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Diario de viaje: Cañon del Colca

por Cristina 08/07/2014
Cañón del Colca

11 de junio – Cañón del Colca

Una vez alojados en el hotel que sería nuestro hogar en el Cañón del Colca acordamos que a las tres haríamos el trekking previsto por los alrededores de Yanque y que estaba incluido en el precio de la estancia. Mientras aprovechamos para picar algo y disfrutar de las vistas desde la terraza de nuestra habitación.

Cañon del Colca Hotel

A las tres de la tarde vino puntualmente María, una chica del pueblo, a buscarnos para empezar la ruta por una zona del Cañón del Colca. Fuimos cuatro, pues con nosotros vino otro huesped del hotel, un chico ruso de camino a los mundiales de Brasil. Era todo energía y nos puso durante todo el camino un poco nerviosos porque parecía no tener miedo a nada o haber sido una cabra montesa en una vida anterior.
Salimos del pueblo hacia las montañas, y la primera parte del recorrido fue genial, hacia sol pero no molestaba y las vistas eran incomparables. Cruzamos un puente sobre el río Colca en una parte muy estrecha y caminamos hasta el puesto de control de las ruinas de Uyo Uyo. Y ahí empezó el suplicio. No se la distancia ni el tiempo, pero a mi se me hizo eterno el ascenso por la ladera de la montaña. A pesar de caminar muy despacio para no agotarme la sensación de estar haciendo un gran esfuerzo era constante. Me repetía que era por la altura, que no pasaba nada, pero sentía el corazón a cien a pesar de que mi ritmo era de tortuga.
Pero al final conseguimos llegar a las ruinas, aunque tan tarde que ya no daba el sol. Dimos un paseo entre las casas y empezamos a descender hacia el pueblo. Pasamos primero junto a los baños termales públicos del pueblo y cuando me di cuenta estaba otra vez en una cuesta arriba. Yo insistía en parar a algún coche o camioneta para que nos llevara, pero el resto parecían estar más frescos que una lechuga, de modo que me tocó caminar hasta el hotel.

Cañon del Colca

Después de tres horas caminando por senderos del Cañón del Colca reconozco que lo único que quería era darme una ducha y meterme en la cama, estaba agotada. Pero había que cenar, así que tuve que hacer de tripas corazón y aguantar.
Sobre el hotel tengo que decir que estaba en un sitio espectacular, pero que le faltaban un par de cosas: una TV ya que a las seis de la tarde es de noche y las cosas que hacer en Yanque son pocas; y calefacción en la habitación pues en el Cañón del Colca hace mucho frío, y un calefactor no era suficiente para mantener cálida y cómoda la habitación, no quedaba más remedio que meterse en la cama si no querías congelarte fuera de ella.
A las ocho estábamos cenando, yo una rica trucha que me supo a gloria. Y en cuanto nos lavamos los dientes, ¡¡¡¡a la cama!!!! Al día siguiente nos esperaban los cóndores del Colca.

12 de junio

Empezamos el día con un madrugón de esos épicos. A las seis de la mañana ya estábamos desayunando a toda prisa porque teníamos que salir en media hora con el grupo. La primera para tuvo lugar en la plaza de Yanque, cerca del hotel. El sol empezaba a iluminar en cielo de un azul increíble, y las sombras en la plaza eran muy alargadas y se cruzaban una con otras en un plaza que a esa hora parecía una feria. Nos contaron que como es la primera parada de todos los grupos que salen hacia la Cruz del Condor, los vendedores saben que o están a esa hora o ya luego no vendrá nadie. Bailarines, vendedores de artesanía, señoras con sus trajes llenos de color acompañadas de halcones y llamas… Yo tenía tanto frío que las manos se me quedaban heladas y lo único que hubiera querido es comprar unos guantes. Pero tenía una misión: empezar con la entrega de “Tengo una foto para ti“. Varios viajeras me habían entregado fotos en España, eran de personas de Perú a las que habían sacado fotos y yo tenía que encontrar a esa gente y hacer entrega de fotos en algunos casos hechas seis años atrás, algunas precisamente en el Cañón del Colca.
Así que con mis manos congeladas y mostrando las fotos recorrí la plaza en busca de aquellas personas, y tuve suerte porque encontré a dos mujeres de las fotos. Primera prueba de la misión, ¡¡¡superada!!!

Cañón del Colca

En pocos minutos tuvimos que volver todos al bus para salir a la carretera del cañón del Colca que nos llevaría a ver a los cóndores. De camino hicimos algunas paradas, la primera en un mirador en el que a todos nos llamó más la atención la mini alpaca que estaba junto a su madre y su dueña dispuesta a posar para una foto (a cambio de una propina…. pero reconozco que di unos soles con agrado por haber podido acercarme tanto a la cría).

Cañón del Colca

Continuamos el viaje y paramos en Maca, un pequeño pueblo con una de esa blancas y grandes iglesias coloniales que salpican el valle del Colca. Dentro está prohibido hacer fotografías en casi todas, pero si se pueden visitar. Yo en cada una me sorprendía con las figuras de vírgenes y santos, tan parecidas a las de España y a la vez tan diferentes. Los ropajes mucho más coloridos y con iconografía distinta a la que estamos acostumbrados y sobre todo el pelo, largo y con tirabuzones me parecían más adecuados para una muñeca que para una imagen de un santo. Sin duda, la mezcla de culturas…
En la puerta de la iglesia había un señor con un águila andina preciosa. Arturo fue en el que en este caso el que no pudo resistirse a la foto, así que cogimos al animal sobre el brazo, y puedo decir que pesaba mucho más de lo que esperaba. Y además torpe de mi (Arturo dice que tengo mala mano con los animales), fui directa a tocar la cabeza del ave… y fue más rápida ella que yo, así que terminé con un picotazo de aviso en la mano.

Cañón del Colca, Maras

De nuevo en el bus, fuimos avanzando por una carretera cada vez en peor estado, por lo que se tarda mucho en recorrer pocos kilómetros. Pasadas las ocho de la mañana llegamos a un punto cercano a la Cruz del Condor, donde los que quisimos bajamos para hacer un recorrido andando hasta los miradores. Nosotros nos bajamos y la verdad es que disfrutamos de casi una hora de paseo al borde del cañón con unas preciosas vistas y el silencio como sonido de fondo. Vimos algunos cóndores planeando cerca pero por debajo del punto en el que estábamos.
Continuamos caminando hasta los miradores donde se agrupaba un montón de gente, con la esperanza de ver de cerca algún condor. Llegamos y parecía que no había ninguna corriente que animara a las aves a satisfacer nuestra curiosidad, el tiempo pasaba y tan solo pudimos verlas paradas sobre algunas rocas. La guía nos dijo que a las diez nos íbamos, el reloj corría y veíamos que nos teníamos que marchar sin la buena suerte de ver lo que queríamos: algún condor planeando cerca de nosotros y sobre el cañón.
Y justo, quince minutos antes de la hora, cuando ya pensábamos regresar al bus, allí estaban. Uno tras otros pasaban frente a nosotros, de repende vimos un grupo numeroso y no sabíamos a cual mirar. Como regalo de despedida pasó incluso uno planeando muy cerca sobre nuestras cabezas.
Reconozco que fue uno de los momentos más especiales del viaje, de esos que te ponen la piel de gallina cuando siente la sombra del gran ave sobre ti.

Cañón del Colca Cruz del Condor

Cañón del Colca Cruz del Condor

Cañón del Colca Cruz del Condor

Con muy buen sabor de boca salimos de allí para regresar  a Chivay y Yanque. Por el camino paramos en mirador desde el que se ve lo que realmente podría llamarse “cañón”, es decir, la zona donde el valle se cierra para dejar el curso del río Colca en un estrecho camino entre montañas.
En ese mirador, como no, había un buen número de vendedoras de artesanía y pude hacer entrega de otra de las fotos que llevaba. La señora que salía en la foto no estaba en ese momento, pues me explicaron que se turnan en los días que acuden a poner sus puestos, que un día van unas señoras y otros días otras. Pero se ofrecieron sin problema a entregar la foto que llevaba y me dijeron que el niño que salía en la foto con su madre ya tenía 9 años.

Cañón del Colca

Cerca de las doce de la mañana nos dejaron en la plaza de Yanque.. Teníamos el día libre y lo primero que hicimos fue sentarnos en un bar de la plaza, en la única mesa al sol y tomarnos algo. Arturo se decantó por la cerveza y yo por probar la Inca Cola, esa bebida amarilla dulzona con sabor a caramelo multifrutas (por intentar sacarla sabor a algo). Disfrutamos durante un rato largo de no hacer nada, solamente mirando a la gente pasar, viendo a los combis llegar y marchar…. Es de esos momentos que te sirven para desconectar y relajarte del ajetreo del viaje.
Pensamos en dar un paseo a caballo, pero cuando fuimos al hotel a preguntar no tenían nada disponible, así que nos sentamos al sol a leer un rato. El silencio de la montaña nos envolvía y se estaba muy bien, pero algo había que hacer antes de la noche, así que nos fuimos a dar un paseo por el pueblo, que es de todo menos bonito, la verdad, y terminamos paseando por su cementerio lleno de cruces y flores de papel. Entramos en un parque con columpios y una campo de futbol y yo estuve jugando con unas niñas a saltar y hacer carreras. Ni que decir tiene como terminó mi cuerpo, de verdad que lo de altura hay que vivirlo para entenderlo. De regreso a la plaza nos cruzamos con un grupo de llamas y sus dueños que regresaban a casa al caer la tarde.
Una cerveza más en la plaza del pueblo, una rica cena, y a dormir hasta la mañana siguiente.

Cañón del Colca

13 de junio

Después de un buen desayuno habíamos reservado para montar a caballo un par de horas. Y la verdad, maldita la hora. Al principio iba feliz, mirando a todas partes y pidiendo parar para hacer fotos. Pero según iba pasando el tiempo solamente pensaba en acabar ese suplicio. Me dolía el trasero muchísimo, las cinchas me las habían dejado tan cortas que llevaba las piernas encogidas, y encima se les ocurrió ponerse al trote. Yo parecía un saco de patatas, con cada paso del animal me molestaba más…. En fin, que el paseo muy bonito pero si lo hubiera hecho andando fijo que hasta lo hubiera disfrutado.

Cañon del Colca

Regresamos al hotel y yo estaba tan dolorida que pensaba que no podría volver a sentarme en una semana…. Pero los males nunca son tan terribles como pensamos, así que cuando un coche vino a buscarnos para llevamos hasta Chivay y reunirnos con el grupo que iba a salir rumbo a Arequipa, casi agradecí poder descansar en un asiento cómodo aunque fueran pocos minutos.
Aunque nosotros íbamos hacia Puno, saldríamos de Chivay en un bus que pararía en Pataguas y allí tendríamos que cambiar a otro que ya nos llevaría a la ciudad junto al lago Titicaca.
En Chivay tuvimos tiempo de dar una vuelta por la ciudad, ver su iglesia y visitar su mercado antes de emprender ruta.

Cañón del Colca Chivay

A la una y media abandonamos la ciudad más turística del cañón del Colca dejando atrás uno de los lugares más conocidos de Perú.
Nos esperaba el lago Titicaca.

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Perú

Diario de viaje: de Arequipa al Cañón del Colca

por Cristina 07/07/2014

11 de Junio – Rumbo al Cañón del Colca

Para llegar al Cañon del Colca valoramos las opciones de como llegar y como movernos una vez allí. Finalmente decidimos que la manera más cómoda de hacerlo y que además nos daba garantía de poder ver todo lo que nos interesaba era contratar un trayecto organizado Arequipa-Cañón del Colca-Puno. Pudimos hacerlo directamente a través del hotel que habíamos reservado en Yanque y además pagarlo todo una vez allí. De modo que esa fue nuestra opción.

Era miércoles y lucía de nuevo un esplendido sol aunque tan temprano refrescaba bastante. Tal y como acordaron con nosotros vinieron a buscarnos a las 7:30 de la mañana en el bus que nos iba a llevar al más conocido de los cañones peruanos. Cargamos todo en el bus y nos sentamos. Nos tocó armarnos de paciencia, ya que nos pasamos una hora recorriendo Arequipa de hotel en hotel para recoger a todos los pasajeros que íbamos a hacer el recorrido: finlandeses, franceses, canadienses, estadounidenses… y nosotros dos.

Una vez que estábamos todos a bordo partimos hacia nuestro destino. La primera parada fue a las afueras de la ciudad para ver el Misti, pero la verdad es que teníamos el sol justo enfrente y no se le veía con la claridad con que nosotros le habíamos visto en otros lugares de la ciudad blanca.

Continuamos el viaje y nuestra guía-acompañante nos preguntó a todos si habíamos sentido los temblores de tierra de las noches anteriores, algunos a horas tempranas, como las once de la noche. Pero nosotros debíamos estar tan cansados y aún con efectos del jet-lag que no nos enteramos de nada. A continuación llegó el momento “coca”. La guía que nos acompañaba nos ofreció una hojas de esta planta, a la vez que comentaba que íbamos a ir subiendo cada vez más y los posibles síntomas que podríamos tener. Yo me metí aquellas hojas en la boca, que sinceramente me parecían laurel, pero antes que tener cualquier problema me hubiera comido un kilo de aquello. Empezamos a masticar y en muy poco tiempo pasamos a tener la boca dormida (como cuando vas al dentista y te pones anestesia) y llena de trozos de coca. Y esos fueron todos los efectos que notamos. Decir que por suerte no tuvimos ningún mal estar durante el viaje, lo que sin duda ayuda a disfrutar mucho más de todo.

Cañón del Colca, Volcán Misti

Durante el camino paramos en un par de lugares de la Reserva Nacional de Salinas para ver vicuñas. Justo antes del viaje descubrí que estos animales, al igual que la más conocida llama y las alpacas, son camélidos. Si, igual que camellos o dromedarios. La verdad es que si te fijas, el morro de todos ellos es muy similar, del resto… bueno, cada uno que busque parecidos.

Como a mitad del recorrido se llega a Pataguas lugar donde se separa la carretera que viene del cañón. Por una lado se va a Arequipa, por el otro lado a Puno. Paramos a tomar algo, el baño, comprar caramelos de coca (muy ricos y efectivos) y estirar las piernas.

Cañón del Colca

El viaje continuó pasando por Vizcachani y los bofedales del Toccra, donde pudimos ver por primera vez otro de los camélidos andinos, la alpaca. Fue divertido, pues todos bajamos del bus para hacerlas fotos, estábamos muy cerca, pero yo quería sacar una foto mejor y pensé: “no hay valla, este animal no muerde, ¿qué hago entonces aquí parada en la carretera en lugar de acercarme?” Y eso fue lo que hice, pero claro, todos los demás me vieron tan animada que se vinieron detrás cámara de fotos en mano… y al ver tanta gente al final las alpacas se terminaron marchando. Luego en el bus me reía con Arturo al pensar que sensación nos daría si nos encontráramos con unos turistas en mitad de una carretera haciendo fotos como locos a las vacas o las ovejas…. porque seguro que para los peruanos vernos a nosotros debe ser algo similar.

Cañón del Colca, Alpacas peruanas

Desde aquí empezamos a subir cada vez más, hasta llegar a Patapampa, el punto más alto por el que pasamos en Perú: 4900 metros. Justo en ese momento había muchas nubes por lo que no pudimos ver demasiado bien todos los volcanes que se divisan desde el mirador en lo alto de la montaña. Pero aún así, el lugar es sin duda magnífico.

Cañón del Colca, parada en el mirador de los volcanes

Curva tras curva nos fuimos acercando a nuestro destino, el paisaje la verdad es que muchas veces dejaba sin aliento: por espectacular y por sentirte literalmente al borde de un precipicio. Un poco antes de llegar a Chivay paramos en un mirador para ver el pueblo y el paisaje.
Para visitar el Cañón del Colca hay que pagar una entrada: 70 soles. Sin ella no se puede llegar al lugar más emblemático: la cruz del condor. De modo que nuestra guía fue recogiendo el dinero para evitar que todos bajáramos del bus a comprar el dichoso ticket, y continuamos hasta Chivay donde se quedaron muchos de nuestro compañeros de viaje a comer, mientras a nosotros nos llevaron a Yanque que era donde estaba nuestro hotel y donde nos esperaba un trekking por la zona. Hasta el día siguiente ya no volveríamos a ver a la gente con la que habíamos llegado desde Arequipa.

Cañón del Colca, Perú

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Perú

Diario de viaje Perú: Arequipa

por Cristina 06/07/2014

9 de Junio – Arequipa

Nos vamos, llegó el día y nuestro avión tiene hora prevista de salida desde Madrid Barajas a las 00:35 a.m. Llegamos al aeropuerto con el tiempo suficiente para facturar el equipaje pero poco más, y a la hora indicada estamos listos para subir al avión de la compañía LAN que nos llevará a Perú cruzando el Océano Atlántico.
Ya a bordo colocamos nuestras cosas y nos hacemos dueños de la mantita y la almohada que nos harán más cómodo el largo viaje. Pero algo pasa y el avión no sale, no se mueve…. Arturo está tranquilo pero yo pienso que en Lima tenemos solo una par de horas de tránsito para subir al avión que nos llevará al destino final de este tramo de viaje: Arequipa. Además no hemos podido facturar directamente a ese destino por lo que en Lima tenemos que pasar control de pasaportes, esperar nuestras maletas y volver a facturarlas. Y yo veo que pasan los minutos y seguimos en tierra.
Finalmente y con cuarenta minutos de retraso, el avión despega. Y empiezo a darme cuenta que nada es tan bueno como yo pensaba en la compañía LAN. Para empezar los monitores de TV individuales no funcionan en ningún asiento de la fila. Nos esperan doce horas de vuelo donde el tiempo que no podamos dormir lo tendremos que pasar mirando el asiento delantero. Luego la cena tampoco es nada especial, yo diría que incluso peor que en otras compañías, pero como tengo hambre me como todo lo que me ofrecen. Aunque consigo dormir unas horas, el viaje se me hace realmente pesado y aburrido, no veo el momento de aterrizar, pero claro, ese momento llega (afortunadamente, jejejeje).
Ya en tierra nos da tiempo a pasar control de pasaportes y el resto de trámites para continuar vuelo. Nos llamó mucho la atención que en la cinta de recogida de equipajes había policias con un par de perros olisqueando cada maleta. Supongo que la droga no solo sale del país, probablemente también entra por alguna vía.
El vuelo a Arequipa también sale retrasado, pero las vistas una vez que estamos volando compensan cualquier retraso. El país desde las alturas es impresionante: desierto, cañones y el mar al fondo es lo que puedo ver desde la ventanilla del avión.

Arequipa Aviones en Perú

Por fin y después de 17 horas desde que salimos de Madrid, estamos en al ciudad blanca, Arequipa. Lo primero que vemos al bajar del avión es el volcán Misti que se convierte en mi primera decepción en tierras peruanas: no tiene nieve.

El hotel en el que nos vamos alojar es de la cadena peruana Tierra Viva y nos incluye el traslado a la ciudad, así que nada más salir del aeropuerto con nuestro equipaje y soles en el bolsillo (los cambiamos a 3.65 soles por euro) nos encontramos a un señor que nos espera. Subimos todo al coche y emprendemos camino al centro cuando nos damos cuanta que nos hemos dejado las gafas de sol de Arturo olvidadas en el avión. Yo le digo que volvamos a preguntar, pero él no quiere, así que seguimos rumbo a nuestro hotel atravesando una ciudad que de blanca, de momento, tiene poco. Se trata de la segunda ciudad del país después de Lima y es realmente grande. Además hay que tener en cuenta que en esta zona no se construyen edificios de muchas alturas por ser zona de seismos, por lo que las ciudades siempre crecen a lo ancho.
Durante el trayecto hacia el centro de Arequipa voy descubriendo una ciudad que no me gusta nada pero sobre la que el cielo es increiblemente azul. Cuando nos acercamos al centro todo va cambiando de aspecto: aparecen las primeras casas coloniales, iglesias y empezamos a vislumbrar en las fachadas la piedra blanca que da el sombrenombre a esta ciudad.
Muy cerca de la Plaza de Armas y en plena zona colonial está nuestro hotel. Es pequeño pero resulta acogedor y nuestra habitación tiene la cama más grande en la que he dormido jamás. Además resulta ser muy cómoda y entre la cantidad de almohadas que hay sobre ella es imposible no encontrar una que te guste. En recepción nos invitan a tomar un mate de coca que sin duda nos vendrá muy bien para combatir el soroche…

Arequipa Hotel Tierra Viva

Una vez instalados en nuestro hotel de Arequipa salimos para dirigirnos a la oficina de LAN que está a solo dos manzanas del hotel para comentar el tema de las gafas. Se muestran muy amables, pero aunque llaman al aeropuerto y parecen interesarse ya os adelanto que volvimos a España sin esas gafas de sol. En vista de que la cosa no pintaba bien, nos fuimos a la calle comercial por excelencia en Arequipa: la calle Mercaderes. Allí había varias ópticas y compramos unas gafas nuevas para Arturo.

En ese momento yo noté un ligero mareo, puede que fuese el mal de altura, pero no le dimos importancia y emprendimos la visita a la ciudad.
El primer lugar por el que pasamos fue la impresionante Plaza de Armas. En uno de sus laterales se encuentra la Catedral, que es la única en Perú que ocupa un lado entero de una plaza. La verdad es que es tan grande que resulta imposible sacar una foto completa de la fachada. Los otros laterales están ocupados por preciosos edificios de dos plantas con arcadas que acogen restaurantes y tiendas.

Arequipa Plaza de Armas

Abandonamos la Plaza de Armas de Arequipa para visitar algunas casas coloniales: la de Tristán del Pozo (hoy convertida en un banco); la casona Iriberry (sede de la Universidad Nacional de San Agustín); y la casa del Moral, convertida en museo y cuyo interior está bien restaurado y muestra como debían ser las estancias cuando la casa fue construida a principios del s.XVlll.
Tras pagar la correspondiente entrada para esta última casa visitamos sus patios, sus habitaciones e incluso subimos al tejado (con mucho esfuerzo, subir dos escalones en esa zona del mundo es trabajo extra para el corazón) desde el que pudimos ver de nuevo el volcán Misti.
Más tarde alguien nos contó que el volcán solamente tiene nieve durante el verano andino que es cuando llueve y el frío de las alturas solidifica el agua.

Arequipa y el Misti

Al salir de estas casas seguimos paseando sin un rumbo fijo por la calles coloniales de la ciudad, entrando en cualquier patio que vimos abierto y curioseando rincón tras rincón. En ese momento no teníamos hambre y empezábamos a estar cansados, pero no queríamos volver al hotel para evitar tumbarnos en la cama y despertanos a las tres de la mañana.
Vimos la hora y calculamos que nos daba tiempo para hacer una visita a Juanita, la niña del hielo. Para ello teníamos que ir al Museo de los Santuarios Andinos, muy cerca (cómo no) de la Plaza de Armas. En este caso tuvimos que pagar la entrada y esperar unos minutos a la siguiente hora de visita ya que es obligatorio hacerla guiada. Primero vimos un dvd en una sala el cual nos puso en antecedentes de lo que íbamos a ver dentro, y luego vino el chico que haría de guía durante la visita. Dentro del museo hacía un frío increíble y todo es muy oscuro, al parecer para de ese modo conservar mejor todos los objetos expuestos. La última sala es la que acoge en una urna a la niña del Ampato, nombre del volcán donde se encontró la momia conocida como Juanita. Lo cierto es que no resulta desagradable y ni da “repelús”, pero la visita me resultó un poco aburrida por culpa del guía que lo contaba todo de carrerilla. Después de conocer el lugar y satisfecha la curiosidad por Juanita, la verdad es que pasaría a no recomendar a nadie que entre al museo a no ser que tenga tiempo de sobra para hacerlo. A última hora de la tarde regresamos a la Plaza de Armas para subir a la primera planta del edificio que está justo frente a la catedral y poder disfrutar de la que dicen es una de las mejores vistas de la ciudad: la enorme catedral con el Misti al fondo.

Arequipa la plaza de armas y el mistii

Al caer la tarde notamos como las temperaturas empezaban a bajar y mucho, así que volvimos al hotel para abrigarnos y salir a cenar. Anochece muy pronto, a las seis de la tarde, y a partir de ese momento ya no hay mucho que hacer en la ciudad. O te vas a tomar una cerveza o a comer algo. Nosotros estábamos cansados y ya teníamos ganas de comer algo para meternos pronto en la cama.
Por referencias que tenía decidimos buscar un restaurantes/picantería llamado Ary Quepay. Y vaya fracaso. Lo primero es el frío que hacía dentro, tanto que no daban ganas ni de quitarse el abrigo, más bien de ponerse unos guantes, pero ya que estábamos allí… Pedimos unas cervezas, y para empezar a probar cosas nuevas de la cocina peruana yo pedí cuy y Arturo alpaca. Y la verdad es que cuando empezamos a comer estaba bueno, pero hacía tanto frío que al momento estaba tan frío que casi ni tenía sabor, y al comentárselo al único camarero (que parecía el dueño) del local no nos hizo caso, puso cara de “que le vamos a hacer…” En otras circunstancias yo hubiera pedido directamente que me lo calentaran o que me trajeran otro plato, pero estaba tan cansada que lo únido que quería era terminar mi plato y marcharme a dormir.

Arequipa Cuy

Volvimos al hotel tiritando de frío, y eso que nos habíamos abrigado bastante, pero entre la bajada de la temperatura y que la cena no nos había hecho entrar en calor, en ese momento lo que el cuerpo pedía a gritos era meterse en la cama bien arropado y descansar un montón de horas.
Y así fue, a las nueve estábamos en la cama como dos niños buenos y dormimos de tirón hasta las seis de la mañana del día siguiente. La cama era más que cómoda y conseguimos levantarnos como nuevos.

10 de Junio
Nuevo día en Arequipa. Después de un buen desayuno en el hotel ya teníamos fuerzas para enfrentarnos a un día de visitar por la ciudad.
En la calle lucía el sol y ya solamente era necesaria una chaqueta ligera para nos pasar fría. Así que con la guía en una mano, el plano de la ciudad en la otra y la cámara de fotos al cuello salimos a conocer nuevos lugares.
Lo primero que hicimos fue volver a pasar por la Plaza de Armas y hacer algunas fotos. A esas horas aún no había mucha gente por allí, y aprovechamos para pasear e intentar que las palomas se asustaran a nuestro paso, pero pudimos comprobar que están más que acostumbradas a la gente, no se movían ni un poquito.
En una esquina de la plaza se encuentra una de las más importante y espectaculares iglesias de la ciudad, la de la Compañía. Su fachada sumamente ornamentada y sus claustros merecen sin duda una visita. Para acceder a estos últimos tan solo hay que caminar unos metros hacia la izquierda de la fachada y entrar por una puerta. En el interior ahora hay restaurantes, salas de arte y tiendas, y una vez más merece la pena subir unos cuantos escalones para disfrutar de la vista especial que hay desde el techo del primer claustro.

Arequipa Claustros de la compañía

Al salir de los claustros volvimos a pasar por la Plaza de Armas para dirigirnos al lugar que más me gustó en Arequipa: el Monasterio de Sta. Catalina. Compramos la entrada (que pagamos con Visa sin problema) en una tienda justo enfrente del acceso al convento y nos dirigimos a la puerta para empezar la visita. La verdad es que pensamos que era un poco caro pagar 35 soles por persona, pero más tarde vimos que merecía la pena sin lugar a dudas.
El exterior del lugar es una larga y elevada pared que no deja imaginar lo que encierra dentro. Habíamos leído que era una ciudad dentro dentro de la ciudad de Arequipa, y realmente es así: pasillos, claustros, plazas, celdas, cocinas, cementerio… La visita avanza y pasas por rincones de colores donde siempre hay alguna planta o una puerta que invita a entrar. Durante la visita estás aislado del exterior, no se escucha nada a no ser que subas las escaleras que llevan a los tejados de alguno de los edificios del complejo.

Arequipa Monasterio de Santa Catalina

Arequipa Monasterio de Santa Catalina

Arequipa Monasterio de Santa Catalina

Cuando salimos del convento teníamos hambre y estábamos cansados, así que decidimo sentarnos en la terraza de un restaurante cercano, Crepisimo. Está ubicado en un edificio colonial, y nos comimos un menú estupendo con ensalada, un crep de quinua, helado y chicha morada. Rica comida y agradable lugar.

Arequipa

Al terminar de comer subimos hasta la Avenida Puente Grau para llegar hasta el Monasterio de la Recoleta. Habíamos leído que se encontraba en un barrio peligroso, pero después de la visita suponemos que puede ser así por la noche, por el día es un lugar tranquilo por el que pasean colegiales a la salida de clase..
Para llegar tuvimos que cruzar sobre el río Chili y pudimos contemplar de nuevo el Misti desde otra perspectiva. Nada más cruzar el puente sobre el río hay un nuevo cruce (que nos costó algo atravesar pues había mucho tráfico) desde el cual se accede a la calle que lleva al Monasterio.
Cierran al mediodía y vuelven a abrir a las tres, nosotros llegamos un poco pronto y nos tocó esperar en la puerta ya que hay poco o nada que hacer en la inmediaciones del lugar. Fuimos los primeros en entrar y tras comprar las entradas nos explicaron un poco el orden a seguir en la visita: patios, salas del museo, reconstrucción de celdas y por supuesto, la joya del lugar: la biblioteca. El un lugar sumamente tranquilo y que mereció la pena visitar, aunque algunas de las salas del museo, como la de los animales amazónicos disecados daban un poquito de grima.

Monasterio de la Recoleta

Al terminar la visita al Monasterio ya eran casi las cinco de la tarde, y no quedaba más remedio que regresar al hotel para abrigarnos, en cuanto cae la noche en el altiplano peruano la temperatura desciende de manera notable, así que emprendimos regreso al centro.
En el hotel dejamos preparada la maleta para el día siguiente, tocaba salir hacia el Cañon del Colca, y salimos a cenar. Antes quedaba ver el interior de la Catedral, por la tarde se puede visitar sin pagar entrada. El interior es realmente amplio y estaba muy iluminado, nos gustaron sobre todos las esculturas de los doce apóstoles ubicadas en el mismo número de columnas a lo largo de la nave central. Al salir la verdad es que era pronto y aún no teníamos hambre así que paseamos por la ciudad sin rumbo fijo buscando un lugar que nos inspirara para la cena.
Para hacer tiempo subimos a una terraza en la plaza de armas, la más alta y nos tomamos unas cervezas con las mejores vistas posibles para despedirnos de la ciudad blanca de Arequipa… y terminamos cenando en una pizzeria muy cerca de la puerta lateral de la Catedral.

Y con esa cena pusimos fin a dos días en la segunda ciudad de Perú, modernidad y tradición se funden en ella.

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Perú

Diez cosas que tienes que hacer en Cusco

por Cristina 04/07/2014
Que hacer en Cusco

Cusco es conocida como la ciudad colonial más bonita de Sudamérica, y no dudo que quien lo diga tenga razón. Plazas con iglesias coloniales, restos incas, restaurantes,… Sin duda el viajero no tendrá tiempo para el aburrimiento en esta ciudad peruana, ya pase un día en al ciudad o una semana, siempre tendrá alguna actividad que hacer. Yo comparto con vosotros en este post las cosas que tenéis que hacer en Cusco (según mi criterio, claro, que para gustos, los colores).

1 – Pasear por la Plaza de Armas, contemplar sus preciosas casas coloniales con balcones y las iglesias que asoman a dos de los laterales del lugar.

2 – Visitar el interior de la Catedral construida con bloques robados en la cercana fortaleza inca de Sacsayhuamán, y de las aledañas iglesia de Jesús María y del Triunfo, esta última las más antigua de Cusco y lugar de reposo de los restos del Inca Garcilaso de la Vega.

3- Probar los anticuchos, un típico plato de la ciudad Cusco. Son corazones a la brasa y es sencillo encontrar un puesto que los venda en cualquier calle del centro.

4 – Acudir al mercado de San Pedro y pasear entro sus puestos de frutas, embutidos, carnes…. pero sin dejar de vigilar la mochila y la cartera.

5 – Pasar el día recorriendo restos incas. Subir a una combi y llegar hasta Tambomachay. Luego regresar andando a Cusco pasando por Pukapukara, Q’endo y Sacsayhuamán. Sin duda la más cansada de las las cosas que hacer en Cusco.

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6 – Recorrer el barrio de San Blas con sus puertas pintadas de azul y sus estrechas calles con restos de lo que fue la ciudad inca.

7 – Regatear con los vendedores que salen al paso en cualquier esquina y volver a casa con algo de la típica artesanía peruana.

8 – Fijarse en los nombres de las calles por las que se pasa, algunas son realmente sorprendentes…

9 – Detrás de muchas puertas de la ciudad colonial se esconden increíbles patios. Algunos pertenecen ahora a hoteles, otros tienen alrededor negocios como tiendas o agencias de viajes. No hay que perdérselos, no hay uno que no merezca la pena. Basta con cruzar la puerta para encontrarse en el centro de uno de esos preciosos lugares.

10 – Subir hasta el cerro de Pukamoko desde donde hay una preciosa vista de la ciudad colonial, hacerse uno de los de tan moda selfie con el gran Cristo blanco que domina la ciudad… y contar por mensaje a tus amigos que has cambiado de país y te has ido a Brasil. Seguro que alguno se lo cree…. jejejeje.

A los que conocéis Cusco os animo a compartir también aquí vuestros lugares preferidos de la ciudad, y a los que aún no habéis pasado por ella, tomad nota de esta lista de cosas que tenéis que hacer en Cusco. Seguro que disfrutáis de todas ellas.

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Dormir

Hoteles en Perú

por Cristina 29/06/2014
Hoteles en Perú

La verdad es que no hemos sido muy originales eligiendo hoteles en Perú, pero después de seleccionar el primero de la cadena Terra Viva y viendo las buenas críticas y precios aceptables nos hemos alojado en esa cadena a nuestro paso por cuatro ciudades. En el resto de ciudades hemos acertado en diferente medida, aunque quitando en la selva la verdad es que casi todos los hoteles en Perú en los que nos hemos alojado puedo recomendarlos.

Arequipa 
TIERRA VIVA AREQUIPA PLAZA
Fue nuestro primer hotel en Perú y desde luego fue un buen comienzo. Teniendo en cuenta su precio, la calidad está muy por encima de lo esperado. A su favor:

  • ubicación: a dos manzanas (cuadras) de la plaza de Armas
  • habitación: cama enorme con un colchón super cómodo, además cuanta con hasta seis almohadas de diferentes calidades y grosores, por lo que es difícil no encontrar la adecuada. Nuestra habitación fue la 209 y daba a un pequeño patio interior, pero resultaba muy luminosa, y además era treméndamente tranquila. La TV tiene un buen número de canales, entre ellos dos españoles. También hay caja fuerte, y un radiador eléctrico para el frío, así como más mantas.
  • baño: grande y luminoso, con ducha y amenities (jabón, champú y crema del cuerpo). Si se necesita algo más (pasta de dientes, cuchilla de afeitar,..) basta con decirlo para que te lo faciliten.
  • desayuno: zumos, yogures, cereales, panes, embutidos,… sin ser exagerado es correcto
  • servicio: todos muy amables y siempre dispuestos a ayudar en lo necesario
  • además cuenta con un servicio de recogida gratuito en el aeropuerto.

Hoteles en Perú

Puno
TIERRA VIVA PUNO PLAZA
En este hotel lo primero que tengo que agradecer es el detalle de brindarnos una habitación superior durante las tres noches de nuestra estancia cuando nuestra reserva era para una habitación standard. Fue la habitación nº305, y era de gran tamaño, muy silenciosa, con una gran y cómoda cama llena de almohadas igualmente cómodas y confortables. TV con muchos canales, batas de ducha, servicio de té y café, caja fuerte. La verdad es que dormimos muy bien, lo único malo es el tema de la calefacción, pues en Puno hace mucho frío y tan solo tuvimos un radiador eléctrico, y aunque la habitación estaba a una temperatura agradable, en el baño siempre hacía frío. En este último faltaba un poco de espacio para dejar los productos de aseo, y como el tema de los armarios en la habitación era un poco justo teníamos que organizarnos como podíamos con todas las cosas.
En el salón de desayunos también hacía siempre mucho frío, y resultaba incómodo estar allí, por lo que desayunábamos super deprisa para poder salir de allí cuanto antes. El desayuno estaba bien: panes, embutido, queso, zumos, cereales, huevos, salchichas… un poco de cada cosa para todos los gustos.
En la recepción había un servicio de bebidas calientes siempre disponible con mate de coca y café.
El personal del hotel muy amable y dispuesto a ayudar en cada momento.
La ubicación del hotel es excelente, a una cuadra de la calle donde están todos los restaurantes y a otra de la catedral.
A pesar de la que la habitación era casi perfecta, el resto del hotel parece antiguo, no a la altura de lo que uno encuentra cuando entra en el dormitorio.

Hoteles en Perú

Cusco 
TIERRA VIVA SAN BLAS
Cuando llegamos a este hotel hacía justo un mes que habían abierto el establecimiento. Es muy bonito, una linda recepción, una patio rodeado de puertas y ventanas azules, y al fondo otro patio con jardín y tumbonas. El lugar es sumamente tranquilo y esta en una zona donde encontrar muchos restaurante y tiendas, y a un paseo de 10 minutos de la Plaza de Armas.
Nuestra habitación fue la 111, una habitación superior. Gran cama, caja fuerte, mini bar con bebidas de cortesia, batas de baño, radiador, una zona de estar con una mesita y dos sillas, baño con ducha… Como hacía frío por la noches pedimos un radiador más y no tardaron en traerlo.
Vi otras habitaciones tan grandes como la nuestra, pero mucho más bonitas, con gusto hubiera pagado menos y me hubiera quedado por ejemplo en la habitación 103.
El desayuno está bien, con zumos, yogures, fruta, embutidos, panes… lo justo para un restaurante de este tamaño.
El servicio excepcional, sin lugar a dudas. Recomiendo este hotel por su ubicación y precio.

Hoteles en Perú

Cusco
TIERRA VIVA CUSCO CENTRO
Otro de los hoteles en Perú de la cadena Tierra Viva en los que me he alojado durante mi viaje a Perú. Nos dieron la gran habitación nº212, y era muy bonita, con vigas en el techo, gran cama con ese montón de almohadas que facilitan el sueño, baño con ducha, TV, radiador (fundamental para el frío)… La ventana aislaba perfectamente de la luz y el sonido, pero en cuanto se abría la ventana interior para abrir la ventana de madera y que entrara la luz, el ruido era ensordecedor.
Esta bien ubicado, cerca de la plaza de Armas, pero para mi gusto personal esta zona es demasiado ruidosa, prefiero San Blas que es donde está el otro Tierra Viva donde me alojé en Cusco.
El desayuno está bien y se sirve en un comedor junto al patio interior del hotel. Zumos, panes, frutas, embutido, tamales, huevos… Correcto para un hotel de este tamaño.

Hoteles en Perú

Lima
TIERRA VIVA MIRAFLORES LARCO
Quizás por haber elegido hoteles Tierra Viva en todo el viaje por Perú en Lima me alojaron en una habitación superior en lugar de una standard que era que lo que yo tenía contratado. Solamente puedo dar las gracias por ello.
La habitación era amplia, y como es habitual en los hoteles de esta cadena con una impresionante y cómoda cama, con muchas almohadas y ropa de cama blanca y suave. Dormir en esas camas es un placer.
El baño contaba con bañera, y era un poco antigua, lo que desmerece a la habitación. El aislamiento de las ventanas estupendo. Tuvimos batas de baño, servicio de té y café gratuito, así como mini bar con algunas bebidas de cortesía.
La habitación, que era la 507, contaba con aire acondicionado, pero no con calefacción, aunque nos ofrecieron un radiador si lo necesitábamos.
Todo el personal del hotel muy amable y dispuesto a ayudar en cualquier cosa, solo tengo buenas palabras para ellos.
Si te olvidas algo de aseo como pasta de dientes o cuchilla de afeitar, te lo facilitan.
El comedor está en la última planta, y tiene una pequeña zona exterior, y aunque las vistas no son buenas, es agradable. El desayuno cuanta con fruta, zumos, yogures, cereales, embutidos, huevos,… sin ser excepcional es bastante correcto.
La situación es buena si quieres alojarte en Miraflores, pero para nosotros después de haber estado allí, hubiera sido mejor algo en Lima centro, pues contamos con pocas horas para visitar la ciudad y desde el hotel se tarda una media hora en llegar.
Aún así, puedo recomendar este hotel sin lugar a dudas.

Hoteles en Perú

Ollantaytambo
EL ALBERGUE DE OLLANTAYTAMBO
Reservé este alojamiento con toda la ilusión del mundo animada por las críticas que iba leyendo y las preciosas fotos que mostraban el hotel. Me parecía bien su ubicación, pero al estar tan cerca del tren me puse en contacto con la administración del albergue preguntando si las habitaciones estaban correctamente aisladas o el sonido del tren se escuchaba durante todo el día. Ellos me dijeron que no me preocupara, que si algo se oyera sería muy débil pues las ventanas aislaban muy bien.
Así que allí nos presentamos con toda la ilusión para dormir dos noches en una habitación superior. Y la primera decepción fue la vista desde la ventana. Desde luego no me iba a pasar todo el día asomada mirando, pero cualquier habitación tenía sin duda una vista más agradable que la mía. Lo comenté en recepción y no hicieron ninguna intención de cambiarme diciendo que estaba todo ocupado, cuando curiosamente media hora después llegaron cuatro amigos y les dieron otras dos habitaciones vacías hasta ese momento. Sin duda podían haberme cambiado a mi, y no dude en decirlo de nuevo aunque ya no hubiera solución. Ante ello me llegaron a contar que alguna de las habitaciones era hasta 40 dólares más cara por las vistas, algo muy curioso teniendo en cuenta que estas cuatro personas que venían juntas se alojaron en dos habitaciones con diferente ubicación y solamente una de ellas se suponía que era más cara. Sinceramente, me pareció un detalle muy feo por su parte.
Hablando de la habitación, la cama era cómoda, al igual que las almohadas, y aunque el mobiliario era sencillo, resultaba acogedor. No hay TV, y la calefacción, que internet indican es de suelo radiante, se limita a un viejo radiador insuficiente para calentar la gran estancia de altos techos.
El baño cuenta con la amenities justas y el agua en ciertos momentos tiene poca presión.
Sumado a todo ello el ruido del tren. Cierto que estás muy cerca de la estación y es inevitable escuchar los trenes, pero ya que pregunté podían haber dicho que efectivamente desde muy temprano se escucha cada poco tiempo el sonido de trenes que van y vienen. A mi me molestó mucho el sonido y la segunda noche que no teníamos que madrugar, me desperté bien temprano a cuenta del ruido.
A su favor si vas a Machu Picchu que te tiras de la cama y estás en el andén. Pero está a unos 10 minutos andando de la plaza de armas.
En cuanto al desayuno cuenta con algunos productos que se sirven tipo buffet pero el resto tienen que pedirlo y te lo traen recién hecho.
Cenamos allí una de las noches, y todo estaba bueno. El local además resulta muy acogedor, pero es caro sin duda alguna, al mismo nivel que el hotel.
Comentar que el servicio en general el correcto, algún camarero más agradable, y uno de ellos era especialmente desagradable, parecía que te estaba haciendo un favor y fue un poco incómodo. En resumen, decir que de los hoteles en Perú que elegí para el viaje, este fue el que más decepcionó (y más caro pagué)

Hoteles en Perú

Cañón del Colca
KILLAWASI LODGE
Este alojamiento casi roza la perfección. Nuestra habitación fue la nº 4 con cama grande y cómoda, con un montón de mantas para combatir el frío. Buenas almohadas y baño con ducha. No hay teléfono, ni tele, pero si wifi en las habitaciones. La verdad es que teniendo en cuenta que a las seis es de noche y con el frío que hace, una tele no estaría de más, lo mismo que algo de calefacción más potente. Un simple calefactor no consigue convertir habitaciones tan grandes en lugares cálidos.
El restaurante es bueno, aunque la verdad es caro para los precios de Perú. Te piden que adelantes tu comanda una media hora para que luego no te toque esperar más de la cuenta. El desayuno es correcto: pan, zumo, cereales, fruta, huevos… Lo normal en hoteles pequeños.
Se incluye en el precio una excursión de casi tres horas por las montañas cercanas guiada por una chica del pueblo, María. Tanto ella como Jose son encantadores y dispuestos a ayudar al viajero con lo que sea necesario.
El lugar esta cerca de la plaza de Yanque, donde hay también un par de lugares donde poder comer o cenar.

Hoteles en Perú

Puerto Maldonado
ECO AMAZONIA LODGE
A dos horas en barca de Puerto Maldonado se encuentra este lodge. Tengo que decir que tiene cosas buenas:

  • las excursiones
  • la tranquilidad
  • la comida (a veces buffet, otras toca comer lo que te sirven)
  • David, nuestro guía en las salidas, fue realmente amable aunque por desgracia fuimos un grupo al que había que hablar en inglés y español, y a veces era un poco pesado para todos.

Pero también había cosas malas:

  • nos dieron la habitación Halcón y salimos de allí corriendo. Sucia y poco acogedora. Nos dieron la Serpiente, que al menos nos pareció estar en mejores condiciones, aunque al final resultó que se salía el agua del inodoro y de la ducha a la mínima, también había telarañas que el personal de la limpieza quitó esa misma tarde.
  • no hay luz eléctrica hasta las cinco y media de la tarde, cosa que no me parece mal. Excepto cuando tienes que estar allí entre las dos y las cuatro de la tarde y el calor es tan insoportable que no sabes donde meterte porque no funciona ni el ventilador de la cabaña.
  • hay una piscina, pero con el agua tan sucia que según la ves decides que es mejor darse una ducha para quitarse el calor
  • nos vendieron el alojamiento con agua caliente, y una vez allí resultó que no es cierto, solamente la tienen algunas cabañas y resultó que la nuestra no la tenía.
  • la salida hacia Puerto Maldonado es entre las siete y las ocho de la mañana, por lo que si tu vuelo sale tarde te toca pasarte horas metido en el garaje de las oficinas pues en la ciudad hay muy pocas cosas que hacer
  • yo pensaba disfrutar de maravillosos atardeceres, pero resulta que el lodge está al mismo lado del río por el que se pone el sol
  • nos pusieron champú solamente el primer día, y al pedir más nos dijeron que se daba cada dos días, al igual que el cambio de toallas. Al final nos llevaron jabón y champú. No ponen tan siquiera una toalla para el suelo a la salida de la ducha

No iba con muchas expectativas a este lugar, pero la verdad es que sumado que vi pocos animales, la experiencia no fue nada del otro mundo.

Hoteles en Perú

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ComprasExperienciasJapón

Ir de compras en Japón: cosas que solo pasan en el país del sol naciente

por Cristina 22/06/2014
Compras en Japón

En Japón hay un buen número de objetos que al viajero nos gustaría comprar y  traer a casa: yukatas, peinetas, comida, artesanía… Nosotros compramos algunas cosas típicas, desde paraguas a abanicos, pero lo que de verdad me pareció fascinante sobre el hecho de ir de compras en Japón son estas anécdotas que os voy a contar y que me hicieron sentir que hasta a la hora de hacer negocios los japoneses son gente muy especial.

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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