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Europa

El río Sena vs el río Támesis

por Cristina 22/07/2016
Río Támesis

París y Londres son sin duda dos de las ciudades más visitadas del mundo. Unos prefieren la capital francesa, otros la británica. Museos, palacios, jardines e incluso cementerios son merecedores de figurar en cualquier guía de viaje que quiera acercarnos a los lugares más interesantes de ambas ciudades. Las dos tienen algunas cosas en común. Mi colega Cristina (Ida y vuelta-Blog de viajes) y yo hemos elegido una de ellas para retarnos en este post: los ríos que cruzan estas ciudades. Os contamos porque cada una elige uno de esos ríos y os invitamos a que nos digáis de que río sois. ¿El río Sena o el río Támesis?

Cris: el río Sena

Río Támesis

La mayoría de las ciudades han nacido junto a un río, es cuestión de supervivencia. París nació en una isla de ese río, el Sena. En la Île de la Cité creció una de las capitales del mundo y en ella se encuentran algunas de sus edificaciones más emblemáticas. Un río que divide la ciudad no sólo geográficamente y que se ha convertido en un referente para todo visitante de la Ciudad de la Luz. París sin el Sena no sería igual. Me quedo con el río Sena porque:

*Porque sus puentes son magníficos, diversos y únicos. ¿En qué lugar del mundo sino en París, se puede llamar Pont-Neuf al más antiguo?

*Porque ¿qué otra ciudad puede tener dedicada una bella canción a los puentes que cruzan su río? Pues París y el río Sena: “Sous les ponts de Paris”.

*Porque según paseas por sus riberas te vas encontrando alguno de los más importantes museos del mundo: el Louvre y el Museo d´Orsay se sitúan uno frente al otro y ambos junto al Sena.

*Por los bouquinistas, esos vendedores tan parisinos, tan del Sena, que venden postales, grabados, libros antiguos y revistas a las orillas del Sena.

*Porque en una de las ciudades más románticas del mundo el Sena añade un plus, con sus muelles y sus bateau-mouche en los que se puede pasear, cenar y contemplar.

*Porque junto al río y en el río nació la ciudad y su magnífica catedral es una joya ribereña y gótica.

*Porque pocas veces un río ha puesto una barrera divisoria tan palpable entre una orilla y otra. Aún hoy la Rive Droite aúna la grandeza y el poder, mientras que la Rive Gauche es intelectual, revolucionaria y existencialista.

*Porque la Torre por excelencia no podía estar situada en otro sitio: junto al Sena.

*Y porque al fin y al cabo París sin el Sena no hubiera sido la magnífica y bella ciudad que es.

Kris: el río Támesis

Río Támesis

El río Támesis es el gran río Británico y uno de los más famosos y limpios del mundo. Por sus aguas han pasado reyes y piratas, en sus orillas se ahorcaba a los delincuentes y al bajar la marea había un enjambre de pilluelos que rebuscaban en su arenales cualquier cosa de valor. Hoy en día a su paso por la ciudad de Londres lo cruzan 33 puentes y es tan caudaloso que por él se pueden ver pasar desde embarcaciones de recreo a cargueros de gran tamaño. Recorrerlo es pasar por barrios elegantes pero también por zonas más deprimidas como podría pasar en cualquier otra ciudad. ¿Por qué me quedo con este río?

*Por el Big Ben y el Parlamento, símbolos de Londres, reflejados en sus aguas.

*Por los paseos recorriendo el barrio de Chelsea que terminan en uno de los puentes más bonitos de la ciudad sobre el río Támesis: el Albert.

*Por el Puente del Milenio que nos lleva de la Catedral de San Pablo a la Tate Gallery.

*Por la torre de Londres y su vecino y levadizo Puente de la Torre.

*Por ver desde el South Bank los edificios más modernos, imagen de la actual City.

*Por poder cruzar uno tras otro cada uno de sus puentes y sentir que pasas del Londres más moderno al más clásico

*Por saber que la marea ha bajado al ver en alguna orilla barcas varadas esperando que de nuevo suba el nivel del río para poder navegar.

*Por tener la opción de poder subir al London Eye y ver el curso del río Támesis desde las alturas

*Por caminar contemplando el río por esos tranquilos paseos llenos de árboles y farolas victorianas.

*Por rememorar mientras paseas imágenes de películas como Match Point, Love Actually o El diario de Bridget Jones.

*Y porque solamente de este río podían sacar agua Coca Cola para venderla embotellada.

 

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Sri Lanka

Diario de viaje: Kandy y el templo del diente de Buda

por Cristina 21/07/2016
que ver en Sri Lanka

15 de marzo – Kandy

Después de comprobar que las abejas que habían decidido dormir con nosotros están todas muertas, nos vamos a desayunar. Fuera luce el sol y nos espera un desayuno de esos que dan fuerzas para todo el día. Todo está perfectamente preparado y presentado, no solamente esta rico, es que visualmente es realmente atractivo, desde la fruta, al zumo o la tortilla de patata (si, parece ser que una española les enseñó a prepararla). Le pedimos de nuevo a Bárbara que si puede avisar a un tuk tuk para ir al centro de Kandy, y en pocos minutos tenemos allí al mismo chico del día anterior que esta vez nos lleva primero a correos para mandar unas postales y más tarde nos deja en el Templo del Diente de Buda.

Nada más bajar de nuestro transporte vi junto al lago una pareja de novios, y no pude evitar acercarme a curiosear. Me llamó la atención que el novio y la novia iban conjuntados en colores, pero también la cantidad de adornos que llevaba ella, ya fuera en la cabeza o en los brazos. No la faltaba un solo complemento. Posaron sonrientes para mi, y esta es la prueba de como se visten los novios en Sri Lanka.

Kandy

Volvimos al templo, de nuevo pasar el control de seguridad y de vestimenta en el que decidieron que los pantalones de Arturo eran un poco cortos y tiraron de ellos hasta que le taparon dos centímetros más de pierna. Volvimos a dejar los zapatos y a subir las escaleras al interior del templo. El señor de la entrada nos reconoció enseguida y comentó que si nos apetecía volver de nuevo esa noche que no dudáramos en hacerlo. A la hora de nuestra llegada la puja había terminado, así que el templo estaba mucho más tranquilo que la noche anterior. Recorrimos pasillos y salas con tranquilidad, curioseando allá donde una puerta se abría, para más tarde volver a subir a la parte alta, el lugar donde se encuentra el relicario del diente y donde me sumé a un grupo de mujeres para depositar unas flores que llevaba para tal fin. No vimos el relicario nada más que en una gran foto en la pared, pero la verdad es que nos dimos por satisfechos.Kandy Antes de abandonar el recinto del templo más importante de Kandy nos empeñamos en hacernos alguna foto con nuestro palo selfie roto, y la verdad es que fue labor complicada. Pero entre risas y encuadres finalmente conseguimos alguna foto los dos juntos.

KandyAunque este templo es sin duda el lugar más importante que hay en Kandy, no habían acabado los lugares que queríamos conocer. Muy cerca del templo de Diente del Buda hay dos devales prácticamente contiguos, Natha Devale y Pattini, en los cuales se pueden ver elementos típicos de los templos budistas: bodhi trees, dagobas y santuarios. Junto a nosotros muchos fieles se acercaban allí a dejar sus ofrendas, encender velas o incienso, incluso a hacerse alguna foto con elefante que había allí.
Algo curioso que vimos desde estos devales era la imagen de una dagoba con una iglesia cristiana al fondo, y es que en Sri Lanka hoy por hoy parece que por fin los diferentes credos conviven en paz. Salimos por la parte trasera de estos devales pues nos llamaba la atención ver un iglesia en este país, y además hacia calor e intuimos que allí dentro haría algo de fresco. Y no nos equivocamos, la iglesia de St. Paul tenía todas las puertas abiertas, y corría un aire muy agradable que hacía que muchos fieles estuvieran allí dentro, algunos grupos daban la sensación de estar haciendo algo así como lo que conocemos como catequesis pues había un adulto con varios niños. Otros grupos eran sencillamente personas que estaban sentadas relajadamente con una charla tranquila en un tono suave que invitaba a hacer lo propio y quedarse allí un rato sin ninguna prisa por volver al calor.

Kandy

Kandy
Pasado un buen rato retrocedimos sobre nuestros pasos para volver a pasar delante del Templo del Diente de Buda y salir por la parte trasera del recinto. Nuestro destino era un lugar de esos que recuerdan a la vieja Europa y de los que hay unos cuantos repartidos por Sri Lanka. En esta ocasión conocimos el cementerio Garrison, un pequeño lugar salpicado de lápidas que nos cuentan lo jóvenes que morían los británicos residentes en Ceilán. El lugar está muy cuidado, limpio… parece que aún hoy alguien se preocupa porque el lugar siga en buenas condiciones.

Kandy
El calor nos animó a pensar en hacer una parada, y el lugar sería un hotel cercano con una terraza en la planta baja. Lo había visto la noche anterior y me había llamado la atención, así que volvimos una vez más hacia el Templo del Diente de Buda, pero esta vez en lugar de cruzar sus jardines caminamos junto al lago rodeando la valla del templo más importante de Kandy. Vimos a mucha gente dando de comer a las carpas y hasta un pelícano solitario. Llegamos a nuestro destino (The Empire Hotel) y había tantas bebidas apetitosas en la carta que no sabía por cual decidirme, pero al final fue en té frío aromatizado que me supo a gloria.

Kandy

Mientras nos tomábamos esas merecidas bebidas repasamos la guía para ver que venía a continuación. Queríamos dar una vuelta alrededor del lago, y llegar a un monasterio al otro lado de donde estábamos, y también curiosear por el mercado y algunas tiendas de Dalada Vidiya, una de las calles más animadas de Kandy, así que en el momento en el que el cielo comenzaba a cubrirse salimos para ver el lago desde todos lo ángulos. Junto a él nos pasó una cosa curiosa: un señor se nos acercó a ofrecernos unas magníficas entradas para un espectáculo que tendría lugar esa misma noche porque el presidente del país estaba en la ciudad. Menos mal que no nos interesó el tema y además ya estábamos avisados sobre ese tipo de cosas que resultan no ser más que un timo para turistas.

Kandy

Un poco más allá entramos a ver uno de los monasterios de Kandy que teníamos en mente, el Malwatte Maha Vihara. Vimos algunos monjes bastantes serios y anduvimos entre edificios de habitaciones hasta encontrar un diminuto museo con algunos objetos bastante bonitos que hicieron que mereciera llegar hasta allí, y como no, descalzarse.

El cielo sobre Kandy se iba poniendo cada vez más oscuro y el bochorno aumentaba proporcionalmente. Volvimos sobre nuestros pasas y empezamos a curiosear por varias tiendas en las que los precios nos parecieron realmente caros, y entramos en un centro comercial donde el aire acondicionado estaba a tope. Entramos a ver un supermercado, curioseamos por algunas tiendas y volvimos a la calle para acercarnos al mercado que había en la calle un poco más allá. Muchos puestos de ropa y de telas, además de un fuerte a olor a pis es lo que encontramos allí. Arturo no tenía muchas ganas de caminar entre tiendas donde nada le llamaba la atención y donde constantemente alguien reclamaba tu atención para que compraras, así que se quedó esperando en la avenida mientras yo bajaba a ver la ropa. Al rato regresé a pedirle dinero porque había visto un par de pantalones, me habían pedido 1000 rupias por uno y al final me llevé dos por 800. No es que fueran una maravilla pero eran fresquitos y me vendrían bien para estar cómoda en los días que vendrían.

Hacia el final de la tarde empezó finalmente a llover, cosa que se venía anunciando hacia un rato por los truenos que habían empezado a sonar. Teníamos que guarecernos, y cerca de allí había un sitio que yo quería conocer, The Pub, así que cruzamos la calle para subir a ese local. Mis expectativas eran altas, había leído lo bueno del lugar, y la verdad es que me decepcionó. Lo primero el ruido: nos apetecía estar en la terraza, y cada vez que el semáforo de la calle de ponía en verde pasaban tantos coches que era realmente molesto el fuerte ruido de los motores de tuk tuk y autobuses. En segundo lugar, la suciedad: mesas que en algún momento debieron ser incluso bonitas ahora lucen deslucidas y sin ver una bayeta entre cliente y cliente. Y por último que hasta las seis no te sirven una cerveza fresca.

Kandy

Así que aunque nuestra primera idea fue cenar allí, en breve decidimos buscar otro lugar más a nuestro gusto, y terminamos de nuevo en The Empire, sentados en uno de sus acogedores y coloridos comedores donde no se me ocurrió otra cosa que pedir uno de los famosos currys de Sri Lanka que no pude terminar, porque aunque me dijeron que no picaba, palabrita que algunos platos no había quien los tragara sin beber a continuación litros de cerveza.

Kandy
Con la tripa llena salimos del restaurante y dimos una última vuelta alrededor del famoso templo de Kandy antes de buscar un tuk tuk para regresar a nuestro hotel. Nos pidió 500 rupias por llevarnos, le dije que 300 y al final pagamos 350. Por suerte este conductor era bastante más tranquilo que el de la noche anterior, cosa que agradecimos. Igual que no encontrar abejas en la puerta de la habitación, seguramente porque estaba a punto de empezar a llover. Teníamos la planta baja de la casa para nosotros solos, así que nos pusimos los pijamas y nos fuimos al precioso salón a leer mientras en el jardín se escuchaba caer la lluvia…

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Mis 10 ciudades favoritas

por Cristina 19/07/2016
10 ciudades favoritas

Hace algún tiempo  Cristina del blog IDA Y VUELTA lanzó el reto de escribir un post compartiendo nuestras 10 ciudades favoritas. Es algo que ya había pensado alguna vez, pero parecía que nunca llegaba el momento. Gracias a mi tocaya finalmente me senté a pensar que 10 ciudades del mundo eran mis preferidas y escribí este post. Hoy he vuelto a hacer un repaso mental porque en estos meses he conocido otras ciudades que podrían desbancar a estas de la lista, y aunque he pensado que quizás Seúl podría sustituir a alguna creo todas tienen algo que me une a ellas y que me hace que sentir que deben continuar en esta lista de mis 10 ciudades favoritas.

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ComerMadrid

Descubriendo la nueva carta del restaurante LAVACA

por Cristina 18/07/2016

Hace unos días la dirección de los restaurantes LAVACA convocó a un grupo de bloggers para compartir con nosotros su nueva carta llena de platos perfectos para degustar en verano, a la vez que nos mostraban el cambio de imagen de su local en la madrileña calle López de Hoyos.

Yo conocía este lugar pues lo había frecuentado cuando su nombre era La Vaca Argentina, al entrar me pareció que poco quedaba de esa vaca que había perdido la nacionalidad con el cambio de imagen. Me encontré con un local mucho más moderno y luminoso decorado con cuidados detalles como sus lámparas o los colores de paredes y mobiliario, un lugar para acudir a una cena con amigos, pero también en pareja o en familia y disfrutar en él de su zona de barra, del luminoso comedor o incluso de esas mesas en el agradable jardín posterior.

LAVACA

Una vez acomodados en una gran mesa nos explicaron la razón del cambio del restaurante, que a pesar de todo, sigue un local donde la protagonista es la carne. Ya no hay algo tan argentino en la carta como la entraña, en su lugar ahora las hamburguesas gourmet creadas por Paco Pérez son las reinas del restaurante, y todo ello en busca de conseguir una clientela más heterogénea, que no sean solamente los padres los que vengan a comer a LAVACA, sino que también lo hagan sus hijos cuando salgan con sus amigos.

Esa noche sin embargo en LAVACA no íbamos a degustar carne en la cena, por nuestra mesa iban a pasar platos creados para el verano, para esas cenas que apetecen frescas y ligeras pero siempre con la máxima calidad. Probamos primero un delicioso salmorejo de un intenso color rojo que a mi personalmente fue lo que más me gustó de todo lo que probé, y es que tengo debilidad por ese plato.

LAVACA

La cena no había hecho más que empezar, a este salmorejo le siguieron varios de esos platos que forman parte de la nueva carta de LAVACA: ensalada de rúcula queso y mango, tartar de kumato, y un peculiar tomate caprese. De estos platos ninguno me dejó con ganas de repetir, sin embargo de los segundos fijo que vuelvo a comerlos cuando regrese al restaurante: un suave salmón marinado y pollo marinado al horno con salsa oriental. Y por supuesto, queda en pendientes probar sus hamburguesas.

LAVACANo podía terminar la cena sin degustar algunos dulces. A la mesa llegaron un brownie con helado y una tarta de queso que todos alabaron como una de las más esponjosas y deliciosas que habían probado. Yo sin embargo, y aunque soy poco golosa, me quedo con el brownie.

LAVACA

RESTAURANTE LAVACA

Calle López de Hoyos nº 42 – Madrid

Teléfono 915 63 14 85

Precio medio : 25 euros

Metro : Avenida de América

Si llegas en coche, toma nota de que LAVACA cuenta con servicio de aparcacoches.

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Corea del Sur

Palacio Changdeokgung y su jardín secreto en Seúl

por Cristina 17/07/2016
Palacio Changdeokgung

Seúl es una ciudad con una interesante e intensa historia que el visitante la puede conocer visitando sus templos y palacios. Entre estos últimos destaca el palacio Changdeokgung por el conjunto de sus edificaciones, por su famoso jardín secreto y por ser es el único palacio que preserva el estilo arquitectónico de la Dinastía Joseon.

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: visita a las cuevas de Dambulla

por Cristina 16/07/2016
Cuevas de Dambulla

Diario de viaje, 14 de Marzo

Cuevas de Dambulla y llegada a Kandy

Si el día de ayer amanecía nublado hoy no es menos. Apenas podemos distinguir Sigiriya en el horizonte mientras tomamos nuestro último desayuno en esa zona de Sri Lanka. Hoy es el día en el abandonamos el que ha sido nuestro hogar durante tres días para ir hacia el sur, a Kandy, el corazón espiritual del país, haciendo una parada en las cuevas de Dambulla.

Tras desayunar, el check-out y colocar las maletas en el coche emprendemos el viaje por carretera en el que será el último día con este conductor sin nombre. Las carreteras siguen siendo tan buenas como en el resto del país, y los conductores igual de locos al volante.

Durante este trayecto haremos varias paradas, la primera en uno de esos lugares que formaban parte desde el comienzo de la organización del viaje de los imprescindibles: las cuevas de Dambulla. Cuando llegamos vemos que el cielo empieza a ponerse ligeramente más oscuro, pero confiamos en que no llueva inmediatamente y nos de tiempo a ver el lugar. Tras dejar el coche nos acercamos a la entrada del templo donde nos espera lo que parece la entrada a un parque de atracciones o una casa de los horrores.

Se trata de un Buda gigante dorado que sirve de entrada a un museo y bajo el cual también está la oficina donde comprar las entradas, caras, pero no tanto como las del las ciudades culturales.. Aquí solamente se puede pagar en rupias. Tras hacernos con nuestros tickets de acceso al templo, curioseamos un poco por la parte baja, subimos a ver más de cerca el Buda y hacemos algunas fotos mientras el cielo está cada vez más y más negro.

Dambulla
Comenzamos la subida hacia las cuevas de Dambulla por la escalera de la colina, se pueden llevar zapatos aunque muchos budistas suben directamente sin sus zapatos. Es una subida suave, pero cuando estamos más o menos a la mitad del camino comienza a llover con cierta fuerza. Uno se pasa el viaje con un chubasquero en la mochila, o un paraguas plegable, pero justo ese día nosotros hemos dejado todo lo que nos puede proteger del agua en el coche así que como justo pasamos bajo unos árboles decidimos parar y protegernos hasta ver si amaina un poco.

Hay gente que sube con grandes paraguas que despiertan nuestra envidia pero otros se paran bajo alguno de los árboles pues la lluvia cada vez cae con más fuerza. Como a mi no me apetece nada mojarme, aguantamos bastante rato, y en cuanto amaina un poco decidimos poner rumbo al templo. Al llegar arriba y antes de poder acceder al templo y la cuevas tenemos que dejar los zapatos o bien junto a un montón tirados en el suelo o en una caseta en la que cobran unas rupias. En vista del tema de la lluvia decidimos que mejor dejarlos protegidos si no queremos encontrarlos empapados al salir.

cuevas de dambulla
Vuelve a llover cuando entramos en el recinto de las cuevas de Dambulla y solamente podemos dar las gracias porque al menos todo lo que hay que ver está dentro de unas cuevas y apenas tendremos que estar bajo la lluvia.

Llegamos a la cueva 1 y hay tanta gente dentro que tenemos que esperar antes de poder entrar a ver el interior. Se trata de una cueva no muy grande, de forma rectangular, en la cual nada más entrar encontramos un Buda tumbado que ocupa prácticamente toda la cueva y a sus pies algunas estatuas más. La luz es muy tenue, huele a incienso y de fondo se pueden escuchar los rezos de un sacerdote que está al otro lado de la cueva y que descubrimos que reza a un dios hindú. Desde ese primer contacto con las cuevas de Dambulla ya me sentí fascinada por ese lugar, por el color de Budas y pinturas que decoraban techos y paredes, por el constante aroma a flores, por el ir y venir de budistas con ofrendas en sus manos.

Cuevas de Dambulla
Cuando salimos de la primera de las cuevas de Dambulla parecía que iba lloviendo menos así que nos atrevimos a caminar sobre el suelo mojado esquivando los charcos para ver el templo desde el exterior. Además la cueva ll tenía un cartel que decía que estaría unos minutos cerrada, así que aprovechamos para acercarnos a unos estanques con lotos donde demostré a Arturo que mi fobia a las ranas está casi superada…. Va dejando de llover y aunque está muy nublado hay mucha claridad.

Cuevas de Dambulla

Cuevas de Dambulla
En cuanto abren la cueva ll entramos a verla, sin duda es la más impresionante por la cantidad de Budas que hay en su interior, por la pinturas en paredes y techos, por la estupa que hay en su interior…. Al ser tan grande y aunque hay gente se ve con comodidad, uno se puede parar a observar cualquier cosa sin tener la sensación constante de estar en medio. Sin volver a salir a la calle podemos entrar a las otras cuevas, todas se encuentran debajo del pórtico blando.

Son de diferentes tamaños pero en todas se repiten pinturas que narran la vida de Buda y las grandes esculturas del Maestro en diferentes posiciones. Aún así, cuando estás allí, te das cuenta de las peculiaridades que diferencian a una de otro. Aunque en lo que sin duda son iguales es en la belleza y colorido.

Una vez más tardamos tanto en recorrer el lugar que visitamos que casi nos hemos quedado solos, y la verdad es que no nos importa. Después de dar otro pequeña vuelta por cada una de las cuevas de Dambulla recogemos nuestros zapatos y emprendemos la bajada hacia el coche.DambullaEn la escalera de repente se nos cruza un mono corriendo con algo en las manos: acaba de robar una bolsa a una mujer y con ella en las manos se sube a un árbol cercano en un posición en la que nos controla a todos, nosotros le vemos pero nadie puede alcanzarle. Abre la bolsa, saca una caja, le quita el precinto y saca de dentro una medicina para el asma. La mujer a la que se la ha quitado le mira esperando a que la tire, pues parece que de verdad la necesita, pero el mono no parece dispuesto a soltarla, para ellos todo lo que está dentro de una bolsa es comida y cuando nos vamos de allí el animal sigue dando vueltas a aquel bote pensando por donde podrá hincar el diente….

Seguimos ruta hacia Kandy y en el camino hacemos una parada en un sitio que nos deja muy mal recuerdo. Se trata de Nalanda Gedige, un pequeño templo de estilo muy similar a algunos del sur de India. Llegamos allí y para empezar el conductor nos deja directamente sobre un barrizal… yo llegado ese punto ya hablaba lo justo con él, estaba demasiado molesta como para tentar a la suerte lo más mínimo y terminar como el rosario de la aurora.

Así que nos bajamos y un señor se acerca a decirnos que no se paga entrada y se queda a nuestro lado empezando a contar cosas del lugar sin que nadie le haya preguntando. Siempre digo que si yo quiero un guía ya lo buscaré, no me gusta nada los espontáneos que se asignan ese papel sin preguntar a nadie, así que con corrección le decimos que no queremos guía y el nos enseña una chapa que lleva guardada y que le identifica como vigilante. Le decimos que muy bien, pero que cada uno a lo suyo.

Total, que llegamos todos al templo que comparado con otros lugares similares no nos dice mucho, pero bueno, ya que estamos allí lo vemos y preparo la máquina para hacer una foto. Y en ese momento el vigilante me dice que está prohibido hacer fotos. No se si reír o mandarle hacer gárgaras, pero me cuenta no se que película del ministerio y de que es un lugar protegido. Lo mejor de todo es que el conductor corrobora lo que dice y yo me pregunto si me ven cara de tonta.

Nos damos la vuelta y cuando no nos ven hago una foto, de esas por tocar las narices, nada más. Cuando volvemos al coche el sinvergüenza del conductor encima nos quiere hacer creer que en un cartel con forma de flecha escrito solamente en cingalés pone prohibido hacer fotos. Y curiosamente al lado hay un gran cartel en tamil, cingalés e inglés en el que no pone nada de eso. Sencillamente el vigilante se dio cuenta de que no iba a sacar una rupia de nuestro bolsillo y decidió fastidiarnos con las fotos. Y el conductor, poco avispado, se puso de su lado en el lugar de hacerlo del de sus clientes. Iba ganando puntos poco a poco. Y los cingaleses corroborando la fama de estafadores sobre la que ya había leído antes del viaje.

Nalanda

De nuevo en el coche ponemos rumbo a Matale ciudad cerca de la cual pararemos a visitar un nuevo templo, el de Aluvihara. Tras dejar el coche, subimos unas escaleras al final de las cuales está el lugar en donde pagar la entrada y en el que debemos dejar los zapatos. Esta vez no hay nadie esperando para que le demos dinero por controlar que nadie se lleva nuestro calzado. Y es que uno termina un poco cansado de pagar una habitualmente cara entrada y además tener que dar más dinero por algo que no es necesario como dejar los zapatos en una estantería.

Entramos en el templo y nos llama la atención la pared de roca totalmente negra en la que los budistas que visitan el templo dejan incienso en las grietas o velas encendidas en unos huecos tallados para ellos. Justo enfrente se puede entrar al templo bajo la roca. Podríamos decir que es el hermano pobre de Dambulla pues está construido en el  mismo estilo: una cueva, pinturas en cada rincón y estatuas de Buda. Aunque no es lo mismo que el que habíamos visitado unas horas antes, no carece de encanto y sobre todo merece la pena porque son pocos los visitantes.

Cuevas de Dambulla

La visita de Aluvihara no termina en esas cuevas. Hay que seguir caminando y un poco más adelante a la derecha hay un pasaje del terror, pues no podemos llamar de otro modo a ese tipo de museos de cera en el que figuras horribles muestran los terribles castigos que tendrá en el infierno aquel que peque en vida. Los cingaleses deben pagar entrada, pero los turistas tenemos incluido tan agradable paseo en el precio del ticket.

Aluvihara

También se debe subir a lo alto de unas piedras que hay dentro del recinto del templo. Cuando nosotros lo hicimos había llovido y había que subir con mucha precaución, pero las vistas desde arriba son bien bonitas. Hay una dagoba que se puede rodear para disfrutar del lugar desde todos los ángulos.

Aluvihara
Ya queda poco para llegar a Kandy y tengo muchas ganas de que así sea para terminar la relación con el conductor, que de repente se pone super simpático y nos dice que antes de llegar a nuestro destino pasaremos por los famosos campos de especias de Sri Lanka, que son muy bonitos y que merece la pena parar. Como vamos con tiempo, le decimos que vale y entonces veo que vamos pasando por un montón de ellos, algunos con entradas que parecen anunciar la belleza del interior, pero todos los dejamos atrás. Y cuando ya creemos que al final no vamos a parar, el conductor de desvía de la carretera para que bajemos en el lugar más cutre de todos los que he visto en el camino.

A lo mejor el interior de todos es similar, pero este es sencillamente un espacio con una serie de plantas al lado de cada una de las cuales hay un tarro de crema o de un aceite que una persona de ese tienda (porque al final eso era una tienda) nos va explicando los beneficios de la canela, el cacao o el jengibre. Una visita fea y poco interesante, sobre todo cuando recordamos nuestro viaje a Java, donde si que visitamos una verdadera plantación de especial y no un lugar cutre, sucio y mal gestionado como este. Evidentemente no compramos nada porque los precios eran de risa, pero de lo caro que era todo.

Volvemos a la carretera, y antes de llegar a nuestro hotel en Kandy, Arturo y yo decidimos que finalmente no vamos a pagar lo acordado a Chami. Creemos que se ha portado realmente mal con nosotros y que el conductor no merece ninguna atención por nuestra parte. Realmente no es un tema de dinero, pues dejamos de pagar 30 euros, es un tema de que la persona con la que habíamos llegado a un acuerdo no ha estado a la altura en ningún momento y lo que de verdad hubiera merecido es que no pagáramos nada hasta que él en persona no hubiera venido a vernos.

Alrededor de las cuatro de la tarde encontramos nuestro hotel en las colinas cercanas a Kandy, bajamos el equipaje y le doy al conductor sin nombre el sobre con el dinero, explicando que no va todo y que ya se lo he dicho a Chami por mail. Que no estoy contenta ni con su jefe ni con él. La cara que se le quedó fue de foto, porque él lo que quería desde le principio era que el viaje fuera genial para que habláramos de él a todo el mundo en España. Y lo haremos, pero no muy bien.

Afortunadamente nuestro alojamiento en Baramba House era más de lo que esperábamos, desde los dueños que eran encantadores, al jardín, la habitación, la sala de estar….

Vista de las montañas de Kandy desde Baramba House
Tras instalarnos y tomar un delicioso zumo en la terraza, vamos pensando en bajar a la ciudad a dar una vuelta y cenar. Le decimos a Bárbara que necesitamos un tuk tuk, y en 10 minutos tenemos uno esperando en la puerta. Por 300 rupias nos lleva en menos de quince minutos al Templo del Diente de Buda. Está iluminado, y como aún es pronto para cenar pensamos que es buena idea un primer acercamiento al lugar más venerado por los budistas de Sri Lanka.

Tras pasar el control de seguridad en el que también controlan como vamos vestidos, estamos en el patio vallado y con jardín que precede al templo. Sabemos que hay que pagar entrada, pero tenemos duda si la misma puede valernos para esa tarde y para el día siguiente. Al preguntarlo nos dicen que no hay problema, que si nos dejarán entrar. Así que una vez más nos descalzamos y entramos al templo en el que hace poco ha comenzado la puja de la tarde. En la entrada nos regalan un dvd y nos dicen que efectivamente podemos volver al día siguiente.

Cuevas de Dambulla

Dentro encontramos un templo moderno lleno de gente que va y viene con flores en la manos. Les seguimos a la planta superior en la que encontramos una larga fila de personas esperando para llegar hasta el relicario que guarda el diente de Buda. Hace mucho calor y la cantidad de gente nos hace ver que tendremos que esperar demasiado si queremos ver nosotros también el relicario, así que nos conformamos con verlo en una foto esperando que al día siguiente podamos verlo más de cerca.

Cuevas de Dambulla
Abandonamos el templo y decidimos buscar un lugar donde cenar. Por fin estamos en una ciudad donde se puede caminar y encontrar restaurantes y cafeterías, al contrario de lo que nos pasaba en las ciudades culturales. Tenemos referencias del Slightly Chilled Lounge Bar (Bamboo Garden) que se encuentra a no mucha distancia del templo, así que comenzamos a caminar en la dirección que indica el mapa, pero poco a poco la calle va siendo más oscura y cada vez hay menos gente. Cuando estamos a punto de darnos la vuelta vemos un local abierto y entro a preguntar. Por suerte me indican que es el siguiente edificio, así que a pasar de que está todo oscuro vamos hacia él.

La entrada está por el lado opuesto a la calle, y tras subir una escalera nos encontramos en un amplio y animado local con una terraza exterior. Un camarero nos ofrece una mesa dentro, pero preferimos esperar, pues hace calor y en la terraza sabemos que correrá el aire y estaremos mejor. La carta es tan amplia que tenemos verdaderas dudas sobre que elegir, pero al final cenamos muy bien por poco dinero, y disfrutamos de unas cervezas mientras comentamos todo lo acontecido durante el día.

Llegado el momento de volver al hotel preguntamos a un tuk tuk en la puerta del restaurante, pero nos pide 600 rupias lo que me parece una exageración, así que bajamos a la carretera donde el primer tuk tuk que pasa nos dice que nos lleva al hotel por 400 rupias. Me parece bien, así que subimos y en breve nos damos cuenta que estamos con el Fitipaldi de Kandy. Menuda velocidad… y todo por calles al borde de precipicios. Yo iba agarrada a Arturo pues con esa velocidad y tanta curva estaba convencida de que saldría volando en cualquier momento.

Ya en el hotel todo el mundo está dentro de las habitaciones, así que decidimos retirarnos también, pero junto a nosotros entran en la habitación un buen número de insectos similares a abejas que no teníamos ni idea de como sacar de allí. Tras unos minutos de agobio al final terminamos metidos en la cama mientras aquellos bichos se acomodaban sobre las cortinas… Nosotros dormimos bien, pero algo pasó con las abejas pues a la mañana siguiente estaban todas muertas, y palabra que no nos picaron, que alguno estará pensando que si se habían envenenado con nuestra sangre, jejejeje.

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Cristina

¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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