A la hora de buscar hoteles en Japón de un precio aceptable lo que más encontramos eran opciones en alojamientos bien situados y de cierta calidad pero con habitaciones muy pequeñas (algunas de apenas 12 metros cuadrados). Por eso cuando encontramos los que elegimos en Tokio y Kioto no lo dudamos: precio adecuado a nuestro presupuesto, gran tamaño y además en una ubicación que nos pareció perfecta.
También teníamos claro que nos gustaría pasar una noche en un riokan, el tipico alojamiendo japonés.
Estos son los hoteles en Japón donde estuvimos alojados durante nuestro viaje:
CITADINES SHINJUKU TOKIO
Pasamos siete noches en este hotel y si regreso a Tokio estoy segura de que voy a alojarme de nuevo en el Citadines.
Llegamos por la mañana y aunque las habitaciones no se dan hasta las 3 p.m. la nuestra estaba preparada y pudimos dejar todas nuestras cosas sin problema.
- Las habitación nos sorprendió gratamente por su tamaño y por el equipamiento: una cama de 160 cms super cómoda y con unas sábanas de blanco reluciente (las almohadas no nos convencían y cuando pedimos otras nos dieron unas de plumas fantásticas), sofá de dos plazas, mesita, escritorio, iluminación perfecta con gran número de puntos de luz diferente, tv plana, dvd, despertador, tres armarios (uno para zapatos, otro solamente con baldas y el tercero tradicional, con tabla de placha y caja fuerte en el interior). También hay una cocina con fregadero, placa, microondas, campana extractora, hervidor de agua y todo el menaje que puedes necesitar, y por supuesto nevera.
- El baño tiene una bañera con una ducha genial y el inodoro, y fuera el lavabo, con sitio de sobra para dejar todas las cosas. Además te dan cepillos de dientes, gorros de ducha, set de afeitado, y siempre hay cremas y geles. Y el secador de pelo es como el que uno puede tener en casa.
- En cuanto al aislamiento lumínico es perfecto, no entra nada de luz en la habitación en cuanto cierras las ventanas. Y el ruido, pues lo mismo. Al otro lado de la calle había obras y no se escuchaba nada.
- La ubicación está bastante bien. A pocos minutos del metro y a un paseo de unos 15 minutos de la estación de Shinjuku. Además hay varios supermercados pequeños cerca del hotel y también restaurantes. Y si no en la zona de Shinjuku hay restaurantes para todos los gustos y luego se puede volver andando para bajar la cena.
- El personal del hotel es amable y correcto. La limpieza de lujo.
- No usamos el comedor de desayunos, ni tampoco la lavandería pero si vimos que tienen lavadoras y secadoras.
- Desde este hotel mandamos una de nuestras maletas a Kyoto y sencillamente te la pesan y dependiendo de ello te cobran por el envío. Un gustazo si no quieres cargar con equipaje en paradas intermedias entre dos ciudades.
- Admiten tarjetas de crédito y lo que nos pareció muy curioso fue tener que pagar al llegar al hotel en lugar de al marcharse.
- El precio medio por noche fue de unos 80 euros que yo desde luego pagué con gusto.

CITADINES KYOTO KARASUMA GOJO
En nuestro viaje a Japón nos alojamos ocho noches en este hotel de Kioto, tres noches en una habitación con dos camas, y otra cinco noches al regreso de Miyajima en una habitación con una sola cama. Para nosotros mucho mejor esta segunda opción, pues la habitación resulta mucho más espaciosa y la cama es grande, mide 160 lo que está muy bien para dos personas.
- Ubicación: no es el sitio perfecto, pues está un poco alejado de todas las zonas de interés turístico, pero está a un minuto de una parada de metro, a unos diez minutos de la estación de tren de la ciudad y unos 20/25 de la zona de Gion y Pontocho. También hay parada de bus cercana al hotel.
- Cerca hay varios supermercados, el mejor un Fresco abierto 24 horas. También hay un Mcdonals en la esquina de la calle, y varios restaurantes de diferentes estilos.
- Recepción: es bastante bonito, muy oriental, pero demasiado oscura. El personal es amable y no ponen ningún problema en guardarte maletas e incluso bolsos y paraguas si lo necesitas. También te prestan paraguas y hay una nevera con agua mineral de pago, pero no es necesaria pues el agua en casi todos los lugares de Japón es potable.
- Habitación de dos camas: son dos camas grandes, de al menos 105 de ancho, lo que resta bastante espacio al resto. Hay un sofá individual, una mesita, un escritorio con su silla y una cocinita que no está nada mal: tostador, hervidor de agua, microondas, placa para cocinar, fregadero, nevera y todos los utensilios que puedas utilizar para cocinar. Nosotros aprovechamos todo para tener allí nuestro desayuno y las mismas camareras que limpian la habitación se encargan también de fregar lo que manches. En cuanto al baño, en este caso estaba todo en un habitáculo no muy grande. Me pareció bastante incómodo el espacio donde guardar o colocar las cosas de aseo. También eran escasos los armarios, tan solo uno de dos puertas, y dentro la caja fuerte, una tabla grande para plachar, la placha…. Demasiado justos. Además no había donde dejar los zapatos, pues la habitación tiene una zona de baldosas a la entrada y en la cocina y moqueta en el resto, y ellos no pisan la moqueta…
- Habitación doble una cama: mucho mejor opción. La habitación cuenta con una especie de mampara pues el sofa puede hacerse cama, y de ese modo se consigue más privacidad. Dicho sofá en este caso es dos plazas, hay también una mesita, el escritorio y aquí teníamos una armario doble (igual que en el otro caso con la tabla de planchar y caja fuerte dentro) pero algo más grande. Y muy práctico junto a la puerta una armario con baldas para los zapatos. Estas habitaciones tienen el lavabo fuera del habitáculo del baño, y a mi me gustó mucho más. Por espacio principalmente, porque tienen un mueble debajo del lavabo y otro detrás del espejo.
- Amenities: hay de todo en la habitación. Gel, champu, crema corporal, gorros de ducha, cepillos de dientes, bastoncillos, set de afeitado…. Te puedes dejar todo eso en casa que allí lo tendrás. Además en el armario hay zapatillas para estar en la habitación con unas prácticas plantillas para evitar pisar lo que pisan otros clientes, y también una yukata para cada huesped.
- Limpieza: la verdad es que está todo muy bien dentro de la habitación, las toallas aunque no son lo mejor, están super blancas igual que la ropa de cama. La cocina y el baño perfectos. Donde falla un poco es en algunas manchas en la moqueta y en las zonas comunes, pero nada importante
- Iluminación: las ventanas son muy amplias, y el aislamiento lumínico por la noche casi perfecto, pero yo tengo el sueño muy ligero y entraba luz entre la cortina y el techo, poca, pero lo justo para que me molestara. La habitación cuenta con un buen número de puntos de luz en diferentes lugares y con diferentes intensidades.
- Además de todo lo dicho, las habitaciones tienen TV plana, reproductor de DVD (mete alguna peli en la maleta, nunca se sabe), reloj despertador, calzador, linterna… Estos japoneses son muy detallistas así que no se echa nada en falta.
- Cuando yo reservé solicité habitaciones en pisos altos y que fueran muy tranquilas porque tengo el sueño muy ligero. Tuve suerte en la altura, pero me dieron habitaciones que daban a la calle principal y había obras justo enfrente que comenzaban a las 8 de la mañana, y aunque solía estar en pie a esa hora, cuando no era así el ruido me molestaba. No me gustó mucho ese tema, pero en cambio si que las ventanas se puediran abrir.
- Ah, hay comedor para el desayuno y también lavandería con monedas.

TAKAYAMA GREEN HOTEL
Este hotel no era nuestra primera opción de alojamiento en Takayama, pero finalmente no encontramos otro que se adaptara a nuestros gustos y presupuesto y pasamos dos noches en el Green Hotel.
Está alejado del centro, y aunque no es un paseo muy pesado yo elegiría otra de las opciones más cercanas a los lugares de interés. Cuenta con un bus gratuito que va y viene al hotel desde la estación y desde uno de los mercados matinales, pero no funciona por la noche.
Cuando llegamos al hotel aún no eran las 15:00 p.m. por lo que no nos dieron la habitación. Tuvimos que dejar todas nuestras cosas y regresar más tarde.
Elegimos habitación de estilo japones, y es muy grande. Tiene una primera zona donde descalzarte y dejar los zapatos, luego empieza el tatami con un gran espacio donde hay mesas, sillas de suelo, tele y armarios (muchos pero casi todos ocupados por los futones y la ropa de cama). Te dejan dulces diferentes cada día, y hay servicio de té japones. También hay un mirador con la nevera y dos sofás. Lo peor es el baño, muy antiguo y realmente pequeño. Los grifos del lavabo son a la vez los del la ducha, y tienes jabón de manos de Shiseido, geles, champú y cepillos de dientes. También te facilitan la yukata, y en el pasillo hay otro mueble donde poder coger más si los necesitas.
Cuando cae la noche las camareras van habitación por habitación montando los futones. No tardan mucho y las camas resultan realmente cómodas, y los edredones muy calentitos. El aislamiento lumínico no está mal, y la iluminación de la habitación es buena, con luces de diferentes tipos según se necesiten.
No utilizamos el restaurante, pero Arturo si fue al onsen y comentó que era muy agradable. Yo no pude usarlo pues tengo un tatuaje y la entrada está prohibida a personas tatuadas. Sin embargo en el super gigante supermercado que hay junto al hotel hay la posibilidad de darse un baño tipo onsen pero en un espacio pequeño. Es relajante y tienes todo tipo de productos para el aseo, así que yo me tuve que conformar con esa opción.
En cuanto a la limpieza está bien, nosotros pedimos habitación de no fumadores, pero sin embargo los pasillos si olían a tabaco.
Hay muchos japoneses alojados en el hotel y van con yukata a todas partes, es muy pintoresco…

RYOSO KAWAGUCHI MIYAJIMA
Decidimos probar en Miyajima la experiencia de dormir en un ryokan, y la verdad es que no fue lo que esperaba.
Su ubicación es muy buena, y la habitación que nosotros elegimos daba al interior, por lo que era muy tranquila. Nada más entrar al edificio te piden que te descalces y vayas sin nada en los pies o con unas de las zapatillas que ellos te ofrecen. Los suelos están muy limpios y no es problema andar sin zapatos.
La zona de recepción visualmente es muy bonita, y la dueña del hotel encantadora. Habla un buen inglés y te explica todo lo que necesites de la isla, te ofrece planos y te indica incluso restaurantes de diferentes tipos. Ella misma te muestra el hotel, la zona de baños común, el comedor y luego te lleva a la habitación.
Y cuando entré en el dormitorio fue cuando me sentí decepcionada. Manchas en el tatami, paredes que piden a gritos una mano de pintura, elementos decorativos que no sabes bien que pintan allí… La habitación era muy grande, con una mesa, sillas de suelo, dos camas preparadas, tele, nevera, servicio de te, y zona de descanso junto a la ventana que da al jardín interior, con mesita y dos sofas. Nuestra habitación tenía aseo, es decir, inodoro y lavabo en una estancia no muy pequeña, donde había también cepillos de dientes y jabón.
Pero las toallas…. si las paredes piden pintura las toallas piden que las tiren y pongan otras. Horribles.
Eso si, todo en la habitación estaba limpio, pero el aspecto avejentado daba otra sensación.
Después de la visita por la isla y de cenar, volvimos y utilizamos uno de los baños comunes. Bajas con la yukata que tienes preparada en la habitación, y tienes a tu disposición jabón y champú, cepillos de pelo, gorros de duchas, algodones,…. Te das una ducha, luego te metes en la bañera y la verdad es que es un gusto. Fue muy placentero, pero tengo que decir que la limpieza aquí no estaba tan cuidada, por ejemplo en las persianas.
El desayuno si lo hicimos en el hotel, y cuando yo pensaba que sería en la habitación como había leído era en cualquier ryokan, aquí tuvimos que bajar al comedor común. Elegimos desayuno continental y nos ofrecieron fruta, zumo, té o café, un huevo y salchichas, y bollería con mantequilla y mermelada. Todo normal, nada estaba especialmente bueno.
El hotel también tiene una sala de estar común en la planta alta, agradable si vas en grupo.
Para resumir decir que me parece muy caro el precio que pagué para el estado en que está el hotel, pero reconozco que la ubicación era buena, el personal excepcionalmente amable y que pudimos descansar apaciblemente, bien arropados porque por la noche refresca en la isla. Y que por un baño similar en otro hotel nos cobraron 3150 yenes.
Si volviese a la isla creo que buscaría otro alojamiento, aunque seguro sería mucho más caro aún.

APA HOTEL KEISEI NARITA
Elegimos este hotel para la última noche en Japón, nuestro avión despegaba a las 12 de la mañana y nos pareció mucho más práctico dormir en Narita en un hotel con servicio gratuito al aeropuerto, sobre todo porque llegábamos de Kioto y no merecía la pena ya hacer noche en Tokio.
El hotel está ubicado a poca distancia de la estación de JR, tiene cerca restaurantes y supermercado, e incluso metro. Y el bus gratuito te deja en las terminales 1 y 2 del aeropuerto en unos 25/30 minutos.
Pero el hotel en si no vale nada. Es un gran edificio tipo colmena cuyos clientes en su mayor parte lo usan para pernoctar antes de salir de viaje. La entrada es grande, y al fondo, la recepción donde no me parecieron especialmente amables, y con un control básico de idiomas. Además hay que pagar a la llegada, y aunque intenté convencerles de hacerlo a la mañana siguiente para poder pagar con los yenes que me pudieran quedar después de la cena, se negaron en redondo y tuve que pagar con visa (bien el pago con tarjeta, pero una faena cuando puede que sobre dinero que tengas que cambiar lo que siempre supone un perjuicio por los cambios).
En cuanto a la habitación, tuve la precaución de pedir dos camas por lo que la estancia era algo más grande, pero muy justa de espacio. Dos camas grandes (eran cómodas, las almohadas depende del gusto de cada uno) con un mini pasillo entre ambas, un escritorio con tele plana, nevera vacia y poco más. El espacio no da ni para poner un armario, las maletas tuvimos que dejarlas tras la puerta y las chaquetas en unas perchas en la pared. Y el baño, pues la misma linea. Diminuto, limpio y con amenities como gel, champu y acondicionador de la marca Shiseido, cepillos de pelo y dientes, maquinilla de afeitar y gorros de duchas. Las toallas de dos colores (práctico para que cada uno sepa cual es la suya) y ya.
El suelo es de moqueta, y hay habitaciones de fumadores y no fumadores.
No utilizados el servicio de desayuno.
Si vuelvo a Narita buscaré otro hotel aunque me temo que puesto que son hoteles generalmente para una noche no debe haber muchas diferencias entre unos y otros. Y es que los hoteles en Japón en los que nos alojamos, este fue el que menos me gustó.


Salimos del recinto del templo por el este para adentrarnos en la zona de Nara-köen, un precioso y gran parque en el que además de poder visitar algunos de los lugares de interés de la ciudad nos encontramos con algunos de los 1200 ciervos que lo habitan. No llevábamos nada para darles de comer, tan solo una bolsa de caramelos y se me ocurrió sacarla para probar si les gustaban. Fue escuchar el sonido del plástico de la bolsa y estaba rodeada de ciervos de todos los tamaños buscando como desesperados que les diera lo que quisiera que hubiera en la bolsa. Tengo que reconocer me sentí un poco agobiada cuando vi que los caramelos les gustaban y que se iban acabando con velocidad mientras no dejaban de llegar ciervos que me terminaron “acorralando” contra el tronco de un árbol. Yo le decía a Arturo que hiciera algo, pero él en la distancia se lo estaba pasando pipa haciendo fotos mientras yo me ponía más y más nerviosa. Al final tuve que zafarme como pude los animales y propinar algún cachete a alguno. Y en eso estaba cuando llegó un macho por detrás (afortunadamente con los cuernos cortados) y me propinó un golpe en el muslo. Y fue con muy mala leche seguro que por haberle dejado sin caramelos, porque me hizo un hematoma que me duró un par de semanas….
Superado el momento de crisis nos dirigimos hacia el lugar más visitado de la ciudad, el templo Tödai-ji. Para llegar hasta él hay que caminar por una pequeña calle del parque en la que hay tiendas de recuerdos, puesto de comida y por supuesto, ciervos. Al llegar al templo lo primero que se ve es la imponente puerta Nandai-mon que da paso al recinto del templo, el cual se puede visitar en su mayor parte de forma gratuita.
Muy cerca del templo del Daibutsu y también dentro del Nara-köen hay un lugar que merece la pena visitar, sobre todo por la vistas y el ambiente relajado, son los pocos los viajeros que llegan a ese punto. Se trata de una plaza con un santuario y dos pabellones. Nosotros subimos a la terraza del Nigatsu-dö, una construcción de madera con una gran terraza sobre la ciudad y con algunos detalles en su decoración de lo más pintorescos.
De nuevo en Senjö-dori nos dirigimos hacia el sur donde se encuentra el barrio antiguo de la ciudad, Naramachi. Sus calles están llenas de casas tradicionales (machiya), algunas convertidas hoy en tiendas o galerias de arte. Nos vamos parando para curiosear aquí y allá, entramos en una preciosa tienda de té donde compramos un lata decorada y seguimos hacia delante buscando la Naramachi Koushi-no-le, una casa antigua que nos costó un poco encontrar. Se puede acceder a ella sin pago y observar como son por dentro estas viviendas y a la vez ir descubriendo objetos cotidianos antiguos que están expuestos en cada estancia de la casa. Al final la vivienda se convierte en una pequeña tienda donde venden muñecas saru-bobo y otros recuerdos.
Con tanto caminar por Nara y sin haber comido ya solamente pansábamos en llenar la tripa. Nos fuimos hasta la galería comercial Higashi-muki que parte de Senjö-dori. En el interior hay un buen número de restaurantes, nosotros nos decidimos por uno donde comer tonkatsu, y fue una acierto. Tuvimos una bonita y tranquila mesa junto a un jardín interior, el servicio muy amable y la comida suuuuper rica.
Alcanzamos la zona del castillo, el Okayama-jö, el cual está situado junto al río Asahi, en el que se refleja su imponente exterior. También se le conoce como el castillo del Cuervo. Lo que queda hoy día es solamente una parte de lo que fue uno de los castillos más grandes de Japón, y fue reconstruido a mediados del siglo XX. Para entrar hay un ticket conjunto que también da acceso al Köraku-en, por lo que nuestra intención inicial era acceder al castillo aunque no habíamos leído que fuera especialmente interesante, pero resultó que había una exposición temporal lo que hacía que hubiera que pagar un importe extra elevado, así que nos conformamos con verlo por fuera.
Tan solo hay que cruzar un puente desde el que hay una bonita perspectiva del Okayama-jö junto al río para llegar al . A la entrada de los jardines pagamos nuestro ticket y nos adentramos en un espacio cuidado en cada detalle y sin duda pensando para ser admirado. Tiene una preciosa pradera en torno a un estanque con isla y puente incluidos, en torno a la cual el jardín está divido por zonas en cada una de la cuales crece un tipo de vegetación determinado: té, lotos, pinos, bambú… Mientras se pasea por los senderos es como encontrarse en jardines distintos, todos igualmente cuidados.
También llegamos por uno de los senderos a la parte del jardín desde la que se ve el castillo sobre el río. En ese momento empezaban a retirarse las nubes dejando un cielo de un azul intenso con manchas blancas de alguna nube.
Cuando terminamos de ver el jardín no podemos evitar volver al castillo para hacer alguna foto más ahora que ha salido el sol. Está tan cerca que no nos cuesta trabajo y conseguimos algunas instantáneas mucho más bonitas de las que hicimos unas horas antes.
Regresamos andando tranquilamente a la estación de tren desde donde cogeremos de nuevo el tren que nos lleve a Kioto, donde aprovechamos que no es demasiado tarde para cenar en la zona de Ponto-chö. Y coger fuerzas para nuestro penúltimo día en
El espacio del acuario está dispuesto en torno a tanque gigante que el visitante va rodeando, y según bajas de nivel te encuentras con la fauna que habitaría cada zona de océano o del mar. Desde los mamíferos como las nutrias arriba, hasta extraños peces abisales en el nivel inferior.
En la zona donde están los delfines o las focas a ciertas horas los cuidadores entran en los tanques para darles de comer y se convierten en el centro de atención de todos los visitantes, aunque seas mayor te sientes como un niño viendo como los animales juegan con las personas que les están dando de comer, hay un complicidad entre ellos increíble.
Un poco más adelante entramos en al Ártico y nos encontramos con los pingüinos, los más pequeño muy inquietos entrando y saliendo del agua. Pero ahí estaba el imponente pingüino rey, elegante e indiferente a todo lo que pasaba a su alrededor. Nada que ver con el resto de pingüinos que yo había visto hasta ese momento.
Mientras intentamos hacer una foto de las luces de neón de Osaka, se nos acerca un grupo de estudiantes cargados con paragüas y gran cámara y me dicen que me quieren entrevistar. Hace un tiempo terrible, lluvia y mucho aire. Pero ellos están dispuestos a grabar su entrevista sea como sea. De modo que no me puedo negar y respondo a sus preguntas (una chica las hace en japonés y otra las traduce al inglés…) y consigo que se vayan encantados sabiendo que lo que más me gusta de Japón son ellos, los japoneses.
Nada más entrar en el parque lo primero que vimos es la Cúpula de la Bomba Atómica, sin duda el recuerdo más desolador de lo que ocurrió aquel 6 de agosto de 1945. En aquel momento el edificio era el Pabellón de Fomento de la Industria, y todas las personas que había dentro murieron. Se decidió conservar el armazón tal y como quedó en homenaje, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Cruzando el puente sobre el Motoyasu-gawa se llega al Parque de la Paz, en el que se pueden ver el Cenotafio y la Llama de la Paz, la cual no se apagará hasta que no haya desaparecido de la Tierra la última arma nuclear. También en esa zona están la Campaña de la Paz y el Monumento infantil de la Paz, homenaje a Sadako Sasaki, una niña que falleció como consecuencia de una leucemia provocada por los efectos de la bomba. Esta niña se propuso hacer mil grullas de papel convencida de que si las hacía se salvaría, pero no puedo acabar su proyecto. Fueron sus compañeros de clase quienes acabaron las que faltaban, y desde entonces continúa la tradición de hacer esas grullas.
Volviendo sobre nuestros pasos cruzamos las vías del tranvía para caminar hasta el castillo de la ciudad. Quedó destruido totalmente por la bomba, y lo que se puede ver ahora es una reconstrucción. Se le conoce también como el castillo de la Carpa. Nosotros vimos el recinto solamente desde el exterior pues teníamos que continuar viaje hacia
Tenemos que regresar de nuevo a la parada del tranvía, el cual tenemos que coger hasta la parada del tren de la linea JR San-yö. Antes hacemos una parada para tomar un tentempie en uno de esos sitios japoneses donde coges la comida expuesta con unas pinzas, la depositas en un bandeja y cuando lo tienes todo pasas por caja. Ya sin hambre nos vamos en tren hasta el muelle desde el que sale el ferry de la compañía JR (no tenemos que pagar al tener el JR pass) que nos va a llevar a nuestro destino final del día: Miyajima.