Tokio, Parque Ueno

Diario de viaje Japón: Tokio

Octubre 2013, nos vamos tres semanas a Japón. Primera ciudad: Tokio. Un mundo que no esperaba encontrar: modernidad y tradición conviviendo en una ciudad de más de trece millones de habitantes donde todos son capaces de caminar por grandes avenidas iluminadas por cientos de luces de neón sin tan siquiera rozarse unos a otros. En la capital de Japón descubrimos esa sociedad tan increible donde el respeto a los demás es una de las máximas de su día a día, y donde la estación de tren de Shinjuku, la más populosa del mundo, se abre a un barrio de rascacielos a cuya sombra hay templos y rincones que parecen sacados de un libro de historia que cuenta como era Tokio hace décadas.

30 DE SEPTIEMBRE

Aterrizamos en Narita a las diez de la mañana tras 17 horas en aviones. Estábamos de los primeros en tierra con los formularios que nos habían entregado a bordo correctamente cumplimentados, por lo que para nosotros el tema de control de pasaportes fue muy rápido: entrega documentación, intento de sonrisa a la cámara que te registra, un sayonara… y a por las maletas. Todo rápido y bien organizado. Como íba a ser durante todo el viaje.
Una vez fuera de la zona restringida a viajeros, lo primero fue cambiar moneda. A la izquierda había un oficina y el cambio nos pareció muy correcto, de modo que nos abastecimos de yenes para unos cuantos días.
Lo siguiente el transporte a Tokio. Frente a la puerta de llegadas, un poco a la derecha, están las oficinas de venta de billetes. Hay varias opciones, pero nosotros, cansados y deseando llegar al hotel, elegimos la más rápida: el Narita Express. Era la opción más cara pero con ella llegábamos directos a Shinjuku que es el barrio donde estaba nuestro hotel. Una vez con nuestro billetes en la mano solamente tuvimos que bajar que las escaleras que hay justo al lado del mostrador donde compramos el billetes y buscar el andén donde subir a nuestro tren. En él todo muy cómodo: zona donde dejar las maletas y asientos confortables, con grandes ventanas para no perder detalle de como es Japón. Ya en Shinjuku nos tocaba subir a metro, dos paradas más bajo tierra (uf… esto suena un poco mal, jejejeje) y podríamos tumbarnos un ratito.

Una vez en el hotel (Citadines Shinjuki Hotel) enseguida estuvimos instalados en la habitación y mejor que tumbarnos pensamos que lo más sensato sería dar una vuelta por la zona de Shinjuku cercana al hotel y no dejar que el jet-lag pudiese con nosotros, de modo que nos acercarmos a visitar el santuario Hanazono-jinja. Al organizar el viaje aprendimos que los japoneses son a la vez sintoistas (bodas, nacimientos… todo lo que tenga que ver con la vida se celebra en los santuarios) y budistas (esto lo reservar para la muerte y lo que con ella tiene que ver). Cerca de Hanazono están los callejones de Golden Gai con su callejones llenos bares y el barrio rojo de Tokio, Kabukicho, un lugar llenos de clubes de alterne, hoteles del amor, cabarés y salas de pachinko pero en el que nos pareció que al igual que nosotros la mayoría de la gente que por allí paseaba no se dirigía a ninguno de esos lugares. Incluso nos cruzamos con algun grupo de turistas con su correspondiente guía paraguas en mano explicando las curiosidades de la zona.

Tokio Sala de Pachinko

El primer día en Tokio nos llamaron la atención infinidad de cosas: no se puede fumar en la calle, la bicicletas (algunas de ellas fantásticas) duermen en las amplias aceras, nadie cruza un semáforo en rojo, en el metro hay un orden y silencio realmente sorprendentes, no hay papeleras en las calles ni en los pasillos del metro y sin embargo la limpieza es increible… Es como una ciudad del futuro donde a nadie le importaría vivir y en la que cualquier persona estará siempre …dispuesta a ayudar a quien lo necesite.
Otra cosa que nos resultó curiosa es la frecuencia con la que uno se cruza en el camino con pequeños cementerios en medio de la ciudad; son lugares tranquilos y sobrios donde algunas flores dan un ligera nota de color a unas lápidas en las que se aprecia el deseo de no querer ser nunca ni más ni menos que el resto…

Tokio Cementerio

También en la zona de Shinjuku hay una zona de rascacielos, siendo visita obligada la subida a las Oficinas del Gobierno Metropolitano: las vistas son memorables. Subes en ascensor hasta la planta 45 en pocos segundos y además es gratuito. Las dos torres tienen mirador, en la web están todos datos.

Tokio Oficinas del Gobierno Metropolitano

Anochece pronto en Japón, a las seis ya empiezan a lucir más los neones y farolas que el sol, así que era el momento de parar y celebrar la llegada al pais del sol naciente con una cerveza. Paramos en un local de Kabukicho de estilo europeo donde nos tomamos dos cervezas bien fresquitas y perfectamente tiradas, el precio 500 yenes cada una.
Y llegó el momento de la cena. Cientos de locales de todo tipo nos mostraban escaparates con réplicas perfectas de lo que se podía comer en su interior. Udon, sushi, tofu, tempura… pero nosotros nos decidimos por el tonkatsu, una chuleta de cerdo empenada y frita que se acompaña con una salsa especial y una guarnición de verdura. Totalmente recomendable..

Tokio, Tonkatsu, Japón

Con la tripa llena es el momento de volver al hotel para un merecido descanso. Nos costó mucho decidirnos entre la gran oferta hotelera de Tokio, pero tras muchas vueltas el hotel Citadines nos pareció la mejor opción por precio, ubicación, críticas y espacio de la habitación. Creo que no nos equivocamos. Un hotel con unas camas realmente cómodas y un espacio que en Japón es un tesoro.

1 de Octubre
Segundo día en Tokio y nos toca salir del hotel con paraguas, el cielo está gris y el pronóstico es lluvia. Nos dirigimos al metro para enfrertarnos de nuevo a uno de esos momentos temidos: utilizar el transporte público. Para nuestra sorpresa todo era más sencillo de lo que se podía esperar. Encima de los las máquinas de los billetes un gran plano con los nombres de las estaciones en japonés pero también en alfabeto latino indicando el precio que hay que pagar desde la estación en la que estás comenzando el viaje. Lo más barato 210 yenes y es muy sencillo tener claro si hay que pagar más. En cualquier caso y ante la duda siempre se puede comprar el billete más barato y luego pagar en destino la diferencia.
Dentro de los pasillos, andenes o en los propios vagones llama la atención el orden con el que los japoneses se mueven, lo limpio que está todo y el relativo silencio a pesar de la cantidad de gente que nos rodea. No se oye un móvil (todos los llevan en silencio) y si alguien va conversando lo hace en un tono realmente bajo.

La primera parada del día fue en el tan grande como controvertido santuario Yasukini-Jinja. Está dedicado a los caidos en actos de guerra, y el Estado fue tan hábil como para incluir en la lista a criminales de guerra por lo que las protestas no ha.n parado, principalmente por los paises vecinos de Japón, quienes sufrieron la mayor parte de las agresiones de los japoneses.
A la salida nos fuimos a los Jardines del Palacio Imperial, otro de esos lugares a los que se entra gratuitamente. Están muy cuidados, pero para mi gusto resultan un poco sosos, no se si sería por el día gris que nos acompañó. Muy curiosa la forma de controlar las visitas: te dan una ficha a la entrada que hay que devolver a la salida. Cuando recuperan todas ya saben que no queda nadie dentro…

Tokio, Jardines del Palacio Imperial

Desde los jardines nos fuimos dando un paseo hasta la plaza del Palacio Imperial. Hay que rodear todo el perímetro exterior y caminar junto al foso que cierra el recinto para llegar a una enorme y tirando a fea plaza, todo hay que decirlo. Además no se puede ver nada más que lo que la vista alcanza a distinguir sobre el muro. Hay un par de días al año que se puede visitar por dentro, pero hay que solicitar cita y supongo que debe ser algo realmente complicado. Por lo tanto, teniendo tiempo, pues no está de más acercarse y ver la zona, de otro modo dar prioridad a otras visitas. Mencionar que lo que más me gustó de la plaza es la vista del puente Nijubashi.

El siguiente destino del día uno de los lugares de Tokio más conocidos: el cruce de Shibuya. Salimos del metro y nos encontramos en una zona comercial llena de anuncios y pantallas gigantes donde las calles se pueden cruzar de lado a lado o… en diagonal. Y funciona a la perfección: en el momento en que los semáforos indican cruzar todos los peatones se ponen en marcha, hay gente en todos caminando en todas direcciónes y nadie choca ni empuja, todo fluye. Verlo para creerlo.
También en Shibuya hay un escultura muy especial, la dedicada al perro Hachiko, conocido ahora en occidente gracias a la película protagonizada por Richard Gere donde se cuenta la historia de un perro y su dueño.

Tokio, Hachiko

Empezaba a caer el sol y nos quedaba visitar el santuario más importante de Tokio, el Meiji-jingu. Se encuentra en el centro del Yoyogi Park y se llega hasta el claro donde se encuentra a través de amplias avenidas en cada de una de las cuales hay un torii enorme. El santuario fue destruido totalmente durante la segunda guerra mundial pero la reconstrucción dicen que es perfecta y fiel al original. Está construido con madera de ciprés y hay una jardín que se puede visitar (la única zona de pago del recinto) pero debido a la hora nosotros ya no pudimos entrar.

Tokio, Santuario Meiji

Nuestra última visita del día estaba en la zona de Harajuku, de modo que de nuevo al metro para llegar a una de las puertas de los jardines Yoyogi. Allí está el puente Jingu-bashi conocido por ser lugar de reunión los fines de semana de las Cosplay-zoku, chicas ataviadas y maquilladas de las formas más llamativas, originales y subversivas que podamos imaginar. Pero nosotros tuvimos suerte y a pesar de ser martes había un grupo de jovencitas encantadas de posar para la cámara de todo el que quisiera llevarse una foto suya a casa.

Tokio, Harajuku

Cenamos una riquísima pizza en la increible y animada Takeshita-dori, en un local grande donde a la derecha del cartel luminoso que anuncia la calle. Y de postre un crep. Es para ver los puestos donde los hacen y como te enseñan todas las posibilidades en réplicas perfectas para que solamente tengas que pedir por el número. Estos japoneses lo tienen TODO pensando.

2 de Octubre

Nuevo día en Tokio… y más lluvioso que el anterior. Cae agua como si no hubiera un mañana, paraguas y chubasqueros son imprescindibles así que decidimos que lo que mejor que podemos hacer es tomar el metro para ir al Parque Ueno y sus museos y de eso modo intentar estar bajo techo el mayor tiempo posible. Antes de entrar en el Parque, nos acercamos a curiosear un poco por el mercado de Ameyoko sobre el que había leído que era más similar a los típicos mercados ruidosos de otros paises asiáticos pero la verdad es que había poca gente seguramente debido a la lluvia, y estaba todo tan limpio y colocado como es habitual en Japón.

A continuación nos adentramos en el verde y frondoso Parque Ueno. Allí se esconden varios templos, estanques y museos. Muy bonito el detalle de la farolitas que bordean los caminos. Hicimos un par de paradas, una en un pequeño templo y otra en el estanque Shinobazu que está practicamente cubierto de hojas de loto (dicen que hay flores todo el año, pero puedo garantizar que en octubre solamente hay hojas)
Desde allí ya rumbo al Museo Nacional de Tokio haciendo antes una parada en la plaza que el precede para tomar algo caliente en un Starbucks y descansar de tanta lluvia y tanto charco.

Una vez en el recinto del Museo Nacional de Tokio (hay que pagar entrada) encontramos en las escaleras de acceso al edificio paragueros con llave donde dejar los incómodos y empapados paraguas y ya dentro del edificio principal taquillas para dejar mochilas y todo aquello que te incomode en la visita. También tienen desinfectante de manos. Los japoneses y la higiene…
El museo tiene un tamaño perfecto y la colección es de esas en la que no enseñan ni mucho ni poco. Escultura, antiguedades, telas, armas… Vas pasando de sala en sala pero nunca tienes esa sensación de empezar a aburrirte porque hay demasiados objetos y si de ir descubriendo según avanzas algo más de la cultura y la historia de este enigmático pais.
Al finalizar la visita merece la pena dar una vuelta por la tienda del museo, hay todo tipo de detalles y recuerdos con precios para todos los bolsillos.

La siguiente parada fue en un pequeño y poco visitado museo, el Shitamachi. Esta muy cerca del parque Ueno y desde su puerta se ve el gran estanque lleno de lotos de ese parque. Al entrar nos recibieron unas encantadoras señoras que se enca.rgaron de guardar nuestras bolsas y nos ofrecieron una prenda tradicional para vestirla durante la visita. También nos hicieron fotos de recuerdo en las estancias que recrean la vida en el periodo Edo. Se pueden ver casas por dentro con su mobiliario e incluso una reproducción de como era una calle en aquella época. En la planta superior te puedes pasar horas jugando a cada uno de los juegos que hay allí, todos requieren meditar para conseguir el objetivo. En dicha planta también se exponen fotografías de época y diversos objetos de la vida cotidiana.
Al salir las mismas señoras nos mostraron varias bandejas con diferentes objetos hechos con la técnica del origami y nos obsequiaron con el que más nos gustó a cada uno. Un detalle encantador por su parte.

Tokio, Museo Shitamachi

Cuando salimos del museo Shitamachi seguía sin llover e incluso vimos algunos claros así que dicidimos ir al templo Sensö-ji, el más importante de los recintos budistas de Tokio. Está consagrado a la diosa de la misericordia, Kannon y es otra de las interesantes visitas gratuitas a lugares destacados que ofrece la capital nipona.

Desde la salida del metro de Asakusa multitud de gente iba en la misma dirección, nosotros nos limitamos a sumarnos a ellos y alcanzamos la puerta del Trueno que en el momento de nuestra visita estaba siendo restaurada. Una vez atravesada un amplio paseo nos llevó hacia la siguiente puerta del templo pero antes tuvimos que cruzar la zona comercial de Nakamise-dori llena de tiendas de recuerdos, parafernalia religiosa y puestos de comida (una locura, comas lo que comas está bueno y querrás más).
Antes de subir las escaleras del templo hay un gran caldero donde los budistas colocan incienso y luego se restriegan el humo por el cuerpo (dicen que da buena suerte). Merece la pena pasear por todo el recinto, pues se puede ver una pagoda y unos pequeños jardines.
En las horas diurnas el templo es un hervidero de gente, pero cuando cae la noche se convierte en un remanso de paz por el que merece la pena pasear.

Tokio, Templo Senjo-ji

Tokio

Tokio

Saliendo del Senso-ji por la parte trasera hacia la izquierda pasamos alguna calle con preciosas tiendas donde se venden artículos tradicionales como peinetas o calzado. Avanzando vimos lo que en España denominamos feria: un pequeño espacio con algunas atracciones como la noria. Y en una avenida encontramos un buen número de locales tipo taberna con asientos compartidos en la calle donde sentarse a tomar una cerveza y unos pinchos a la brasa. Los locales no tienen nada especial, pero es el lugar perfecto para sentarse rodeado de japoneses y disfrutar de una rato alejado de la modernidad de Tokio.

Poco más quedaba hacer este día salvo regresar al hotel con la tripa llena pasando por el super para comprar el desayuno del día siguiente.

3 de Octubre

Hoy nos vamos a Kamakura, luce el sol y camino a la estación de Shinjuku desde tomaremos el tren a la estación de Tokio resulta mucho más agradable que el día anterior.

4 de Octubre
El plan inicial para este día era una excursión para visitar la zona de los cinco lagos con la intención principal de ver el monte Fuji. Antes de viajar a Japón contacte con Augusto, él organiza unas excursiones muy recomendadas a la zona y aunque no es barato permite ver diferentes lugares en un solo día. No tuvimos que pagar nada por adelantado y desde el principio nos dijo que si el pronóstico era malo se cancelaba la salida o se cambiaba por otro día. Y justo eso es lo que pasó, que el tiempo fue malo y dejamos la excursión para la vuelta de Kioto a Tokio, pero ese día también estaba muy cubierto y las posibilidades de ver el Fuji eran muy malas. De modo que nos quedamos con las ganas, pero os dejo aquí la página de la empresa por si alguien estuviera interesado:
http://www.rutafujitours.tk/

¿Qué podíamos hacer en vista del mal tiempo? Pues decidimos empezar el día con una visita la lonja de pescado de Tsukiji, la más famosa de Japon y puede que del mundo. Tocaba chubasquero, paraguas y metro hasta las cercanías del lugar.
Dando un paseo llegamos a la zona del mercado externo donde multitud de puestos nos mostraban todo tipo de pescado y algas (en muchos casos era la primera que mis ojos veían muchos de aquellos alimentos). Turistas curioseando y japoneses haciendo la compra nos íbamos cruzando por las calles, y cuando nos parábamos delante de algún puesto intentando adivinar que podía ser lo que allí vendían el dependiente tardaba poco en ofrecernos algo a probar. Y casi todo estaba bueno, la verdad….
También entramos en la zona interior donde a esas horas ya no quedaba nada que ver de todo lo qué había pasado por allí a primera hora del día. En un lateral dentro de esa zona había un gran número de pequeños restaurantes de sushi y fuera de todos ellos colas de gente esperando a poder degustar sus platos. Nosotros no hicimos ganas, eran las once de la mañana y no nos apatecía comer nada y menos pescado…

Tokio

Al abandonar el mercado exterior nos acercamos a Kachidoki bashi, uno de los puentes sobre el río Sumida. Probablemente las vistas sean geniales con sol, pero ese día definitivamente el tiempo no acompañaba. Lo que nos llamó la atención fue el detalle decorativo a la entrada del puente… una preciosidad esos pajaritos que parecen listos para salir volando.

Tokio, Kachidoki bashi

Regresamos al metro para ir hasta Ginza. Podíamos haber ido andando, realmente no está muy lejos, pero la lluvia estaba decidida a no abandonarnos.
No tardamos nada en salir a unas calles con anchas avenidas, edificios de cristal y espejos, escaparates de diseño… el lugar perfecto para no gastar nada porque todo estaba fuera de nuestro presupuesto. Así que nos limitamos a pasear un rato aprovechando que por un rato el agua había dejado de caer.
Sin duda es un barrio muy elegante, y los japoneses que por allí pasean están a la altura de las tiendas.

Tokio, Cupido de Ginza

¿Y ahora que más hacemos? Arturo quería subir a la torre de Tokio, y aunque yo insistía que era tontería porque no íbamos a ver nada, al final terminamos subiendo al metro y luego caminando para llegar a un torre roja enorme rodeada de bruma. Nos tuvimos que desplazar bastante para nada, pero son cosas que pasan. Hicimos un par de fotos para recordar que habíamos pasado por allí y nos marchamos a Akihabara, el distrito de la electrónica en Tokio. Un lugar curioso, con multitud de tiendas de videojuegos y accesorios que yo no podía ni imaginar que iban a existir. También locales con máquinas de esas que pones una moneda para intentar sacar con unas pinzas un muñeco…. y cantidad de adultos delante de ellas intentado llevarse un regalo a casa. Son como niños.

Tokio, Torre de Tokio

Entre tanto ir y venir se nos acababa el día, así que decidimos regresar a “nuestro barrio” y cenar en alguno de los muchos locales de la zona. Shinjuku tiene tal oferta de restaurantes que siempre encuentras uno que te apetezca. Eso si, recomendarlos es complicado, en la mayoría de los casos el nombre está solamente en japonés… como para acordarse.

5 de Octubre

Nikkó nos espera, es uno de los lugares que queremos conocer en los alrededores de Tokio. Es un viaje un poco pesado, y a pesar de que ese día también llovió, sin duda merece la pena.

Al regresar paramos a cenar en un lugar de esos curiosos y anclados en el paseo que aún se pueden encontrar en tierras japonesas. Se trata de Omoide-yokochó, también conocido como “el calléjón de las meadas”. Con ese nombre no parece muy apatecible parar allí a comer o cenar, pero justo para eso se va a ese lugar. Se trata de un par de estrechos callejones donde uno tras otro se apiñan locales donde tomar otra de las comidas japonesas, los pinchos de carne, alga y verduras (kushiage y kushikatsu). Es una comida muy popular entre los trabajadores al terminar la jornada, y con ellos llenando los locales es con lo que nos encontramos en la mayoría de los locales. Buscamos el que más nos gustaba pero al entrar nos preguntaron que si hablábamos japonés y al decir evidentemente que no, pues nos invitaron amablemente a marcharnos…. Con cierta decepción buscamos otro lugar y finalmente lo encontramos. Y la verdad es que tras tanto mirar en uno y otro tengo que decir que cenamos tirando a mal, ni nos gustó la comida ni el local. Pero había que probar, estaba claro.

Tokio, Omoide-yokochó

6 de Octubre
Hoy nuestro destino es Matsumoto y su castillo negro, y por fin vuelve a lucir un precioso sol y el cielo está azul.

Por la noche de regreso a Tokio decidimos ir a por nuestra última cena en la ciudad a la zona de Takeshita-dori. Nos gustó un local que conocimos y nos apetece repetir… y por supuesto acabar con un gran y dulce crep.

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