Livingston Guatemala

Livingston y Río Dulce, el Caribe de Guatemala

Antes de comenzar a preparar nuestro viaje a Guatemala no sabía de la existencia de Río Dulce ni de Livingston, en el Caribe. En este país la franja de costa caribeña es pequeña y ésta no ofrece al viajero las atractivas playas que se pueden encontrar en Belice o México. Aún así, después de visitar la ciudad maya de Copán, en Honduras, continuamos nuestro periplo hacia Quirigua y el Caribe guatemalteco. Aquí os cuento que hacer en Livingston, en Río Dulce y como fue nuestra experiencia en este lugar.

Para empezar deciros que si no hubiéramos decidido visitar Copán, seguramente nuestra ruta hubiera sido diferente y no hubiera acabado en Río Dulce. Sin embargo, como dimos prioridad a los lugares de interés cultural sobre las playas, nuestra ruta terminó pasando junto al poco atractivo Caribe de Guatemala.

Si alguno al leer Caribe piensa que todas sus playas son de arena blanca y aguas turquesa tengo que decirle que no es así. Basta ir hasta Livinsgton para encontrar un Caribe turbio y playas sucias en las que nadie tiene interés en bañarse. Dicen (no lo comprobamos) que hay alguna playita como Playa Blanca que no está mal en esta zona. Algo que no quiere decir que las playas caribeñas de Guatemala tengan mucho que ver con las de Guna Yala en Panamá, las de la Riviera Maya o las de los vecinos Belice y Honduras.

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En cualquier caso, la razón por la que llegamos a este rincón de Guatemala no fue disfrutar de la playa sino conocer el paisaje del Río Dulce, acercarnos a la cultura garífuna y tomarnos un descanso entre tanta ciudad colonial y maya.

Pasamos dos noches en Río Dulce alojados en el Hotel Marina Nana Juana. Fue tiempo más que suficiente para conocer el lugar y descubrir una Guatemala muy diferente a la que habíamos conocido en las ciudades del Altiplano. Nada de la belleza colonial de Antigua ni de los mercados llenos de color como el de Chichicastenango. Las temperaturas suaves de las que disfrutamos en Xela o el Lago Atitlán quedaron atrás. En el Caribe hace calor incluso en marzo, el sol pega con fuerza y algunas veces lo único que uno quiere es sentarse bajo un ventilador a tomar una cerveza bien fría.

Conociendo Río Dulce y Livingston

Pasamos un par de días agradables en Río Dulce y Livingston que nos permitieron conocer otra cara de Guatemala. Esa en que las ciudades no son coloniales. La población no solo desciende de los mayas. Y aunque no tengan playas de arena blanca el paisaje tropical es impresionante.

Pero, ¿qué se puede hacer en Río Dulce y Livingston? La verdad es que no demasiado. Pero lo que hay que hacer, merece la pena.

Que hacer en Río Dulce

El pueblo de Río Dulce, antiguamente llamado Fronteras, no tiene mucho atractivo más allá del fantástico paisaje que le rodea y las actividades que ofrece a los viajeros. Con un puñado de restaurantes, tiendas de comida y empresas de autobuses en su calle principal enseguida nos dimos cuenta de que no era un lugar agradable para dar un paseo. Muchos camiones constantemente atraviesan el lugar. Lo que le convierte en un rincón ruidoso y lleno de humo.

Sobre el Lago Izabal, a unos cinco kilómetros del pueblo, se puede visitar el Castillo de San Felipe de Lara. Rodeado de unos cuidados jardines que acaban junto al río, este fuerte lo construyeron los españoles para detener a los piratas que llegaban por el Caribe cuando este lugar era un punto estratégico del comercio en Centro América. El castillo se puede visitar por dentro. Pero nosotros nos conformamos con verlo desde el río, lugar desde el que se consigue la mejor perspectiva del conjunto.

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Junto al río hay algunos restaurantes que son lugar de reunión de viajeros y una buena opción para acudir a comer o cenar. Nosotros fuimos una noche al Sundog Café. Nos gustó su ambiente relajado, la música de fondo y la posibilidad de compartir mesa con otros comensales de adivina que parte del mundo. Pero lo mejor es sin duda su oferta de platos vegetarianos, sus hamburguesas y sus zumos naturales. Sin olvidarse de las pizzas hechas en el momento.

Recorrer el Río Dulce

Si uno llega hasta este apartado lugar de Guatemala no puede dejar de recorrer el río hasta Livingston. Desde Río Dulce parten las lanchas que llevan a la gente del lugar y a los turistas por el Río Dulce. Sin duda un recorrido que merece la pena hacer. Para nosotros fue lo mejor de todo lo que vimos en esta parte de Guatemala.

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Se pueden optar por contratar una barca para un viaje privado que se adapte a los horarios que uno desee. Nosotros elegimos sumarnos a una lancha colectiva. La contratamos directamente con Otilio, el conductor que nos llevó desde Honduras a Río Dulce y que nos comentó que también tenía lanchas para excursiones por el río. Vino a recogernos a las nueve de la mañana a nuestro hotel. Desde allí fuimos al embarcadero de Río Dulce, desde donde partimos hacia Livingston. El regreso sería a las dos de la tarde y el precio por persona 200 quetzales (ida y vuelta).

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El río une el Lazo Izabal y el Caribe. Rodeado de una vegetación tropical, tiene un gran caudal de agua. La parte más espectacular de este acceso fluvial es el cañón del Río Dulce. Sus imponentes paredes de roca cubiertas de vegetación emergen a ambos lados de la cuenta del río. Allí la selva es espesa. Se pueden distinguir pequeñas aldeas. Sencillos hoteles escondidos entre la vegetación. Y escuchar el sonido de las aves que vuelan al paso de las lanchas o que descansan en las copas de los árboles.

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En el recorrido de ida, además de disfrutar del bello paisaje, nos pararon en varios lugares para hacer unas fotos. El primero fue el bonito Castillo de San Felipe que vimos desde el río. A unos 40 minutos de Río Dulce, paramos en unas fuentes termales. La verdad es que esto me pareció algo prescindible. Se trata de una piscina junto al río con agua sulfurosa que olía fatal y estaba bastante sucia. Hay quien decide bañarse allí. Nosotros no vimos a nadie que se animara a ello.

Las otras dos paradas fueron en una isla conocida como la Isla de Pájaros. Un pequeño espacio en el medio del Río Dulce hogar de decenas de aves. Yo solamente reconocí algunas garzas, pero había aves de otras especies. El otro lugar en el que la lancha se detuvo unos minutos fue la Isla de las Flores. Aunque en realidad no es una isla donde hay flores. Si no en el agua. Un manto de nenúfares cubría esa parte del río. Era como una alfombra verde salpicada por flores blancas y rosas. Una belleza.

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Nuestro viaje llegó a su fin una hora y media más tarde en el embarcadero de Livingston. Lugar que compartimos con pequeños barcos de carga que llegaban con todo tipo de productos para este pueblo junto al Caribe. Y es que no hay carretera que lleve a Livingston. La única forma de entrar en este lugar es por mar.

Qué hacer en Livingston

Puede que mi expectativas sobre Livingston fueran demasiado elevadas. O que el calor me agotara antes de tiempo. Pero lo cierto es que aunque me parece un lugar singular no justifica por si solo llegar hasta él. La excursión merece la pena más por el viaje por el río que por lo que se puede hacer en el destino final que es Livingston.

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En este lugar nada que ver con el resto de Guatemala. Aquí uno se siente en un pueblo caribeño. Las casas de colores son las protagonistas junto con el arte urbano que decora muchas fachadas.

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Aunque recorriendo Livingston vimos algunas mujeres mayas, lo cierto es que aquí la población es un mezcla curiosa entre esos mayas, viajeros extranjeros, ladinos (mestizos de indígenas y europeos) y garífunas.

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Estos últimos son descendientes de esclavos africanos y hablan su lengua que es una mezcla de francés y lenguas africanas y caribeñas. Negros, altos y fuertes, verles paseando por la ciudad con sus rastas y gorros de colores le hace a uno sentir que este lugar es un trocito de Jamaica.

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Nosotros recorrimos las dos calles principales de Livingston. No dudamos en curiosear en cada callejón que encontramos y en acercarnos a la playa. Vimos a los estudiantes salir del colegio. A los vendedores montar sus puestos con fruslerías para turistas. Incluso me atreví a entrar en un par de hoteles para poder hacer algunas fotos. Paramos delante de la peluquería. Y nos sentamos a tomar una cerveza.

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Encontré gente muy amable encantada de charlar con alguien llegado de España. Pero poco más. A no ser que uno quiera acercarse a Playa Blanca o a los Siete Altares, Livingston no tiene mucho más que ofrecer. Es un lugar muy pequeño y enseguida uno lo tiene todo visto. En poco más de una hora se puede recorrer el lugar sin tener que correr.

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Cómo llegar a Río Dulce

Ya os he comentado que la única forma de llegar a Livingston es en barca. Se puede hacer desde Puerto Barrios o desde Río Dulce. Nosotros llegamos en un coche privado desde Copán. En ruta paramos en Quiriguá. El precio de este transporte ascendió a 190 $. Lo contratamos a través de una agencia de Antigua. Si lo hubiéramos contratado directamente con Otilio el precio hubiera sido de 150 $. Así que apunté su teléfono por si en un futuro alguien estuviera interesado.

En Río Dulce hay varias agencias de autobuses, en la calle principal. Nosotros viajamos en una de ellas a Flores, en El Petén. Es el modo más económico de realizar ese trayecto. El precio por persona es de 100 quetzales. Es importante consultar los horarios. Y aún así hay que ir preparado para esperar. Cualquier problema en la carretera puede hacer que el autobús que llega a Río Dulce desde Ciudad de Guatemala se retrase. En nuestro caso se suponía que el autobús pasaría por Río Dulce a las tres de la tarde. No pasó hasta las cinco. Dos horas de espera a plena sol, sin poder irnos por si el autobús llegaba en ese momento. Y sin otra opción para salir de allí que no fuera un transporte privado.

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Comentarios (06)

  1. La ruta que describes por Río Dulce y Livingston es muy parecida a la que hicimos nosotros. Curiosamente nosotros intentamos llegar hasta los siete altares pero el mar estaba muy subido y al final no los llegamos a encontrar. Conocer los distintos pueblos que viven en un mismo país tiene siempre mucho interés.

    1. Nosotros ni nos planteamos ir más allá de Livingston, todo lo que hicimos fue acercarnos a ese Caribe turbio que baña el pueblo y que nos pareció lo menos atractivo de Guatemala.

  2. En todos nuestros viajes hay un destino que no es lo que esperábamos, por lo que cuentas, este fue el vuestro. Pero, siempre se encuentra algo que ver. Ese paseo por el río Dulce parece muy interesante o por lo menos las vistas son muy bonitas. ¡Ese alfombrado de nenúfares me ha encantado!
    Aunque no fuera lo que esperabas, aprovechasteis muy bien el viaje hasta allí.
    ¡Un abrazo!

    1. La verdad es que nos defraudó un poco, aunque el paseo por el Río Dulce es realmente espectacular. Navegar mientras vuelan a tu lado pelícanos y garzas no es algo que se haga todos los días.
      Un abrazo

  3. Ese tapiz de nenúfares…qué bonito. Me ha gustado el paseo, quizá porque no tenía ni idea de este lugar…El castillo visto desde el río es precioso. Un día muy bien aprovechado aunque no fuese lo que esperabas.
    Un abrazo guapa.

    1. Me alegra haberlo visitado, sobre todo porque nos dio un respiro de tanta ciudad colonial y arte maya. De vez en cuanto viene bien un descanso mientras se viaja, y al final el paseo por el Río Dulce es una pasada.

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