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Lituania

Vilnius. Día 4: Museo de las víctimas del Genocidio

por Cristina 04/04/2016
Museo de las víctimas del Genocidio Vilnius

Miércoles 9 de diciembre – Vilnius. Era nuestro último día en la capital de Lituania, y el día anterior nos había quedado una cosa por hacer: conocer el Museo de las víctimas del Genocidio. Nuestro vuelo de regreso a España despegada a las 12:40 p.m., sabíamos que en taxi íbamos a tardar menos de media hora en llegar desde el hotel al aeropuerto y no teníamos que facturar, de modo que si nos dábamos prisa aún teníamos tiempo de ver ese último lugar en Vilnius.

Así que desayunamos, cerramos la maleta, pedimos en recepción un taxi para las 11:30 y nos marchamos nada mas desayunar rumbo a Gedimino prospektas, avenida junto a la que se encontraba nuestro destino. Íbamos con tiempo y bien abrigados, porque esa mañana el frío se colaba por cualquier resquicio que quedara en el abrigo. La idea era coger algún trolebus que pasara por la avenida por que la teníamos que caminar rumbo a nuestro destino, pero no queríamos estar parados, de modo que fuimos caminando pendientes de cualquier transporte que pudiera ir en nuestra dirección y que no nos hiciera estar parados en la calle. Y durante el trayecto no pasó un solo trolebus, ni un taxi. Nada. Llegamos caminando al museo un poco antes de las diez de la mañana, hora a la que abrían. Y ya había gente esperando para entrar.

Museo de las víctimas del Genocidio, Vilnius

El edificio en el que se aloja este Museo de las víctimas del Genocidio fue la sede de la KGB durante la ocupación rusa. El exterior del edificio está cubierto de placas de placas conmemorativas en honor a aquellos que murieron en los duros años estalinistas de las postguerra.

Museo de las víctimas del Genocidio

El interior del museo se divide en diferentes secciones ubicadas en tres plantas. La entrada se paga junto a la escalera de acceso, muy cerca hay una habitación con percheros y taquillas donde el visitante puede dejar sus pertenencias y recorrer el museo más cómodamente. En las diferentes salas de las plantas baja y primera se cuenta la historia de Lituania durante la ocupación nazi, el regreso de los rusos a tierras lituanas o el papel de las guerrillas, para ir avanzando y mostrar con imágenes y diversos documentos como los lituanos fueron ingresados en prisiones y deportados  a campos de concentración en las regiones más remotas de la antigua Unión Soviética. También hay salas dedicadas a enseñar como eran los métodos de los soviéticos para espiar a toco aquel que creyeran podía estar en contra de su régimen.

Museo de las víctimas del Gonocidio Vilnius

Museo de las víctimas del Genocidio Vilnius

Museo de las víctimas del Genocidio, Vilnius

Sin embargo, a pesar de todo lo visto e imaginado durante la visita a estas salas, la parte más dura del Museo de las Víctimas del Genocidio está en el sótano. Es allí donde está la antigua cárcel de el KGB y donde se ha recreado en algunas salas como era todo hace tan solo unas décadas.  La prisión es ahora como lo era cuando el KGB dejó en agosto de 1991. Se pueden ver 19 salas comunes, las habitaciones de la oficial de servicio y los guardias, una celda acolchada, donde fueron torturados prisioneros, celdas individuales de confinamiento y patios donde podían salir los prisioneros a hacer algo de ejercicio. En algunas de las habitaciones hay también pequeñas exposiciones temáticas, como la de la persecución de los sacerdotes.

Museo de las víctimas del Genocidio Vilnius

Se puede salir a ese patio que arriba he citado, y es desde él desde donde se accede a la cámara de ejecuciones, un siniestro lugar donde se muestran en un vídeo los métodos de ejecución y el trato que se daba a los cadáveres como si de animales se tratara. En las paredes aún se pueden distinguir señales de las balas ejecutoras, y bajo el suelo de vidrio sobre el que se asienta esta parte de la exposición hay objetos (zapatos, botones, vasos,…) de los asesinados por la el KGB en este lugar y cuyos cuerpo se enterraron en el cementerio en Tuskulėnai.

Con el estómago encogido ante el horror que los humanos podemos causar en nuestro congéneres dejamos atrás el Museo de las víctimas del Genocidio, la visita más triste que hicimos durante nuestro viaje a Vilnius, pero también seguro que una de esas que nunca olvidaremos…

Llegamos caminando al hotel comentando la visita que acabábamos de hacer, estábamos allí a las 11:30, cogimos nuestro equipaje que aún estaba en la habitacinó y subimos al taxi rumbo al aeropuerto. Se había terminado nuestro paso por Lituania y sin duda nos llevamos grandes recuerdos de un viaje en el que aprendimos mucho de la historia de este pequeño país del norte de Europa.

MUSEO DE LAS VÍCTIMAS DEL GENOCIDIO

Dirección: Auku g. 2a, LT-01113, Vilnius.
E-mail: muziejus genocid.lt
http://www.genocid.lt/muziejus/

Horario de apertura:
Miércoles a sábado 10-18;
Domingo 10-17.

Admisión:
Adultos – 2 €;
Alumnos, estudiantes y jubilados (con la presentación del documento correspondiente) – 1 €.
Entrada gratuita para los profesionales de museos, personas con discapacidad, menores de 7 años, los maestros y guías que llevan grupos organizados.

Visitas guiadas:
Visita guiada encuesta en lituano – 9 €,
Encuesta visita guiada en otro idioma – 15 €.
Visita guiada temática en lengua lituana – 6 €.
Visita guiada temática en otro idioma – 12 €.
Alquiler de auriculares y el recorrido registrado en Inglés – 2,50 €.

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India

Mehrangarh, el fuerte de Jodhpur

por Cristina 02/04/2016
Fuerte de Jodhpur

Sobre una colina que domina las casas azules de Jodhpur se puede distinguir el fuerte de la ciudad: Mehrangarh. Por el día el fuerte de Jodhpur destaca dorado contra el cielo azul como una fortaleza inexpugnable (cuando la contaminación de la ciudad y el polvo del desierto le permiten lucir de ese color). Verlo en la distancia impone y en la cercanía emociona por su belleza.

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Lituania

Vilnius. Dia 3: la República de Uzupis

por Cristina 31/03/2016
Uzupis Vilnius

Martes 8 de diciembre – Vilnius y Uzupis

No quiero ser exagerada, pero de verdad que cada día que pasábamos en Vilnius hacía más frío, o esa sensación me daba a mi cada vez que abría por la mañana la ventana y veía el cielo plomizo sobre la ciudad, amenazando quizás con descargar agua sobre ella en cualquier momento. En vista de ello, yo cada día me convertía en una cebolla humana al subir del desayuno y antes de salir a patear la capital lituana: camiseta de manga corta, otra de manga larga, un jersey gordo, calcetines polares, bufanda bien grande, guantes… y encima de todo, el plumas. A veces parecía un muñeco Michelín, pero prefería que me sobrara ropa (cosa que nunca pasó) a echar algo en falta.

Esa mañana gris abandonamos al hotel a primera hora como cada día, y pusimos rumbo hacia el Bastión de la Artillería, una construcción recientemente restaurada que fue parte de la muralla de la ciudad y que contiene, cómo no podría ser de otro modo, una colección de armas y armaduras. Para llegar allí caminamos por tranquilas calles, de esas que parecen tener tatuada la historia de la ciudad en cada adoquín y en cada pared. Dimos una vuelta a su alrededor pero no pudimos acceder ya que aunque debía estar abierta el encargado de quitar el cierre ese día parecía haberse quedado calentito debajo de las sábanas.

Vilnius Bastión de la Artillería

Visto lo poco que había allí continuamos caminando hacia uno de los lugares más peculiares de Vilnius y de Lituania: la República de Uzupis. Para llegar a ella nosotros recorrimos Boksto gatve en dirección norte desde el Bastión, y en la segunda calle que encontramos a nuestra derecha bajamos hacia el río, de modo que nuestros pasos nos llevaron a uno de los tres puentes llenos de candados que dan acceso a Uzupis.

Antes de cruzar el puente que estaba justo frente a nosotros nos desviamos a ver la iglesia ortodoxa de la Madre de Dios. Su interior contiene un magnífico iconostasio y paredes llenas de iconos, todo ello  atendido por un grupo de mujeres que parecen sacadas de un koljos (o al menos es así como yo me imagina a las mujeres rusas que debían habitar esos lugares, grandes, serias, con pañuelos en la cabeza…). Dentro no se escuchaba ni una mosca, en las iglesias ortodoxas la verdad es que la gente parece que ni respira, y a mi personalmente me hace sentir un poco incómoda esa sensación de que si comento cualquier cosa alguien aparecerá corriendo para decirme que me calle o me vaya.

Vista la iglesia, nos fuimos a cruzar uno de esos puentes en cuya entrada un cartel que anuncia que llegas en la República de Uzupis y cuyas barandillas están cubiertas de candados. Los había grandes, dorados, grabados, de colores… Un mundo en torno a algo tan simple como los candados y que seguro han hecho rico a más de uno ideando modelos que los enamorados quieran dejar colgados en un puente como símbolo de su amor eterno… En fin. Cosas que hay que ver. Como la sirena de Uzupis, sentada sobre el río con la melena al viento y con cara de pensar “soy libre para surcar el mundo siguiendo el curso de este río”.

Vilnius Uzupis

Y libres es lo que quieren ser lo habitantes de este lugar que nació en 1998. Cuentan con su himno, bandera y hasta con una constitución que muestran con orgullo en las paredes de Paupio gatvé, y además lo hacen en varios idiomas para que todo el mundo entienda que vivir en Uzupis da derecho a agua caliente, a un tejado o a tener un gato si así lo deseas.

Vilnius Constitución de Uzupis

No hay duda de que Uzupis comenzó su historia con una filosofía de libertad e independencia que ha ido perdiendo con el paso de los años. Los rebeldes de antaño hoy son artistas bien posicionados que ofrecen sus obras en las muchas galerías que hay en las calles de este barrio cada vez más de moda (y con precios cada vez más elevados para quien quiera vivir en él). Durante nuestro paseo pudimos ver en la calle obras de pintores, cafeterías cuyos clientes parecían de la élite de la ciudad y muchos gatos tras los cristales. Y por supuesto, el Ángel de Uzupis, símbolo de la república.

Vilnius Ángel de Uzupis

Recorridas las calles de este peculiar barrio continuamos nuestros camino en dirección a la Universidad de Vilnius, en el casco histórico, muy cerca de la Plaza de la Catedral. Esta Universidad se fundó en 1579 y la dirigieron los jesuitas durante dos siglos, conviertiéndola en uno de los mayores centros de enseñanza de Lituania. Los rusos la cerraron en 1832, abriendo de nuevos sus puertas en 1919. En ella estudian 23.000 estudiantes, algunos de los cuales vimos durante nuestras visita, ya que era día lectivo. El interior del recinto es como un laberinto en el que se van enlazando unos con otros varios patios hasta un número de 13. Algunos son sencillos y están bastante descuidados, pero otros merecen por si solos pagar la entrada que se requiere para acceder al recinto (entrada que nadie pide ni comprueba si llevas contigo). Esos patios son el del Observatorio, al que se asoma un edificio el edificio que era el antiguo observatorio astronómico y cuya fachada está decorada con signos del zodiaco. El otro patio que destaca entre el resto es el Patio Mayor. En él hay un complejo de edificios de estilos renacentista, barroco y clásico, siendo el más sobresaliente la iglesia de los Santos Juanes. Su campanario abre la público durante las fechas de mayor afluencia de turistas, pues dicen que las vistas desde lo alto bien merecen el ascenso. Yo, por ir en invierno, me quedé sin verlas.

Vilnius

Hacía cada vez más frío ya ni los guantes parecían calentar las manos lo suficiente, y aún quedaban cosas que ver ese día. Sabíamos que si parábamos a tomar algo caliente perderíamos tiempo de luz que nos hacía falta, así que al salir de la Universidad y tras ver el Palacio Presidencial que se encuentra frente a ella nos compramos una bebida caliente que nos entonara el cuerpo.

Vilnius Palacio Presidencial

El paseo nos llevó de nuevo a la Plaza de la Catedral, y desde allí caminamos rumbo a una de las más bonitas iglesias barrocas de Vilnius, la de Santa Catalina. La verdad es que entre semana no es buen momento para ir a visitar templos católicos en Vilnius, pues al contrario que los ortodoxos, los primeros abren solamente para las misas y en la mayoría de ellas nos encontramos con la puerta cerrada. Sin embargo, en Santa Catalina se celebran con frecuencia conciertos en su interior y eso me dio la posibilidad de preguntar a los operarios que estaban montando todo para esa noche si podía entrar. Y como no pusieron ninguna pega, allá que fui, a ver lo que se escondía tras la puerta de ese templo de color melocotón. Dentro la verdad es que estaba todo bastante oscuro, excepto por la iluminación del altar que estaban preparando para esa noche, pero a pesar de no ver mucho me fui contenta por haber podido curiosear un poco.

Desde allí pusimos rumbo a la parte más moderna de la ciudad, más allá de las calles llenas de iglesias y de recuerdos de los que fue el gueto judío. Nuestro destino era en primer lugar el monumento a Frank Zappa, una leyenda del rock cuyo busto de bronce descansa rodeado de graffitis… en mitad de un parking.

El día estaba cada vez más gris, y nuestro propósito era cruzar el río por el oeste para visitar una kenesa. Caminamos deprisa subiendo cada vez más las bufandas y sintiendo la humedad del río más cerca. Tuvimos que cruzarlo y nos sorprendió lo grande y caudaloso que parecía, hasta ese momento no lo habíamos visto con tanta claridad, tan solo habíamos pasado cerca de él la primera tarde en Vilnius. Tuvimos que preguntar por el lugar que buscábamos y nos indicaron que estaba ya  a pocos metros. La verdad que fue un paseo importante… para llegar y encontrar de nuevo la puerta cerrada en esta casa de oración caraita (una corriente religiosa del judaísmo). Así que nos conformamos con verla por fuera antes de emprender rumbo hacia otra de las iglesias ortodoxas de la ciudad: la de la Aparición de la Santísima Virgen. Sus cúpulas negras no estaban lejos y nos anunciaban también la cercanía de Gedimino prospektas, calle por la que teníamos que regresar al centro parando primero en el Museo de las Víctimas del Genocidio.

Uzupis Vilnius

Pero cuando llegamos al museo ¡¡habían cambiado el horario!! Menuda faena, con el paseo que nos habíamos dado y nos íbamos a quedar sin poder verlo. Aunque cabía la posibilidad de regresar por la mañana, estar allí en cuanto abrieran y de ese modo tener la oportunidad de recorrerlo antes de irnos al aeropuerto.

Puesto que aún nos quedaba tiempo, decidimos sobre la marcha visitar otro lugar, el Museo del Holocausto. Estaba a poca distancia del lugar en el que nos encontrábamos, así que no los pensamos dos veces y pusimos rumbo a la casa de madera verde que le aloja. Pagamos la entrada y nos invitaron a dejar nuestras cosas en la recepción, estábamos solos y hacia calor allí dentro, de modo que nos despojamos de todo y empezamos a recorrer las emotivas salas del museo. En ellas se mostraba todo el proceso del Holocausto en Lituania a través de fotos y objetos donados por los supervivientes o por familiares de los fallecidos. Es un museo pequeño pero sin duda muy impactante por algunas de las imágenes que cuelgan en sus paredes, cosas que todos hemos visto ya pero que sin duda no dejan de doler al sentirse tan cerca del lugar y la gente a la que ocurrió todo aquello.

Museo del Holocausto Vilnius

Al finalizar la visita y con la idea en mente del volver al día siguiente al Museo de las Víctimas del Genocidio nos fuimos andando al centro para tomar un trozo de tarta en una pastelería que habíamos visto en el antiguo gueto judío. Más tarde paseamos por el centro de la ciudad buscando unos recuerdos con forma de imán que traer a casa. Cuando ya no tenía mucho sentido dar más vueltas por todo estaba visto nos refugiamos en una vinoteca (de las que hay muchas en la ciudad) a tomar una copa de vino con queso y a la hora de cenar terminamos cenando mejillones regados con más cerveza en un restaurante belga (de nombre Rene) en esa misma zona. Volvimos al hotel por una ciudad fantasma en la que nuestros pasos iban sonando en la solitaria calle mientras sobre nosotros las suaves luces de Navidad iluminaban el camino.

Vilnius Restaurante Rene

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Blog

Vuelve Kris por el Mundo

por Cristina 28/03/2016
Kris por el mundo

Tras unas semanas ausente hoy vuelve a los ruedos Kris por el mundo. Han pasado varios meses desde que tras una conversación con Eva Puente Maya (¿Dónde vamos Eva?) decidí que había llegado el momento de hacer un cambio radical y corregir todos los errores que había ido acumulando en mi blog. Empecé con él sin saber nada de nada, tan siquiera tenía claro que era un post, así que de cosas como SEO mejor ni hablar. Y si además sumamos a esto que en su momento hice una mala elección en la plataforma que servía de soporte al blog, estaba claro que había que ponerse manos a la obra si no quería seguir perdiendo la oportunidad de posicionar correctamente mi trabajo en el mundo cibernético.
De modo que allá por el mes de noviembre del año pasado me lié la manta a la cabeza y hablé con Sergio Farban, la persona que ha hecho posible que mi blog soñado haya cobrado forma y sea el lugar perfecto donde compartir mis experiencias viajeras. Juntos hemos dado muchas vueltas, caminado en todas direcciones, corregido mil veces pequeños detalles y pulido cada rincón de Kris por el mundo para que el resultado fuera el que ahora tenéis delante.

Kris por el mundo
Han sido muchas horas de trabajo, momentos en los que me daban ganas de abandonar y continuar como hasta ahora, mil veces pensé “¿pero quién me ha mandado a mi meterme en esta historia?”… He visto cosas acabadas que no estaban mal, y aún así he hecho a Sergio cambiar orden, colores y mil cosas porque había algo que no me terminaba de convencer.
Sin duda han sido meses de imaginar, crear y trabajar muy duro. Aún quedan algunas cosas por pulir, post por volcar desde el antiguo formato, detalles que concretar y algunas pequeñas cosas por terminar que dejarán a Kris por el mundo en perfecto estado de revista.
Espero que el resultado de todas estas semanas os convenza a vosotros tanto como a mi, que disfrutéis recorriendo el mundo a través de mis historias y mis fotos tanto o más que antes. Aquí estaré ya de forma permanente (o hasta que se me vuelva a cruzar un cable y decida dar una nueva vuelta a todo, momento en el que espero que alguien me recuerde lo mucho que hay que trabajar para cambiar el contenido de una “casa a otra”, no imagináis el esfuerzo que requiere esa mudanza). Cuento con vosotros, vuestros comentarios y vuestra ayuda para mejorar cada día y sobre todo espero ofreceros el contenido que más os apetezca encontrar.
Gracias por seguirme, leerme… y nos vemos por aquí o por algún rincón del ancho mundo.

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Comer

La Palma con los cinco sentidos

por Cristina 01/03/2016
Saborea La Palma
Isla de la Palma

Llano del Jable – Foto de Mauxi Leal

“Érase una vez una isla verde rodeada por el azul intenso del océano. La Palma era tan bella que sus habitantes la llamaban “la Isla Bonita” y amaban con pasión su tierra, esa que les daba la comida más sabrosa y los vinos más dulces. La gente de la isla no añoraba nada, disfrutaba con los paseos por sus bosques, los baños en sus playas, las vistas de sus volcanes y las fiestas que los reunían a todos para celebrar en torno a una mesa acontecimientos de los más variado.
Pero un día, un pequeño grupo de aquellos isleños pensó que ya que su tierra era generosa con ellos dándoles tantos regalos, lo menos que podían hacer era mostrar en otros lugares aquello que ellos poseían y de ese modo descubrir a otras personas las maravillas que se encerraban en su singular y bella isla. De modo que ni cortos ni perezosos comenzaron a enviar misivas invitando a personas curiosas de reinos lejanos a conocer su Isla Bonita a través de los sentidos. Fueron muchos los interesados con aquella singular propuesta y eso satisfizo tanto a aquellos cuatro habitantes de la isla que no dudaron en cruzar mares y tierras cargados con sartenes, cazuelas y todo tipo de viandas que hicieran realidad el sueño de llevar el sabor de su tierra a lugares remotos.

La Palma Cocinea MadridOrganizaron cada uno de aquellos eventos con mimo y les pusieron hasta un nombre: Saborea La Palma. Porque ese era el nombre de aquella Isla Bonita de la que tanto querían aprender aquellos extranjeros que habían contestado con ilusión a la que parecía sin duda una sabrosa invitación.Lo que no sabía ninguno de aquellos invitados es que los cuatro palmeros les iban a enseñar que la comida no solamente se saborea. En la Palma la comida se aprecia con los cinco sentidos y allí estaban Lady Mónica, los caballeros Galdón, Tejera y el chef Rodríguez para demostrarlo. Empezaron su periplo por una ciudad llamada Madrid en la que todo eran prisas y carreras, muy lejos de su tranquilo reino. Más ellos supieron encontrar el lugar perfecto para su evento: Cocinea. Se trataba de un gran espacio luminoso y cómodo donde hacer que aquellos desconocidos convertidos en sus invitados se sintieran como en casa para de ese modo poder estar todos relajados y listos para la magia que iban a obrar ante ellos.

[unitegallery FotosHorizontales2]

A la hora acordada todos estaban expectantes en el lugar que les habían citado y donde les recibieron con una bebida internacional, pero en este caso fabricada de forma artesanal en La Palma: la cerveza Gara. Así todos se fueron relajando y observando el despliegue de copas, platos, cazos y comida que había a su alrededor. Algunos comentaron que estaban deseando empezar a comer cuando de pronto se empezó a escuchar una dulce voz entonando un canción. No era otra que Lady Mónica cantando una folía, una canción y danza típica de las islas Canarias (por si alguien no lo sabía, la Isla Bonita está en ese archipiélago). Porque no hay mejor modo de cocinar que cantando, animando al oído a despertar y formar parte del festival culinario que a uno le está esperando.
Y con el oído ya activo, ¿qué tal empezar a comer con otros sentidos? Era el turno del gusto. Para ello se sirvieron croquetas de puchero, de esas con sabor a cocina de abuela, pero con un toque creativo a base de falso caviar hecho a partir de uva malvasía, cuyas cepas crecen en La Palma desde hace siglos y de las cuales ya habló Shakespeare en algunas de su obras.

La Palma Croquetas con falso caviar de malvasíaLos convocados al evento ya habían descubierto que comer es oír y es saborear. Ahora había llegado el turno del olfato. Sin duda un sentido que se despertó en todos los presentes al oler el intenso cilantro con el que el chef Rodríguez comenzó a preparar un plato típico de la isla: el mojo. Aceite de girasol, ajo, sal y comino son los otros ingredientes que utilizó el hábil cocinero para crear una aromática salsa perfecta para aderezar una ensalada llena de color: tomate, aguacate, lechuga, plátano, corvina…. Lady Mónica creo una preciosa ensalada con aquellos ingredientes e invitó al resto a hacer la suya para demostrar que muchas veces también se come con los ojos. Ya habían puesto a prueba cuatro de los cinco sentidos implicados en el placer de comer.

La Palma, Cilantro

Un poco de aromático cilantro

La Palma, ensalada con aguacate

Con el oído, el gusto, el olfato y la vista puestos a prueba llegó el momento de volver a oler y degustar, pero esta vez un vino blanco, fresco, con aroma a frutas como el mango y con un sabor ligeramente dulzón. Sin decir nada, los anfitriones seguían demostrando que el sabor de las cosas no llega solamente por el paladar.
Pero… quedaba un sentido. El tacto. ¿Comer con el tacto? Por supuesto que sí. Y es que la comida hay que tocarla, sentirla entre los dedos, amasar sin temor aquello que más tarde formará parte de nuestro menú. Hay otro plato típico de la Isla Bonita que necesita ser acariciado para llegar a la mesa. Se trata del gofio, una comida elaborada tan solo con harina de trigo, agua y sal. Se mezcla, se amasa y se le da forma siempre con las manos antes de cortar y servir acompañando a platos como el cabrito, todo con una salsa en la que el mojo rojo es una parte importante en el intenso sabor resultante.

[unitegallery Gofio]

Los anfitriones estaban felices, los invitados estaban disfrutando. La velada estaba siendo un éxito que había que celebrar con un buen tinto de la tierra (Vega Norte de Bodegas Listan Prieto) cuyo sabor a tierra volcánica indicaba sin duda su origen isleño. Y para terminar la cena, una dulce tentación hecha con marquesote (un bizcocho glaseado), sopa de piña (algo falló y la sopa de mango se perdió en el camino….), crema de yogurt de leche de cabra y crumble de almedras. Un fin de fiesta que regaron con ron miel para dejar el mejor sabor de boca a los curiosos invitados que semanas antes mostraron su interés por conocer los secretos mejor guardados de La Palma.

La Palma, showcooking

El chef también quiso llevarse una foto de su creación

Tan solo hicieron falta unas cuantas horas para que aquellos cuatro isleños que habían surcado mares y cruzado tierras descubrieran la magia de su isla a aquel puñado de curiosos ansiosos de saber y conocer el prometido Sabor de La Palma.
Escucharon, vieron, olieron, tocaron y saborearon la Isla Bonita a través de su comida. Todos salieron de allí soñando con ese lugar de verdes bosques y altos volcanes, llevando consigo en los cinco sentidos un trocito de La Palma”

Y colorín colorado… este cuento… Nooooooooooooo. Que no he terminado. Aún queda aclarar que en esta historia todo parecido con la realidad… es real. Y los personajes tienen poco de ficticios, aunque si son bastante mágicos.

Agradecer a Blog on Brands la labor de acercar a empresas y bloggers a través de proyectos como este que han permitido a un amplio grupo de estos últimos conocer el proyecto La Palma con Sabor.

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Diarios de viajeLituania

Vilnius. Día 2: Recorriendo el gueto judío

por Cristina 25/02/2016
Las Tres Musas Vilnius

Lunes 7 de diciembre – Vilnius

Nuevo día en Vilnius, y después de una noche reparadora en el Moon Garden Hotel tocaba ponerse de nuevo en marcha… y hay que ver que sensación tan rara abrir la cortina casi a las nueve de la mañana (vale, no madrugamos mucho) y ver que fuera apenas ha comenzado a clarear aunque las calles ya están llenas de vida. Así que había que ducharse y bajar a desayunar antes de abrigarse y  salir de nuevo a conocer más rincones de la bella Vilnius.

El comedor estaba en un semi sótano del hotel y sin duda era la parte más fría del mismo, aunque eso lo descubrimos cuando llegamos abajo y nos tocó subir para coger algo más de abrigo. Tomamos dulces, embutido, queso y hasta pipas de calabaza peladas, zumo de naranja y café (bueno, yo té, que el café salió de mi vida hace tanto que casi no recuerdo como sabe, solamente tengo claro que no me gustaba tanto como el sabor que me ofrecen las infusiones), todo acompañado de luces y música navideña.

Nada más salir a la calle bofetada de frío, de esos que te obligan a taparte todo lo que puedas, y es que además ese día no lucía nada el sol, el cielo aparecía totalmente cubierto y eso daba aún más sensación de “me estoy helando”.

Empezamos nuestra ruta del día en Vilnius por el mismo camino del día anterior, cruzando la Puerta del Alba para entrar en el casco histórico de Vilnius. La diferencia es que hoy no había prisa, y fuimos parando para contemplar todo lo que nos llamaba la atención, desde la Iglesia de Santa Teresa a las Puertas Basilianas, tras las cuales se esconde un tranquilo patio con un iglesia que luce unos desgastados frescos en su fachada. Lo único malo que nos estaba pasando es que todas las iglesias estaban cerradas, son lugares de culto y en la mayoría de lo casos se abren solamente para las misas.
Las calles estaban mucho más vacías que el día anterior, se había terminado el fin de semana, los turistas habían vuelto a su ciudad y la gente de la ciudad estaba trabajando, así que en algunos momentos teníamos la sensación de tener la ciudad para nosotros solos. Poco a poco fuimos avanzando hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento, un edificio que parece sacado de la antigua Grecia y puesto en el centro de la capital de Lituania. A su alrededor bonitos edificios de discretos colores se asoman a la plaza y bajo ellos tiendas, restaurantes… y una preciosa librería con una dueña encantadora que en cuanto dije que era española empezó a enseñarme libros de autores de nuestro país y guías de España. Además y aunque no quieras comprar ninguno de esos libros (no sabes lituano, así que no te lleves nada que luego no entiendas) puedes llevarte como recuerdo alguno de los preciosos puntos de lectura que tiene en sus estanterías.

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En este punto cambios nuestra ruta respecto a lo que hicimos el día anterior. Hoy nuestro destino era el camino que nos llevaría conocer la historia de los judíos en la que fue conocida como la Jerusalén del Norte. Para ello nos dirigimos a Rudininku gatve ya que en esa calle fue donde se encontraba el Judenrat, el edificio encargado de la administración del gueto durante la ocupación nazi. Unos metros más allá, una placa marca el lugar donde se encontraba la única puerta que daba paso al gueto.
En Vilnius hubo dos guetos, el primero se conoció como el Pequeño Gueto y todos los judíos que estaban en él fueron conducidos y exterminados en Paneriai, un bosque cercano a la ciudad. El segundo de estos guetos fue conocido como el Gran Gueto y en él estuvieron aquellos judíos que los nazis consideraban válidos para el trabajo. Gaono, Zydu, Ligonines o Stikliu gatve son algunas de las calles que formaron parte de esos guetos y por las que nosotros caminamos durante ese lunes gris. Hoy la ciudad ha vuelto a la normalidad y pocos recuerdos materiales quedan de lo que allí paso aparte de placas conmemorativas como las que hay en Rudininku gatve.

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Caminamos hacia Pylimo gatve, calle en la que se encuentra la Sinagoga coral. Este templo sobrevivió a la destrucción nazi ya que durante la ocupación fue utilizada como almacén farmacéutico. Hoy en día está en perfecto estado y es frecuentada por la pequeña comunidad ortodoxa judía de la ciudad. Al llegar a la puerta nos sorprendió la azul valla que la rodea, y que en la puerta había dos grupos de turistas que parecían indecisos sobre que hacer o sobre si se podía entrar. Yo había leído que la sinagoga estaba abierta todo el día y que admiten visitantes. Mire por todas partes y encontré un timbre junto a la puerta, y como lo peor que podía pasar es que no respondieran o que no nos dejaran pasar, pues lo pulse. Dos minutos más tarde estábamos dentro (nosotros y todos los demás que había fuera sin saber que hacer para entrar), en un templo luminoso y muy cálido donde un hombre de aspecto serio y casi siniestro nos indicó por donde acceder al interior de la sala de oración, en la cual un mujer encantadora nos explico algunas cosas de la historia de la sinagoga y nos dijo que podíamos hacer fotos y preguntar cuantas dudas nos surgieran.

Vilnius, Sinagoga CoralCurioseamos entre los bancos viendo los libros escritos en hebreo que descansaban en cada uno de ellos, los candelabros, los tapices, los textos en las paredes, observando la plataforma que hace de altar en las sinagogas y la Tora que contiene la ley de pueblo judío. Preguntamos por los dos niveles de la sinagoga, que aunque ya imaginábamos que eran las zonas de hombres (abajo) y mujeres (arriba), la respuesta de la mujer que nos había recibido nos confirmó que así era.
Al despedirnos y dar las gracias después de haber deambulado por todo el templo la mujer de repente me dio una abrazo y me dijo que era una de las mujeres más bonitas que había visto y que tenía una sonrisa tan encantadora que iluminaba a quienes tenía cerca. Lo que hizo que mi cara se iluminara también, pero de un rojo intenso que tardó en desparecer lo que tarde en salir a la calle y sentir de nuevo el frío en el rostro.

[unitegallery SCoral]

Anduvimos de nuevo hacia las calles que fueron el hogar (por llamarlo de alguna manera) de todos los judíos recluidos en el gueto. Descubrimos durante el paseo que muchos de los edificios de Vilnius tienen un patio oculto, una entrada que lleva a un espacio que pertenece a las casas a las que se accede desde la calle o en algunos casos incluso desde el patio. Allí en algunos casos encontramos sencillamente un parking, en otros algunas tiendas y en un par de ellos las terrazas de algunos coquetos restaurantes.
Nuestros pasos nos llevaron hasta la iglesia gótica más antigua de la ciudad, San Nicolás, la cual pudimos ver nada más que por fuera pues de nuevo encontramos la puerta cerrada. Aún así no nos desanimamos y seguimos paseando hacia otra iglesia, la de la Asunción, con la esperanza de poder encontrar ese día algún templo católico abierto. Y hubo suerte, la conocida como la iglesia de las Arenas (por el barrio en el que se ubica) estaba abierta y pudimos acceder a un interior en obras que sin embargo nos obsequió con unos muros de ladrillo visto adornados con alguna bella escultura que hacen del templo un lugar tranquilo y sobrio en el que pudimos ver algunos fieles sentados en los bancos (suponemos que rezando)

[unitegallery vilniusdia2]

Habíamos pateado ya gran parte del antiguo gueto cuando llegamos a dos de las calles más turísticas de lo que fue aquel encierro para los judíos: Zydu y Gaono gatve. En ellas y en las calles más cercanas hay cafeterías, restaurantes, tiendas…. Un mundo que en nada recuerda lo que ocurrió allí hace solamente unas décadas. Al final de Zydu gatve pudimos ver la casa del gaón Elijahu Ben Sholomo Zalman y un busto en honor a este sabio judío que con tan solo seis años recitó el Talmud entero de memoria. Nuestro recorrido por esta parte de Vilnius terminó cuando llegamos a Didzioji gatve, lugar en el que el viajero puede ver otro de esos planos que indican que como fueron los guetos de la ciudad.

[unitegallery GaonVilnius]

Vilnius es una ciudad pequeña que se recorre con facilidad, así que el tiempo cunde bastante pues sin caminar mucho se llega rápidamente de un lugar a otro. Así que en ese momento del día vimos que íbamos muy bien de tiempo, que quedaban cosas por hacer y que a pesar de todo a las cuatro volvería a ser de noche. Queríamos seguir viendo cosas y parar a comer implicaba invertir horas de esas pocas que nos quedaban con luz. Habíamos desayunado bien, así que nos compramos un café para llevar y un bollo y continuamos hacia la casa del compositor y pintor M.K.Ciurlionis. De nuevo nos encontramos con uno de esos lugares a los que para acceder hay que llamar al timbre. Una vez dentro pudimos dejar nuestro abrigos y nos explicaron un poco la historia del artista y su obra, todo esto mientras nuestro guía iba tocando piezas del músico para ilustrar lo que nos relataba. La verdad es que descubrimos un personaje peculiar, quizás podemos decir que era algo así como la versión lituana de Dali y resultó una visita interesante en la que además entramos en calor gracias a la potente calefacción de la casa. Lo único malo es que mi nivel de inglés es bastante básico, y aunque entiendo bastante bien me resulta un poco agotador porque todo se lo tengo que traducir a Arturo. Pero lo hago con gusto (hasta que me agoto, me enchufo a masa y ya no me entero de nada)

[unitegallery MKCiurlionis]

Nuestro siguiente destino era la iglesia de Sta. Ana, pero la ruta que elegimos nos llevo por una de las calles más peculiares de Vilnius, la de la Literatura. Se trata de una callecita peatonal en la que las paredes sirven de homenaje a artistas lituanos. Pequeñas placas, dibujos o cualquier cosa que pueda estar relacionada con ese escritor pasa a formar parte de la decoración de la calle se pueden ver cosas como una dentadura o un puñado de tenedores.

A pocos metros nos encontramos con la iglesia de Santa Ana. Dicen de ella que es la más bonita de la ciudad, algo que es mucho decir en una ciudad conocida como la de las iglesias. Lo cierto es que la mayoría de ellas son barrocas, así que al menos lo que queda claro es que Santa Ana con sus amplias curvas y delicados pináculos es una agradable nota de color en las calles de Vilnius. De nuevo nos dieron con la puerta en las narices, porque la iglesia estaba cerrada y nos quedamos con las ganas de entrar, pero al menos si nos encontramos abiertas las puertas de la iglesia que hay justo detrás, la de San Bernardo. Nos llamó mucho la atención el conjunto que forman ambos templos, los dos de ladrillo, y aunque Santa Ana es mucho más estilizada, uno apenas tiene claro si se trata de la misma iglesia o de dos diferentes hasta que no está dentro de alguna de ellas y descubre que no se comunican.

Vilnius Iglesia de Santa AnaHabíamos cumplido el plan de visitas del día así que para aprovechar la poca luz que quedaba ese día pusimos rumbo a la Plaza de la Catedral. Aprovechamos que no estaba cerrada (casi nunca lo está, pero no quisimos dejar pasar la oportunidad de entrar en una iglesia abierta) y accedimos por una de las puertas laterales al inmenso templo que ocupa el mismo emplazamiento que tuvo en su día el lugar donde se rendía culto a Perkünas, el dios del trueno. Habíamos leído que lo más destacado del templo, que es bastante sobrio, era la capilla de San Casimiro. Sin duda ofrece un marcado contraste con el resto de la Catedral, pues en esta capilla todo es mármol y granito de colores, además de esculturas de estuco blanco y una cúpula barroca que se distingue sin problema desde el exterior.

Desde allí comenzamos a subir por la más elegante de las calles de la capital lituana, Gedimino prospektas, hasta el Teatro Nacional y ver allí la preciosa estatua de las tres musas, la cual desde aquí recomiendo a todos que vayan a verla si pasan por Vilnius. Son tan expresivas, tan estilizadas, tan iguales y tan diferentes entre si que no creo que puedan dejar indiferente a nadie.

Vilnius, Las Tres MusasYa que estábamos en Gedimino decidimos caminar un poco más para curiosear en uno de los centros comerciales más elegantes de la ciudad, Gedimino 9 (se llama así porque está en el número 9 de esa avenida, la verdad es que no se han complicado mucho con el nombre). Lo mejor de este lugar es que está ubicado en un antiguo edificio histórico de Vilnius, el cual ha sido restaurado con esmero, luciendo en el exterior tal y como fue en sus tiempos de gloria pero con un interior moderno donde encontrar tiendas de marcas internacionales y también locales donde comer, tomar un café o comprar chuches (algunas de las que tienen son españolas, como las bolsas de kilo de nubes).
Antes de regresar de nuevo al centro nos acercamos a Vilniaus gatve, una calle que parte de Gedimino. ¿Qué buscábamos? Pues Lucky belly, una oronda tripita que asoma en una pared de la calle que he nombrado y que basta tocarla para tener buena suerte. Así que estando tan cerca y aunque fuera con guantes no podíamos dar esquinazo a la fortuna.

Cuando salimos de Gedimino 9 ya era completamente de noche y aún no eran las cinco, así que había llegado el momento de buscar un lugar caído donde tomar una cerveza y hacer tiempo hasta la hora de cenar a la vez que entrábamos en calor. Para ello regresamos al centro de la ciudad en busca de un pub que habíamos visto la noche anterior: el Mad Dog, un local de estilo inglés frecuentado por turistas y locales a partes iguales. Como era pronto no había mucha gente, apenas un grupo junto a la barra. Tomamos asiento y pedimos de nuevo cerveza lituana ya que fuera de su país es complicado (que yo sepa) encontrarla. Pasamos un rato de charla, sobre todo del acierto que no estaba pareciendo haber decidido viajar a Vilnius en esas fechas, pues a pesar del frío y de los días cortos estábamos descubriendo una ciudad bella y muy interesante.
Acabadas nuestras bebidas aún nos parecía pronto para cenar, por lo que decidimos caminar hasta el museo-galería del Ámbar, un lugar cuya planta superior es una tienda donde encontrar objetos de todo tipo fabricados con ámbar, pero en el la planta del sótano ofrece una interesante exposición (gratuita) en el que se muestra de donde viene el ámbar, como los insectos quedan atrapados en él y como se trabaja este material para hacer con él todo tipo de bisutería.

[unitegallery ambarvilnius]

Mientras tomábamos la cerveza habíamos decidido ir a cenar a Senoji Trobele, un típico restaurante lituano algo alejado del centro, por lo que pensamos pasar por el hotel, dejar la cámara de fotos allí y ponernos alguna capa más de ropa. Preguntamos en recepción si el camino y lo datos que yo tenía para llegar allí eran correctos y si podíamos andar o era mejor coger un taxi. Nos dijeron que en 15 minutos caminando llegaríamos, así que salimos a la calle con la intención de andar solamente hasta que un taxi pasara delante de nosotros…. y llegamos caminando al restaurante. Porque no vimos casi coches, y taxi, ni uno solo. El local estaba lleno, tan solo quedaba libre una pequeña mesa que fue perfecta para nosotros. Mientras mirábamos la carta y pensábamos que pedir nos dimos cuenta que casi todas las mesas estaban ocupadas por turistas, aunque también había algunos lituanos por allí.
Pedimos todo platos típicos como no podía ser de otro modo, desde los cepelinai (una especie de croquetas de patata) a la lietuviskos salotos (la versión lituana de la ensaladilla). Todo estaba bueno y sin duda era contundente, salimos de allí agradeciendo el paseo que teníamos que dar para poder meternos en la cama y descansar de un día en el que habíamos hecho un montón de cosas y descubierto mucho de la historia y forma de vida de Vilnius.

[unitegallery SenojiTrobele]

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