Una de las definiciones de enamorarse dice que es “cuando una persona pasa a sentir entusiasmo o gran afición por una cosa”. Eso me pasa a mi con el continente asiático en general, así, a lo bruto. Que me fascina, me pierde, me enamora, me entusiasma… Desde su cultura a su arquitectura o su gente todo son para mi motivos sobrados para regresar a Asia y seguir descubriendo lugares que siempre son únicos y generalmente sorprendentes. En este post tengo una tarea concreta sobre esos lugares que he conocido en Oriente: contaros cuales son esas ciudades de Asia que me enamoran, esas para las que no tengo nada más que buenas palabras y a las que regresaría de forma gustosa con una frecuencia que ni la distancia ni la economía hacen que sea sencillo.
Bulgaria es un pequeño país de los Balcanes. Su territorio ha estado ocupado por tracios, romanos y otomanos pasando a formar parte de los países comunistas al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día es un país que empieza a despertar al turismo. Ofrece como principales atractivos interesantes monasterios ortodoxos, ciudades con preciosas casas de estilo renacimiento búlgaro, concurridas playas en el Mar Negro, interesantes ruinas romanas y un territorio montañoso donde disfrutar de agradables paseos en verano y del esquí en invierno. Sus fronteras con Grecia, Rumanía, Macedonia , Turquía o Serbia hacen además posible un viaje combinando la visita a varios países.
Corea del Sur: quince días de viaje, cuatro aviones, tres viajes en tren, varios trayectos en autobús y metro, cuatro hoteles, un número imposible de recordar de restaurantes y cafeterías, visitas a templos, palacios, parques, mercados… Un viaje de dos semanas a Corea da para eso y mucho más. Para hacer infinitas fotos a sus bellos monumentos llenos de color, a los simpáticos coreanos que han resultado ser uno de los pueblos más amables y divertidos que conocemos, a esos paisajes verdes salpicados de flores de intensos colores… Al volver a casa es complicado decidir que es lo más bonito o impresionante que hemos conocido del mismo modo que lo es intentar hacer una selección de imágenes que resuman esos quince días de viaje.
Con este post os voy a mostrar Corea del Sur desde mis ojos y mi experiencia, os voy a acercar a esas personas que me crucé en el viaje y los lugares que visité en Corea del Sur pero intentando que los protagonistas sean los detalles, he intentado dejar aparte esas fotos de los bellos y coloridos palacios del país, he olvidado los pabellones más importantes de los templos… Quizás os gustaría más ver otro tipo de imágenes pero creo que es mejor mostraros Corea del Sur de este modo, porque estoy segura que os gustará y querréis ver los edificios que hay bajo esos tejados que os enseño o descubrir que hay tras esas puertas cerradas de mis fotografías. Si os lo enseñara todo aquí el factor sorpresa para quien luego decida viajar a Corea del Sur no sería tanto… Así que he decidido que este es mi modo de llevaros a la poco conocida y muy atractiva Corea, con mis fotos preferidas que espero os gusten y os animen a organizar un viaje hasta allí.
Solo una pequeña recomendación: que las veáis a pantalla completa, creo que merece la pena.
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Situado al norte de India, el estado de Rajastán es sin duda el más colorista del país. Todo lo que el extranjero imagina encontrar en el subcontinente indio, está aquí: mujeres con saris de colores imposibles, hombre con turbantes formados por metros y metros de tela, camellos en las carreteras, elefantes engalanados… Y todo ello con el escenario de ciudades envueltas en un halo de magia, muchas de ellas presididas por los impresionantes fuertes de Rajastán.
Sin duda la visita estrella de cualquier viaje a Perú es la ciudad inca de Machu Picchu. Pero a la hora de organizar la visita uno encuentra que las posibilidades de como llegar a Machu Picchu y de como organizar la visita son varias, y hay que decidir muchas cosas. Os cuento posibilidades, cual fue nuestra elección en cada caso y la razón por la que la elegimos.
Las dos últimas noches de nuestro viaje a Bulgaria las íbamos a pasar en Sofía, en cuanto me puse a buscar un hotel para esos días enseguida me di cuenta de que los precios de la capital eran bastante más elevados que en el resto del país. A través de Booking primero valoré elegir alguno de los Best Western de la ciudad, todo bien situados pero también bastante caros para lo que realmente ofrecían. La segunda opción fue un apartamento bastante atractivo muy cerca de la avenida Vithosa, todo me parecía bien en él, desde el precio a la ubicación. Hice la reserva y unos días más tarde me mandaron un mail informando de que si llegaba después de las siete de la tarde tendría que pagar 10 euros, y si me marchaba antes de las 10 de la mañana, otros 20 euros. Y nosotros íbamos a llegar tarde y salir temprano. Me pareció que el precio final (120 euros por dos noches) era demasiado alto para un lugar en el que yo tendría que hacer la cama y salir fuera a desayunar. Así que anulé esa reserva y de nuevo comencé con una búsqueda que en breve dio resultado: encontré el Hotel Sofía Residence Boutique.
