Meses antes de viajar a Perú empecé a buscar hoteles donde alojarme en cada una de las ciudades por la que iba a pasar y tras dar muchas vueltas, comprobar buscadores, foros y blogs encontré casi de casualidad una cadena hotelera peruana: Tierra Viva Hoteles. Accedí a su página web y encontré que había establecimientos Tierra Viva Hoteles en Lima, Arequipa, Cusco y Puno, ciudades por las que yo pasaría. Empecé a investigar y encontré que además de ser hoteles atractivos en la mayoría de los casos tenían buen precio y sus clientes hablaban muy bien de ellos.
Así que a través de una web de reservas comencé a organizar todo para alojarme en los establecimientos Tierra Viva que me gustaban a la vez que me ponía en contacto con cada hotel, pues en algunos casos se incluían los traslados desde el aeropuerto. Y pasó que fue la central de reservas de Tierra Viva Hoteles la que se puso en contacto conmigo para ofrecerme un 10% de descuento en todos sus hoteles por haber decidido alojarme en ellos durante mi paso por Perú. La única condición era cancelar mi reserva en la web que la había hecho y reservar con ellos. De modo que lo hice de ese modo y el precio que ya era bueno comparado con otros hoteles de la misma categoría mejoró.
Lo mejor de los hoteles Tierra Viva
Después de haberme alojado en cinco hoteles distintos de la cadena creo que puedo recomendarlos sin temor por varias razones:
- Ubicación. Están siempre cercanos a zonas de interés o de actividad turística, por lo que resultan muy cómodos para el viajero.
- El personal en todos ellos fue atento, cordial y dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario.
- La habitaciones están perfectamente equipadas, desde nevera a servicio de té, sin olvidar geles y jabones de calidad, y si se te ha olvidado la pasta de dientes o la cuchilla de afeitar ellos te la facilitarán.
- Camas enormes, con unas sábanas suaves y blanquísimas, todo realmente cómodo. Cuentan incluso con almohadas de distintas calidades, todo un acierto ya que así siempre habrá una que se adapte a cada huésped.
- El desayuno es bastante correcto para hoteles pequeños como estos. Hay zumos, fruta, algo de queso, platos peruanos, tostadas… y por supuesto infusión de coca que tanto bien hace para evitar el mal de altura.
- Todos los hoteles tienen wifi tanto en las habitaciones como en las zonas comunes.
- Creo que el precio es bastante aceptable para hoteles de esta categoría sobre todo una vez que se comprueba que lo que se obtiene por ese dinero está mejor que bien.
- Por poner una pega diré que al viajar nosotros en junio hacía bastante frío y por las mañanas durante los desayunos apenas había un radiador eléctrico para calentar todo el comedor, así que por ejemplo en Puno y en Cusco teníamos que llevar una chaqueta gruesa.
Espero que si vais a Perú os venga bien esta información sobre los Tierra Viva Hoteles, y decir que esto es una opinión totalmente personal, que nadie me ha pagado ni compensado en modo alguno por escribir este post.



De nuevo con el coche seguimos ascendiendo hacia el siguiente lugar que había que visitar: la Torre Yokahú. El edificio en si no tiene nada, pero es ineludible subir a lo más alto de la torre, desde allí las vistas son realmente espectaculares. Se puede ver todo El Yunque, todo es de un verde intenso mires donde mires. En algunos lugares vimos pequeños puntos rojos, eran las flores del flamboyan, el árbol nacional de
Lo que si queríamos hacer era la ruta que nos llevaría a la Cascada de la Mina, probablemente el punto más popular de El Yunque. El camino que lleva hasta ella es uno de los muchos que tiene el bosque adaptados para que los visitantes puedan pasear rodeados por una exuberante vegetación, nosotros vimos en un plano que hasta esa cascada se podía llegar por la vereda de los árboles grandes, así que cuando encontramos el parking que señalaba ese punto, dejamos allí el coche. Justo al comienzo del camino había un grupo de trabajadores y yo me acerqué a preguntar si esa era la ruta más acertada para llegar a la cascada. Uno de ellos muy amablemente me indicó que era mejor ir por la ruta que comenzaba más arriba pues el paseo nos llevaría junto al río y era mucho más bonita. Le di las gracias y le dije a Arturo que mejor dábamos un pequeño paseo por la vereda de los árboles grandes y luego hacíamos caso al hombre que me había dado la información para recorrer el otro camino hasta la cascada. Así lo hicimos y mientras dábamos ese pequeño paseo entre grandes árboles Arturo me comentó que esos trabajadores con los que había hablado eran reclusos de alguna carcel puertorriqueña. Mientras yo hablaba él se había fijado en los coches, los policías, las pistolas, los uniformes… Bueno, solo puedo decir que serían presos pero desde luego de El Yunque parecían saber mucho.
Regresamos sobre nuestros pasos para volver al coche y abandonar el bosque pluvial El Yunque. Para ello tomamos de nuevo la carretera hacia Luquillo, y al llegar abajo encontramos que el día lucia realmente soleado. Decidimos entonces que la tarde la íbamos a aprovechar en la playa del hotel, pero no sin antes hacer una parada para ver la playa de Luquillo y esos chinchorros (bares y restaurantes) tan famosos que hay allí. Tardamos cinco minutos en encontrar la desviación, aparcamos el coche y nos fuimos a la playa. Encontramos que la estaban arreglando, haciendo nuevos caminos, creando algunos jardines y adecentando algo más la zona. Aún así nos quedó claro que la playa de Luquillo con su gran extensión de arena y palmeras es sin duda una excelente playa a la que acudir a pasar el día.
El último barco para regresar al