Cavernas del Rio Camuy y Arecibo

Diario de Puerto Rico: día 5. Cavernas del río Camuy y Arecibo

8 de diciembre 2016. Había llegado nuestro último amanecer en Fajardo, el último desayuno en el Hotel El Conquistador. Los días frente al mar tocaban a su fin y debíamos abandonar el que había sido nuestro alojamiento durante cuatro noches para partir hacia San Juan, la capital de Puerto Rico, ciudad en la que íbamos a pasar las tres últimas noches de nuestra estancia en este pequeño país del Caribe. Sin embargo habíamos planeado que antes de ir a la ciudad iríamos a conocer uno de los lugares que se mencionan en todas la guías de Puerto Rico: las cavernas del río Camuy.

No nos levantamos tarde, pero entre bajar a desayunar, terminar de cerrar el equipaje y hacer el check out finalmente eran las nueve de la mañana cuando dejábamos atrás nuestro hotel. Habíamos consultado la distancia entre nuestro punto de salida y las cavernas del río Camuy, tan solo teníamos por delante 150 kilómetros, una distancia que al utilizar las autopistas se suponía que podríamos recorrer en unas dos horas. Sin embargo no contábamos con la cantidad de tráfico que íbamos a encontrar alrededor de San Juan, ni que un pequeño despiste nos iba a hacer coger una ruta equivocada. Enseguida nos dimos cuenta del error y al preguntar en un centro comercial nos indicaron como regresar a la carretera que nos llevaría hacia Arecibo y desde allí  a las cavernas. También hicimos una pequeña parada para tomar un refresco y estirar un poco las piernas. Todo ello hizo que no llegáramos a las cavernas del río Camuy hasta cerca de las doce de la mañana, una hora más tarde de lo que nosotros habíamos calculado.

Al recinto del parque de las cavernas del río Camuy se puede acceder en coche, nada más cruzar el acceso que está sobre la carretera tuvimos que parar en una caseta en la que nos entregaron un número para identificar nuestro coche. Desde allí seguimos circulando hasta uno de los dos amplios parking que hay junto el acceso al edificio desde el que se comienza la visita a las cuevas. No había muchos coches, el cielo estaba plomizo y no tardó en comenzar a lloviznar. Nos acercamos a la taquilla para comprar nuestras entradas y de repente empezaron a decirnos que nos diéramos prisa, las visitas son guiadas en las cavernas del río Camuy y si no entrábamos con el grupo de las doce tendríamos que esperar sin hacer nada hasta la una. Así que corre que corre saca la tarjeta de crédito, recoge la audio guía (perdón ¿no acababan de decirnos que era una visita guiada?) y sube al tren que nos llevaría hasta la entrada de las cuevas. Menudo estrés… por dios.

Conseguimos sumarnos al grupo de las doce, con ellos recorrimos el camino que lleva hasta el acceso a la cueva de Santa Clara subidos en un trenecito que iba circulando entre grandes árboles y frondosa vegetación. Nos íbamos mojando pues no dejaba de lloviznar pero la temperatura en ese momento era bastante agradable. Llegamos en pocos minutos al lugar donde empezaba la ruta que nos llevaría a conocer las cavernas del río Camuy, allí nos esperaba la que iba a ser nuestra guía que nos explicó que tuviéramos cuidado principalmente de no resbalar, que no tocáramos nada en el interior de las cuevas y que todas las explicaciones estaban en la audio guía que cada uno teníamos en nuestro poder. Aún así, allí estaba ella para explicar algunos pequeños detalles más o mostrarnos aquello que se nos iba explicando. Pues bien… todos al conocer las cavernas.

Lo que nos esperaba era sin duda uno de los lugares más espectaculares de Puerto Rico, y no puede ser menos cuando se trata de uno de los sistemas de cuevas más grande del mundo. Fue descubierto por casualidad en 1958 cuando un vehículo cayó en el interior de una de las cavernas  y a fecha de hoy se han descubierto 18 salidas distintas de las cuevas. El río que da nombre al lugar es el tercer río subterráneo más largo del mundo y su curso ha ido creando esta red de cuevas en las que estalagmitas y estalactitas decoran techos y suelos.

cavernas del río camuy

Nuestra visita a las cavernas del río Camuy sería breve: tan solo íbamos a conocer la más impresionante de todas las cuevas del parque, la de Santa Clara. Su altura alcanza los 170 pies y durante el recorrido por su interior hicimos varias paradas según la guía del grupo nos iba indicando. Así descubrimos la cara de un indio taíno o la de una bruja, además de la estalactita más grande de la cueva. Más de una persona del grupo se resbaló ya que la humedad en el interior de la cueva era mucha, el agua se va filtrando por las paredes  y más de una gota cayó sobre nuestras cabezas. Fuimos avanzando por la caverna, la cual vuelve a tener otra apertura en el lado contrario al del acceso, allí hay balcones sobre el río y una fuente que mana de la pared  a la que llaman la fuente de la juventud (todo el mundo como loco a beber, no sea que de verdad un poco de ese agua te mantenga joven y dejes pasar la oportunidad).

Cavernas del río camuy

El regreso a la salida lo hicimos por el lado contrario de la cueva y por ese camino llegamos hasta la cueva de los murciélagos, no vimos a ninguno de estos animalitos, pero su presencia era evidente por el sonido, el olor y la temperatura más alta en esa parte de la caverna debido al gran número de murciélagos  que allí viven.

Al terminar el recorrido salimos al mismo punto  por el que habíamos entrado, pasamos por el árbol que crece al revés (sí, la raíz está en la roca y árbol ha ido creciendo hacia el suelo, de forma que su copa se encuentra directamente sobre la cabeza de los que entrar o salen de caverna de Santa Clara) y volvimos a subir al tren que nos llevaría a la entrada al recinto de las cavernas del río Camuy. En total habíamos tardado alrededor de una hora y media en hacer el recorrido, había sido bastante ameno y el tamaño de la caverna que habíamos visitado nos impresionó bastante.

Datos de acceso a las cavernas del río Camuy:

Precio de la entrada: 18 $ adultos, 13 $ niños, 9 $ jubilados (precio especial para grupos)

Precio del parking: 4 $

Horario: las cavernas abren de miércoles a domingo de 8:00 am a 5:00 pm. El último acceso es a las 3:30 pm. En temporada alta normalmente hay que esperar debido a la gran afluencia de gente. El parque de las cavernas del río Camuy está cerrado los días de Año Nuevo, Reyes, el Viernes Santo, Acción de Gracias y Navidad. También hay que contactar antes de ir si el pronóstico es de lluvia abundante, pues también cierran el parque.

Al abandonar el recinto de las cavernas del río Camuy regresamos sobre nuestros pasos para volver a la autopista que nos llevaría a San Juan. Pero antes teníamos intención de hacer un par de paradas. La primera de ellas fue en Arecibo, la segunda ciudad en importancia en el norte de Puerto Rico. También es una de las más antiguas de la isla y en ella queríamos visitar lo que queda de la ciudad colonial. Tuvimos suerte y sin dejar la avenida por la que entramos a Arecibo llegamos a una calle con bulevar en la que pudimos aparcar nuestro coche sin problema. Desde allí y en un corto paseo llegamos a la Plaza de Luis Muñoz Rivera. Allí se encuentra la Catedral de San Felipe y en los alrededores algunos edificios coloniales, unos muy restaurados, otros pidiendo a gritos que alguien les preste atención y les salve del grave deterioro que amenaza con destruirlos.

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Cavernas del Río Camuy y Arecibo

Paseando uno poco más allá de estos edificios de colores llegamos hasta el paseo junto al mar de la ciudad, un lugar cuidado y que durante nuestra visita lucía lleno de color, había salido el sol y el azul intenso del cielo daba una luz especial a cada rincón de Arecibo. Siguiendo el paseo marítimo llegamos a una zona sumamente pintoresca de la ciudad. Entre las calles Gonzalo Marín, González Ginorio y la Avenida José De Diego encontramos un buen número de casas abandonadas, muros e incluso fachadas de algún local decoradas con pinturas. Banderas, aves, mujeres y dibujos llenos de simbolismo llenaban de color esa zona de la ciudad, algo de lo que no habíamos oído hablar pero que nos encantó. Al final de ese recorrido artístico encontramos el que antiguamente se conocía como Paseo de las Damas y que hoy en día se ha rebautizado como Plaza Victor Rojas.

Cavernas del río camuy y Arecibo

Dejamos atrás Arecibo regresando a la autopista que nos llevaría a San Juan, pero antes de llegar a la capital de Puerto Rico hicimos una última parada en Barceloneta, una ciudad también del norte de la isla famosa por el gran outlet de marcas americanas que ahí en ella. Este centro comercial de nombre Puerto Rico Premium Outlets  se encuentra justo al lado de la carretera, lo habíamos visto por la mañana cuando nos dirigíamos a las cavernas del río Camuy y decidimos hacer una parada por la tarde. Cuando llegamos había multitud de coches, los aparcamientos estaban prácticamente llenos y es que la Navidad en esas fechas estaba a la vuelta de la esquina, mucha gente ya había empezado con las compras de regalos navideños. Tuvimos suerte y encontramos un hueco para nuestro coche bastante cerca del complejo de tiendas que enseguida nos recordó a otro que hay en Madrid llamado Las Rozas Village. Edificios de  colores alrededores de calles y plazas, jardines e infinidad de tiendas de marcas americanas, desde Nike a Coach pasando por Michael Kors o Calvin Klein. Incluso en hay un edificio dedicado exclusivamente a locales de comida rápida. Dimos una vuelta, entramos en alguna tienda y vimos que realmente los descuentos eran realmente llamativos, así que terminamos cargando con algunos vaqueros, camisas, carteras e incluso calcetines. Nada exagerado que luego había que meter todo en la maleta.

cavernas del río camuy y arecibo

Estuvimos como dos horas en este lugar, pero como en Puerto Rico anochece tan pronto cuando nos marchamos ya era de noche. Al regresar a la autopista nos sumamos a la infinidad de vehículos que iban en la misma dirección que nosotros, apenas teníamos por delante 50 kilómetros que sin embargo se nos hicieron eternos. Por fin llegamos a San Juan, pero aún había que dirigirse hacia el Viejo San Juan, pues allí era donde se encontraba nuestro hotel. De modo que hubo que cruzar toda la ciudad para poco a poco ir dejando atrás los alto edificios iluminados para llegar a calles más tranquilas a la orilla del Océano Atlántico. Cuando ya cantábamos victoria nos vimos metidos en un atasco sin posibilidad de escapatoria, estábamos ya cerca del hotel cuando vimos que los coches no se movían, algunos se daban la vuelta, otros pitaban a los que tenían delante… Salí del coche para preguntar a un policía que me dijo que nuestra mejor opción era llegar a un parking que teníamos muy cerca y que además no estaba lejos de nuestro hotel. Así lo hicimos y conseguimos dejar el coche estacionado en un parking bajo la Plaza del V Centenario. Arrastrando nuestras maletas por la empedradas calles del Viejo San Juan recorrimos los 200 metros que había hasta el Hotel Villa Herencia, una antigua casa colonial convertida en un coqueto alojamiento.

Hotel Villa Herencia

Nada más  entrar la sensación fue genial, todo estupendo hasta que nos llevaron a la habitación y descubrimos que era lo mínimo que podían dar. Casi casi había que pasar “de canto”. Era muy bonita pero tan pequeña que resultaba un poco agobiante. No pudimos entretenernos mucho, eran casi las diez de la noche y en Puerto Rico los restaurantes no cierran tarde. Consultamos los apuntes sobre lugares para comer en San Juan, vimos que había varios cerca del hotel, en distintas direcciones y nos pareció muy arriesgado ir a uno en concreto siendo ya tan tarde. Decidimos ir a la Calle Recinto Sur, allí había la menos tres opciones así que pensamos que si no era uno podría ser otro. Caminamos durante unos 15 minutos por una ciudad totalmente nueva para nosotros descubriendo rincones cuidados y casas de colores que se veían doradas a la luz de las farolas. Por fin llegamos a nuestro destino y la primera opción, La Caleta del Mar, no pudo ser, ya era tarde. La segunda, un restaurante italiano, Al Dente, más de lo mismo. Dicen que a la tercera va la vencida, y en este caso así fue: nos dieron mesa en el restaurante Raíces, un local grande, decorado al más puro estilo caribeño y con camareros y camareras vestidos con trajes típicos. El restaurante estaba animado, lo malo así de golpe fue el frío que hacía dentro… y es que esa manía de poner el aire acondicionado como si no hubiera un mañana es algo que nunca comprenderé. Pero no nos íbamos a quejar, aunque fuera tarde podíamos cenar. Cenamos mofongo y unos aperitivos a base de bolitas fritas de queso y plátano también frito, bebimos cerveza y nos marchamos hacia el hotel comentando una vez más que los restaurantes en Puerto Rico no son precisamente baratos (esa cena nos costo casi 60 $).

De camino al hotel pasamos por la Plaza de Armas y la encontramos iluminada por un gran árbol de Navidad. Disfrutamos de ese paseo por las tranquilas calles de San Juan, pero queríamos llegar pronto al hotel, al día siguiente nos espera de nuevo un viaje en coche, esta vez para conocer la sureña ciudad de Ponce.

Cavernas del río Camuy y San Juan de Puerto Rico en Navidad

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Comentarios (06)

  1. Cristina, me voy a enfadar contigo!!! Ya no tengo sitio en la libreta para apuntar más sitios bonitos jajajaja. Fuera de bromas, me han encantado las cuevas, creo que no viajaré nunca a Puerto Rico (o si) pero desde luego ganas si que me has puesto.
    Un abrazo
    Carmen

    1. Nunca se sabe donde va a terminar uno viajando, Puerto Rico te aseguro que no estaba entre mi lista de lugares a visitar… y el destino lo cruzó en mi camino. Un abrazo.

  2. Me ha gustado mucho el recorrido. Desde luego variado. La cueva es preciosa aunque me dan repelús los murciélagos. Lo de la ciudad colonial rematando con unas cuantas compras me parece ideal para un día completo!!

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