En la provincia de la bonita ciudad de Évora, en el Alentejo portugués, hay tres localidades conocidas cómo “las ciudades de mármol”. Son Borba, Estremoz y Vila Viçosa. La razón de este nombre es fácil de entender: basta ver las canteras de esa roca en los alrededores de esas localidades y los edificios de mármol en sus calles.
Si te gustan los parques temáticos, el sentir esa adrenalina al montar en una atracción, los espectáculos musicales con personajes de película, bailes y comidas que te transportan a paraísos exóticos o vivir un trepidante show ambientado en el lejano Oeste, hay lugares que no te puedes perder y que hay que visitar al menos una vez en la vida.
El Monte del Pardo, uno de los bosques mediterráneos mejor conservados de Europa, forma parte del Patrimonio Nacional. Es un pulmón junto a la capital y es allí donde se ubica la Quinta del Duque de Arco, con un pequeño palacio y unos bellos jardines barrocos, todo ello rodeado por la flora típica de ese monte madrileño.
Navalcarnero es uno de esos pueblos bonitos cerca de Madrid. Una localidad con gran tradición vinícola y con una historia ligada a bodas reales y a la ciudad de Segovia. Este pueblo es un buen lugar para disfrutar de una escapada para alejarse de la capital y comer bien. Pero sin olvidarse de los lugares que ver en Navalcarnero y que acercan al visitante a la vida de ayer y de hoy en la localidad.
El centro histórico de la ciudad de Romeo y Julieta está lleno de todo tipo de locales en los que saciar el hambre y la sed. Cafés, enotecas, locales de cadenas internacionales llenas las calles. Sin tener referencias es complicado elegir entre tantos restaurantes en Verona. Yo os voy a dejar aquí algunas recomendaciones para facilitaros la búsqueda a la hora de llenar el estómago.
Al norte de la capital, en el barrio Alameda de Osuna, se puede visitar uno de los jardines históricos más bonitos de Madrid. El Parque del Capricho es un lugar perfecto para acercarse a un recinto en que las zonas ajardinadas conviven con diferentes construcciones del siglo XIX. Un rincón perfecto en el que pasar la mañana del sábado o el domingo.
