Valle de Altomira: entre Gualajara y Cuenca

por Cristina Monsalvo
Valle de Altomira

Hace años que mi familia tiene una casa en Albalate de Zorita. Un pueblo de la provincia de Guadalajara. Nuestra casa esta en lo alto de la montaña, y desde ella vemos campos que pertenecen a Cuenca. Se trata del Valle de Altomira, un territorio que nunca habíamos visitado. Tuvimos que dirigirnos a la Ruta de las Caras de Buendía para por fin recorrer este tranquilo valle en el que cada verano, los girasoles se convierten en protagonistas.

Qué ver en el Valle de Altomira

La carretera que atraviesa el Valle de Altomira es estrecha. No es un lugar turístico ni por el que pasen muchos coches. A ambos lados de la carretera se pueden ver campos de cultivo. Terrenos en los que los pocos habitantes de los tres pueblos del valle tienen sus tierras y en las que en verano crecen los girasoles. Tantos girasoles que el amarillo tiñe las laderas de las montañas.

Para muchos sería el lugar perfecto para sacar fabulosas fotos que subir a las redes sociales. Pero la carretera no cuenta con arcén ni con espacio suficiente para dejar el coche sin molestar a otro vehículos que por allí puedan pasar (son pocos, pero basta que te pares donde no debes para que aparezca un coche o un tractor). Sin embargo, siempre se puede estacionar en alguno de los pueblos del Valle de Altomira y dar un paseo hasta esos campos dignos de ser fotografiados.

Como podréis imaginar, no siempre hay girasoles. Y aunque esos campos llenos de ellos sean una de las cosas que ver en el Valle de Altomira, no es lo único. Os voy a contar que lugares podéis visitar en este rincón olvidado de Cuenca. Basta con dedicar una mañana a recorrer el valle para disfrutar de sus atractivos.

Mazarulleque

El primero de los pueblos que visitamos en el valle fue Mazarulleque. Apenas vimos gente en las calles. Algo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que este valle conquense habitan menos de 400 personas.

Este pueblo está construido alrededor del Cerro de la Muela. Aprovechando la topografía del terreno se construyeron casas y cuevas, y en lo alto del cerro, la Iglesia de San Martín, del siglo XVI. Esta construcción fue vendida hace años, llevando a la iglesia a un serio grado de deterioro. Durante nuestra visita vimos junto a ella una grúa, indicativo de las obras de restauración que parece se están llevando a cabo.

Junto a la iglesia está el pequeño cementerio de la localidad y una escalera que invita a bajar para seguir descubriendo este pueblo del Valle de Altomira. En las calles se pueden ver casas blasonadas y tradicionales. Entre todas ellas destaca la casa fuerte de La Muela. Se trata de una ejemplo único en Cuenca de casa de labranza fortificada.

Cuenta también este pueblo con miradores sobre el valle, campos con viñas y bodegas. Esto último es bastante interesante, pues forman parte de la tradición de Mazarulleque y desde hace años en ellas se ha elaborado vino. Sin duda, con las actividades en torno a estas bodegas que se están empezando a realizar en el pueblo, esta localidad de Cuenca se puede contar como un destino de enoturismo en Castilla-La Mancha.

Valle de altomira

Garcinarro

A 5 kilómetros del anterior pueblo se encuentra Garcinarro. Es una localidad algo más grande que la anterior en la que las bodegas excavadas en la roca siguen siendo protagonistas en algunas calles.

Valle de altomira

Pero el edificio que no hay que dejar de ver en este pueblo conquense es la Iglesia de Nuestra Señora del Sagrario. Una construcción de estilo renacentista con dos portadas, una gótica y otra barroca. Si no estuviera abierta, hay que preguntar a cualquier vecino para que indiquen dónde encontrar a alguien que pueda mostrarla a los visitantes.

No hay que quedarse sin ver una de las naves más bellas de Cuenca. Planta de salón, bóvedas estrelladas y una cornisa de forja que recorrer el templo son algunos de sus elementos más atractivos. Sin olvidar la capilla bautismal que acoge una pila renacentista.

Valle de Altomira

La Cava de Garcinarro

Continuando por la carretera que atraviesa el Valle de Altomira, a unos 2 kilómetros de Garcinarro, se llega a un aparcamiento a la derecha del camino. Allí se puede dejar el coche para luego subir a lo alto del cerro en el que se encuentra el que dicen es uno de los yacimientos Iberos más espectaculares de los que se han descubierto hasta ahora en la Península Ibérica.

Este yacimiento estuvo ocupado por primera vez en la Edad de Bronce, hace unos 4.000 años. Su superficie es de 12 hectáreas y se han excavado restos de una muralla, fosos, un edificio con tres estancias y un campo de cazoletas en el que se calcula puede haber alrededor de 8.000 de esos grabados rupestres.

Valle de Altomira

El edificio que cuenta con tres estancias, todas comunicadas entre sí, data del siglo IV a.C. Debido al parecer a un terremoto, el lugar fue abandonado, siendo utilizado siglos más tarde por romanos, visigodos y por los eremitas del Monasterio Servitano de Cañaveruelas, situado junto a la ciudad romana de Ercávica.

Valle de Altomira

Si bien La Cava de Garcinarro es el recinto arqueológico más importante de la zona, alrededor se pueden visitar varias necrópolis, hornacinas, fuentes, pozos y eremitorios. Entre esos lugares se encuentra un espacio de culto con varias cuevas en la vía que unía esta parte de Cuenca con Recópolis, un yacimiento arqueológico que ver en Zorita de los Canes.

Jabalera

Para cerrar nuestro recorrido por el Valle de Altomira, visitamos Jabalera. Para llegar a este pueblo hay que desviarse a la izquierda por una carretera que termina en el pueblo. En el centro de su plaza se puede ver el rollo «de la vergüenza». Era utilizado para atar a aquellos que habían tenido alguna falta, y luego arrojarle verduras u hortalizas.

Valle de Altomira

A pocos metros está la Iglesia de Santa María la Mayor cuya torre del siglo XVI está situada en la cabecera del templo. Cuenta también esta iglesia alcarreña con un bonito pórtico románico. Dando un paseo por las calles aledañas se puede descubrir alguna muestra de arquitectura civil en las fachadas de algunas antiguas casonas.

Hasta aquí el recorrido por este valle castellano manchego. Un lugar peculiar que en verano, con la floración de los girasoles, muestra sin duda su cara más alegre y pintoresca.

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