La antigua Ceilán, la isla a la que los navegantes árabes bautizaron como Serendib, que quiere decir algo así como descubrimiento inesperado de algo especialmente bello. Y es que Sri Lanka encierra en su pequeña superficie la belleza de templos, montañas y paisajes exuberantes. Tiene un rincón para cada viajero, ya busque este cultura, naturaleza o playa. Su pequeño tamaño hace que sea posible recorrer buena parte del país en no demasiado tiempo. De modo que si estáis pensando viajar a esta isla asiática, os dejo esta guía de viaje a Sri Lanka que seguramente os sea de ayuda.
Patan es una de esas ciudades medievales alrededor de Katmandú que merece al menos pasar un día en ella. O aún mejor, pasar un par de días y noches. Eso da la oportunidad de recorrer toda la parte antigua de la ciudad, conocer sus templos y monumentos menos conocidos e incluso descubrir a la kumari de Patan sentada en su pequeño trono esperando la visita de fieles y curiosos. Si decides hacer alguna noche fuera de la capital de Nepal, sin duda esta ciudad puede ser una buena opción y al elegir alojamiento yo te recomiendo sin dudar el Newa Chen, el pequeño hotel boutique que nosotros elegimos para pasar un par de noches en Patan.
Newa Chen es una tradional casa newari ubicada a pocos metros de la Durbar Square de Patan, el lugar más destacado de la ciudad. Construida en ladrillo y madera cuenta con tres alas edificadas alrededor de un patio al que se asoman algunas de esas preciosas ventanas talladas tan características del Valle de Katmandú. Tras ellas, estancias de diferentes tamaños ofrecen un peculiar alojamiento a los huéspedes. Algunas habitaciones dan a la calle principal, yo sin duda y después de mi experiencia en el Newa Chen recomendaría elegir una que se abra exclusivamente al interior o a las calles laterales, la calle es ruidosa y la vida en Patan comienza temprano, por lo que es complicado permanecer tranquilamente en la cama ajeno a lo que pasa fuera.

Tras cruzar el umbral de la casa y una vez dentro del Newa Chen la sensación es genial, desde el recibimiento del personal hasta el ambiente de la casa son excepcionales. Todo está limpio y ordenado, los muebles que decoran las distintas estancias son en muchos casos antigüedades que consiguen crear el ambiente perfecto dentro del hotel. En la planta baja además de la recepción y el patio están también las oficinas y la cocina, así como la escalera que lleva a las dos plantas superiores en las que están las zonas comunes como salones o sala de internet, y también las distintas habitaciones.

Al hacer la reserva en el Newa Chen, pudimos elegir la habitación que más nos gustaba: las hay grandes con sala de estar, interiores, que dan a la calle, con o sin baño… Nosotros nos quedamos una muy amplia (la marcada en azul en el plano de arriba) en la que teníamos una gran cama situada directamente sobre el suelo, nuestro propio baño y una agradable zona de estar donde teníamos frutas y agua, todo con ventanas al patio interior y a una calle lateral por la que realmente no llegaba mucho ruido al estar menos transitada.
Nos encantó alojarnos allí, casi todo era cómodo, excepto la ducha pues al ser el techo del baño algo bajo y nosotros altos casi no cabíamos bajo el chorro del agua. Aparte de eso, todo son buenas palabras para nuestro dormitorio, desde la tranquilidad a la limpieza.
El desayuno se ofrecía en la época que visitamos el Newa Chen en el patio, cada día te daban una pequeña carta para que eligieras lo que te apetecía comer. Todo llegaba recién hecho a la mesa y podías disfrutar junto al jardín y la biblioteca que había allí de una desayuno de estilo nepalí, continental o inglés.
En cuanto al precio del Newa Chen la verdad es que puede resultar elevado si pensamos que estamos en Nepal, pero pagar unos 50 dólares por la habitación doble con desayuno incluido no me parece una gasto exagerado cuando lo que ofrecen es un alojamiento tan singular y cuidado como este. Así que si decidís pernoctar en Patan, recordad este lugar, seguro que os lleváis un grato recuerdo de vuestra estancia.
NEWA CHEN
Página web: www.newachen.com
Dirección: Kulimha, Kobahal – 9, Lalitpur (Patan), Kathmandu, Nepal.
Contacto: reservation@newachen.com
De norte a sur India cuenta con cientos de lugares que uno quisiera visitar, pero dado el tamaño del país raro será que alguien pueda conocerlos todos. Yo he viajado cuatro veces al subcontinente indio y he conocido ciudades abandonadas, magníficas tumbas, templos impresionantes, palacios de cuento de hadas,…. Conociendo un buen número de lugares he creado esta lista con los que para mi son los más destacados monumentos de la India, algunos de ellos la mayoría de vosotros los habéis visto en fotos o documentales, pero de otros es posible que no hayáis oído ni hablar. Así que tomad nota para no pasarlos por alto si en vuestra mente está visitar India en algún momento.
Monumentos de la India
Taj Mahal – Agra (Uttar Pradesh)
Sin duda se trata de la tumba más famosa del mundo y el más destacado de los monumentos de India. Construida por el emperador Sha Jahan para su esposa, cuenta una “leyenda” que su intención era construir una réplica al otro lado del río Yamuna como sepultura para el mismo, pero su hijo Aurangazeb le arrebató el poder y le encerró en el fuerte rojo de Agra, dejando al mundo si una segunda y majestuosa tumba a orillas del Yamuna. A su muerte, Sha Jahan fue enterrado junto a su esposa, siendo la tumba del emperador el único elemento asimétrico en el recinto del Taj Mahal.

Fuerte Mehrangarh – Jodhpur (Rajastán)
Desde el exterior Mehrangarh se ve como una fortaleza dominando la ciudad azul, pero una vez dentro patios, celosías y salones dejan boquiabierto al visitante por su majestuosidad y profusa decoración palaciega.

Templo de Meenakshi Amman – Madurai (Tamil Nadu)
Se trata de uno de los más famosos y visitados templos de Tamil Nadu. Sus altos gopuram están llenos de esculturas pintadas de alegres colores y dan acceso al patio que rodea el templo y en el que los fieles acuden son ofrendas o para que los sacerdotes les bendigan en alguna ocasión señalada.

Templos de Khajuraho (Madhya Pradesh)
Conocidos por su esculturas eróticas que sobrevivieron a la destrucción mogol, este conjunto de templos hundúes es el mayor de India y forma parte del Patrimonio de la Humanidad.

City Palace – Udaipur (Rajastán)
Un palacio de cuento de hadas a la orilla de un lago donde sus dos islas albergan más palacios. Con jardines incluso en los pisos más altos este palacio muestra la suntuosa vida de los maharajas en este conjunto de palacios que es el más grande de Rajastán y uno de los más destacados monumentos de la India.

Tumba de Humayun – Delhi
En el corazón de Delhi este es uno de los monumentos de la India más visitados en la capital del país. Precursora del Taj Mahal, la tumba está ubicada en el centro de un típico jardín persa y en ella está enterrado el segundo emperador mogol.

Palacio de los vientos – Jaipur (Rajastán)
El Palacio de los Vientos no es más que una fachada que daba la posibilidad a la mujeres que vivían recluidas en la zenana de observar lo que pasaba en las calles de la ciudad sin ser vistas. Fácilmente reconocible por su tono rosado, este palacio es el símbolo de Jaipur y aparece como icono de Rajastán en muchos folletos de viajes.

Fuerte rojo – Agra (Uttar Pradesh)
La otra visita fundamental en Agra. Jardines, miradores, la zenana o incluso una mezquita de mármol se esconden detrás de los rojos muros de este lugar construido junto al río Yamuna y desde el que se puede observar el Taj Mahal.

Palacio de Mysore (Karnataka)
Este palacio aún está habitado hoy en día aunque el visitante puede recorrer descalzo parte de las espectaculares estancias de este lugar que mezcla el gusto occidental y oriental. Además se pueden recorrer sus jardines y disfrutar los fines de semana del encendido de las bombillas que convierte el palacio en un lugar mágico.

Templo Sri Ranganathaswamy – Trichy (Tamil Nadu)
Es el templo más grande de India y uno de los mayores del mundo. Sus muros acogen dentro tiendas, casas de reposo para el peregrino, santuarios… No hay que dejar de subir a su tejado para observar desde lo alto los gopuram y vimanas y de uno de más impresionantes monumentos de la India.

Templo de Ranakpur – Rajastán
Perdido en mitad de la nada en un remoto y profundo valle este templo jainí de mármol blanco deja sorprendido al visitante con ese bosque de bellas columnas talladas que hacen del lugar uno de los más bellos y delicados monumentos de la India.

Si conoces India, ¿nos cuentas cuál de sus monumentos crees que debería estar en esta lista?
Hasta que me puse a organizar nuestro viaje por Corea del Sur no me había oído el nombre de esta ciudad ni sabía nada sobre los lugares que ver en Busan. Descubrí entre otras cosas que Busan es la ciudad con el mayor puerto del país, que su población de casi tres millones y medio de personas y que una de sus playas se cuenta entre las más atractivas de Corea del Sur. Aún así, dudé durante bastante tiempo sobre si incluir este lugar en nuestra ruta o no, tenía que cuadrar muchas cosas y sobre todo tener en cuenta que atractivos me ofrecía Busan para ser merecedora de pasar al menos un par de días en ella.
Muchos son los viajeros que van a Indonesia para conocer Bali, Lombok o Borneo. Pero un alto porcentaje olvida en su periplo la maravillosa isla de Java, un lugar muy diferente a su vecina y espiritual Bali, pero con lugares que sin duda podemos contar entre los más impresionantes del archipiélago indonesio e incluso de Asia.
Durante el último de mis viajes a Rajastán tuve un par de experiencias divertidas e inesperadas que difícilmente olvidaré. En ambas hay una mujer gitana relaciona, una gipsy de India, y es que los gitanos en Rajastán forman parte del paisaje, sobre todo las mujeres, a las que es muy fácil distinguir por la ropa y joyas que lucen. Un gipsy viste faldas, cholis, pañuelos, cientos de pulseras, anillos o pendientes, pero nunca la verás con un sarí.
Lo que ocurrió en ambas ocasiones fue que terminé bailando, allí, en India, con esa libertad que te da saber que nadie te conoce y que se haces el ridículo poco importa. Os cuento cómo pasó todo…
¿Os imagináis dormir en el palacio de un maharajá? Pues eso hicimos mis amigas y yo la noche que pasamos en Bikaner durante nuestro viaje por el norte de India. Y no contentas con alojarnos allí decidimos que era el lugar perfecto para la primera cena en condiciones que tendríamos la suerte de disfrutar en India. Así que tras un agotador día nos dimos una buena ducha y bajamos a cenar. Nos comentaron que la cena era buffet, a un lado para los occidentales con platos poco picantes y al otro para los indios con platos muy picantes. Cenamos y bebimos mientras en ese maravilloso patio un grupo de gitanos de la zona tocaban sus instrumentos mientras una joven gipsy bailaba al ritmo de la música. Una de las veces que me levante a llenar mi plato me quedé mirando y la chica se acercó a mi que estaba con una amiga y nos invitó a bailar con ella. Sin ninguna vergüenza nos unimos a esa gipsy y bailamos encantadas como nos pedía el cuerpo. Volvimos a nuestra mesa… y en pocos minutos vi que estaba rodeada del personal del hotel que me miraba ensimismado diciendo que había bailado muy bien. No fue suficiente eso cuando por detrás vi que TODOS los indios que había cenando allí en el restaurante se levantaban y en fila iban pasando a mi lado para darme la mano y felicitarme, me preguntaban de donde era, que si mi familia era india, me alababan por mi baile. Yo la verdad es que estaba entre encantada y cohibida… no entendía nada, ¿realmente había bailado tan bien?

Unos días más tarde, una soleada mañana de noviembre mis amigas y yo llegamos hasta el fascinante Mehrangarh, el fuerte de Jodhpur. Todas comenzamos el recorrido con nuestras audioguías colgadas al cuello, pendientes de no perder detalle de lo que el interior de aquellos muros nos iba ofreciendo. Desde las vistas, los patios, las puertas o las manos sati todo llamaba la atención de cada una de nosotras. Poco a poco nos empezamos a separar y yo terminé sola con una de mis amigas, ambas recorriendo el fuerte a un ritmo más lento que el resto. Nos parábamos, charlábamos con la gente que trabajaba en el fuerte, hacíamos fotos, nos sentábamos a contemplar lo que ese lugar único nos ofrecía.
Así fuimos pasando por salones repletos de pinturas, de espejos y de algunos objetos que mostraban la forma de vida de los antiguos Mewares que habitaron esos palacios y estancias. Uno tras otro íbamos dejando atrás esos patios a los que se abren las celosías desde las que la mujeres podían ver lo que ocurría a sus pies. Y cuando llegamos al último patio allí había un grupo de gitanos bellamente ataviados, dispuestos a tocar los instrumentos que les acompañaban mientras cuatro bailarinas vestidas con amplias faldas decoradas con espejos y cintas de colores se disponían a bailar. A mi amiga y a mi nos encanta el baile, así que nos sentamos a disfrutar de lo que nos iban a ofrecer…. La música y el baile eran envolventes, mágicos, seductores… Estaba disfrutando de lo lindo cuando una de esas mujeres gipsy me miró fijamente, se acercó a mi y me invitó a bailar con ellas. Yo no salía de mi asombro, no estaba haciendo ningún gesto, nada. Sencillamente estaba sentada allí mirando con atención… y tres minutos después estaba en el centro del patio rodeada por aquellas gitanas y dispuesta a compartir “escenario” con ellas. Pensé “déjate llevar y baila”. Eso hice, sentir la música, mover los brazos, las caderas, girar, vibrar al ritmo del sitar y los platillos que los hombre tocaban para nosotras. No se cuanto duró aquello, solo recuerdo que cuando la música paró estaba agotada, que las gitanas me rodearon para decirme que era una gran bailarina…. y lo siguiente fue estar sentada junto a amiga con una fila de indios delante de mi que no paraban de hacerme fotos, de preguntarme de donde era, de felicitarme porque bailaba tan bien como una mujer gipsy india. Yo estaba avergonzada, intentaba decir a todos que tenían que felicitar a las bailarinas, no a mi… pero ellas me miraban, me sonreían y aplaudían mi éxito.

Siento no tener fotos de aquellos momentos, pero parece que a ninguna de mis amigas se las ocurrió sacar la cámara, aunque lo que de verdad importa es que tengo el recuerdo de un momento único que me hizo sentir un poco especial, un poco india, un poco gitana….
