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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: Parque Nacional de Yala

por Cristina 05/09/2016
Parque nacional de Yala

21 de marzo – Buscando elefantes en el Parque Nacional de Yala

Sin duda este fue el madrugón de nuestro viaje a Sri Lanka. Cuando sonó el despertador la sensación fue de que me acababa de acostar, un lavado rápido de cara, vestirse deprisa y a la calle. En la cocina nos entregaron la bolsa con el desayuno que habíamos pedido para llevar y salimos a la calle para subir al jeep que nos llevaría hasta el Parque Nacional de Yala, el más visitado del país y donde se suponía veríamos entre otro animales algunos elefantes en libertad, y con mucha suerte algún leopardo.
Eran la 4:45 de la mañana cuando salíamos hacia el Parque Nacional de Yala y la verdad es que hacía bastante fresco y además al ir en un coche abierto la sensación se multiplicaba y como pudimos nos cubrimos con un gran pañuelo que llevo siempre conmigo y sirve un poco para todo. Baches, curvas, acelerones… el viaje fue un poco infernal. De esas cosas que mientras haces te repites una y otra vez que es por una razón que hará que merezca la pena.
Cuando llegamos a la entrada del Parque Nacional de Yala ya había un buen número de jeep esperando para entrar y sacando sus entradas, y eso que apenas empezaba a clarear por el horizonte. Yo estaba helada y con cero ganas de moverme así que le di el dinero de la entrada al conductor que no tardó mucho en regresar para llevarnos a la entrada del parque siguiendo la procesión de jeep cargados de turistas ansiosos por localizar animales. Al principio todos íbamos juntos, pero poco a poco cada cual elige su camino por lo que como mucho estás con otro jeep en algunos momentos. Fue cuando empezamos a separarnos unos de otros cuando llegamos junto a un lago donde vimos con calma tras el movido viaje un precioso amanecer.

Yala
Vimos fue en la distancia un cocodrilo junto a un lago, totalmente inmóvil pero fácilmente reconocible sobre todo con los prismáticos. Tardamos poco en ver también búfalos retozando en el agua aprovechando el fresco de las primeras horas de la mañana. Escuchamos pavos reales y después los vimos también aunque ninguno se animó a abrir su plumaje para nosotros. Lagartos, venados, garzas, más búfalos… las horas pasaban y eso era todo lo que se cruzaba en nuestro camino. Nada de los ansiados elefantes, sin duda el motivo de nuestra excursión al Parque Nacional de Yala.

Yala
Estábamos algo decepcionados pues parece que todo el mundo ve elefantes en este parque… y justo para nosotros no aparecía uno solo. Íbamos y veníamos, pero nada. Yo cada vez estaba más aburrida y decepcionada. Entiendo que es complicado ver elefantes en libertad, pero también fue mala suerte la nuestra. Y por supuesto, ni hablar de los leopardos, aunque yo ya llevaba esa parte asumida y sobre todo me importaba menos porque un par de años antes habíamos visto más cerca de lo esperado un precioso ejemplar en Wayanad (Kerala, India).

Yala
Total, que casi cinco horas después dejamos el Parque Nacional de Yala atrás junto a montones de jeep cuyos conductores comentaban lo mismo que nosotros: que ese día los elefantes habían estado esquivos. No quedaba más que regresar al hotel mientras abrimos nuestro picnic y comíamos la fruta y el resto de viandas que habían preparado para nosotros. El camino fue igual de movido que la ida, pero al menos esa vez no pasamos frío, que ya era algo. A mediodía estaba de nuevo en la puerta del hotel el amable conductor que conocimos el día anterior en Ella, con él íbamos a llegar a Galle, la ciudad colonial cingalesa del sur de la isla. Hablamos con él para dejar claro los lugares donde queríamos parar… no fuera que nos pasara como el día anterior.
Con todo claro emprendimos viaje hacia el sur y en breve notamos un cambio en el paisaje que aunque verde dejó durante bastantes kilómetros de ser tan frondoso. Nuestro conductor nos contó mientras entrábamos en una autopista de verdad (y es excelente estado) que hasta allí llegaba el parque Nacional de Yala, ese que por la mañana habíamos visitado sin que la suerte nos acompañara en la búsqueda de elefantes, y que al estar en esa zona tan despejado de vegetación muchas veces se veían elefantes… pero tampoco hubo suerte. Así que seguimos circulando rumbo al sur, al mar y poco a poco volvieron a aparecer los cocoteros en el horizonte.
Llegamos a nuestra primera parada, la playa de Tangalle donde parar no era tarea sencilla. Aún así el conductor se aparto en un margen de la carretera y pudimos bajar a contemplar la primera playa de Sri Lanka que veíamos en el viaje. No nos pareció gran cosa y nos sorprendió lo estrecha que era la playa. El agua lucía de un azul intenso y siendo un lugar tan bonito no vimos a una sola persona disfrutando del lugar al modo tradicional que nosotros imaginamos: toalla, bronceador y sombrilla.

Parque nacional de Yala
Continuamos viaje hacia el templo de Wewurukannala. Al llegar dejamos los zapatos en el coche y descalzos subimos las escaleras que nos llevaron antes la daboga, un gran Buda y otras construcciones que forman parte de este lugar. Entramos lo primero en el edificio principal lleno de Budas y de escenas que describían, cómo no, la vida de Buda y los mundos infernal y celestial a través de imágenes de vivos colores que parecían sacadas de un parque de atracciones… que los budistas me perdonen por esto que acabo de decir, pero en serio: tela las esculturas.YalaEn la sala principal del templo vimos más Budas y lo mejor de todo, un grupo de pequeños escolares encantados de vernos por allí curioseando y deseando saludarnos y posar para la cámara.
Antes de entrar habíamos comprado unas flores y aprovechamos para dejarlas ante una de las imágenes de templo mientras Arturo hacía una de las cosas que más le gustaban en cada templo por el que pasábamos: volver a encender todos los inciensos que se habían apagado antes de consumirse del todo.

Yala
Abandonamos el lugar y nos acercamos a otro donde había un montón de gente esperando para entrar y por lo que vimos y nos dijeron era otra de esas galerías donde se muestran los horrores del infierno. Nos lo saltamos y nos fuimos hacia el Buda. Se puede entrar por su base a unas salas llenas de pinturas… ¿adivináis de que? Pues si, otra vez la vida del Maestro, esta vez numerada durante varias plantas a las que se va subiendo por una escaleras interiores hasta llegar a la cabeza. Allí se puede salir a una terraza y también mirar a una especie de cueva cubierta por cristal llena de Budas. Y ya que estás allí, pues un señor te pide un donativo…

Poco más quedaba por hacer, así que vuelta al coche y rumbo al Océano, en breve estaríamos junto a esas playas que unos años antes habían quedado arrasadas por el terrible tsunami de 2004. Primero paramos en un lugar al borde del Océano, el faro de Dondra. Desde allí pudimos disfrutar de una bonita panorámica de las costa cingalesa. Sus palmeras destacaban entre el azul del mar y el cielo, estábamos sin duda ante una de esas imágenes de playas paradisiacas.

Parque nacional de Yala
Rodeamos el faro y los vigilantes nos invitaron a subir, invitación que ya sabíamos vendría seguida de la petición de dinero, así que denegamos amablemente el ofrecimiento sobre todo porque aún nos quedaban bastantes kilómetros hasta Galle y no queríamos que el conductor tuviera que regresar haciendo todo el viaje de noche.
De nuevo en el coche le comenté al conductor que me gustaría ver los pescadores zancudos, una de esa imágenes típicas de Sri Lanka, y que había leído que podíamos verlos cerca de Weligama. Él comentó que era posible, pero que conocía algún otro lugar donde cabía la posibilidad que de hubiera algún grupo de esos pescadores. Así que con la esperanza de encontrarlos, emprendimos rumbo a Galle.
A los pocos minutos, paramos antes un templo y nuestro hombre al volante nos dijo que allí podíamos ver algún elefante, que evidentemente no era lo mismos que haberlos visto en Yala, pero que al menos nos se nos quedaría el mar sabor de boca de acabar el viaje por Sri Lanka sin ver más elefantes. Bajamos y efectivamente vimos a dos elefantes que estaban en la hora del baño y que hacían las delicias de niños y grandes. Me dio un poco de pena verles atados con cadenas, pero ya que no eran animales libres, al menos allí les cuidaban y no les utilizaban para cargar con turistas.
La verdad es que no recuerdo donde estaba este lugar, pero si que paramos en un lugar que era a la vez parada de bus y que no hacía más que llegar gente y protestar por donde estaba el coche… así que visto los elefantes de nuevo nos pusimos en marcha.

Yala
No pasó mucho tiempo antes de volver a parar, esta vez para conocer una de las playas más animadas y famosas del sur de esta isla. Se trataba de Mirissa y por primera vez en el viaje encontramos un montón de turistas juntos, relajados y disfrutando de no hacer nada. Sin duda una buena opción cuando uno llega a un lugar como la playa de Mirissa. Nosotros nos limitamos a pasear unos metros, ver que habíamos bastantes opciones de alojamiento y restaurantes, hacer unas fotos… y vuelta al coche.
Cada vez estábamos más cerca de Galle y lo único que había conseguido ver de los pescadores zancudos era algún grupo de sus palos. Pensaba que me iba a pasar lo mismo que con los elefantes en Yala, que me iba a quedar con las ganas… Cuando de repente, allí estaban. Puede que fueran pescadores de verdad o solamente esos hombres que dicen las malas lenguas que alquilan los palos y el dinero que ganan es el que los turistas dan por hacer fotos. Yo me acerqué a ellos y si que me pidieron dinero, pero les di tan poco que no creo que les sirviera de mucha ayuda en su economía del día. En cualquier caso, y fueran auténticos pescadores zancudos o no, yo me fui tan contenta con mis fotos.

Yala
Misión cumplida, ya no iba a tener que decir en ningún otro momento al conductor que volviera a parar, así que directos a Galle. Llegamos a la bonita ciudad colonial de Galle a última hora de la tarde y abandonamos a nuestro amable conductor de los últimos dos días en la puerta del hotel, el Mango House. Nada más entrar ya me gustó, desde el intenso color rosa de algunos objetos decorativos hasta la música que sonaba de fondo. Fue de esos lugares con los que uno siente un pequeño flechazo… que este caso se vino abajo debido a lo pequeño de la habitación. La verdad es que era minúscula, pero realmente se podía perdonar pues precisamente Galle tiene tantas cosas que ofrecer que lo que menos íbamos a hacer era estar en la habitación.

Yala
Después del check-in y de tomar un delicioso té helado que nos ofrecieron decidimos irnos a la zona de la muralla para ver la puesta de sol (había leído en algún sitio que era digna de ver). La verdad es que la ciudad colonial de Galle son apenas un puñado de calles por lo que uno enseguida llega a cualquier lugar, de modo que antes de darnos cuenta estábamos sobre los muros de la vieja muralla paseando junto a cingaleses y turistas pues toda la ciudad parece acudir allí a esa hora, y es normal porque es el lugar más fresco y agradable que uno puede encontrar.
Nosotros caminamos mientras el sol poco a poco iba bajando, pero algo ocurrió. Suponemos que se trataría de bruma, porque a cierta altura sobre el agua, el astro solar desapareció y nos privó a todos los presentes de esa anunciada como preciosa puesta de sol. No le vimos desaparecer en el horizonte mientras se reflejaba en las aguas del océano… así que nos fuimos a cenar con la esperanza de tener más suerte el día siguiente.

Yala
Fuimos caminando por la calles a las que se abrían tiendas y restaurantes ubicados en casas coloniales en busca de uno del que tenía buenas referencias: Crepe-ology. Lo encontramos en pocos minutos y decidimos cenar unos ricos crepes acompañados de deliciosos zumos en su agradable (aunque calurosa) terraza.
Y es que en el mes de marzo de Galle hace mucho calor, mucha humedad…. y lo que más apetece es estar metido en un lugar con aire acondicionado o en el que al menos se note la ligera brisa marina. Así que nada más cenar dimos una pequeña vuelta y nos marchamos al hotel en cuya cama caímos rotos… y es que llevábamos despiertos desde hacia muuuuuuchas horas.

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: nos vamos al sur y visitamos Buduruwagala temple

por Cristina 03/09/2016
Buduruwagala

20 de Marzo – Frente al Buda de Buduruwagala temple 

Ese día tocaba abandonar Ella. Después del desayuno vendría a buscarnos el coche que habíamos contratado a través del hotel de Tissa, así que a las 8 de la mañana salíamos del hotel para dirigirnos al siguiente punto de nuestro viaje. El conductor resultó ser todo lo contrario al que tuvimos al principio del viaje, lo que demuestra que en Sri Lanka como en el resto del mundo hay gente de todo tipo y en este caso fuimos con un hombre educado, sencillo y amable. Emprendimos camino por la misma carretera en obras que el día anterior nos llevó a Ravana Falls y desde allí seguimos bajando por la ladera de la montaña hasta llegar de nuevo a la llanura, en este caso a la del sur del país, tan verde y exuberante como la del resto del país. Teníamos programada una parada en el templo Buduruwagala antes de llegar a Tissa. A mi en un momento dado me dio la sensación de ver una cartel con ese nombre indicando una desviación, pero en vista de que pasaban los kilómetros y seguíamos por la misma carretera, le dije al conductor que recordara que había que parar en ese lugar. Me miró con cara de “la hemos fastidiado” y me dijo que lo habíamos dejado atrás unos kilómetros pero que llamaría a su jefe para explicar lo sucedido. Y en pocos minutos estábamos volviendo sobre nuestro pasos para esta vez tomar la desviación que nos llevaría por una estrecha carretera bordeada de preciosas lagunas con lirios de agua y mucha vegetación hasta el templo.
Al llegar a Buduruwagala abandonamos el coche y sentimos ese calor húmedo que hacía día no notábamos, aunque no tan fuerte como el de las ciudades culturales. Un monje salió del monasterio junto al que dejamos el coche para cobrar la entrada y con ella en la mano comenzamos a caminar por una zona sombreada que nos llevó al claro donde estaba el Buda que da nombre al templo: Budu (Buda), ruva (imagen), gala (piedra)= Buduruwagala.

Buduruwagala
La calma era total, no había nadie en Buduruwagala  y solamente el canto de las aves nos acompañaba. Nos acercamos a las figuras esculpidas en la roca para admirarlas y nos quitamos los zapatos en el punto indicado para poder acercarnos a ellas en algunos casos trepando por ardientes y grandes piedras. Fue sin duda uno de esos momentos especiales del viaje sobre todo por poder disfrutarlos a solas y tener para nosotros aquel lugar.

Buduruwagala

Buduruwagala
Pero la paz terminó pronto en Buduruwagala, al cabo de unos minutos apareció una familia con niño chillón incluido, así que pensamos que lo mejor era llevarnos nuestro recuerdo de tranquilidad con nosotros y abandonar el lugar. Regresamos al coche y continuamos viaje hacia Tissa.
Al llegar a la ciudad vimos una de sus grandes dagobas y circulamos junto al gran lago de la ciudad para llegar a nuestro hotel, Shangri-Lanka Village, un lugar un poco alojado del centro de la ciudad. Allí nos dejó el conductor con el que quedamos para salir el día siguiente hacia Galle.
El hotel contaba con tres villas y una zona de comedor, recepción, cocina… Todo lo que tenían las villas de acogedoras y atractivas lo dejaba de tener esta otra zona sobre todo por el grueso cocinero descamisado que nos recibió y cuya imagen no cuadraba nada en aquel lugar. Nos invitaron a uno de esos deliciosos zumos cingaleses y nos fuimos a la habitación que resultó espectacular. Hacía tanto calor que pensamos que lo mejor era un baño en la piscina y una cerveza, así que salimos para instalarnos bajo una sombrilla y pasar allí un rato largo antes de que el calor pudiera con nosotros y decidiéramos volver a la habitación para dormir la siesta antes del salir por la tarde a o conocer la ciudad.

A última hora de la tarde salimos dispuestos a conocer algún lugar de la ciudad. Caminamos por el camino que separaba el hotel de la carretera y allí encontramos varios tuk tuk. Negociamos con uno para que nos llevara al lago y luego a la Tissa Daboga y al final por 300 rupias llegamos a un acuerdo. Salimos hacia el lago y nos llevo al punto más alejado de la ciudad donde bajamos para ver una bonita vista del lugar con grandes árboles cuyo tronco estaba dentro del agua y de cuyas ramas colgaban cientos de murciélagos tan grandes como lechuzas.

Buduruwagala

El chico del tuk tuk nos dijo que durante el día estaba todos allí y que al anochecer cruzaban el lago hacia la ciudad para buscar comida. Hicimos algunas fotos y yo me acerqué a unas vacas que había allí, me parecía que formaban una bonita estampa con el lago al fondo. Pero según levanté la cámara vi por el objetivo como una de ella se arrancaba hacia mi… y pies para que os quiero. Salí corriendo como alma que lleva el diablo antes las risas de Arturo y el conductor. Por supuesto que no me iba a ir sin foto, así que volví sabiendo ya que tenía que mantener las distancias si quería hacer la foto.

Buduruwagala

En la dagoba dejamos los zapatos en la puerta y entramos para caminar descalzos sobre la piedra y el verde que la rodeaba junto a un par de familias que habían llegado con sus ofrendas. El sol ya había bajado bastante y parecía que el calor iba siendo menos, incluso empezábamos a sentir una ligera brisa. No me gustó que cada vez había más perros callejeros, algo muy normal en Sri Lanka.

Guía de Viaje Sri Lanka

Así que abandonamos la dagoba para acercarnos a la ciudad en busca de algún lugar para cenar, pero aunque recorrimos su calle principal de arriba a abajo no vimos nada que nos gustara. Si encontramos un montón de pequeños locales con un cocinero en la puerta haciendo samosas de muchos tipos (carne, verdura, huevo…) que tenían una pinta espectacular. Paramos en un de ellos a preguntar y nos dieron a probar el relleno antes de pedir… gracias a ello olvidamos comer una de esas empanadillas, porque el relleno picaba como no está escrito. Así que seguimos andando y andando mientras cada vez estaba más oscuro. Yo había visto que en la carretera que llevaba a nuestro hotel había varios hoteles, así que fuimos hacia ella a ver que encontrábamos. Nos gustó el Safari Hotel y entramos lo primero a tomar una cerveza junto a la piscina con vistas al lago al fondo del cual se estaba poniendo el sol.
Anochecía y con ello los murciélagos empezaban a llegar. Eran inmensos, casi se podía oír el batir de sus enormes alas sobre nuestras cabezas. Y a la vez los mosquitos empezaban a atacar, de modo que pensamos que lo más sabio sería entrar en el restaurante del hotel, cenar allí y luego ya volver tranquilamente al hotel en un tuk tuk, había que descansar porque a la mañana siguiente tocaba madrugar y mucho. Nos esperaba el parque nacional de Yala con toda su fauna, pero para llegar a la hora de apertura (dicen que la mañana es el mejor momento para ver animales) había que salir del hotel antes de las cinco de la mañana…

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Experiencias

¿Turista o viajero?

por Cristina 01/09/2016
Turista

No es raro encontrar en los foros y RRSS artículos respecto a los viajeros, los turistas y a las supuestas diferencias entre ambos. Sinceramente y aunque decir esto seguro que genera críticas, la mayor parte de las cosas que leo me parecen una verdadera chorrada. Es probable incluso que alguno piense que digo esto porque debido a mi forma de viajar no estoy en el grupo que toda esa gente define como “viajero”, pero la verdad es que a estas alturas de la historia me da igual lo que el resto quiera imaginar.  Constantemente se habla de que el viajero es aquel que lleva poco equipaje, duerme en sitios básicos y utiliza como medio de transporte las opciones de bus, tren y otros medios que no sean transporte privado. Incluso he llegado a ver compartidas en algunas redes sociales fotos que ilustran estas diferencias entre el viajero y el turista.

Turista turista descarga

Llevo viajando muchos más años que la mayoría de toda la gente que encuentro en las RRSS, cuando algunos empiezan a querer comerse el mundo… yo hace tiempo que me lo comí. He viajado muchos años con la tienda de campaña, he pasado frío, sufrido inundaciones mientras dormía, me he asado de calor allí metida…. pero yo seguía adelante. Quería viajar y si quería aprovechar todo el tiempo libre del que disponía mi presupuesto no daba para más. Me movía siempre en transporte público o con mi coche y jamás pasaba por cabeza la idea de subirme a un taxi.

Los años fueron pasando y mi economía mejorando. Empecé a alojarme en hoteles, a contratar coche privado para poder aprovechar a tope el tiempo en mi destino y de ese modo no pasarme horas y horas de bus en bus o en busca de un tren en lugares como India, Myanmar o Indonesia.
¿He dejado por ello de ser la viajera que era antes? Ahora sigo soñando en subir a una montaña, descalzarme para entrar en un templo, sentarme a intercambiar sonrisas con los niños de alguna aldea perdida en vete a saber que lugar del mundo…. pero ya que me puedo pagar un buen hotel, ¿por qué voy a elegir un hostal en el que seguramente no tenga aire acondicionado y me pase la noche en vela llegando agotada a la mañana siguiente? ¿Querer eso me convierte en eso que muchos llaman despectivamente “turista”?

Mi vida viajera consiste en elegir uno de esos destinos que llevo tiempo soñando visitar, documentarme al respecto, organizar la ruta del modo más adecuado para los días de los que dispongo (que normalmente son menos de los que yo quisiera), buscar alojamiento, ver si me puedo mover en transporte público para llegar a todos los rincones que deseo o si en ciertos casos contratar un coche me facilita las cosas y me ahorra tiempo. Y cuando llega el día de la salida, cierro mi maleta (no llevo mochila, otra decepción para muchos) y me marcho casi siempre en transporte público al aeropuerto.

Una vez en destino suelo conocer ciudades, camino mucho, me paro mucho más para charlar con la gente o hacer fotos (algunas con la cámara, pero ahora otras con el palo selfie que es la única posibilidad de conseguir una foto con mi pareja porque la mayoría de los viajeros con los que me cruzo suelen tener poca maña con una cámara de fotos), me tapo para entrar en unos templos o me descubro los pies para entrar en otros, pruebo todo tipo de comida, subo a trenes, al metro o incluso en motos con los locales, intento adecuar mi vestimenta al lugar que visito…. pero claro, luego duermo en un buen hotel.

Visto esto, ¿yo qué sería? ¿Turista o viajera?

Sinceramente creo que el tiempo de los grandes viajeros pasó hace mucho, fue aquella época en la que la gente salía a descubrir lugares inexplorados, a abrir las sendas que hoy el resto seguimos creyendo que somos como ellos, aunque por desgracia hoy quedan pocos sitios que uno no hay visto antes aunque solo haya sido en una foto o un documental.
Con todo esto solamente quería hacer ver que el lugar donde uno se aloje o como lleve su equipaje no nos convierte en nada concreto. Es la actitud y el modo de entender un viaje lo que en cualquier caso nos puede incluir en un grupo u otro. No siempre viajar por libre y con la mochila al hombro hace a una persona ese viajero aventurero que uno imagina, ni pasar la mayor parte de tu tiempo de viaje en trenes y buses te muestra más de tu destino que a aquel que fue en su coche privado y pudo disfrutar más las ciudades o pueblos por los que pasó… Sencillamente, unos eligen un modo de hacer turismo, otros algo diferente. Y ninguna forma es mejor que la otra, solamente son distintas y muchas veces elegir una u otra es cuestión de dinero…
Por último y para resumir os dejo la definición de TURISTA de la Real Academia Española. Creo que con esto sobrarán ya muchas discursiones y comentarios sobre esta tema… porque nos guste o no, si viajamos por placer somos eso: un turista entre otros turistas.
TURISMO
(Del ingl. tourism).
1. m. Actividad o hecho de viajar por placer.
2. m. Conjunto de los medios conducentes a facilitar estos viajes.
3. m. Conjunto de personas que realiza este tipo de viajes.

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Amigos viajerosEntrevistas

Jorge: cuando hay que viajar por trabajo

por Cristina 31/08/2016
viajar por trabajo

Mi amigo Jorge es venezolano de nacimiento y gallego de adopción (me atrevería a decir que también de corazón). Es profesor de Derecho Internacional Público en la Universidad de Coruña y su trabajo le lleva a viajar con cierta frecuencia principalmente por España y Sudamérica. Es el ejemplo de que no siempre uno abandona el hogar por placer, que hay veces que no queda más remedio que viajar por trabajo y  que aún así los viajes pueden ser igual de enriquecedores. Os dejo con mi amigo que es un fuente de sabiduría y saber estar, un amante del cine, de la vida y del mundo.

La mayor parte de tus viajes son por motivos laborales y en varios de ellos pasas semanas fuera de casa. ¿Cómo se gestiona viajar cuando no es por placer?

Como buen gallego diría que “depende”: depende de si viajo al destino por primera vez o no. En el caso de que sea un lugar al que viajo por primera vez, intento averiguar todo lo que pueda para ver qué características tiene y qué posibilidades ofrece. Por ejemplo, la primera vez que viajé a Moscú me faltó tiempo para conocer su historia, su callejero, su mapa del metro y por supuesto sus lugares imprescindibles. Incluso llegué sabiendo reconocer el alfabeto cirílico, lo suficiente como para moverme por toda la ciudad leyendo los letreros del metro o de las calles.

Si se trata de un lugar en el que ya he estado, como lógicamente ya tengo las nociones básicas de viajes anteriores, suelo hacer dos cosas. Por un lado, vuelvo a los lugares que me habían gustado en ocasiones anteriores. Por ejemplo, nunca me voy de Río de Janeiro, la ciudad a la que más he viajado, sin ver una puesta de sol desde la playa de Ipanema. Por otro lado, aunque mi viaje dure apenas unos días, intento ver la posibilidad de utilizar el destino como puente para visitar otros lugares. Por ejemplo, una vez tuve que ir a Costa Rica por tres días y aproveché para tomarme otros tres días y escaparme a Guatemala para visitar Tikal y Antigua, adonde tenía muchas ganas de ir desde hacía tiempo.

En general, como de las gestiones más farragosas (billetes, hoteles, etc.) no suelo ocuparme yo, puedo dedicar más tiempo a lo realmente importante: preparar el trabajo que me corresponda y conocer el destino y sus posibilidades.

Cuando viajar por trabajo es algo constante ¿es cierto que cuando llegan las vacaciones prefiere quedarse cerca de casa y descansar de aviones?

Perdona que me repita, pero de nuevo diría que “depende”. En este caso, depende del estado de ánimo. Normalmente, es verdad que prefiero quedarme y no viajar. Aquí tengo la ventaja de que vivo en una tierra, Galicia, que me permite escapadas a paraísos muy cercanos. Por ejemplo, siento una fascinación especial por la Costa da Morte y la tengo a poco más de treinta minutos en coche de mi casa. Pero, en otras ocasiones, siento la necesidad de tomar de nuevo un avión, sobre todo si paso un tiempo sin volar. De hecho, ahora mismo estoy pensando en recuperar energías en la Costa Azul e incluso en Venecia.

Si alguien te dijera “voy a Galicia de vacaciones”, ¿qué le recomendarías hacer?

Tantas cosas… Qué voy a decir de Galicia y sus maravillas naturales, históricas, gastronómicas o legendarias. Para mí, lo imprescindible sería lo siguiente:
1. Para conocer la Galicia legendaria y de naturaleza salvaje, el lugar imprescindible es Costa da Morte: comprende desde las islas Sisargas hasta el faro de Lariño, recorriendo sus playas vírgenes, desde Malpica hasta Carnota pasando por las de Laxe –que son mis favoritas-; subiendo a zonas rocosas únicas, como los penedos de Pasarela de Traba; conociendo sus faros, como los de Punta Nariga, Vilán o Touriñán; y, por supuesto, nadie puede irse de la Costa da Morte sin ver una puesta de sol, sin conocer la legendaria Fisterra, donde se situaba el fin del mundo o fin de la tierra (finis terrae) y, por supuesto, sin visitar la exclusiva cascada de Ézaro, que impacta por su belleza. Nada mejor que finalizar el día viendo el atardecer sobre la playa de Ézaro desde el bar Praia do Ézaro o, si es verano, también desde el chiringuito oviovaR.
2. Las Rías Altas también ofrecen lugares de obligada visita alguna vez en la vida, como Estaca de Bares y la playa de las Catedrales.
3. En las principales ciudades de Galicia, recomendaría el paseo marítimo de Coruña y su emblemática Torre de Hércules; la Catedral de Santiago y sus calles aledañas; las murallas de Lugo; los cascos históricos de Orense y Pontevedra; o la ría de Ferrol.
4. Para quien busque turismo de interior en Galicia, dos destinos esenciales son la Ribeira Sacra y los Ancares.
5. También hay una Galicia para el que busca turismo de sol y playa, que se encuentra en las Rías Baixas, desde Muros hacia el sur.
6. Eso sí, sea cual sea el lugar por el que se opte, siempre se conseguirá una gastronomía excepcional, con mariscos, pescados y vinos que no se olvidan.

El destino que más te ha impactado para bien o para mal de todos los que conoces.

Es muy difícil quedarse sólo con uno, porque hay varios que han sido los que más me han impactado, aunque cada uno desde una perspectiva distinta, como ciudades, desiertos, selvas, montañas, etc. Quizá podría quedarme con Ushuaia, por ser el destino más lejano al que he viajado y por la sensación de estar sólo a un paso de la Antártida.

¿Qué echas de menos de casa cuando estás de viaje?

Tengo la gran suerte de poder adaptarme con facilidad a los lugares que visito y eso me ayuda mucho a no echar tanto de menos mi gente ni mi tierra. Y menos aún ahora, que los viajes que hago son mucho más cortos, de apenas unos días. Cuando pasaba semanas y hasta meses fuera, lo que más echaba de menos era a mi padre, que empezó a estar enfermo justo en una de las épocas en que tuve que pasar más tiempo fuera.

Eres amante del cine, y en el séptimo arte hay infinidad de películas de viajes. ¿Cúal es tu favorita, esa de la que te hubiera gustado ser protagonista?

Dentro de la categoría de películas de viajes, muy probablemente me quedaría con Memorias de África. ¿A quién lo gustaría protagonizar una historia de amor verdadero en medio de una naturaleza que sólo transmite paz y libertad? Personalmente, es mi mayor sueño en esta vida.

El cine también es una fábrica de sueños, nos enseña lugares maravillosos a lo largo y ancho del mundo. ¿Alguna película que recomendar para quien quiera conocer o recordar lugares como Nueva York, Londres o París?

Otra pregunta muy difícil de responder porque son tres de las ciudades que más han sido llevadas al cine. Para Nueva York, recomendaría Manhattan, de Woody Allen, o la saga de El padrino. Para Londres, diría Closer, de Mike Nichols, o Match Point, también de Woody Allen. Y para París, sin duda, Charada, con la inolvidable Audrey Hepburn y el gran Cary Grant, y Amélie, con una visión muy original de la mano de otra fantástica Audrey, Audrey Tatou.

¿Qué es lo que no falta nunca en tu maleta?

Un bloc de notas.

Comer puede ser un aliciente en los viajes o un suplicio. ¿Eres de los que prueban todo tipo de comida para al menos saber si te gusta o no?

Sí. Al principio, pensaba que no comería nada que fuese viscoso o gelatinoso, y menos si procedía de ciertos animales o de ciertas partes de animales. Sin embargo, me sorprendí a mí mismo comiendo crestas de gallo caramelizadas en un menú especial de un avión, armadillo asado en Guatemala, ubre de vaca a la parrilla en Bolivia o piraña a la brasa en Brasil. De todos modos, me sigo resistiendo a las vísceras, y de hecho intenté probarlas de nuevo en un plato típico de Ecuador el año pasado y no fui capaz.

Ese momento viajero que no quisieras volver a vivir.

En 1999 casi pierdo en Chile un vuelo de regreso a España, al que llegué por los pelos y gracias a la intervención milagrosa de una mujer chilena. Y en 2006 la compañía brasileña Varig, que estaba en graves problemas económicos, derivó mi vuelo a Frankfurt y me dejó allí tirado, ofreciéndome sólo la opción de regresar a Coruña ¡en tren! Tuve que buscarme la vida para buscar en apenas unas horas la mejor forma de volver a casa.

Y ese otro que quisieras vivir mil veces

Sobrevolar los Andes y, como cinéfilo, viajar a Nueva York.

Para terminar, dinos alguno de tus rincones especiales en el mundo

Me quedaría con esos lugares en los que viví experiencias que se me han quedado especialmente grabadas en el recuerdo. Además de Ushuaia y de las puestas de sol en Ipanema, algunos de los lugares más especiales que recuerdo son el Teatro Bolshoi en Moscú, asistiendo a un ballet y a una ópera; las termas volcánicas de Papallacta en Ecuador; las cataratas de Iguazú, entre Argentina y Brasil, especialmente la fuerza descomunal de la Garganta del Diablo, pues no hay cataratas que tengan mayor caudal de agua que éstas; el desierto de Atacama en Chile, donde se tiene la mejor visión de las estrellas de todo el mundo; o el lago Titicaca, entre Perú y Bolivia, donde se puede navegar a la mayor altitud en el planeta.

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BélgicaExperiencias

Belgian Beer Weekend

por Cristina 30/08/2016
Belgian Beer Weekend

Cuando uno piensa en Bélgica casi se seguro que le vienen la cabeza chocolates y cervezas. Sin duda algo que tiene toda la razón de ser ya que sus calles huelen a ese delicioso derivado del cacao y la bebida nacional es la cerveza. En un país donde existen alrededor de 200 tipos de esta bebida es lógico que se celebre un fin de semana anual dedicado a ella. El Belgian Beer Weekend se viene celebrando en Bruselas desde hace ya 17 años cada primer fin de semana de septiembre.

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Sri Lanka

Sri Lanka: las entradas más caras de Asia

por Cristina 29/08/2016
Buduruwagala

Para viajar a Sri Lanka hay que preparar un presupuesto importante como para cualquier viaje: vuelos, hoteles, comida, transporte…. Pero además en este pequeño país hay que tener en cuenta algo que será un suma y sigue durante todo el recorrido: el precio de las entradas más caras de Asia. Acostumbrada a viajar por ese continente donde los precios para visitar los lugares de interés no son excesivamente altos o incluso muchos de ellos se pueden visitar gratis, me ha sorprendido mucho el elevado precio que hay que pagar en muchos puntos de la antigua Ceilán para poder acceder a sus lugares de interés. Tomad nota porque será un buen desembolso a tener en cuenta.

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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