maiko-henshin.com

 

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