Taj Mahal

El Taj Mahal y yo, tres veces frente a frente

Lo sé, soy afortunada. Por triplicado. Poder decir que he podido visitar el Taj Mahal en tres ocasiones es algo que aún me sorprende. Cuando viajé a India por primera vez uno de los lugares que quería visitar era el Taj Mahal. Cuando regresé a es país no podía dejar que mi pareja se fuera sin verlo. Y cuando viajé a Agra por tercera vez con amigas, tenía que compartir con ellas ese momento. Cada una de esas veces ha dejado un recuerdo diferente en mi memoria. Un mismo lugar, la misma persona, tres momentos distintos.

El Taj Mahal, icono de India

Creo que el Taj Mahal es la tumba más hermosa del mundo. Es tan bella y tan delicada que más parece un palacio que un lugar para enterrar a la persona que amas. Es el monumento de India que todo el mundo quiere conocer. Y yo puedo sentirme dichosa por haberlo visitado en tres ocasiones.

El Taj Mahal

Mi primera vez en el Taj Mahal

Recuerdo aquella primera vez como algo muy lejano y casi con la sensación de algo que vivió otra persona. Era un mes de mayo. Hacía mucho calor. El cielo azul que esperaba ver tras la blanca silueta del Taj Mahal era blanco, de aspecto denso y húmedo. Costaba trabajo caminar y casi respirar. Con calor o sin él yo estaba allí. El Taj Mahal me había hecho soñar durante mucho tiempo con un viaje por tierras indias. Intento rememorar ese día. Sobre todo recuerdo el calor y la presencia de una edificio que no me parecía real y por el que casi pasé de refilón.

El suelo quemaba bajo mis pies descalzos. Las mujeres se protegían con sus saris del sol que se filtraba entre esa capa de algo que más que nubes parecía un cúmulo de contaminación y humedad. Y yo contemplaba la más famosa tumba del mundo como algo etéreo. Un edificio que me parecía visión, no terminaba de creer que estaba allí. Estaba contenta pero ese día el Taj Mahal no me trasmitió nada especial. Era poco más que la imagen que ya había visto en tantos reportajes. Me dejé llevar y no insistí en pasar allí más tiempo del que me dejaron, sé que no miré atrás cuando abandoné el recinto, sé que me fui de allí sin haber aprovechado una oportunidad que no todo el mundo tiene.

La suerte de regresar al Taj Mahal

La segunda vez que estuve frente a la tumba de Mumtaz Mahal sabía que iba a ver con otros ojos el Taj Mahal. Unos ojos con más mundo tras ellos, más relajados, más acostumbrados a ir más allá de la superficie de las cosas. Esta vez era octubre, no hacía tanto calor y me levanté muy temprano ante la promesa de que la tumba de Sha Jahan y su esposa luce especialmente bella al amanecer. Pero nadie había pronosticado que esa mañana llovería y que mi llegada al Taj estaría empañada por un cielo gris y una ligera niebla que llegaba del cercano río Yamuna. De nuevo me sentía ante una especie de espejismo, un lugar que se elevaba frente a mi como algo etéreo.

El Taj Mahal

Pero esta vez no iba a permitir abandonar el lugar sin más. Me acerqué despacio a la tumba de mármol, contemplando su silueta que poco a poco se iba abriendo paso entre la neblina. Me descalcé y ascendí a la plataforma de mármol blanco. Y fue ese momento en el que sentí por primera vez un nudo en el pecho y agua en los ojos. Me acerqué con respeto y algo de veneración a las paredes talladas para tocarlas despacio, para sentir la suavidad de la piedra, su frescor, su rugosidad allá donde el mármol daba paso a las piedras en él incrustadas. Fue entonces cuando el aire cambio.

La tumba más hermosa del mundo

Empezó a oler de eso modo que precede a las tormentas y antes de que me diera tiempo a ponerme bajo techo comenzó a llover sobre la tumba y sus jardines. La gente corría hacia la salida o al interior de la tumba, pero yo me fui a la mezquita del recinto. Me senté en el suelo frente a ese lugar único que estaba allí solamente para mis ojos, nadie había entre el y yo. Cuando paró la lluvia paseé sobre los charcos, recorrí el perímetro del Taj, entré a rendir homenaje al hombre que regaló a la Humanidad esta obra de arte y a la mujer que lo inspiró.

Luego me marché mientras tímidamente el sol iba apareciendo entre las nubes. Antes de salir de allí me giré una y otra vez para despedirme de ese lugar que hacía tanto tiempo me había animado a conocer India. Sabía que esta vez me llevaba el trabajo bien hecho, que esta vez había hecho lo que aquella primera no hice: sentir, emocionarme, sorprenderme, observar y disfrutar al saber lo afortunada que era por haber podido regresar allí.

¿Mi última vez en el Taj Mahal?

La tercera vez que paseé por los jardines del Taj Mahal era noviembre. Lucia el sol y el cielo estaba azul… ¿Madrugar? ¿Para qué? Mejor desayunar tranquilamente para disponer de todo el tiempo para estar ante la tumba más bella de Agra. Llegué allí con la sensación del que cree que lo tiene todo visto. Y aprendí que eso nunca es verdad. Esta vez me encontré boquiabierta ante esa imagen blanca que contrastaba con el cielo azul. Los jardines que la preceden lucían verdes y cuidados.

El Taj Mahal

Esta vez estaba ante la imagen que quería haber visto aquella primera vez y que el tiempo había tardado en regalarme casi quince años. Me senté en un banco apartado a mirar. Sin más. Estaba frente a uno de los lugares más bellos y perfectos que pueda uno imaginar. Me bastaba con verlo allí sentada. Sentir el murmullo de las voces de los visitantes a cierta distancia. Contemplar los brillantes saris de colores de las mujeres al pasar ante la mole blanca. Oler la hierba recién cortada. Y pensaba que tenía una fortuna inmensa. Tres veces. Allí. Y está última sabiendo que ahora el sueño se había convertido en realidad.

Lo que debes saber si vas a visitar el Taj Mahal

  • Se paga entrada, con ella te darán unos calzos y una botella de agua. No podrás entrar al recinto con ningún otro líquido ni comida.
  • Antes de acceder revisan bolsas y no permiten acceder con mochilas de gran tamaño.
  • Los viernes está cerrado.
  • Hay visitas las noches de luna llena.
  • No se puede llegar a su puerta en coche, o se hace andando en un rickshaw.
  • Si no quieres pagar por entrar a verlo, desde la orilla opuesta del Yamuna puedes disfrutar de una buena vista de la tumba, sobre todo al atardecer, pero llegar allí y no entrar a ver el Taj Mahal es casi un delito.
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Comentarios (08)

    1. He leído comentarios de gente que ha ido hasta India y no ha entrado al Taj Mahal porque les pareció muy cara la entrada. Así que cuando te llegue el momento no te conformes con verlo desde el horizonte y disfrutar de este lugar único desde todos los ángulos.

  1. Que lindo post, me encanta la sinceridad con la que nos relatas tus experiencias, sin duda una gran fortuna el poder verlo ya tres veces, como viajeros evolucionamos y es fantástico como un mismo lugar nos hace sentir cosas completamente distintas. Saludos

    1. Viajar más de una vez a un mismo lugar nos hacer darnos cuentas de como cambiamos, de lo que hemos aprendido y de como somos capaces de ver con nuevos ojos el mismo rincón del mundo 😉

  2. Que bonitas palabras para el que es uno de los lugares más míticos por los viajeros. y con razón. Y te envidio el poder haber visitado el Taj Mahal hasta en tres ocasiones!
    Es curioso como cambian las sensaciones de un mismo lugar según el clima del día.

    1. Cada vez que he regresado a un lugar las sensaciones han sido diferentes. Pero creo que se debe sobre todo a como he cambiado yo a lo largo del tiempo 😉

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