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Japón

Diario de viaje Japón: Nara

por Cristina 30/03/2014
Nara, Japón

17 de Octubre – Nara

Es el último día que vamos a poder dedicar por completo a visitar algún lugar, y el sol nos regala un cielo azul propicio para salir de excursión. Así que cámara al cuello y guía bajo el brazo regresamos a la estación de Kioto porque nos vamos a Nara, la que en su momento fue la primera capital permanente de Japón.

Tenemos que subir a un tren local y tardamos una hora en llegar a nuestro destino. Una vez en la calle tan solo hay que caminar por la avenida comercial Senjö-dori entre tiendas de antigüedades y recuerdos para llegar a  un templo que cuando se fundó llegó a tener más de 150 edificios, pero debido a incendios la mayoría han desaparecido quedando ahora apenas una docena de ellos. Me encantaron las dos pagodas, una de tres pisos y otra de cinco. También fue curioso contemplar a un grupo de japoneses durante lo que supusimos una especie de rezo colectivo… pero son especulaciones nuestras, claro.

Nara Köfuku-jiSalimos del recinto del templo por el este para adentrarnos en la zona de Nara-köen, un precioso y gran parque en el que además de poder visitar algunos de los lugares de interés de la ciudad nos encontramos con algunos de los 1200 ciervos que lo habitan. No llevábamos nada para darles de comer, tan solo una bolsa de caramelos y se me ocurrió sacarla para probar si les gustaban. Fue escuchar el sonido del plástico de la bolsa y estaba rodeada de ciervos de todos los tamaños buscando como desesperados que les diera lo que quisiera que hubiera en la bolsa. Tengo que reconocer me sentí un poco agobiada cuando vi que los caramelos les gustaban y que se iban acabando con velocidad mientras no dejaban de llegar ciervos que me terminaron “acorralando” contra el tronco de un árbol. Yo le decía a Arturo que hiciera algo, pero él en la distancia se lo estaba pasando pipa haciendo fotos mientras yo me ponía más y más nerviosa. Al final tuve que zafarme como pude los animales y propinar algún cachete a alguno. Y en eso estaba cuando llegó un macho por detrás (afortunadamente con los cuernos cortados) y me propinó un golpe en el muslo. Y fue con muy mala leche seguro que por haberle dejado sin caramelos, porque me hizo un hematoma que me duró un par de semanas….

Nara Parque Nara koenSuperado el momento de crisis nos dirigimos hacia el lugar más visitado de la ciudad, el templo Tödai-ji. Para llegar hasta él hay que caminar por una pequeña calle del parque en la que hay tiendas de recuerdos, puesto de comida y por supuesto, ciervos. Al llegar al templo lo primero que se ve es la imponente puerta Nandai-mon que da paso al recinto del templo, el cual se puede visitar en su mayor parte de forma gratuita.
Todo el templo cuenta con unos cuidados jardines, con grandes praderas verdes que cruzan algunos senderos. En un lateral también hay un bonito estanque. Se pasa una segunda puerta y al fondo se ve el muro que rodea la atracción estrella de Nara: el Daibutsu (Gran Buda). Para acceder a esa zona del templo si que hay que pagar, lo cual hicimos entrando por la parte izquierda del muro.
Una vez dentro ante nosotros estaba el edificio de madera más grande del mundo.

Nara Todai-ji

Es un edificio sin lugar a dudas majestuoso e imponente, rodeado de jardines y con una avenida que lleva a la entrada principal delante de la cual no faltaba gente prendiendo incienso que llenaba el aire de ese aroma especial.

Una vez en el interior lo primero que vimos fue al inquilino de tan magna construcción, una escultura de bronce que es una de las mayores del mundo de ese material. Mide 16 metros , y está hecha de 437 toneladas de bronce y 130 kilos de oro. Casi nada…. Para hacerse idea del tamaño, el orificio de su nariz es del tamaño de un agujero que hay en una de las columnas de madera que sujetan el templo y por el cual puede entrar una persona. Dicen que quien lo consigue alcanza la iluminación, así que aporto pruebas de que ese estado de gracia que ahora tengo lo conseguí allí, al pasar sin problema por el hueco, jajajajaja.

Nara Todai-jiMuy cerca del templo del Daibutsu y también dentro del Nara-köen hay un lugar que merece la pena visitar, sobre todo por la vistas y el ambiente relajado, son los pocos los viajeros que llegan a ese punto. Se trata de una plaza con un santuario y dos pabellones. Nosotros subimos a la terraza del Nigatsu-dö, una construcción de madera con una gran terraza sobre la ciudad y con algunos detalles en su decoración de lo más pintorescos.

Para regresar al centro de Nara bajamos por la parte posterior del Tödai-ji, bajando por la que sin duda es una de las rutas más pintorescas de la ciudad. En el camino encontramos árboles cargados de frutas y varias pintores con su caballete plasmando rincones de la calle por la que nosotros estábamos caminando.

NaraDe nuevo en Senjö-dori nos dirigimos hacia el sur donde se encuentra el barrio antiguo de la ciudad, Naramachi. Sus calles están llenas de casas tradicionales (machiya), algunas convertidas hoy en tiendas o galerias de arte. Nos vamos parando para curiosear aquí y allá, entramos en una preciosa tienda de té donde compramos un lata decorada y seguimos hacia delante buscando la Naramachi Koushi-no-le, una casa antigua que nos costó un poco encontrar. Se puede acceder a ella sin pago y observar como son por dentro estas viviendas y a la vez ir descubriendo objetos cotidianos antiguos que están expuestos en cada estancia de la casa. Al final la vivienda se convierte en una pequeña tienda donde venden muñecas saru-bobo y otros recuerdos.

Continuando con el paseo sin rumbo, descubrimos una kura (almacén de barro) restaurada que estaba sirviendo como sala de exposición de artesanía y dentro de la cual había mucha animación. Entramos a curiosear, como no… y nos convertimos durante unos segundos en centro de miradas discretas. Una japonesa de cierta edad se nos acercó y nos preguntó en inglés sobre nuestro país y nuestro viaje, y nos contó que era de Hiroshima y que algunos objetos de la exposición eran obra de su hermana. Nos despedimos al cabo de unos minutos y de nuevo nos pasó algo especial. La señora salió detrás de nosotros para darnos como recuerdo una par de apoya palillos de cerámica que se vendían en la exposición y agradecernos que hubiéramos entrado a ver sus objetos. Increíble, de verdad. No había día que algún japonés no nos sorprendiera gratamente.

Nara NaramachiCon tanto caminar por Nara y sin haber comido ya solamente pansábamos en llenar la tripa. Nos fuimos hasta la galería comercial Higashi-muki que parte de Senjö-dori. En el interior hay un buen número de restaurantes, nosotros nos decidimos por uno donde comer tonkatsu, y fue una acierto. Tuvimos una bonita y tranquila mesa junto a un jardín interior, el servicio muy amable y la comida suuuuper rica.
Con la tripa llena y de camino ya al tren nos encontramos con una tienda Daiso, lo que sería la versión japonesa de los “Todo a 1 €” españoles pero con muchas diferencias. Nada más cruzar la puerta ya es evidente que los japoneses tratan con mimo todo aunque vayas a pagar por ello solamente 100 yenes. Está todo ordenado, limpio, hay cestas para usar durante las compras… y además no se como lo hacen que todo parece práctico y atractivo. Total que nos liamos y empezamos a cargar con todo tipo de cosas, desde bolsas para la ropa hasta post-it con atractivos dibujos. Salimos con dos bolsas llenas de cosas y apenas nos gastamos 15 euros. (Y una vez en casa todo nos ha venido bien y ha dado buen resultado)
Al final se nos había hecho de noche e hicimos el viaje de regreso a Kioto con algo de tristeza, era nuestra penúltima noche y realmente ese día había sido el último que habíamos tenido completo para disfrutarlo. Ahora tocaba volver al hotel y terminar de organizar las maletas para dejar todo listo para el día siguiente.

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Japón

Diario de viaje Japón: Okayama

por Cristina 28/03/2014
Castillo de Okayama

16 de Octubre – Okayama

Pasado el tifón del día anterior, con el cielo cubierto y temperaturas más bajas, salimos de Kioto para ir a visitar Okayama. El viaje lo hacemos en un tren shinkansen y tardamos una hora y cuarto en llegar a nuestro destino. El motivo principal para ir a esta ciudad es visitar uno de los tres mejores jardines del país, el Köraku-en.

Al salir de la estación sigue cubierto y hace mucho aire, dudamos si subir la avenida que nos llevará al castillo y al jardín, pero parece un paseo agradable, de modo que finalmente caminamos por una amplia avenida cuyas alcantarillas muestran la cara de Momotarö, el niño héroe que derrotó a los demonios y que es uno de los cuentos infantiles más populares de Japón.

Alcantarilla de OkayamaAlcanzamos la zona del castillo, el Okayama-jö, el cual está situado junto al río Asahi, en el que se refleja su imponente exterior. También se le conoce como el castillo del Cuervo. Lo que queda hoy día es solamente una parte de lo que fue uno de los castillos más grandes de Japón, y fue reconstruido a mediados del siglo XX. Para entrar hay un ticket conjunto que también da acceso al Köraku-en, por lo que nuestra intención inicial era acceder al castillo aunque no habíamos leído que fuera especialmente interesante, pero resultó que había una exposición temporal lo que hacía que hubiera que pagar un importe extra elevado, así que nos conformamos con verlo por fuera.

Castillo de OkayamaTan solo hay que cruzar un puente desde el que hay una bonita perspectiva del Okayama-jö junto al río para llegar al . A la entrada de los jardines pagamos nuestro ticket y nos adentramos en un espacio cuidado en cada detalle y sin duda pensando para ser admirado. Tiene una preciosa pradera en torno a un estanque con isla y puente incluidos, en torno a la cual el jardín está divido por zonas en cada una de la cuales crece un tipo de vegetación determinado: té, lotos, pinos, bambú… Mientras se pasea por los senderos es como encontrarse en jardines distintos, todos igualmente cuidados.

Puente de OkayamaTambién llegamos por uno de los senderos a la parte del jardín desde la que se ve el castillo sobre el río. En ese momento empezaban a retirarse las nubes dejando un cielo de un azul intenso con manchas blancas de alguna nube.

Linternas de piedra, casas de té y otras edificaciones se reparten por el recinto del jardín. En un lateral pudimos comprarnos un delicioso helado de mango (aunque no hacia mucho día de helados, la verdad) y sentarnos en un banco a hacer lo mismo que los japoneses con lo que nos cruzamos: contemplar y disfrutar de lo que había delante de nosotros.
Después subimos a una especie de mini montañita que hay en el centro de la pradera y desde donde se puede ver todo el recinto del jardín e incluso un poco más allá el castillo. Otra de esas vistas especiales de las que Japón parece querer tener un record.

DSC_0468Cuando terminamos de ver el jardín no podemos evitar volver al castillo para hacer alguna foto más ahora que ha salido el sol. Está tan cerca que no nos cuesta trabajo y conseguimos algunas instantáneas mucho más bonitas de las que hicimos unas horas antes.

Castillo de OkayamaRegresamos andando tranquilamente a la estación de tren desde donde cogeremos de nuevo el tren que nos lleve a Kioto, donde aprovechamos que no es demasiado tarde para cenar en la zona de Ponto-chö. Y coger fuerzas para nuestro penúltimo día en Jápón en el que visitaremos Nara.

 

 

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Japón

Diario de viaje Japón: Osaka

por Cristina 26/03/2014
Osaka

15 de Octubr – Osaka

Amanece un día horrible tal y como anunciaban los pronósticos. Llueve muchísimo así que decidimos que puede ser el día perfecto para estar a cubierto. Después de un paseo por el mercado Nishiki nos vamos a la estación de Kioto para coger el tren a la cercana y moderna Osaka donde la intención es visitar el Acuario de la ciudad ya que el día no parece propicio para ninguna otra cosa.

El tren tarda apenas media hora en unir Kioto y nuestro destino, y una vez allí tenemos que coger el metro hasta la zona de Tampözan que es donde está el Acuario. Con el plano vemos que podemos ir en tren local hasta un punto y allí cambiar al metro de la ciduad, pero cuando bajamos en la estación en la que se supone hay que cambiar de linea de repenteno sabemos por donde seguir. Nos sentimos perdidos por primera vez desde que llegamos a Japón. Preguntamos y un señor nos indica un camino, pero de nuevo llegamos a un punto en el que no sabemos como seguir. Entonces se nos acerca una chica joven que no habla nada de inglés pero que está más que dispuesta a ayudarnos. La indicamos en la guía el nombre del Acuario en japonés y entonces ella y su familia (marido, hijo y seguramente suegros) emprenden camino por pasillos hasta que al cabo de un rato llegamos a la entrada del metro, nos ayudan con lo billetes y hasta que no nos ven subiendo por la escalera que lleva a al anden correcto no se marchan. Y es que solamente podemos tener más que buenas palabras para los japoneses, una gente muy especial cuya amabilidad es increíble.

Una vez en nuestro destino tenemos que salir del metro y caminar bajo una intensa lluvia durante unos cientos de metros. Por fin antes nosotros vemos el Acuario y nos dirigimos a la entrada esquivando charcos. Pagamos nuestra entrada (cara) y entramos al recinto. Dejamos todas nuestras cosas en una taquilla (de pago) y nos adentramos en el mundo de las profundidades marinas.

Osaka acuarioEl espacio del acuario está dispuesto en torno a tanque gigante que el visitante va rodeando, y según bajas de nivel te encuentras con la fauna que habitaría cada zona de océano o del mar. Desde los mamíferos como las nutrias arriba, hasta extraños peces abisales en el nivel inferior.

Acuario de OsakaEn la zona donde están los delfines o las focas a ciertas horas los cuidadores entran en los tanques para darles de comer y se convierten en el centro de atención de todos los visitantes, aunque seas mayor te sientes como un niño viendo como los animales juegan con las personas que les están dando de comer, hay un complicidad entre ellos increíble.

Osaka AcuarioUn poco más adelante entramos en al Ártico y nos encontramos con los pingüinos, los más pequeño muy inquietos entrando y saliendo del agua. Pero ahí estaba el imponente pingüino rey, elegante e indiferente a todo lo que pasaba a su alrededor. Nada que ver con el resto de pingüinos que yo había visto hasta ese momento.

En el gran tanque central mientras se va bajando puedes disfrutar de tiburones y mantas nadando a su antojo ajenos a los boquiabiertos visitantes. La verdad es que es increíble tenerlos tan cerca. En las enormes peceras que hay alrededor de la rampa se ven desde peces tropicales a enormes y horribles cangrejos que parecen prehistóricos.

Ya hacia el final de la visita hay una gran sala muy oscura llena de pequeños tanques con medusas. Decenas de tipos diferentes, tanto en la forma como en el color.
Y una de las cosas más divertidas para el visitante es la piscina que hay justo antes del final de la visita, donde si previamente te lavas las manos puedes tocar pequeños tiburones y rayas que nadan en ella. Una delicia para niños… y grandes.

Hemos pasado horas en el Acuario de Osaka, hemos perdido casi la noción del tiempo, tanto que cuando salimos ha oscurecido y sigue lloviendo más aún que por la mañana. Por supuesto la idea de visitar el castillo queda descartada por el tiempo y por la hora, así que volvemos al metro para ir a cenar a la zona de Dötombori, donde además tenemos claro que iremos a un sitio que se llama Chibö para volver a comer okonomiyami.

Osaka OkonomiyamiMientras intentamos hacer una foto de las luces de neón de Osaka, se nos acerca un grupo de estudiantes cargados con paragüas y gran cámara y me dicen que me quieren entrevistar. Hace un tiempo terrible, lluvia y mucho aire. Pero ellos están dispuestos a grabar su entrevista sea como sea. De modo que no me puedo negar y respondo a sus preguntas (una chica las hace en japonés y otra las traduce al inglés…) y consigo que se vayan encantados sabiendo que lo que más me gusta de Japón son ellos, los japoneses.

Después de cenar, intentamos pasear un poco por Osaka, pero es imposible con tanta lluvia y tanto charco. Lo mejor es volver al metro y regresar a Kioto. Es un viaje rápido.
Contar que cuando llegamos al hotel y pusimos la tele fue cuando nos enteramos que ese día había pasado sobre nosotros un tifón… y no lo supimos hasta que nos estuvimos tranquilos de vuelta en el hotel. Suponemos que no debió ser muy fuerte y que lo peor sin duda fue la lluvia que hubo durante todo el día.

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Japón

Diario de viaje Japón: Hiroshima

por Cristina 24/03/2014
Castillo de Hiroshima

12 de Octubre – Hiroshima

El viaje desde Kioto a Hiroshima es muy cómodo y lo hicimos en shinkansen, en el que tardamos dos horas en llegar de una ciudad a otra. Una vez en Hiroshima tuvimos que subir a un tranvía que nos llevó (junto a un montón de visitantes más) hasta el Parque de la Paz, donde se encuentran los principales puntos de interés de la ciudad, todos ellos relacionados con la explosión de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.

Tranvía de HiroshimaNada más entrar en el parque lo primero que vimos es la Cúpula de la Bomba Atómica, sin duda el recuerdo más desolador de lo que ocurrió aquel 6 de agosto de 1945. En aquel momento el edificio era el Pabellón de Fomento de la Industria, y todas las personas que había dentro murieron. Se decidió conservar el armazón tal y como quedó en homenaje, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Bomba atómica HiroshimaCruzando el puente sobre el Motoyasu-gawa se llega al Parque de la Paz, en el que se pueden ver el Cenotafio y la Llama de la Paz, la cual no se apagará hasta que no haya desaparecido de la Tierra la última arma nuclear. También en esa zona están la Campaña de la Paz y el Monumento infantil de la Paz, homenaje a Sadako Sasaki, una niña que falleció como consecuencia de una leucemia provocada por los efectos de la bomba. Esta niña se propuso hacer mil grullas de papel convencida de que si las hacía se salvaría, pero no puedo acabar su proyecto. Fueron sus compañeros de clase quienes acabaron las que faltaban, y desde entonces continúa la tradición de hacer esas grullas.
Un poco más adelante se encuentra el Museo de la Paz, en el que cobran una entrada prácticamente simbólica de 50 yenes. Una vez dentro se pasa por toda la historia de aquel fatídico 6 de agosto de 1945, cuando a las 8:15 de la mañana la primera bomba atómica lanzada sobre una ciudad caía en Hiroshima. Hay maquetas y fotos de como era la ciudad y en que se convirtió. También hay algunos vídeos e incluso objetos personales, como ropas o relojes, e incluso las tarteras de niños que jamás regresaron a sus hogares. Todo es realmente sobrecogedor, y me llamó mucho la atención como los japoneses no se quitan responsabilidad ni culpan a nadie, ni tan siquiera entran en el juego de “pobrecitos nosotros, lo que nos hicieron”. Todo el museo es un llamamiento a la Paz y a que estos horrores no vuelvan a ocurrir. Por desgracia en el museo también hay que ver como los humanos hemos seguido creando armas aún más destructivas con el paso de los años. Ojalá llegue una generación para quien las guerras sean solamente parte de los libros de historia y de museos como este.

DSC_0339Volviendo sobre nuestros pasos cruzamos las vías del tranvía para caminar hasta el castillo de la ciudad. Quedó destruido totalmente por la bomba, y lo que se puede ver ahora es una reconstrucción. Se le conoce también como el castillo de la Carpa. Nosotros vimos el recinto solamente desde el exterior pues teníamos que continuar viaje hacia Miyajima, pero la verdad es que nos pareció un lugar agradable que estando en la ciudad bien merece la pena el pequeño paseo para contemplarlo.

DSC_0358Tenemos que regresar de nuevo a la parada del tranvía, el cual tenemos que coger hasta la parada del tren de la linea JR San-yö. Antes hacemos una parada para tomar un tentempie en uno de esos sitios japoneses donde coges la comida expuesta con unas pinzas, la depositas en un bandeja y cuando lo tienes todo pasas por caja. Ya sin hambre nos vamos en tren hasta el muelle desde el que sale el ferry de la compañía JR (no tenemos que pagar al tener el JR pass) que nos va a llevar a nuestro destino final del día: Miyajima.

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Japón

Diario de viaje Japón: Miyajima

por Cristina 22/03/2014
Miyajima

12 de Octubre – Miyajima

Subimos en el ferry que hemos cogido en Hiroshima para llegar a la pequeña isla de Miyajima, que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El barco va hasta arriba de turistas y muchos esperamos emocionados en cubierta el momento en el que pasemos cerca del torii rojo del santuario principal de la isla. Es uno de los lugares más fotografiados de Japón, y con razón. Ver esa gran estructura de madera emerger del agua con su brillante color rojo merece más de un disparo de la cámara.
Una vez en la isla todos desembarcamos para dirigirnos en primer lugar a la pequeña bahía donde se encuentra el Itsukushima-jinja, el santuario al que pertenece el símbolo de Miyajima: el torii rojo que ya habíamos visto desde el ferry. Parejas, familias y grupos de amigos caminan por la zona esquivando a los atrevidos ciervos que no tienen ningún reparo en acercarse a cualquiera que sospechen que puede tener comida. Nosotros paramos una y otra vez a disfrutar de las vistas y contemplar como algunas piraguas pasan alrededor de la puerta del santuario, pues en ese momento la marea está muy alta.

Miyajima, ciervosLa verdad es que uno no se cansa de pasear por la zona, el ambiente es alegre, todo el mundo parece tener ganas de pasarlo bien y nosotros nos somos menos. Rodeamos la bahía hasta el lado opuesto y bajamos a la zona de arena donde en ese momento no llega la marea. Hacemos algunas fotos más y disfrutamos del cielo azul y el sol que aún calienta.

MiyajimaAún tenemos que encontrar nuestro alojamiento, el , que es uno de los ryokanes de la isla. Después de algunas vueltas damos con él, y es lo que imaginábamos: un casa tradicional como tantas que ya hemos visto en otros lugares de Japón. Sale a nuestro encuentro la dueña del establecimiento que nos atiende en un perfecto inglés (mucho mejor que el mio….), y nos invita a descalzarnos, pues dentro del ryokan solamente se puede caminar descalzo o con unas zapatillas que ellos te dejan. Nos lleva a nuestra habitación y nos enseña todas las instalaciones del lugar, entre las que hay una sala de estar en la parte superior. La habitación tiene aseo, pero no ducha, por lo que nos enseña donde podemos bañarnos o ducharnos. De nuevo un pequeño onsen del que tomamos buena nota para utilizar esa misma noche.

Miyajima RyokanInstalados en nuestra habitación, llega la hora de salir a cenar. Se ha hecho de noche y Miyajima parece otra. Los turistas han desaparecido y la calma se ha adueñado del lugar. Con un plano en la mano que nos han dado en el ryokan vamos buscando los lugares que nos recomiendan, y terminamos en uno muy sencillo pero donde probamos una de las comidas más ricas que se pueda imaginas: el okonomiyami. Es un plato que admite cualquier cosa, como si fuera una pizza pero sin masa. También se podría decir que es algo así como una tortilla, pero tampoco es exactamente eso. Lo único que puede decir es que si vas a Japón, tienes que probarlo.

MiyajimaCon la tripa llena salimos rumbo al ryokan pero por supuesto haciendo una parada delante del torii sobre el agua y verlo iluminado. Es un lugar alucinante, da igual que sea de día o de noche, que hay más o menos agua. Siempre es bello y por desgracia no son muchos lo lugares de los que podemos decir eso. Al llegar al ryokan subimos para cambiarnos y bajar con la yukata al onsen. Nos damos un baño totalmente reparador, y dormimos estupendamente en nuestras camas sobre el suelo.

13 de Octubre

La noches en Miyajima ha sido tranquila, hemos dormido y además descansado, estamos como nuevos. Solamente nos falta desayunar para tener energía suficiente para patear Miyajima, así que en cuanto lo hacemos recogemos nuestras cosas y dejamos la mochila en recepción para pasar a por ella más tarde.
Por supuesto que lo primero que hacemos es ir a ver el torii flotante que nos muestra una imagen totalmente diferente a la del día anterior: la marea a bajado y podemos caminar hasta su base. Nos parecía que era temprano, pero vemos que no tanto como habíamos pensado, pues ya hay un montón de japoneses por la zona. Bajamos pisando sobre la arena mojada pero firme, y nos acercamos al que visto de cerca es un torii realmente enorme. Su color destaca sobre el cielo azul cuando miras hacia arribe. Es de esos lugares que uno no se cansa de mirar y me siento afortunada de haberlo podido conocerlo.

MiyajimaDespués de mirar, tocar y rodear el torii de Miyajima, nos vamos de nuevo a la isla para visitar otros lugares. En primer lugar pasamos por un pequeño pero importante templo budista, el Daigan-ji, situado muy cerca del paseo que hay sobre la bahía. Sin ser nada excepcional resulta agradable por su banderas de colores y la cercanía al mar. Rodeamos a continuación el Itsukushima-jinja para llegar hasta el Senjö-kaku, un pabellón enorme y sin paredes que se eleva sobre una ladera de la isla y junto al cual hay una pagoda colorida de cinco alturas. Para entrar en el pabellón hay que pagar entrada y descalzarse, personalmente y después de haber entrado creo que no merece especialmente la pena.

Y ahora nos toca ascender al Monte Misen. Existe la opción de subir andando (mejor nos la saltamos), subir hasta casi la cima y bajar en teleférico (para los muy vagos) y la de subir en teleférico y descender andando (esta será la nuestra, ni mucho ni poco). Para llegar hasta la estación donde se coge el teleférico se puede utilizar el servicio de un mini bus, cerca de cuya parada está el lugar donde comprar los tickets para el transporte que nos subirá montaña arriba. Como el paseo no es muy largo pasamos del bus y decidimos adentranos en el bosque donde además nos encontramos con algunos ciervos. En pocos minutos llegamos al lugar donde coger el primero de los teleféricos que tendremos que utilizar, es de cabinas pequeñas, para unas seis personas y las vistas desde él son realmente preciosas. Aunque no tanto como las que tendremos cuando subamos en el siguiente teléferico (una cabina mucho más grande que la anterior, donde caben un puñado de personas de pie). Según ascendemos empezamos a divisar vistas del Mar de Aki que rodea la isla.

Una vez bajamos del teleférico y vamos ascendiendo las vistas son increíbles. Merece la pena sin lugar a dudas llegar hasta allí. Un mar de un intenso color azul salpicado de islas se muestra antes nosotros. Es una de esas vistas que unos es quedaría mirando sin esperar que pase nada, solamente por el placer de la contemplación.
En el mirador más cercano al lugar donde hemos bajado de nuestro transporte hay una serie de carteles con nombre de diferentes islas y encima un agujero por el que si miras localizarás exactamente la isla.

Miyajima Monte MisenAún tenemos que caminar unos 15 minutos para llegar a la cima del Misen, donde una vez más lo que vemos nos recompensa con creces el calor que estamos pasando. El mar azul nos sigue rodeando resplandeciente. Pasamos allí un rato, tomando fuerzas y disfrutando del lugar antes de comenzar el descenso.

Miyajima Monte MisenComenzamos a bajar, y de camino pasamos por un templo en el que encontramos a un montón de gente descansando (normal, es como para descansar la subidita que hemos tenido que hacer, no quiero ni pensar en el que sube andando desde el pueblo). A partir de ahí ya es todo bajada por un camino muy cómodo que discurre dentro del bosque. En algunos puntos se abre un claro con una vez más maravillosas vistas, y en otros aparece una señal que indica que hay algún templo o santuario. Nosotros no nos desviamos, encontramos por el camino gente que sube andando (valientes) y también algún pequeño ciervo que no sabe si confiar en nosotros o no. Cuando ya llevamos andando cerca de una hora vemos entre los árboles el famoso torii de Miyajima que a esa hora ya emerge de las aguas.

MiyajimaAntes de alcanzar el pueblo pasamos por el Daishö-in, un imponente templo construido en la ladera de la montaña. En sus escaleras hay muchos rodillos de oración y sus jardines están llenos de estatuas de pequeños monjes. Además hay una gruta con imágenes de 88 templos de peregrinación. Desde luego es la visita perfecta para acabar el descenso (aproximadamente hora y media hemos tardado) del Monte Misen.

Llegamos al pueblo y nos acercamos a un puesto de comida que vimos el día anterior y donde nos llamaron la atención unos pinchos de ostras que vendían. Nos compramos uno… y uf, está tan bueno que no podemos evitar repetir. En otro lugar compramos una de esa especie de galleta rellena de queso o chocolate que venden por todas partes en Japón. Creo que podría vivir de ese tipo de comida varios días, está bien bueno todo.
Y antes de marcharnos al ferry para regresar a Hiroshima y luego a Kioto nos despedimos del famoso torii de la isla de Miyajima.

Miyajima Torii flotanteEl camino de vuelta es a la inversa que el día anterior, primero el ferry, luego un tren local hasta la estación central de Hiroshima, y desde allí un shinkansen a Kioto. Llegamos tarde y un poco cansados, así que comemos en un local cerca del hotel donde la cena como casi siempre en Japón está deliciosa.
Y a dormir en la nueva habitación del hotel, que tiene unas camas cómodas y llenas de almohadas. Felices sueños.

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Japón

Diario de viaje Japón: Kioto

por Cristina 20/03/2014

9 de Octubre – Kioto

El viaje en tren desde Takayama con una cambio en Nagoya dura casi cuatro horas, pero como siempre en Japón son trayectos muy cómodos y la espera entre un tren y otro el justo para tomar un refresco y cambiar de anden.

Una vez en Kioto nos encontramos en el centro de una increíble estación de techos altísimos y espacios abiertos. Por sus pasillos se encuentran entradas a grandes centros comerciales y hoteles, además de un sin fin de tiendas de recuerdos y comida. También hay una gran oficina de turismos con empleados que hablan diferentes idiomas y facilitan planos y toda la información necesaria.

Nada más salir de la estación por su parte norte nos encontramos con la Torre de Kioto que sobresale del tejado del hotel Kyoto Tower. Dudamos si andar hasta el hotel o coger un bus, pero como no llevamos nada más que dos mini maletas con ruedas decidimos caminar y estirar las piernas. Además hace un día fantástico, todo lo contrario que en Takayama.

De camino a nuestro hotel, el Citadines Karasuma que está en Gojo dori, pasamos por delante del enorme templo Higashi Hongan-ji que está rodeado de un mini foso con nenúfares. No tardamos mucho en llegar a nuestro hotel, al igual que en Tokio es de la cadera Citadines. En seguida nos dan la llave y la maleta que mandamos desde la capital. Subimos a dejar todo para salir a descubrir la ciudad.

Plano en mano nos vamos al metro para llegar al Nijö-jö, el castillo de Kioto que poco tiene que ver otros del país. Cometemos el error habitual cuando se llega a una ciudad nueva: no tener claro como son las distancias reales. Y mira que llevamos un plano, y que dice la escala… pero da igual. Hay que confundirse para aprender, y a nosotros el aprendizaje nos cuesta un gran paseo desde la estación de metro Nijö hasta la entrada al castillo. Además comienza a poner muy gris, por lo que tenemos terminar mojándonos.
Una vez pagada la entrada, atravesamos el gran muro que rodea el recinto y nos acercamos a la gran puerta Karamon que da acceso al palacio Ninomaru, al cual se puede acceder, pero siempre descalzo. Tiene una sola planta y lo más llamativo del edificio, además de los largos pasillos, son las magníficas pinturas que decoran los paneles que separan las habitaciones y los llamados suelos “ruiseñor” que se Ieyasu mandó colocar para protegerse de cualquier posible traidor, pues suenan como si fueran pájaros en cuanto pones un pie encima… y comprobado que es imposible pasar sin hacerlos sonar.
En el interior no se puede fotografiar, así que el quiera verlo tendrá que ir….

Kioto puerta KaramonUna vez fuera del recinto del palacio queda recorrer los jardines, pero apenas nos da tiempo a hacer unas fotos a un precioso estanque cuando empieza a caer agua como si no hubiera un mañana. Nos protegemos debajo de los saledizos del tejado, y toca esperar un buen rato antes de que la lluvia pare. Finalmente conseguimos salir y recorrer todos los senderos que discurren por los enormes y preciosos jardines. La pena es que estaba todo muy gris, probablemente con sol sea aún más bonito.

La luz de día ya comienza a escasear, y toca pensar en cenar. Por si no habíamos caminado bastante, y para terminar de hacer hambre, nos vamos andando hasta la zona de Ponto-chö, zona de vida nocturna de Kioto. La verdad es que llegamos sin muchas fuerzas y terminamos cenando una suculenta pizza en un restaurante que tiene mesas junto a un canal, no podíamos haber elegido mejor modo de acabar el día.

10 de Octubre

Nuevo y soleado día en Kioto. Y tenemos una cita: la visita al Palacio Imperial a las diez de la mañana. Pero nos parece que tenemos tiempo para ver algo más antes, así que bien temprano salimos del hotel y tomamos el metro junto al hotel hasta la estación de Kuramaguchi. Desde allí tenemos que caminar en busca de un santuario Patrimonio de la Humanidad, el Shimogamo-jinja, situado en la bifurcación de dos ríos, el Kamo y el Takano. La verdad es que nos cuenta un poco orientarnos, pero gracias a los encantadores japoneses que vamos encontrando por el camino conseguimos llegar. Nadie habla una palabra de inglés, no digamos ya de castellano, pero ante nuestros seguramente mal pronunciados konnichiwa y arigatö todos sonríen y ayudan como pueden.
Entramos el recinto (gratuito) por un lateral, y nos encontramos con un claro rodeado de altísimos árboles, donde se situan los diferentes edificios del complejo, así como varios torii de diversos tamaños. Hay muchos farolillos de colores, que junto con el rojo de los edificios resplandecen bajo el sol de justicia que ya hay a esa hora de la mañana.

Kioto Shimogamo-jinjaSalimos del santuario y atravesando el camino bordeado de árboles llegamos al punto donde se bifurcan los ríos… y nos damos cuenta que se acerca la hora del visita al Palacio Imperial y que estamos a cierta distancia. Aceleramos el paso, llegamos a la valla de los jardines y parece que no va a acabar nunca, por más que andamos siempre vemos metros y metros de jardines delante de nosotros. Entre las prisas y la carrera llegamos agotados y sudorosos a la Agencia de la Casa Imperial (a través de la cual y desde España reservamos día y hora para la visita), desde nos mandan a la entrada del Palacio (hay que seguir andando) para acceder con el grupo de las diez de la mañana. Llegamos a tiempo y no somos los últimos. Nos van mandando a una sala con asientos, máquinas de bebidas y baños, donde nos ponen un dvd sobre la historia del palacio. Más tarde y con la guía de habla inglesa accedemos al recinto del Palacio y vamos descubriendo los diferentes edificios. Resulta una visita interesante que da la posibilidad de visitar con tranquilidad el lugar donde a día de hoy se sigue coronando a cada nuevo emperador.

Kioto Palacio Imperial Aprovechando que el sol luce nos vamos en bus (la parada estaba junto a la valla de los jardines imperiales) hacia el Pabellón Dorado, uno de los lugares más conocidos de Kioto. Los autobuses son de tamaño medio y al igual que vimos en otros lugares, se paga al salir con el importe exacto depositado en una máquina (si no tienes ese dinero justo, la misma máquina te posibilita cambiar previamente). Bajamos a poca distancia de la entrada a Kinkaku-ji. Originalmente fue una casa de retiro para un sogún, pero su hijo lo convirtió en templo. Después de pagar la entrada, se accede al recinto donde todo el mundo posa para una foto delante del lago donde se refleja el Pabellón dorado. El recorrido está marcado por un sendero que sube por una pequeña ladera desde la cual se puede apreciar otra vista del lugar. La verdad es que fue un acierto aprovechar un día de sol, la imagen del Pabellón sobre el lago es de las cosas más bonitas que recuerdo de Kioto.

Kioto Pabellón DoradoAunque el siguiente lugar que queremos conocer está algo alejado, el metro en esa zona no existe, y los autobuses no comunican como necesitamos, y aunque tenemos un buen plano con todas las opciones pensamos que podemos llegar andando. Por fortuna esta vez el objetivo no está demasiado lejos y además es cuesta abajo, así que antes de lo que pensamos llegamos al Daitoku-ji, un conjunto de templos zen rodeados de jardines y senderos sinuosos, es un lugar muy relajado y sin casi visitantes. En total hay 24 templos y subtemplos, pero solamente algunos están abiertos a las visitas. Nosotros no entramos en ninguno de ellos, nos limitamos a acceder hasta donde estaba permitido sin pagar. Al final ni teníamos tiempo ni presupuesto para visitar todos y cada uno de los templos de pago. Hay que fiarse del instinto y pensar que los que eliges son los mejores, al menos para ti.

Kioto Daitoku-jiNos espera uno de los santuarios más antiguos de Japón y también Patrimonio de la Humanidad. Se trata del Kamigamo-jinja, y para llegar lo hacemos en un bus que nos deja en el parking del santuario. Para entrar al recinto hay que recorrer una esplanada de cesped perfectamente cuidado y pasar bajo la puerta de cualquier santuario, el torii. Una vez en el recinto, hay más de 40 edificios, reproducciones exactas de los originales. El lugar está dedicado a Raijín, el dios del trueno y me llamaron la atención las dos mini montañas cónicas de arena blanca frente que dicen está esculpidas para el descenso de los dioses…. cosas de la fé.

Como ya está bien de visitar a templos y palacios, nos volvemos a subir al bus para llegar a Gion, el barrio más famoso de Kioto y que está situado en la orilla oriental del río Kamo. Aunque es una zona llena de locales nocturnos, restaurantes y tiendas de recuerdos, aún quedan zonas llenas de encanto, tal y como eran los hanamachi (barrios de las geishas), a cuyas calles dan las puertas de las okiyas (casas de maikos durante su aprendizaje).
Paseamos por sus calles hasta encontrar Shimbashi, una de las más bonitas de Kioto. Casas tradicionales, puentes y almendros crean casi un lugar de postal.

Kioto ShimbashiContinuamos nuestro paseo por el barrio y nos dirigimos al sur de Shijó-dori, otra zona de las partes más bonitas de Gion y donde he leído que al caer la tarde es posible ver alguna de las pocas geishas que quedan en la ciudad. Caminamos arriba y abajo, vemos taxis vacios que pasan constantemente, miramos cada puerta e intentamos adivinar que hay tras cada celosía de madera que tapa las ventanas, pero nos parece una misión imposible lo de cruzarnos con una geisha… hasta que de repente, una calle estrecha y vacía se llena con el color del traje de una maiko que camina todo lo deprisa que le permite su vestido hacia su cita. Nos quedamos sin habla, era como una aparición que pasó junto a nosotros y nos dibujó una sonrisa que decía “existen y podemos verlas”. Así que decidimos seguir caminando con la ilusión de ver alguna más. Y nuestro esfuerzo tuvo recompensa, pues vimos varias maikos y geikos en diferentes lugares. Fue realmente emocionante, yo estaba feliz y creo que Arturo lo estaba de verme a mi con esa alegría. Se que no se las debe perseguir ni hacer fotos, pero de verdad que cuando ves una no puedes evitar levantar la cámara y disparar.

Kioto GeishasDespués de la emoción de nuestro paso por el barrio de las geishas terminamos el día con otra cosa tipicamente japonesa: el sushi. Buscamos un restaurante que había visto recomendado, Chojiro, en la zona de Ponto-chö. Nos costó un poco dar con él y tuvimos que esperar un rato en las escaleras a que quedara vacía una mesa. Pero creo que acertamos. Un local moderno donde pides la comida a través de una tablet, el servicio es amable, hay una cocinera que habla perfectamente castellano y el pescado está realmente delicioso. Todo a su favor.

Y después de la cena, paseito al hotel y a descansar, que al día siguiente habrá más.

11 de Octubre

Hoy es el día que vamos a dedicar el sur de Higashiyama, las montañas de la zona oriental de Kioto. Vamos en metro hasta la estación con el mismo nombre que las montañas, y desde allí paseamos poca distancia hasta el primero de los templos que queremos ver, el Shören-in. Este lugar se distingue con facilidad por los enormes alcanforeros que crecen junto a sus muros. Fue primero residencia de una abad de la escuela budista Tendai, y posteriormente se convirtió en el templo que es hoy. Es un lugar muy tranquilo que hay que visitar descalzo (excepto los jardines, para eso te puedes calzar) y hay algunos paneles con unas pinturas realmente llamativas. El precio incluye la visita a todo el recinto.

Kioto Shören-inEn un barrio lleno de templos y santuarios había que elegir que visitar y que no, es imposible conocer todos y cada uno de los lugares que salpican la ciudad. Nosotros nos guiamos principalemente por las recomendaciones de Lonely Planet y de algunos foros, así que el siguiente templo al que nos dirigimos fue Chion-in, cuya entrada al recindo es gratuita, tan solo hay que pagar para acceder a los jardines.
Este templo es la sede de la escuela budista Jödo, y es un lugar majestuoso, donde todo parece hecho a gran escala, desde los puentes a la campana, pasando por supuesto por la puerta y la enorme sala principal que nosotros solamente pudimos intuir pues estaba en obras y tapada por una estructura realmente grande. En la parte posterior del recinto hay unas escaleras que conducen a un cementerio en diferentes niveles, así como a otras zonas del templo. Merece la pena el pequeño esfuerzo de subir, pues las vistas desde arriba son bastante bonitas y sin casi gente.

Kioto Chion-inDe camino al colorido santuario custodio de Gion, el Yasaka-jinja, pasamos primero por Maruyama-koën, un parque con jardines, estanques y lugares donde tomar algo.
El santuario nada tiene que ver con los templos que habíamos visitado un poco antes. Aquí todo es bullicio, color y gente que va y viene. No tiene nada especial que le haga destacar, pero para nosotros era un lugar de paso y disfrutamos de la sonrisa de un grupo de jovencitas que iban vestidas con los tradicionales yukata y que posaron encantadas para nosotros.

Kioto Yasaka-jinjaEl paseo continuó por uno de los barrios mejor restaurados de Kioto, la zona de Ninen-zaka y Sannen-zaka. Es tan bonito como turístico, y las calles están llenas de encanto, con casas tradicionales, tiendas de recuerdos y restaurantes.

Kiyomizu-dera es probablemente el templo más visitado de esta zona de la ciudad, y hacia él fuimos subiendo la transitada Chawan-zaka que está bordeada de tiendas de comida rápida, de recuerdos y de artesania. Gente que sube y baja sin parar, todos con la cámara de fotos y alguna bolsa con su compras.
Al llegar a la parte alta de la calle encontramos la puerta de entrada al templo y una pagoda, que curiosamente lucen un precioso color rojo que hasta alturas del viaje nosotros ya asociamos más a los santuarios sintoistas que a los templos budistas. Hay que continuar ascendiendo y tras pagar el importe de la entrada ya se puede acceder a la sala principal, una gran estructura de madera con una gran terraza que se sostiene sobre cientos de columnas sobresaliendo por encima de la ladera. El nombre del templo quiere decir “del agua pura”, y el manantial con ese agua se encuentra debajo de la terraza, la gente hace cola para poder beber ese agua que parece ser tiene propiedades terapéuticas.
Desde la terraza del templo se puede ver al fondo otra pequeña pagoda roja de tres pisos, casi nadie llega a ella, pero está cerca del camino principal y es sencillo acceder.

Kioto Kiyomizu-deraVolvimos a bajar Chawna-zaka, teníamos que llegar a otro lugar en el que yo tenía una cita para recoger mi regalo de cumpleaños: me iba a convertir en maiko por un día. Desde España buscamos las opciones para una transformación en geisha, y esta me pareció la más interesante, así que reservamos para un día y hora concretos. Y fue toda una experiencia, ni yo misma me reconocía cuando terminaron de vestirme y maquillarme. Y que decir de Arturo que no supo que era yo hasta que no le hablé…. Sin duda uno de los mejores regalos de cumpleaños que he tenido jamás.

Maiko HenshinUna vez desmaquillada (a ver si no como salía a la calle…) nos vamos paseando tranquilamente bajo el sol de la tarde. Nos dirigimos a Gion disfrutando del paseo, parando en cada calle o rincón que nos llama la atención y curioseando en algunas tiendas con las que nos encontramos. Llegamos pronto a nuestro destino y celebramos el buen día con una cerveza. Luego salimos a ver si vemos alguna geisha y de nuevo tenemos suerte, aunque esta vez solamente es una. Terminamos cenando en un restaurante camino al hotel, pero todo estaba escrito en japonés así queno puedo dar más pistas.
Tocaba preparar maleta, porque al día siguiente nos vamos a Hiroshima y Miyajima y hay que dejar todo organizado.

12 de Octubre

Después de recoger todo el equipaje y desayunar nos marchamos de Kioto con una pequeña mochila. Dejamos todo en la consigna del hotel, pues vamos a regresar mañana por la noche. Es como hacer una escapada de fin de semana. Nuestro destino: Hiroshima y Miyajima.

13 de Octubre

Llegamos ya de noche a Kioto, y antes de entrar en el hotel cenamos en un restaurante cercano. Ya habíamos probado la experiencia de la máquina que registra la comanda. Es muy sencillo: indicas bebida y comida que quieres tomar, pagas y entregas la nota a una camarero. Más fácil imposible. A mi me recordaba la máquina un poco a las expendedoras de tabaco de España, pero con más botones.

Y con la tripa llena al hotel. La habitación esta vez nos gustó más, aunque la cama era un poco más pequeña (la otra habitación tenía dos juntas) el resto de la habitación nos resultaba más cómoda y espaciosa.

Citadines Kioto14 de Octubre

Hoy es mi cumpleaños, luce el sol y estoy en Kioto. ¿Qué más puedo pedir? Pues muy sencillo: visitar el santuario Fushimi Inari, uno de los lugares más conocidos de Japón gracias al paseo de la protagonista de Memorias de una geisha bajo sus torii.
Para llegar al santuario tan solo tuvimos que ir a la estación de Kioto y allí coger lo que sería una linea de cercanías hasta la estación de Inari. La verdad es que no elegimos el mejor día para la visita, pues en Japón el 14 de octubre resultó ser festivo y no era día lectivo, por lo que había gran cantidad de gente tanto en el tren como en el santuario. Pero era lo que tocaba, de modo que nos acercamos a la entrada del lugar, visitamos los edificios principales y a continuación empezamos a subir por la montaña bajo la hilera inacabable de torii rojos situados uno junto a otro. Es un paseo muy agradable que va pasando por los cinco santuarios que se extienden por las laderas boscosas del Inari-yama.

Fushimi-Inari, KiotoRegresamos a la estación de Kioto y desde allí fuimos en metro de nuevo a la estación de Higashiyama, esta vez para conocer la zona norte de las montañas. El primer lugar que visitamos es Heian-jingü, un impresionante complejo de santuarios construidos para conmemorar el 1100 aniversario de la fundación de Kioto en 1895. Son coloridas réplicas pero a menor escala del Kioto Gosho. Aunque no entramos a los jardines, alguien nos dijo después que merecen la pena (son la única parte de pago del complejo)
Durante la visita vimos a una familia celebrando el nacimiento de un bebé y posaron con agrado para nuestra cámara.

A continuación nos dirigimos al Sendero del filósofo, un camino peatonal que discurre junto a un canal a los pies del Higashiyama y que está bordado de árboles y banquitos donde sentarse a descansar. También encontramos algunas tiendas de artesanía con cierto estilo (y precio acorde) a lo largo del paseo.

Al final del sendero y subiendo una pequeña cuesta se llega al Ginkaku-ji. Es también uno de los lugares más concurridos de la ciudad, y previo pago se accede al recinto que aloja el conocido como Pabellón de plata, aunque dicho edificio nunca llegó a estar recubierto de ese metal. La verdad es que este lugar me decepcionó un poco, no se si por la cantidad de gente, porque el recorrido era estrecho e imposible desviarse de él o porque el pabellón me resultó tremendamente soso. Todo el mundo dice que merece mucho la pena, pero para mi son más bonitos otros lugares de Kioto.

Ginkaku-ji, KiotoRegresando al Sendero del filósofo lo recorremos en dirección contrario curioseando en el interior de algunos templos con los que nos vamos cruzando en el camino y disfrutando de las vistas que hay en ciertos lugares de los tejados de Kioto. Al final del camino llegamos a otro de los templos más interesantes de la zona, el Nanzen-ji, con un amplio recindo donde lo más llamativo es gran puerta principal y el acueducto de ladrillo que hay en la parte posterior. Un sendero que parte de este último lugar lleva a un santuario en la montaña pero nosotros no llegamos a verlo. También es posible disfrutar de un jardín zen, pero ya era tarde para entrar a la hora de nuestra llegada.

Ya solamente quedaba ir a cenar, y el lugar elegido fue un restaurante que ya habíamos visitado: Chojiro. Me apetecia cenar pescado y como la vez anterior había sido tan divertido y la comida rica, decidimos volver. Y salimos más contentos aún que la primera vez. En primer lugar probamos anguila, y jamás hubiera pensando que podía estar tan bueno ese pescado. Además al comentar con la cocinera que hablaba español que era mi cumpleaños, el dueño del local me preparo y obsequió con un plato de sushi tan bonito que daba pena comerlo. Y también me regaló una botella de un nuevo tipo de sake espumoso que resultó estar bastante bueno. Un fin de fiesta genial.

Sushi en Chojiro, Kioto15 de Octubre

El día amanece con lluvia y con pronóstico de que será así todo el día de modo que cambiamos el plan inicial sobre la marcha y pensamos que es el día perfecto para ir a Osaka y visitar su Acuario. Pero antes nos apetece acercarnos a uno de los mercados de Kioto, el Nishiki, que está cubierto y nos parece una visita perfecta para un día lluvioso. No está muy lejos del hotel, así que aunque llueve nos vamos paseando hasta hasta allí, tan solo una manzana al norte de Shijo-dori. Dentro encontramos tanto orden y limpieza como ya esperábamos, así como muchas tiendas de recuerdos, algunos restaurantes y puestos de comida donde vemos productos que no somos capaces ni de adivinar que son. Lo que más hay son diferentes tipos de algas y todo tipo de pescado y marisco, pero nada de lo que vemos consigue abrirnos el apetito… igual es porque acabamos de desayunar. Lo único que compramos en una tienda es un precioso paraguas transparente con flores de colores, y desde luego le vamos a dar buen uso ese día.

DSC_0333Para llegar a Osaka tenemos que ir hasta la estación de Kioto y desde allí podemos coger cualquier tren, así que una vez en la estación averiguamos el primer tren que sale y en apenas media hora estamos en nuestro destino.

16 de Octubre

Este día se lo vamos a dedicar a Okayama, en principio iba a ser una visita combinada en un solo día con Osaka, pero el tiempo ha impuesto que sea de otro modo, así que volvemos a la estación de Kioto, por la que ya nos movemos con cierta soltura, y tomamos el primer shinkansen que sale con destino a la ciudad que queremos visitar y a la que llegamos en algo más de una hora.

Al volver por la tarde a Kioto nos apetece volver a la zona de Gion, pasear, buscar geishas y tomar una cerveza en una especie de curiosa taberna que habíamos descubierto en la zona comercíal de Teramachi. A pesar de sus cuadros tipicamente japoneses, había algo en ese lugar que me recordaba a las bodegas y bares del antiguo Madrid. Arturo decía que si, pero creo que solo por darme la razón…. Os dejo aquí alguna foto a ver si alguien piensa como yo.

17 de Octubre

Es nuestro penúltimo día en Kioto y nos queda una visita pendiente: la ciudad de Nara. Así que hay que solucionarlo y nos vamos a visitarla. Los trenes en este caso son locales y tardan una hora en unir ambas ciudades.

18 de Octubre

Toca preparar equipaje y hacer el check-out pues a mediodía abandonamos Kioto. Pero aún tenemos por delante una mañana para conocer algún nuevo lugar de esta ciudad que nos ha enamorado.
Lo primero que hacemos es ir hasta la zona de Gion, la hemos visto varias veces por la tarde y por la noche, pero nunca hemos caminado por las calles del barrio durante la mañana y el ambiente no tiene nada que ver: no hay turistas y si muchos trabajadores que se dirigen a su trabajo, furgonetas con el reparto del supermercado llevando mercancía a supermercados, e incluso calles vacias a las que asoman casas que con toda probabilidad son casas de té o bien okiyas y ante cada una de las cuales invento una historia con lo que ocurre dentro. Fijo que no doy una, pero se nos hace muy entretenido el camino.

Gion, Kioto

Caminando llegamos a la orilla de río, y tras cruzar el puente Shijö bajamos para hacer unas fotos de la parte posterior de los locales de Ponto-chö y ver la ciudad desde otra perspectiva.

KiotoVolvemos a Shijö-dori para subir al bus que nos llevará al noroeste de la ciudad donde están los dos últimos templos que vamos a visitar en Kioto, y también en Japón. El primero es el Ninna-ji, otro de los lugares Patrimonio de la Unesco en la ciudad. Tiene una gran zona que se puede visitar de forma gratuita y que fue la que nosotros vimos. En ella destaca una pagoda de cinco pisos rodeada de un bosque bajo el cual hay una alfombra de musgo de un verde reluciente y un aspecto tan acolchado que pude evitar pisar para comprobar la consistencia del terreno, que tal y como parecía, era blandido, como pisar nubes (bueno, ya sé que las nubes no se pueden pisar, pero si se pudiera seguro que sería como es musgo). En el recinto nos encontramos con un grupo de escolares de picnic, todos encantadores y sumamente discretos y educados como seguro lo son sus progenitores.

No demasiado lejos del Ninna-ji se encuentra Ryöan-ji, , que también es Patrimonio de la Humanidad. Nada más entrar al recinto pagamos la entrada que nos da la oportunidad de contemplar uno de los famosos jardines secos japoneses. Para llegar a la zona de templo donde está dicho jardín hay que pasear por un precioso bosque que rodea un enorme y precioso estanque.
Al entrar al edificio donde esta el mirador sobre el jardín zen, hay que descalzarse. Se pueden ver diferentes salas interiores con sus paneles bellamente decorados, y en un lateral, una terraza con un par de niveles de asientos donde sentarse a disfrutar del mar de arena del que sobresalen 15 piedras. Siendo sincera, a mi ni fu ni fa… Está bien por verlo, es curioso, pero nada más, personalmente me quedo con cualquier jardín tradicional con sus árboles y sus flores.

DSC_0756

Al acabar la visita al templo nos vamos a coger el bus que nos deja relativamente cerca del hotel, pedimos nuestro equipaje y nos vamos por última vez a la estación de Kioto por la que hemos pasado tantas veces en los últimos días. Cogeremos nuestro último shinkansen hasta la Tokio, y desde allí el último tren del viaje a Narita, donde vamos a pasar la última noche. Nuestro vuelo sale por la mañana y el hotel APA Keisei que hemos reservado cuenta con servicio gratuito de traslado al aeropuerto. Es un hotel pensado justo para eso, pasar una noche y salir a otro destino. Cerca hay alguno restaurantes y supermercados, pero nosotros terminamos tomando cerveza en un lugar con algo más de encanto que el resto. Luego a dormir la última noche (por ahora) en suelo japonés.

Porque Japón nos ha gustado TANTO que seguro volveremos.

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