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¿Viajar con niños?

por Cristina 22/06/2016

Sin duda no es lo mismo organizar un viaje para dos que para tres, y menos aún si ese tercero es un niño. Cada vez son más las familias a las que nada se les pone por delante para coger a sus hijos y cruzar medio mundo con ellos. Hoy mi colega Cristina (Ida y Vuelta Blog de Viajes) y yo nos hemos planteado cuales son las ventajas de viajar con niños o sin ellos. Yo os cuento las pegas que encuentro a ir de viaje con niños pero desde el punto de vista de quien siempre viaja sin ellos; Cristina nos cuenta las ventajas, y con buen criterio porque siempre viaja con su hijo.
¿Y vosotros? ¿Cuales son los pros y contras de viajar con niños?

Cris viaja con su hijo

Viajar con niños

Desde que decidimos tener hijos sabíamos que nuestro modo de viajar iba a cambiar. Y así fue, lo cual no quiere decir que sea peor ni mejor que antes, sino que simplemente es diferente. Como muchas cosas en la vida no es todo positivo ni negativo aunque en esta ocasión voy a quedarme con todo lo bueno que me aporta viajar con mi peque y animo desde aquí a los que duden si se puede seguir viajando al ser padres a que sí, que por supuesto, aunque claro está con algunas adaptaciones.

*Viajar con niños te hace menos egoísta ya que te tienes que adaptar en la medida de lo posible a sus necesidades y gustos. La mayoría de los casos estos pequeños cambios repercuten en el bienestar de adultos y pequeños durante el viaje, así que compensa de sobra.

*Viajar con niños obliga a ir con más calma. Sí o sí. No puedes pretender visitar el mismo número de museos, ni de iglesias o caminar indefinidamente en larguísimos paseos. Si vas a un museo, por ejemplo lo ideal es seleccionar las obras que vas a ver, así en nuestro último viaje a Londres, en la National Gallery fuimos a tiro hecho a ver los “Embajadores” y la “Venus del Espejo”, eso no quita para que da camino viéramos otras obras, pero digamos que eso de vagar por un museo sin prisa debe olvidarse, sobre todo si los niños son pequeños porque se cansan y se enfadan.

*Cuando viajas con bebés tienes que llevar muchos bártulos pero, a cambio, no dan un ruido. Van donde tú quieres y no suelen protestar salvo que tengan hambre. Es una ventaja, los sientas en la silla y ¡en marcha!

*Al viajar con niños te haces experto en trenes turísticos o transportes curiosos que a veces, no siempre, resultan un modo magnífico de recorrer una ciudad y verla cómodamente creándote una impresión de conjunto que luego puedes ampliar.

*Cuando viajas con niños tus ojos se acostumbran a su mirada, que es diferente a la de los adultos. Se sorprenden y se fijan en detalles que a ti se te hubieran pasado y, en muchas ocasiones, te acerca al destino de modo insospechado.

*Viajar con niños hace que selecciones más los alojamientos. A veces resultan más caros por tener que coger habitación superior o la cama supletoria a precio de oro, pero me refiero sobre todo a buscar piscinas en verano, espacios para poder jugar y correr, menú infantil en el restaurante etc…

*Cuando viajas con niños ellos aprenden, no sólo del propio hecho de viajar que enriquece a cualquiera, sino que además adquieren hábitos como los de comer en sitios diferentes, dormir en camas distintas y escuchar otros sonidos. Lecciones de vida que uno agradece enormemente en el día a día.

*Viajar con niños hace que valores más lo que antes era habitual. Las escapadas en pareja o con amigos se convierten en algo esporádico y como todo lo que se sale de la norma, anhelado y divertido. Aunque… los echas de menos un montón y piensas….¡cómo le gustaría esto a mi peque si estuviera aquí!, ¡la próxima vez vuelvo con él!

Kris no quiere niños en sus viajes

Viajar con niños

Aunque soy chiquera y me lo paso bien con los niños (y al parecer ellos conmigo porque siempre tengo alguno alrededor) decidí que tener hijos era algo que me iba a saltar. Mi vida me gustaba como era y llegado el momento aposté por continuar el camino con mi pareja y ya está. Por supuesto a la hora de viajar lo hago siempre con gente adulta, aunque en alguna ocasión aislada he compartido viajes cortos con mi sobrina, a la que adoro; y precisamente esos viajes son los que refuerzan mi deseo de moverme por el mundo sin tener que llevar niños conmigo. ¿Las razones? A continuación:

*Para viajar con  niños tendría que dejar de hacer ciertas cosas que para mi forman parte del viaje a determinados destinos, como por ejemplo hacer parapente en Nepal o subir a Huayna Pichu. Y que nadie me diga “puedes subir tú y luego tu pareja, mientras el otro se queda con el niño”, porque yo quiero subir con mi marido, no sola….

*Como no tengo niños no me gusta tener que aguantar a los de los demás. Por eso cuando voy de viaje intento alojarme en lugares donde sea complicado encontrar familias con un montón de niños gritando como locos, pero si viajara con un peque sin duda tendría que intentar alojarme precisamente en esos lugares que tienen actividades infantiles, piscina y no se cuantas cosas más para solaz de los más pequeños.

*Los horarios con los niños son otros, y son esos los que sin duda hay que respetar: hora de levantarse, comer, merienda, irse a dormir… Bastante tengo con tener que cumplir horarios todo el año con la jornada laboral, cuando viajo no quiero estar pendiente del reloj. Me gusta comer cuando me entra hambre o tomarte una cerveza en el momento que me apetece, no aprovechando el potito del niño para hacer la parada de turno

*Al hacer la maleta soy bastante comedida, no me gusta cargar con cosas de “por si acaso”, quiero poder manejar sola mi equipaje. Viajar con niños supondría atender no solamente mi maleta o bolsa, también se añadiría a la lista de bultos el equipaje de un niño (qué hay que ver la de cosas que necesitan)

*Viaje donde viaje me encanta probar comidas nuevas, descubrir sabores especiales… pero claro, somos adultos y asumimos que algo nos puede gustar o no, puede estar picante o su aspecto puede no invitar a comerlo. Un niño funciona de otro modo… El quiere comer siempre lo que le gusta y no en todo el mundo ofrecen nuggets y perritos en cualquier rincón. (Sí, hay niños que comen de todo, pero otro dicen que no, y es que no)

*A la hora de organizar la ruta para un viaje tendría que pensar en si los lugares que vamos a visitar va a gustarle al peque o cuanto tardará en cansarse de ir de pagoda en pagoda. Igual en lugar de poder visitar las 32 que yo tengo en la lista tendría que ver 3 y luego pensar en que cosas que a mi me interesan poco o nada tendría que añadir a la jornada para que el niño tuviera también su momento de disfrute.

*Si vas con niños y un buen día te apetece, por ejemplo, alquilar una bici….pues en muchos países no podrás, porque no las hay para niños y mucho menos con asientos para ellos en las de adultos. Una vez más tendrás que sacrificar tus apetencias por las necesidades del niño.

*A todo esto, añadamos tema intimidad… porque cuando el retoño deja de serlo, se hace mayor y sigue compartiendo habitación con papá y mamá… Creo que no hace falta decir más.

*A pesar de todo esto que digo, también confieso que las veces que he ido de viaje con mi sobrina Lucia, la niña de mis ojos, lo he pasado genial. Se ha quejado, se ha cansado, ha protestado con la comida, se ha dormido cuando menos los esperabas… pero cuando luego ves su cara de emoción ante algo nuevo o escuchas sus preguntas curiosas, sin duda compensa todo lo demás. Viajar con niños de vez cuando en cuando no está del todo mal… El resto del tiempo, mejor sin niños.

 

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: Anuradhapura

por Cristina 21/06/2016
Anuradhapura

10 de Marzo – Anuradhapura

Hemos dormido de un tirón. No hemos extrañado la cama, el jet lag ha debido pasar la noche con otros viajeros,… estábamos tan cansados después de la visita a Mihintale que hemos dormido como dos bebés así que no nos ha costado levantarnos temprano, darnos una ducha y bajar a disfrutar de nuestro primer desayuno en Anuradhapura. Y ha sido un buen desayuno: huevos, bacon, tostadas, pero sobre todo, ese té y ese zumo. Ambos deliciosos, y solamente eran el preludio de los muchos buenos momentos que no esperaban durante el viaje antes una humeante taza de té o frente a un sabroso zumo.

Anuradhapura Desayuno en el hotel

A la hora acordada hemos salido en busca de nuestro coche, notando ya como el calor y la humedad comenzaban a aumentar a pesar de ser temprano. Y es que como amanece tan temprano por esos lares, pues a las ocho de la mañana el sol ya está mostrando toda su potencia. Hablamos con el conductor para ver el orden de las visitas, y acordamos que lo primero que haremos será visitar el Sri Maha Bodhi de Anurdhapura (durante el viaje veremos muchos, uno en cada pueblo o ciudad). Llegamos hasta allí y tras abandonar el frescor del coche nos acercamos a comprar unas flores para depositar en el templo. Es nuestra primera visita a un lugar budista en Anuradhapura, y además a uno de los más venerados ya que este árbol ha crecido desde un esquejo del aquel bajo el que Buda alcanzó la iluminación en India, así que pensamos que es un pequeño detalle para pedir suerte en nuestro viaje por la isla.

Un poco más adelante se encuentra el acceso al recinto, y tras descalzarnos y pasar el control de seguridad nos acercamos junto a los fieles al árbol en el que ellos rezarán y todos depositaremos nuestras flores. Podemos subir las escaleras y acercarnos a la base del árbol, rodear por fuera el recinto y ver las ramas del árbol sobre nuestras cabezas. Pero lo que ni nosotros ni nadie (excepto los monjes encargados de su custodia) podemos hacer es entrar en la zona cerrada que rodea el bodhi tree que luce lleno de banderas de oración.AnuradhapuraAl salir del recinto tenemos un momento de duda sobre donde acudir, ya que el conductor insiste en irnos a por las entradas para el recinto arqueológico de la ciudad, pero yo insisto en ver el Palacio de Bronce y una dogaba que veo no muy lejos de donde estamos. Él parece querer quitarnos la idea de la cabeza, nos dice que tenemos que ir hasta allí descalzos y a mi me parece muy raro. Así que nos calzamos y cuando vamos hacia el  coche veo que hay un camino que atraviesa unos jardines ¡¡¡en dirección a esa dagoba!!! Como a Arturo también le motiva ir hasta allí decidimos caminar (con zapatos) y quedamos con el chofer más tarde. Al emprender el camino primero pasamos junto a un recinto cerrado lleno de columnas que resultó ser el Palacio de Bronce de Anuradhapura. Puede que fuera un edificio muy importante en la ciudad, pero a nosotros nos dejó ni fríos ni calientes, de esas cosas que por mucho que leas te da igual haber visto que no, y es que no nos transmitió ninguna emoción, la verdad sea dicha.

El paseo nos llevo cruzando una zona muy cuidada de jardines y llena de monos hasta la dagoba Ruvanvelisaya. De nuevo fuera zapatos, tapar hombros, otro control de seguridad, y estábamos dentro. No se si es por la actividad del lugar, por el cielo de ese azul intenso tras la gran dagoba blanca, por los elefantes de piedra que rodeaban la construcción en toda su perímetro o por poder pasear descalzos primero por el cesped y luego sobre la piedra del lugar, pero este sitio nos gustó muchísimos a Arturo y a mi. El olor a incienso era delicioso, la gente poca y todo el mundo nos ignoraba por lo que podíamos caminar como uno más por todas partes.

Anuradhapura dagoba Ruvanvelisaya
Tras dedicar un buen rato a disfrutar del lugar emprendimos el regreso al parking donde estaba nuestro coche, y en el trayecto un par de monos nos dieron un pequeño susto. Uno intentó agarrar la pierna a Arturo pero yo creo que era para jugar, aunque nunca se sabe, claro está. Y el segundo vino de repente hacia nosotros con cara de pocos amigos; no se porque pero le miré y le gruñí más alto de lo que él lo estaba haciendo. El resultado: el mono se encogió como asustado y salió corriendo. Así que tomad nota por si alguna vez os veis en una situación similar (aunque no garantizo que tengáis la suerte que yo, que seguro hice lo menos indicado en esos casos).

Anuradhapura

Montamos en el coche y nos fuimos a por nuestras entradas. Caras carísimas. Se pueden pagar en dólares o rupias y tienen el detalle de regalarte un dvd de la ciudad, que oye, al final es un recuerdo que te llevas a casa. Desde allí había que recorrer un distancia grande para llegar a la zona donde está el recinto arqueológico que el por lo que se paga entrada, así que de nuevo al coche y a recorrer las preciosas carreteras de Anuradhapura siempre rodeadas de vegetación, cocoteros y lagos o estanques. ¿Y adivináis por donde pasamos en ese trayecto? Por la dagoba…. Nos sentó un poco mal que habiendo una carretera tan cerca el conductor no se hubiera dignado en decir “chicos, pasead hasta la daboga, que yo luego os espero a la salida”. Ese fue el momento en el que empezamos a darnos cuenta que algo fallaba con ese hombre.

Pero bueno, nosotros a lo nuestro que era disfrutar, ver lugares únicos y aprender de la historia de esta ciudad y sus monumentos. La siguiente parada fue en una dagoba pequeñita, la más antigua de la Anuradhapura cuyo nombre es Thupurama. Lo más peculiar de ella son las columnas de piedra que la rodean, algunas tan torcidas que da la sensación de que se pueden caer en cualquier momento.

En esta pagoda ya empezamos a quemarnos un poco los pies al caminar descalzos sobre la piedra. Y es que no se nos había ocurrido llevar unos calcetines que nos protegieran un poco de ese calor que a lo largo del día llegaría a ser insoportable para las pobres plantas de nuestros pies.

Anuradhapura

De nuevo en el coche ya entramos en la zona de Anuradhapura donde si hay que tener la entrada para poder visitar los lugares de interés. No hay ninguna valla, tan solo un puesto de control donde mostrar los tickets y donde irán cortando cada una de las partes que lo componen. En dicha zona, lo primero que visitamos fue una dagoba TAN grande que parecía imposible que alguien hubiera tenido la paciencia de poner tantos ladrillos y hasta tan alto (casi 75 metros). Aquí no había nadie para recordarnos que debíamos dejar el calzado fuera y que yo tenía que taparme los hombros a pesar del calor que hacía. Pero como somos muy respetuosos (casi siempre) hicimos las cosas como está mandado y entramos al recinto de la daboga Abhayagiri. En su plataforma hay algún árbol, budas y una capilla. Pero realmente todo es similar. Eso si, para nosotros fue una grata sorpresa encontrar el lugar libre de andamios, pues había leído que la estaban restaurando, pero ya está perfecta.

Anuradhapura
No muy lejos de este lugar se encuentran las ruinas de un palacio de Anuradhapura entre las que destaca la piedra de luna más finamente tallada de Sri Lanka. Estas piedras se ven en todo el país al entrar a los templos y dagobas, y su apariencia es de una media luna tallada con figuras de los animales que marcan según alguna teoría de los arqueólogos los cuatro puntos cardinales: elefante, caballo, león y toro.

Anuradhapura piedra de Luna
Continuamos siempre en coche por la ruinas de Anuradhapura, pasando por muchos lugares casi siempre alejados unos de otros. El entorno es realmente bello, pero nosotros agradecemos no haber caído en la tentación de alquilar unas bicicletas con ese calor y ese solazo sobre nosotros.
Visitamos los restos de un monasterio, algunas esculturas de Buda y Kuttam Pokuna, una especie de piscinas gemelas que seguramente utilizaron los monjes para sus baños. Yo pregunté a “Chami”, nuestro chofer por Lankarama, una capilla circular, y mientras no dejaba de hablar por el móvil me indicó un lugar entre la vegetación, así que nosotros fuimos hacia allí. Después de caminar bastante rato tuvimos la sensación de que no había nada más allá, no pasaba nadie y no veíamos nada entre los árboles, así que nos dimos la vuelta y al volver al preguntar nos señaló que era un lugar allí mismo. Error mío por no volver a leer la descripción del lugar pues me hubiera dado cuenta que no era lo que él decía, y en cualquier caso desde aquí agradecerle su ayuda pues gracias a él conseguimos quedarnos sin ver el Lankarama.
Ya no quedaba nada más que visitar con la entrada que habíamos comprado, el último lugar al que íbamos a ir con nuestro conductor era la dagoba Jetavanarama, y ya estaba fuera de esa zona. Así que tuvimos claro que en este caso el precio de la entrada no estaba justificado por los lugares que habíamos visto.

Llegamos a la última dagoba de la mañana, y si la Abhayagiri era grande… pues esta lo era más. Para que os hagáis una idea en el momento de su construcción fue el tercer edificio más grande del mundo tras las dos pirámides de Egipto (Keops y Kefren). Tocaba descalzarse de nuevo, pero cuando intentamos empezar a subir las escaleras no fuimos capaces. El suelo abrasaba y nosotros no podíamos soportarlo. Paseamos alrededor de la dagoba por la parte inferior que la rodea aprovechando que está cubierta de vegetación mientras observábamos como los cingaleses pasaban por arriba caminando descalzos como si tal cosa…. Arturo dice que tienen los pies abrasados desde pequeños y que han creado costra, pues es la única forma de que sean capaces de caminar por allí. En serio.

Anuradhapura

Una vez fuera vimos a un grupo de monos jugando bajo un árbol y aprovechamos para hacer algunas fotos (a cierta distancia) a los animalitos antes de regresar al hotel para descansar y así evitar las horas más calurosas del día.

Anuradhapura
El hotel en ese momento era un oasis. Ventiladores, espacio, sillones, cerveza fresca, algo para picar… por no hablar del aire acondicionado en la habitación. Una ducha se nos hacía indispensable antes de las horas de relax.

A las cuatro volvimos a salir del hotel para dar un corto paseo primero hasta una blanca dagoba Mirisavatiya muy cercana al hotel. Durante los pocos metros que tuvimos que caminar me convertí en el blanco de miradas masculinas, daba igual que llevaran un tuk tuk o estuvieran en un bus. Ellos me miraban y todo porque llevaba una camiseta de tirantes, estoy segura. Pero hacía tanto calor que me apetecía muy poco taparte constantemente los hombros a no se que entrara en un templo. Así que nada, que miraran lo que quisieran.

La dagoba era sencilla, sin turistas pero si con un señor al entrar metido en una caseta y contando por megafonía no sabemos el que, pero era sonido feria total. Dimos un paseo sin nuestros zapatos y con mis hombros cubiertos agradeciendo que el suelo ya tenía una temperatura que nos permitía caminar sin tener que salir corriendo en busca de una sombra.

Anuradhapura
Lo último que queríamos conocer en Anuradhapura era la Isurumuniya vihara, un lugar que había leído era distinto a todos los demás lugares de la ciudad. Así que comenzamos a caminar en esa dirección, no era incómodo hacerlo porque el sol ya había bajado bastante y la distancia no parecía muy larga. Durante el trayecto de nuevo miradas constantes sobre mis torso y un tuk tuk tras otro parando para preguntar si queríamos subir. Arturo estaba empeñado en caminar, así que dijimos siempre que no, hasta un momento que con tal de no tener que seguir uno tras otro diciendo que no a todos, decidimos subir a uno de ellos. Acordamos un precio (muy bajo) por llegar a la vihara y llevarnos luego al hotel, así que subimos al tuk tuk y en dos minutos estábamos en nuestro destino.

Bajamos y el conductor se vino detrás de nosotros, a pesar de que insistimos en no querer guía ni explicaciones. Compramos nuestras entradas, nos quitamos los zapatos, me tapé los hombros y entramos en un precioso recinto con unas rocas sobre las que están construidos templos y pagodas. A un lado un estanque y en la parte trasera unos cocoteros y la subida a la roca. Justo cuando empezamos a subir, el conductor del tuk tuk se dio por cansado y dejó de insistir en acompañarnos.
A esa hora se empezaba a poner el sol, y todo lucía de un precioso color dorado. Las vistas desde lo alto de la roca eran muy bonitas, pudiendo ver a los lejos incluso la colina de Mihintale. Al bajar visitamos un pequeño museo con unas preciosas esculturas entre las que destaca Los amantes que aparece en muchos carteles del país. Entramos también en otra construcción al lado de la cual, en una oscura hendidura de la piedra vimos y escuchamos a multitud de pequeños murciélagos. En ese nuevo edificio nos encontramos con una sala llena de colores en paredes, techos y esculturas. Buda era el rey de ese espacio y su imagen estaba por todas partes. También había un cartel que decía claramente “prohibido fotografiar”, cosa que yo respeté… hasta que entraron un grupo de personas filmando, fotografiando y haciendo saltar el flash por todas partes. Así que me dije que yo no iba a ser la tonta y que también quería alguna foto.Anuradhapura Isurumuniya viharaEn la parte exterior nos fuimos a buscar dos tallas en la piedra que son las que dan especial fama a este lugar. Una es un elefante esparciendo agua con la trompa, y la otra un hombre con un caballo, imagen que casualmente identificaba también a nuestro hotel.
Cuando salimos del recinto lo hicimos a la vez que un gran grupo de franceses, y Arturo se acercó a por nuestros zapatos con ellos. Total, que no le pidieron nada por haberlos dejado en una especie de estantería metálica donde se supone están vigilados. Me calcé y justo en ese momento el señor del “negocio cuido sus zapatos” me mira y se acerca a preguntarme si vamos con el grupo…. yo le dije que si, y eso que nos ahorramos.

Que no fue lo único, porque cuando llegamos al parking ¡¡¡el tuk tuk había desaparecido!!! Supusimos que lo que le íbamos a pagar se le hizo poco para tener que estar esperando cuando vio que no iba a sacar nada más de nosotros. Así que en vista de que allí no había otro modo de moverse que uno pie tras otro, nos fuimos hacia el hotel andando. Fue un paseo agradable, hacia calor pero bastante soportable y no nos importaba caminar un rato. Pero lo mejor de todo fue que llegando al hotel…. tachán… aparece el conductor con una sonrisa y nos dice que venga, que montemos. Como supondréis, llegamos al hotel a pie y sin pagar nada por el primer transporte.

Yo estaba ya hambrienta, a nosotros el calor nos quita bastante el apetito, y al desayunar mucho más fuerte de lo que es habitual raramente tenemos hambre a mediodía. Por eso cuando llegan las seis nos comemos un elefante si nos lo ponen delante. Así que nos aseamos rápidamente y bajamos a cenar y disfrutar de la última noche en el hotel y en Anuradhapura. Al día siguiente Sigiriya nos esperaba.

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Sri Lanka

Mihintale, 7 lugares qué ver en la cuna del budismo de Sri Lanka

por Cristina 20/06/2016
MIhintale Diario de viaje Sri Lanka

La primera de las ciudades antiguas que visitamos en nuestro viaje a Sri Lanka fue Mihintale. Los cingaleses cuentan que fue en este lugar en el que monje budista Mahinda y el rey Devanampiyatissa se encontraron, reunión que dio lugar a la presencia del budismo en la antigua Ceilán.

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Canarias

Las dunas de Maspalomas en Gran Canaria

por Cristina 17/06/2016
Las dunas de Maspalomas

Cuando este año decidimos pasar una semana de nuestras vacaciones en la playa nunca pude ni imaginar que acabaría en un lugar tan mágico como las dunas de Maspalomas, un espacio natural protegido y ubicado en la localidad de San Bartolomé de Tirajana, al sur de la isla de Gran Canaria. Durante nuestra estancia cada día pudimos disfrutar durante nuestros paseos por la playa de ese paisaje único que forma el dorado de la arena en contraste con el azul intenso del cielo y el mar. Nada menos que seis kilómetros de playa abrazan a las dunas y son los que tiene  el visitante para caminar entre el Océano Atlántico y las dunas de Maspalomas sin tener detrás un horizonte de rascacielos.

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India

Las tumbas del norte de India

por Cristina 15/06/2016
Tumbas del norte de India

Sin lugar a dudas la tumba más famosa de India y probablemente del mundo sea el Taj Mahal. La historia de amor entre el emperador mogol Sha Yahan y su segunda esposa, Mumtaz Mahal, ha traspasado fronteras y ha ayudado a convertir en leyenda la construcción de tan maravilloso edificio. Pero en el norte de India hay un puñado de impresionantes tumbas construidas antes que el Taj, de las que este último sin duda tomo los mejores elementos para sumarlos en una de las joyas de la arquitectura internacional. En este post os invito a conocer las tumbas del norte de India y recorrer a través de ellas parte de la historia del país.

Jardines Lodi – Delhi
Aunque estas tumbas se construyeron antes de la llegada de los mogoles a India, las dinastías Sayyid y Lodi gobernaron en India y hoy podemos ver algunas de sus tumbas en unos céntricos y cuidados jardines de Delhi. Están dispersas sobre explanadas de cesped y rodeadas de vegetación. Todas se distinguen por sus pequeñas cúpulas. La mayor de todas esas cúpulas es la de Bara Gumbad, pero no pertenece a un tumba, si no que es la puerta de entrada a una pequeña mezquita. Es un lugar que se puede visitar en calma, pues excepto los domingos de la mañana casi nunca hay visitantes.

Tumbas del norte de India
Tumba de Humayun – Delhi
Humayun fue el segundo de los emperadores mogoles, y su tumba, mandada construir por su esposa, es un magnífico ejemplo de arquitectura mogol temprana. En el recinto amurallado cuyo centro ocupa la tumba del emperador, hay mezquitas y otras tumbas en las que están enterrados su viuda principal, su esposa más joven y otros dignatarios mogoles
La tumba principal, la de Humayun está construida con arenisca roja a la que se le añadieron detalles decorativos en mármol blanco y negro. Su estructura, situada encima de una plataforma, es octogonal y los techos están decorados con pinturas. La sala central, con una altura de dos pisos, está flanqueada por cuatro salas, también octogonales. El conjunto total del edificio es simétrico, así como todas sus fachadas. En la parte superior tiene una gran cúpula de mármol blanco. La de Humayun es una de las tumbas más impresionantes del norte de India y  la primera que puede considerarse como una tumba-jardín, y este es uno de los detalles de los que este lugar es precursor en estilo del Taj Mahal: ambos están rodeados de murallas y tienen canales con estaques y fuentes simbolizando probablemente el paraíso

Tumbas del norte de India
Mausoleo de Akbar – Sikandra
El tercero de los emperadores mogoles fue Akbar y su tumba se encuentra construida en Sikandra, a tan solo 10 kilómetros de Agra. Para acceder al recinto hay que atravesar una impresionante puerta construida en arenisca roja, decorada con incrustaciones de mármol blanco formando motivos geométricos y flanqueada por alminares. Una vez dentro del recinto espera al visitante un tranquilo y amplio jardín donde los ciervos corretean a sus anchas, los monos juegan en los árboles y se escucha de fondo el sonido de los periquitos y los pavos reales. La tumba propiamente dicha tiene dos alturas, la primera alberga un sepulcro vacío, y debajo, en un espacio menor y menos ostentoso, es donde descansan realmente los restos de Akbar el Grande.

Tumbas del norte de India

Itimad Al-Daulah – Agra
Junto al río Yamuna y muy cerca del Taj se encuentra está pequeña sepultura rodeada de los característicos y simétricos jardines persas. Fue la primera estructura mogol construida totalmente en mármol y en la que se hizo gran uso de la técnica conocida como pietra dura, consistente en embutir piedras preciosas y semi preciosas en otra superficie. En esta tumba está enterrado Mizra Ghiyas Beg, abuelo de Mumtaz Mahal y padre de una de las esposas del emperador Yajangir, Nur Yahan, la cual mando construir esta tumba para su padre. (Si os apetece saber más de esta historia, os recomiendo un par de libros de la escritora Indu Sundaresan: La emperatriz tras el velo y La emperatriz del sol)

tumbas del norte de India
Taj Mahal – Agra
Sobre esta tumba no hay mucho que decir, es de sobra conocida, tanto el monumento en si como su historia. Yo me siento una privilegiada porque he podido visitarla en tres ocasiones, y la he visto con bruma, sol y lluvia. Pero cada vez que he atravesado la puerta que da paso a los jardines que la preceden he sentido la misma emoción ante esa gran construcción en mármol blanco tras las cual parece no haber nada, solamente el infinito. Su jardín persa, el trabajo en pietra dura en sus paredes, la gran cúpula o la simetría en los elementos existe en otras de la tumbas mogoles indias, pero aquí consiguieron reunir todo en un equilibrio y belleza innegables. No hay duda de que no es solo la más famosa de las tumbas del norte de India, seguramente se trata de la sepultura más conocida en todo el mundo.

tumbas del norte de India
Tumba de Safdarjang – Delhi
Una de las últimas muestras de arte mogol es esta tumba, ubicada como es habitual en estas construcciones en el centro de una jardín persa que cruzan canales y fuentes. Resulta más estilizada que construcciones anteriores y su cúpula blanca con forma de flor de loto destaca sobre el edificio rojizo construido en piedra arenisca. Es probablemente la menos conocida y visitada de las tumbas del norte de India, por lo que se puede disfrutar de ella en total tranquilidad, acompañado eso si de multitud de parejas jóvenes indias que acuden al lugar protegido de las miradas por el muro que rodea el complejo.

tumbas del norte de India

Foto vía: Commons Wikimedia

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Sri Lanka

Los pescadores zancudos de Sri Lanka

por Cristina 13/06/2016
Pescadores zancudos de Sri Lanka

Antes de mi viaje a Sri Lanka yo ya tenía en mente algunas imágenes que había visto repetidas muchas veces en revistas y documentales. Sigiriya, sus garras de león y sus damas; los campos de té salpicados por las figuras de las mujeres que se encargan de cortar de cada planta las mejores hojas; los trenes cruzando las montañas del país… Y también en esa lista de lugares emblemáticos estaban las playas del sur de la isla y en ellas esos pescadores zancudos de Sri Lanka, hombres subidos a un palo con su caña en la mano esperando que algún pez pique su anzuelo.

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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