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ExperienciasIndia

La chica que soñaba con un país llamado India

por Cristina 17/05/2016
País llamado India

Había una vez una joven que soñaba con viajar a India. Soñaba con ello y finalmente pudo conocer aquel país que estaba en la lista de sus deseos. Una vez allí se sintió sorprendida e intimidada a partes iguales, nunca había estado en un lugar ni remotamente parecido a aquel en el que la gente caminaba descalza por carreteras y ciudades, en el que los enfermos no estaban en hospitales si no en la calle y donde los niños corrían por cualquier lugar llenos de mocos sin que nadie se ocupara de ellos; jamás se había sentido tan observada por como vestía, como se movía o por las cosas que hacía. Miraba muchas veces desde la ventana de su hotel las calles de aquellas ciudades cuyos árboles en lugar de tener gorriones como los de su ciudad tenían buitres apostados en sus ramas, y entonces se preguntaba que hacía allí en lugar de paseando por cualquier lugar de aquel a la vez exótico y terrible país. Pero se quedaba detrás de la ventana, dentro del coche, en un rincón tranquilo del tren… y sentía que estaba dejando pasar de largo algo único. Regresó a casa con la certeza de que volvería a aquel país llamado India con el valor que esa primera vez no había tenido.

Un lugar llamado India
Pasaron los años, la chica viajo, creció y aprendió. Y entonces regresó a India e hizo realidad su sueño de juventud. Esta vez no se quedó protegida detrás de ningún cristal, esta vez salió a conocer ese país llamado India y a vivir, a aprender, a compartir… En esta ocasión no sintió que nada pasaba de largo, porque esta vez no era una espectadora de lo que ocurría a su alrededor: esta vez ella era uno de los personajes que caminaban tranquilos por aquellas calles porque ahora las sentía suyas, no tenía miedo ni vergüenza si alguien la miraba. Olió, saboreó, toco, miró y escuchó todo lo que India la ofrecía y se sintió dichosa cada día cuando compartía compras con mujeres vestidas con sari que la sonreían con complicidad, o cuando los niñas de pueblos perdidos le pedían con los ojos esa pinza de colores que llevaba en el pelo. Esta vez se marchó de ese complicado país con la certeza de que ahora que había tenido el valor que le falto la primera vez ya no había razón para no volver.

País llamado India

Volvió al país llamado India por tercera vez, pasó por lugares conocidos en los que reconocía olores e imágenes, pero también fue a otros nuevos donde en ningún momento se sintió mal porque dominaba el arte de sonreír cuando era necesario, de decir que no rotundamente si la circunstancia lo requería y sobre todo ya nada la asustaba aunque todo la seguía sorprendiendo. Y ella dejaba que así fuera porque si algo había aprendido era que India te da lo mejor de si misma si te dejas llevar y aceptas las sorpresas como parte del viaje. Vivió intensamente el viaje como si fuera la última vez aunque algo la decía “volverás”.

Un lugar llamado India

Pasó algún tiempo y la chica ya convertida en mujer regresó a otra parte de ese país llamado India en la que muchas cosas eran similares a lo que ya conocía pero donde el paisaje era otro, la gente más tranquila, los templos más impresionantes y la comida más sabrosa. Pero ella sabía que la esencia era la misma y que aún disfrutaría de todo aquello, si algo la había enseñado India era a ser respetuosa y tolerante, a entender que la gente es muchas veces como la toca ser, que no todos tienen opción a elegir y no por ello son menos afortunados, sencillamente son diferentes. Y con esas premisas el viaje se volvió a convertir algo único lleno de momentos mágicos de los que si cierra los ojos aún recuerda el aroma del incienso, escucha los rezos que la rodeaban en los templos y siente el ligero picor del biryani que comió en aquel local en el que casi no había luz. Abandonó el país con la tristeza de quien se despide de un ser querido pero con la sensación de llevarse de él los mejores recuerdos.

Viajar

Ahora, la mujer sigue soñando y lo hace con la esperanza del que sabe que muchas veces, los sueños, se hacen realidad.

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India del Sur

Diario de viaje India del sur : Munnar

por Cristina 16/05/2016
Munnar

14 de Octubre – Munnar

Hoy salimos es el día en el abandonaremos Tamil Nadu, nos vamos al más conocido de los estados del sur Kerala, pero antes tenemos que desayunar… es el día de mi cumple, llevo años celebrándolo lejos de casa y esta mañana además de la felicitación de Arturo tengo una sorpresa. Cuando estoy disfrutando de una delicioso chai se acercaron a mi mesa tres personas del hotel, con una pequeña tarta, una felicitación y un ramo de rosas. Puf… la verdad es que me emocioné un poco, y casi me pongo a llorar. Fue un detalle muy bonito, aunque con el calor y el viaje que venía por delante dudé que las flores aguantaran mucho.

Hecho el check out en el hotel, subimos al coche con Vittal rumbo a Munnar, la primera de nuestras paradas en el estado de Kerala. Poco a poco vamos viendo como el paisaje cambian. Los arrozales que llegaban hasta el horizonte en Tamil Nadu empiezan a convertirse en plantaciones de té en las laderas de unas montañas. Estamos en los Ghates Occidentales, frontera entre los dos estamos más sureños de India.

Munnar, Kerala

Según vamos subiendo por la ladera de la montaña rumbo a Munnar notamos otro cambio: el calor agobiante que hemos llegado a sufrir algunos días ha desaparecido y ahora tenemos incluso que cerrar las ventanas del coche y quitar el aire acondicionado pues fuera ha refrescado bastante.
El paisaje es algo que no habíamos visto nunca: arbustos de té crecen unos junto a otros hasta donde la vista alcanza, solamente los caminos que utilizan los trabajadores cortan ese manto verde. Es realmente bonito y uno se pararía constantemente a hacer fotos, pero la carretera es estrecha y llena de curvas, así que evitamos pedir a Vittal que se detenga a no ser que veamos que es totalmente seguro.

Cuando alcanzamos a medio día la población de Munnar, otra cambio ha tenido lugar: el sol ha dejado de lucir y el cielo está plomizo, el aspecto es de que comenzará a llover de un momento a otro. Decidimos buscar en primer lugar el hotel, dejar las cosas y que mientras Vittal se ponga en contacto con el guía con el que vamos a hacer un trekking esa tarde (aunque en vista de como luce el cielo la cosa pinta mal…)
Llegamos al hotel Swiss County que está a unos kilómetros de Munnar, elevado sobre un soberbio valle. Es pequeño pero muy moderno y estiloso. Entramos con nuestro equipaje y al dar los pasaportes el recepcionista se da cuenta de que es mi cumpleaños. Me felicita y me dice que como están casi sin clientes me darán para las dos noches que vamos a pasar allí una suite en lugar de una habitación standard. Otro regalo sorpresa del día, no vamos mal.

Munnar, Kerala

Como en los alrededores no hay nada, la única opción para comer o cenar es el propio hotel, así que una vez organizado el equipaje y picado algo para comer, les comentamos que vamos a cenar en el hotel. Nos dan la carta y nos dicen que no hay problema, pero que tendremos que comer en la habitación, pues la única zona donde tienen mesas es en la azotea, y está abierta por lo que puede hacer mucho frío para la cena. Por nuestra parte no hay problema, así que les decimos lo que queremos cenar y salimos en busca de Vittal.
Justo empieza a llover cuando nos encontramos con el guía del trekking que nos dice que lo mejor es cancelar, pues los caminos se ponen intransitables con el agua. Incluso al día siguiente estará todo hecho un barrizal, así que lo mejor es olvidarnos de caminar por la montaña y buscar un plan alternativo… La primera cosa que se nos ocurre es visitar el Museo del Té, pero justo es día cierra. ¿Y qué hacemos entonces? La verdad es que la cosa pinta mal, el motivo de visitar Munnar es conocer los campos de té y las montañas, pero con lluvia no hay quien haga nada de eso. Estamos pensando en alternativas cuando me doy cuenta de que estamos paramos delante de una tienda de té. Le digo a Arturo que voy a bajar a comprar algo y una vez dentro de la tienda no se que hacer ni a quien dirigirme. En realidad son varios comerciantes que comparte local, pero en realidad todos venden lo mismo, así que me acerco a uno de ellos y le pido té y unos bollos bastante apetecibles para invitar a Vittal.
Mientras nos comemos lo que he comprado Vittal nos dice que le han contado que todos los días a pocos kilómetros hacen representaciones de kathakali. No lo dudamos dos veces y le decimos que es perfecto y al menos aprovechamos para hacer algo a pesar de la lluvia.
Llegamos al lugar y la primera impresión es un poco decepcionante. Unas maderas hacen de paredes, pero con tantos huecos que el agua entra por todas partes, el techo es de uralita y la lluvia suena tan fuerte que uno teme que pueda con el tejado…. pero bueno, es lo que hay, y cuando vemos que empieza a llegar gente, sobre todo indios, nos animamos y dejamos de sentir que nos hemos metido en un tugurio donde sencillamente nos han sacado las rupias y nos ofrecerán vete a saber que….
Media hora antes de la función ya empieza el espectáculo: uno de los actores sale al escenario y comienza a maquillarse ante nosotros. Intensos colores van cubriendo su cara hasta que deja de ser el chico que había salido para convertirse en uno de los personajes principales de lo que veremos a continuación.

Munnar, Kerala

Apagan las luces y salen unos músicos al escenario. También un actor, hombre, vestido de mujer (en el khatakali no actuan mujeres). Todo lo que veremos nos lo contarán los actores con diferentes gestos del rostro y movimientos del cuerpo, del modo que antes de que todo comience ese hombre convertido en mujer por el maquillaje y la ropa van mostrando los distintos gestos que veremos mientras un narrador describe lo que cada uno quiero decir: enfado, alegría, duda, amor….

Munnar, Kerala

Se supone que ya todos entendemos más o menos los gestos a partir de aquí, de modo que comienza el espectáculo y en el escenario van apareciendo diferentes personajes que al ritmo de la música nos van contando una historia de amor y celos, de buenos y malos, de hombre y mujeres… Una historia como las que hemos visto tantas veces en el cine o el teatro, pero aquí contado todo de otro modo, con una música de fondo que parece que te envuelve. Mucho color en el escenario y buenos actores. La verdad es que a pesar de las dudas iniciales salimos muy contentos del teatro y con la sensación de haber visto algo mejor que si finalmente hubiéramos ido en Kochi a cualquiera de los teatros de d kathakali que allí hay.

Munnar, India

Acabada la función Vittal nos llevó al hotel donde nos esperaba la cena….¡¡¡y otra tarta de cumpleaños!!! Esta la verdad es que no estaba muy buena, pero por supuesto les agradecí el detalle y disfrutamos de una rica cena que no fuimos capaces de acabar antes de irnos a descansar con la esperanza de que la lluvia no fuera nuestra compañera al día siguiente.
(Nota: las velas me las llevo siempre desde España y las soplo encima de una tarta de un plato de pasta, lo mismo da, pero lo importante es soplarlas)

15 de Octubre

Parece que el tiempo hoy va a ser benévolo con nosotros y la lluvia no hace acto de presencia al menos a primera hora del día. Subimos a desayunar a la azotea y disfrutamos de las mismas vistas magníficas que desde nuestra habitación. La calma del lugar y ese paisaje hacen que uno no quiera ni salir a pasear por los alrededores de Munnar….

Munnar, Kerala

Pero hay que movilizarse y salir a descubrir lo que los ghates tienen que ofrecernos. Vittal está puntual en la puerta y poner rumbo hacia el Parque Nacional de Eravikulam. Para llegar allí tenemos que cruzar una tras otra las plantaciones de té, hasta un punto donde debemos abandonar el coche y comprar los billetes de acceso al parque así como los del autobus que nos llevará hasta la entrada.
Somos los primeros en subir al bus, y cuando este se llena nos ponemos en marcha hacia el parque donde se supone tendremos la posibilidad de ver un tipo de cabra montesa, la Nilgiri Tahr. Y si que vimos una, pero en la carretera antes de llegar al parque.

Munnar, Kerala
Tengo que confesar que este parque fue la primera decepción de nuestro viaje por Kerala. Ni cabras ni nada que ver que mereciera la pena pagar las rupias que nos habían cobrado. Apenas una paseo de un kilómetro por un camino semi asfaltado y ya está. Con o sin cabras, desde mi punto de vista es una visita totalmente prescindible.

Munnar, Kerala

Una vez finalizado ese paseo por Eravikulam pusimos rumbo hacia Top Station, un punto en lo alto de las montañas y que es la frontera entre Tamil Nadu y Kerala. Se supone que las vistas son estupendas, pero vamos avisados de que la niebla suele ser la reina de lugar… asi que no nos sorprende cuando efectivamente no vemos mucho debido a que precisamente esa niebla cubre las laderas de la montaña. Aún así, hasta donde alcanzamos a ver los arbustos de té cubren la montaña creando un bonito paisaje.

Munnar, Kerala

Munnar, Kerala

Bajando desde Top Station paramos a ver otro lugares como el Echo Point y una presa, pero nada que destacar de estos lugares. Muchos puestos de comida, de recuerdos, coches, turistas sobre todo indios… y poco más. De nuevo lo más espectacular seguía siendo el paisaje de los campos de té.
Pero entre tanta cosa que nos dejaba ni fu ni fa, en mitad de una carretera Vittal se paró porque había visto elefantes salvajes. Estaban a cierta distancia, pero merecía la pena bajar del coche para verles a su aire paseando por las montañas.

Munnar, Kerala

Nos quedaba por ver a las trabajadoras que se encargan de la pesada tarea de la recogida del preciado té de Munnar, de modo que le pedimos a Vittal que hablara con alguien que le pudiera indicar donde encontrarlas. Pusimos rumbo hacia una de las muchas plantaciones de la zona y encontramos algunas mujeres metidas entre los arbustos del té cortando las mejores hojas con manos hábiles, y a otras transportando la voluminosa carga por las carreteras.
La verdad es que nadie me invitó a acercarme a ellas, pero como todo fueron sonrisas al verme entendí que no tenían problema en que sacara fotos. Ellas siguieron trabajando como si yo no estuviera allí, y disfruté de la soledad de estar rodeada del aromático té indio en compañía solamente de esas mujeres de curtidas por el sol, el trabajo y la vida.

Munnar, Kerala

A esa hora ya habíamos aprovechado a tope el día, y le dijimos a Vittal que nos acercara a Munnar para dar una vuelta por el pueblo, que la verdad es no ofrece mucho al viajero. Apenas nos habíamos alejado unos metros del coche cuando comenzó a llover como si no hubiera un mañana. Tuvimos que resguardarnos bajo el toldo de una tienda y esperar a que amainara un poco, pues hábilmente habíamos dejado los chubasqueros en el coche y no teníamos intención de empaparnos sin necesidad.
Cuando paró un poco dimos una vuelta por la calles llenas de agua del pueblo y pasamos junto a algunas tiendas, una de ellas una joyería donde me llamó mucho la atención la imagen de una padre de aspecto humilde junto a su joven hija. Estaban comprando joyas de oro, la hija quería las más brillantes y llamativas y yo veía la cara del padre que probablemente llevaba ahorrando desde que su hija había nacido para poder darle da mejor de las dotes…. Me entristeció todo, el padre trabajador y sencillo, la hija que solamente quería más y más, la historia de la mujer india y su dote… Cosas sin duda difíciles de entender y compartir.

Cuando regresamos al coche ya quedaba poco para que oscureciera, y como las opciones sobre que hacer eran pocas, le pedimos a Vittal que nos llevara al hotel para cenar allí y terminar el día tomando algo tranquilamente en la habitación.

Se acababa Munnar, al día siguiente emprenderíamos viaje a Kochi.

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India del Sur

Diario de viaje India del sur: Madurai

por Cristina 13/05/2016
Madurai

12 de Octubre – Madurai

Salimos de Chettinad tras visitar las mansiones con destino a Madurai, una de las ciudades más conocidas del sur de India y una de las pocas cuyo nombre me “sonaba” antes de comenzar a preparar nuestro viaje.

Aún es de día cuando llegamos a las calles de esta gran ciudad y nos sorprende el caos y el ruido en las calles. La sensación es similar a la que se tienen en otras grandes ciudades del norte de India en las que las calles están llenas de coches tocando el claxon y la gente va y viene en todas direcciones.

Nuestro hotel, el Heritage Madurai, está un poco alejado del centro y resulta tranquilo pues está en medio de unos jardines alejados de la carretera. Enseguida hacemos el check-in y nos acompañan a nuestra habitación. El recinto es bastante grande y cuentan con coches eléctricos para llevar equipajes y a los pasajeros que lo necesiten, un capricho que muchos sin duda agradecen.

Madurai, Tamil Nadu

Esa noche le pedimos a Vittal que viniera a por nosotros para ir a cenar a un sitio que habíamos visto recomendado, el Surya. Está ubicado en la azotea del Hotel Supreme, y tenía una amplia carta con todo tipo de platos indios, una ambiente muy animado con oriundos y turistas, y sobre todo, unas vistas amplias de la ciudad con la estrella de la ciudad iluminada al fondo: el templo de Sri Meenaskshi. A pesar del calor que hacía en la ciudad, el estar tan altos nos brindó un poco de brisa que hizo la cena aún más agradable.

Al subir a cenar le dijimos a Vittal que se marchara a descansar, que nosotros regresaríamos al hotel en un rickshaw. Y así lo hicimos, por unas pocas rupias nos permitimos no estar pendientes de horarios ni de que nuestro conductor estuviera esperando.

Una vez en el hotel una buena ducha, un poco de lectura y a dormir. Que el calor, al menos a mi, es una de las cosas que más me agotan.

13 de octubre

El desayuno tipo buffet del hotel es muy variado, y después de probar un poco de todo y animar el cuerpo Arturo con café y yo con té, salimos en busca de Vittal. Con él nos adentramos de nuevo en el caos de la ciudad mientras avanzamos hacia el templo de la diosa de ojos de pez y tres pechos: Meenakshi Amman. Ella da nombre al más famoso templo de la ciudad y uno de los más importantes del sur de India.

Dejamos a Vittal en una calle de Madurai cercana al templo pues la plaza en la que se encuentra es accesible solamente a pie. Una vez en ella tenemos que dejar (cómo no) nuestros zapatos en las taquillas preparadas para ello y acceder descalzos al templo pasando por debajo de uno de los cuatro grandes gopurams llenos de coloridas esculturas que comunican la calle con el recinto sagrado.

Madurai, India

Una vez dentro del recinto y aunque es temprano ya nos cruzamos con hindúes que van y vienen con ofrendas hacia zonas del templo cuyo acceso es exclusivo para ellos, nosotros nos tendremos que conformar con la vista desde el exterior de la mayoría del recinto. La verdad es que el templo es tan amplio y tiene tanto que ofrecer que aunque no podamos entrar a muchos sitios sabemos que tenemos mucho que hacer y ver en este lugar.

Comenzamos la visita al templo de Madurai girando hacia nuestra derecha y encontramos un espacio cubierto con columnas bajo las cuales vimos a hindúes con sus ofrendas recibiendo la tikka de sacerdotes. Allí mismo, un elefante decorado como en otros tantos templos de Tamil Nadu. Unas rupias o unos plátanos parecían suficientes para recibir un “trompazo” y allá que fuimos nosotros, que teniendo la ocasión de nuevo de una bendición, ¡¡¡cómo irnos sin ella!!!

Madurai, India

A continuación entramos a la parte cubierta y oscura del templo… y nos encontramos rodeados del ambiente más espiritual que alguien pueda imaginar: esculturas de deidades, flores, olor a incienso, velas, ofrendas, fieles parados frente a la imagen de cualquier dios orando ajenos al moviendo que les pudiera rodear…. Todo el templo transmitía esa sensación de lugar especial al que todo el que va lo hace con esa pasión especial del que cree en algo superior, algo al que se le puede pedir porque tiene el poder de conceder.
Al llegar a este templo habíamos visto muchos otros increíbles en Tamil Nadu, asistido a ceremonias únicas, contemplado como se hacían ofrendas… Pero probablemente por la cantidad de hindúes que había en el templo de Meenakshi esa sensación de espiritualidad era mayor que en otros lugares.

Madurai, India

Este templo es inmenso y magnífico, lleno de recovecos y puertas (muchas de las cuales no pudimos atravesar), de largos pasillos cubiertos con techos llenos de color que sustentan altísimas columnas decoradas con esculturas. Es un mundo de luces y sombras, la oscuridad más absoluta a veces desaparece cuando una puerta o ventana es atravesada por la fuerte luz del exterior. A mi que me resulta complicado perder la orientación en este y otro templos de esta zona de India la perdí por completo tan absorta como iba en todo lo que pasaba a mi alrededor.

Madurai, Tamil Nadu, India

Recorrimos toda la zona cubierta del templo yo diría que dos veces, nunca teníamos claro haber pasado ya por un sitio o no, hasta que por fin dimos con algo que nos pareció una especie de salida y nos dirigimos hacía ella. Un poco más allá, la luz. Seguimos viendo columnas, pero ahora colocadas como se de un claustro se tratara. En el centro, un gran estanque, y pasando alrededor la oportunidad de divisar varios de los magníficos y profusamente decorados gopurams del templo.

Madurai, India

Madurai

En esta zona también vimos algunas paredes con delicadas pinturas, y una vez más fieles que iban de acá para allá llevando flores o encendiendo velas.

Madurai, India

Lo último que visitamos en el templo fue el museo, ubicado en la sala de las mil columnas. Hay que pagar entrada para acceder, pero a la persona encargada de su venta le debimos caer en gracia pues en lugar de cobrarnos la cara entrada de turistas nos cobró y entregó una de las baratas que corresponden solamente a los indios. Eso que nos ahorramos…. La verdad es que nos gustó mucho el museo, sus esculturas colocadas entre las fantásticas columnas, la iluminación,… Creo que estando allí sin duda merece la pena una visita aunque sea rápida.

Madurai

Al salir del museo, en lugar de regresar a la puerta por la que habíamos accedido al templo, salimos por otra en la que había un montón de puestos de frutas, ofrendas, flores, incienso… y una figura de Nandi, el vehículo del dios Siva, ante la que muchos hindúes ser paraban a orar.
Nos tocó caminar luego descalzos por la calle hasta el lugar donde estaban nuestro zapatos, pero creo que esas alturas de viaje ya estábamos curados de espanto y lo mismo nos daba. Además la zona que rodea al templo es peatonal como dije antes y no estaba tan sucia como cualquier otra calle de la ciudad.

Camino al coche donde nos esperaba Vittal pasamos delante de muchas tiendas, y en una de ellas nos invitaron a subir a la azotea prometiendo unas vistas inigualables del templo. Arturo dijo que no iba a subir, pero yo me animé y entré a la tienda (donde agradecí enormemente el aire acondicionado) y subi a la azotea pasando por plantas llenas de artesanía. Y la verdad es que la vista era muy buena, se podían ver seis de los ocho gopuram del tamplo, pero tenía justo el sol delante, por lo que decidí no hacer ninguna foto (que iba a salir mal casi seguro) y llevarme ese recuerdo solamente para ti. Al bajar el personal de la tienda estaba empeñado en mostrarme todo lo que allí había, pero decliné su invitación de ver cada objeto que allí había pues tenía claro que no iba a comprar.

Una vez en el coche pusimos rumbo al Palacio de Tirumalai Nayak de Madurai. Debió ser un edificio soberbio, pues queda muy poco de lo que fue y resulta magnífico. Hay que pagar entrada y bastante cara teniendo en cuenta lo que realmente se puede ver dentro. A mi me parece que no merece la pena, pero claro, lo he visto y puedo juzgar, pero la verdad es que aparte del patio con enormes columnas, solamente se puede visitar lo que fue el salón de baile decorado con esculturas.

Madurai, India

Terminada la visita del palacio, y teniendo en cuenta el calor que hacía en Madurai a esas horas, decidimos que lo mejor era volver al hotel, disfrutar un poco de la piscina y quedar por la tarde con Vittal para la cena y volver al templo, en el cual sabíamos que algo pasaba cada noche….. Y es que Siva parece ser que no le gusta dormir solo, y cada noche va a pasarla con su amada diosa de los ojos de pez….

Madurai, India

Esa tarde habíamos decidido darnos un capricho y subir a tomar una cerveza al hotel Taj Garden donde habíamos leído que eran especialmente bonitas las puestas de sol con Madurai al fondo… pero no tuvimos la suerte de poder ver una, pues a media tarde comenzó a cubrirse el cielo, llovió un poco y las nubes decidieron no abandonar el cielo de la ciudad. Aún así, mantuvimos nuestro plan y fuimos con Vittal hasta el hotel situado en una colina a las afueras de la ciudad. No vimos la puesta de sol, pero si pavos reales y monos en los árboles junto a los que estábamos disfrutando de la calma del lugar. Como nos pareció un lugar muy agradable, decidimos quedarnos a cenar el buffet del que disponía el hotel y así evitar de nuevo el caos de la ciudad en busca de un lugar donde cenar esa noche.

No nos demoramos demasiado, pues sabíamos que como muy tarde a las nueve teníamos que estar dentro del templo si no queríamos perdernos la procesión que cada noche lleva a Siva al lado de Meenakshi.
Vittal nos llevó hasta una calle de Madurai cercana a la entrada del templo, pero estaba todo oscuro y no había nadie a quien preguntar así que fuimos caminando al templo hasta la primera entrada que vimos. El lugar en ese momento resultaba mágico iluminado levemente, nuestro pasos se escuchaban sobre las piedras, pero aparte de eso nada indicaba donde podía estar teniendo lugar la procesión. Fuimos caminando hasta que empezamos a escuchar voces y cánticos, y atravesando la puerta cercana al estanque que habíamos visto esa mañana nos dimos de bruces con el dios y su séquito. Muchos fieles, pero también muchos turistas ansiosos de conseguir una foto y no de disfrutar de ese momento especial. Yo al principio me quedé bastante sorprendida y curiosa me acerqué para ver de cerca todo lo que pasaba….hasta que me sacó de ensimismamiento una turista grosera cuya única obsesión era hacer fotos y fotos, y claro, yo me había metido sin querer en su campo de visión.

Madurai

Aparte de ese pequeño incidente, recuerdo aquello como algo curioso donde aunque no entiendas que pasa, sabes que es importante para ellos, para los hindúes que allí estaban lanzando flores e inclinando el rostro al paso de uno de sus dioses más importantes, Siva. Todo acabó cuando los sacerdotes atravesaron la puerta que llevaría al dios hasta su diosa…. Y fin. Todos a casa o a los hoteles a descansar para lo nuevo que nos depararía el siguiente día.

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India del Sur

Diario de viaje India del sur: Chettinad

por Cristina 11/05/2016
Chettinad

12 de Octubre – Chettinad

Nuestro destino este día es Madurai, pero contamos con tiempo suficiente en esa ciudad para conocer todo lo que nos interesa, por lo que en este día no tenemos prisa por llegar. Después de barajar diferentes opciones, decidimos que lo mejor es cambiar la ruta inicial y desviarnos hacia Chettinad, una región poco turística al sur de Tanjore, en el estado indio de Tamil Nadu. Así que una vez acabado el desayuno, recogido el equipaje y pagado el hotel, nos vamos hacia nuestro destino con Vittal al volante.

El camino no ofrece mucho que ver, salvo verdes arrozales que llegan casi siempre hasta donde la vista alcanza. Tan siquiera pasamos por muchos pueblos ni vemos a mucha gente como en otros lugares de India caminando por la carreteras quien sabe rumbo a que lugar.

Después de casi tres horas en el coche, llegamos a la región de Chettinad y entramos en una ordenada población en la que apenas nos cruzamos con nadie. Pero ¿qué vamos a encontrar en este lugar? Pues al igual que en los pueblos de la región de Shekhawati en Rajastán las familias pudientes construyeron esas coloridas havelis, la región de Chettinad es conocida por sus mansiones del s. XVlll cuyos patios y amplias habitaciones están decoradas con mármol y madera de teca importados de Italia y Myanmar.

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Estas mansiones hoy en día están cerradas en muchos casos, alguna se ha reconvertido en hotel y otras se pueden visitar dando unas rupias a las personas que se encargan de mantenerlas limpias y ordenadas mientras los dueños viven y trabajan en las grandes ciudades.

Al salir a la calle y empezar a pasear nos fuimos encontrando cerrada una tras otra de esas mansiones que habíamos ido a ver. Yo me estaba cabreando un poco pensando en la paliza de coche y carretera para al final no ver nada, cuando encontramos a unas mujeres dibujando un kollam en la puerta de una de las casas. Nos indicaron que la que ellas cuidaban no se la podían enseñar porque estaban los dueños en ese momento, que un poco más arriba y abajo había un par de ellas que si se podían ver.

Chettinad

Con esa información subimos unos metros y llamamos a una puerta. Vittal nos acompañó pues en muchos casos la mayoría de la gente de allí solamente habla tamil y sería imposible entendernos. Nos abrió la puerta un matrimonio mayor que nos dijo que si nos enseñaban la casa a cambio de 100 rupias. Entramos con ellos y fuimos viendo patios, magníficas columnas de teca, puertas y puertas en dos plantas que conducían a diferentes habitaciones, la zona de la cocina, del aseo… y así hasta llegar a la puerta trasera que era la utilizada por el servicio.

Tuvimos que recorrer todas las estancias descalzos, y al salir y volver a calzarnos le dimos al señor que nos había acompañado por toda la casa las 100 rupias acordadas y salimos de la casa para visitar la otra mansión que nos habían dicho en la misma calle.

Chettinad

En ese caso la puerta estaba abierta y como no vimos a nadie a quien preguntar entramos a la primera sala donde se estaba genial, hacía mucho fresquito y estaba totalmente decorada. Curioseamos un poco, nos asomamos a los patios y vimos a gente trabajando en la limpieza. Nos hicieron un gesto para que pasáramos a ver los patios, y no lo dudamos dos veces. Además aquí nadie nos pidió nada por andar por ahí curioseando.

Chettinad

Una vez fuera la señora de la primera casa nos estaba esperando con cara de pocos amigos y se puso a gritar y a caminar detrás de nosotros mientras nos enseñaba las 100 rupias. Nosotros no entendíamos que narices nos decía, pero sospechábamos que nada bueno. Cuando alcanzamos a Vittal este nos tradujo y nos dijo que la señora nos pedía 100 rupias más. Yo le dije que no, que para que lo que había visto me parecía que estaba bien pagado y que además era lo que ella nos había dicho. Pero la señora erre que erre, y cada vez gritaba más, así que Arturo, con tal de acabar un conflicto que yo hubiera finiquitado montando en el coche y olvidándome de ella, le dio 100 rupias más y nos marchamos tranquilos.

Subimos en el coche Vittal nos llevó hasta lo que era el Palacio de la ciudad y se bajó a preguntar si era posible la visita, pero la respuesta fue negativa. Nos comentó que había algunos templos, pero le dijimos que ese día era el día de “Arturo y Cristina sin templos”, con todos los vistos los días anteriores estábamos algo saturados y no queríamos ver nada que no fuera espectacular, y los templos de este lugar no lo eran.

Nos acercamos entonces en coche hasta un hotel instalado en una mansión y al que nos dejaron entrar sin problema. Lo mejor del lugar sin duda los colores y los luminosos patios. No sabemos como serían las habitaciones, pero el comedor y la recepción resultaban bastantes decadentes y anticuados, aunque con cierto encanto.

Chettinad

En se momento hacía un calor húmedo increíble, decidimos que poco más había que hacer allí, de modo que le dijimos a Vittal que nos íbamos hacia Madurai, ciudad que sería nuestro hogar un par de noches.

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India del Sur

Diario de viaje India del sur: Trichy

por Cristina 09/05/2016
sur de la india Trichy Tamil Nadu

11 de Octubre – Trichy

Hemos dormido genial, tal y como prometía a simple vista, la cama del hotel era super confortable. Así que descansados y con tripa llena tras el desayuno salimos en busca de Vittal para abandonar durante el día Tanjore y visitar Trichy (el nombre abreviado de Tiruchirappalli).

Pasamos junto al templo y fuerte de Tanjore, y a esa hora estaban tan dorados y bellos con el sol de primera de la hora la mañana que no puede evitar parar para sacar unas fotos antes de continuar viaje.

Al cabo de hora y media estábamos llegando a Trichy, la ciudad situada en el centro geográfico de Tamil Nadu. La primera intención era empezar a conocer la ciudad subiendo al templo del Fuerte de la Roca, pero ya a esas horas de la mañana hacía tanto calor que decidimos conformarnos con la vista desde el coche, ya que hay que subir andando hasta él si o si… De camino hacia el templo “estrella” de la ciudad pasamos también por alguna iglesia católica de Lourdes que nos llamó la atención en medio de una ciudad tan “india” como es Trichy.

El primer templo que visitamos fue Sri Rangam y yo me atrevería a decir que es el rey de los templos hindúes. Está dedicado a Visnu, y es el templo más grande de toda India. Cuando comienzas a visitarlo la verdad es que tienes la sensación de estar en una ciudad, pues vas cruzando puertas (gopurams) que se abren en cada uno de los siete muros que rodean el templo, y en ese espacio entre muro y muro hay mercados, casas de comidas, tiendas de ofrendas…. Finalmente llegamos a la puerta del cuarto muro y fue allí donde tuvimos que dejar nuestros zapatos y pagar el importe por llevar cámara de fotos. Atravesado el gopuram de ese muro nos encontramos con mercaderes, mendigos, peregrinos, brahmanes,…. todo el mundo sentado a la sombra, descansando o charlando. Es justo en esa zona donde se puede comprar un ticket para subir al muro y contemplar el templo desde lo alto. Es poco importe y merece la pena ver el lugar desde esa otra perspectiva.

Trichy

Justo en ese momento se nos acercó un hombre cordial y amable que nos intentó convencer que sin guía no íbamos a poder ver nada, que si le contratábamos podíamos entrar a todas partes. Menos mal que más sabe el viajero por viajado que por otra cosa, y le dijimos que no, pero él insistía tanto que al final nos dimos la vuelta y nos fuimos sin más. Hicimos bien, porque con guía o sin él, los no hindúes tenemos prohibido el paso al sanctasanctórum y no hay necesidad de querer saltarse ninguna prohibición.

Trichy

Recorrimos a nuestro aire todo el complejo que es realmente enorme y está lleno de puertas, pequeños templos, salas de columnas, patios…. Fue una mañana entretenida y enriquecedora, disfrutamos de uno de los templos más increíbles que se puedan imaginar.

Trichy

En la ciudad se puede visitar también uno de los cinco templos elementales de Siva, el Sri Jambukeshwara. Está dedicado a Siva, a su esposa Parvati y al medio acuático. Es mucho más pequeño y menos impresionante que el que visitamos anteriormente, por eso recomiendo a cualquier que vaya a Trichy y tenga intención de ver ambos lugares que comience por el templo de Siva y visite después el de Visnu. Así ambos le parecerán magníficos.

Trichy

En este templo como en muchos otros tenían un pequeño elefante que por unas rupias te bendecía (con un golpe de trompa sobre la cabeza). Nosotros nos unimos a los hindues que esperaban el gesto del elefante y nos marchamos de allí con una bendición que nunca parece estar de más en India. Paseamos por el templo entre sacerdotes y vendedores de flores, disfrutando de caminar descalzos en este caso pues todo estaba cubierto y el suelo fresco en comparación con el calor que sentíamos en el cuerpo.

Trichy

Y con esto acabó nuestro paso por Trichy y sus magníficos templos. Teníamos que regresar a Tanjore para ver por la tarde su templo (que es Patrimonio de la Humanidad). De modo que con Vittal al volante emprendemos camino de regreso a la ciudad que abandonamos esa mañana.

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India del Sur

Diario de viaje India del sur: Tanjore

por Cristina 06/05/2016

11 de Octubre – Tanjore

Abandonamos Tanjore por la mañana rumbo a Trichy, y no podemos evitar parar frente al fuerte para hacerle algunas fotos y también al principal templo de la ciudad que a esa hora lucen dorados con los primeros rayos del sol.

DSC_0707

Pero es por la tarde a nuestro regreso de Trichy cuando nos detenemos para conocer los monumentos de esta ciudad.

En primer lugar nos acercamos al palacio real de Tanjore y la primera sensación no es muy buena, Nos encontramos frente a lo que debió ser un magnífico edificio que hoy se encuentra en estado de decadencia. Dimos una vuelta para poder subir a un campanario desde el que se supone que las vistas son muy buenas, pero lo único que vimos que mereciera la pena fue la torre en forma de vimana del museo, poco más. Hacía calor, había muchas parejas haciéndose carantoñas en los huecos de esa torre y estaba todo muy sucio, así que bajamos después de hacer un foto para visitar el museo.

Tuvimos que pagar entrada y soportar los inconvenientes de visitar el lugar entre pintores y andamios, pero habíamos pagado tan poco por entrar que no tenía sentido ni molestarse por tener que esquivar a trabajadores con cubos de pintura. La colección del museo de Tanjore la forman esculturas en piedra y bronce, bastante bonitas y expuestas todas en vitrinas, y sobre ellas se encuentra la torre que habíamos visto y fotografiado. No dudamos en subir para sacar partido a la entrada, pero la verdad es que tampoco vimos nada interesante por sus ventanas ni en su interior, excepto un esqueleto de ballena que no entendimos que hacía allí, en mitad de la nada.

Tanjore

La verdad es que fue una visita poco motivadora, por lo que vista la hora y las no muy buenas referencias sobre el palacio decidimos dejar la visita de este último para mejor ocasión e irnos al templo antes de que oscureciera.

La entrada al templo de Brihadishwara es gratuita y la hora de nuestra llegada parecía que todo Tanjore se hubiera puesto de acuerdo para ir a pasear allí y luego sentarse en el cesped que le rodea.

Tras descalzarnos y cruzar la segunda puerta y pasar bajo su gopuram (muchos más pequeños en este caso que los de la mayoría de los templos de Tamil Nadu) nos encontramos con el elefante que se pasa el día bendiciendo con su trompa a los visitantes. Nosotros a este le ignoramos pues con los “trompazos” que nos había dado el de Trichy íbamos satisfechos.

Tanjore

Lo primero que vimos al entrar en el amplio patio que rodea el templo fue una estructura con columnas y techo que alberga una gran estatua de Nandi, el toro sagrado vehículo del dios Siva. Así que no había duda ya de a quien estaba dedicado el templo.

Tanjore

Fuimos caminando hacia el templo propiamente dicho sin tener claro si sería de esos en los que se puede entrar hasta un punto, en lo que es mejor quedarse fuera o si por el contrario seríamos bien recibidos y podríamos unirnos a todos los hindúes que esperaban para acceder al interior del templo.

Tanjore

Así que nos acercamos y nos encontramos rodeados de indios que apenas prestaban atención a nuestra presencia y que llevaban en sus manos cocos, flores y otras ofrendas. En mitad de aquel tumulto fuimos entrando al corazón oscuro del templo Patrimonio de la Humanidad y alcanzamos el lugar donde los sacerdote esperan a los fieles para recoger sus ofrendas y rociarles a cambio con agua (suponemos que algo así como el agua bendita de las iglesias católicas, pero vete a saber….). Salimos luego por un lateral con una sensación de no haber visto nada aparte de mucha gente. Pero bueno, estuvimos allí y sentimos el fervor religioso de esta gente.

Tanjore

El edificio era muy similar al que habíamos visitado el día anterior en Gangakondacholapuram pero en este caso con mayor tamaño y también una decoración más sobria. Durante el paseo por el exterior nos cruzamos con numerosos indios, algunos con aspecto de haber acudido allí en peregrinación, otros sencillamente a orar, y muchos a disfrutar del ligero frescor que el espacio abierto y el jardín brindaba a esa hora en comparación con la agobiante ciudad.

Tanjore

Lo que estuvo claro es que nosotros resultábamos más interesantes que el templo, pues todos se querían poner con nosotros y hacernos fotos, ya fuera con su cámara, su móvil o sencillamente posando para salir en una foto de nuestra cámara.

Tanjore

Poco antes del anochecer nos fuimos en busca de Vittal para que nos llevara al hotel, la verdad es la distancia no era mucha, pero estábamos cansados y acalorados, así que agradecimos tener un coche a nuestra disposición.

Esa noche decidimos cenar en el restaurante del Tanjore Hi, nuestro hotel en la ciudad, no teníamos ganas de salir a la aventura en una ciudad con aspecto de tener poco que ofrecer, así que después de una estupenda ducha nos subimos a cenar y a terminar el día con una cerveza fresquita en la terraza del hotel. Y a dormir, que al día siguiente continuaba la aventura.

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