Grinzing, el barrio del vino de Viena

por Cristina
grinzing

Imagina que durante tu visita a Viena, en algún momento, te apetece escapar de tanto palacio, tanto museo y tanta elegancia. La belleza ya sabemos que puede llegar a abrumar. Y las grandes ciudades a agotar. Pues bien, si llega ese momento no pierdas la oportunidad de subir al tranvía e ir a Grinzing. Un barrio vienés que hasta 1892 era un municipio independiente.

Grinzing no tiene nada que ver con el centro de Viena. Aquí no hay museos, ni edificios monumentales. Parece mentira que este lugar pueda pertenecer a la capital de Austria, pero así es. Forma parte de Döbling , el distrito 19 de Viena, y está situado al norte de la ciudad.

Puede que os preguntéis la razón por la que os recomiendo visitar Grinzing. No os voy a dar sólo una: os voy a dar tres.

  • Visitar un barrio de Viena en el que os sentiréis como en un pueblo de cuento.
  • Disfrutar de vino de la región.
  • Pasear por uno de los lugares preferidos del compositor Franz Schubert.

grinzing

Cómo llegar a Grinzing

Llegar a Grinzing desde el centro de Viena es tarea sencilla. Y hay tres opciones distintas. Yo os recomiendo la segunda, fue la que nosotros utilizamos y nos permitió llegar a nuestro destino sin cambiar de transporte.

Metro + Autobús

Para ir Grinzing deberéis ir primero hasta la estación de tren Wien Mitte. Está muy cerca del centro de la ciudad y de los lugares que visitar en Viena. Para que os hagáis una idea, esa estación está a tan solo 15 minutos caminando de Stephansplatz y junto a Stadtpark, uno de los parques de Viena más populares entre locales y turistas.

Una vez en esa estación allí hay que dirigirse al metro y coger la línea U4 hasta Heiligenstadt Bf. Allí hay que abandonar el metro. Se puede ir caminando hasta la calle principal del barrio (aproximadamente 1 km),  o bien subir al autobús 38A que os dejará junto a la iglesia.

Tranvía

Para mi es la mejor forma de ir a Grinzing desde el centro de Viena. Si elegís este medio de transporte tendréis que ir primero hasta Schottentor, frente a la Votivkirche y a menos de 15 minutos a pie de Stephansplatz.

Una vez allí sólo hay que esperar el tranvía 38. Con suerte podréis subir en uno de los pocos tranvías antiguas que sigue recorriendo las calles de Viena. El tiempo del viaje es de poco más de 20 minutos y os permitirá ver durante el trayecto como va cambiando la fisonomía de la ciudad.

Hay que bajarse en la última parada. Se encuentra a muy pocos metros de Grinzinger Strasse. La frecuencia de este tranvía es generalmente de 10 minutos. Pero disminuye a primera y última hora del día. Por ello, si tenéis intención de quedaros a cenar en Grinzing, no olvidéis consultar la tabla de horarios que hay en la parada del tranvía. No sea que se os haga demasiado tarde y no podáis regresar al centro de Viena.

tranvía Viena

Hop on Hop off Viena

Si habéis adquirido la Vienna Pass para visitar los palacios y museos de Viena puede que os apetezca llegar a Grinzing en los autobuses turísticos incluidos en esa tarjeta.

Para llegar con este transporte al barrio del vino de Viena tendréis que buscar las paradas de la Línea Verde de la compañía Sightseeing que es la que incluye la antes citada tarjeta turística. En este caso los horarios son muy importantes, ya que estos autobuses circular hasta horas tempranas. Por ello, si vais por la tarde a Grinzing, será más que probable que os toque regresar al centro utilizando el transporte público de Viena.

Qué hacer en Grinzing

Ya os decía arriba las razones por las que creo que merece la pena conocer este barrio vienés. No es que haya mucho que hacer en él. Pero pasear por sus calles con casas de colores y ventanas adornadas con flores hace fácil entender la razón por la que Schubert sentía debilidad por este lugar.

Grinzing

Se puede caminar sin rumbo fijo, es lugar es pequeño y todo gira en torno a Grinzinger Strasse. Pequeñas plazas arboladas dan un toque verde, un verde que domina las colinas que rodean Grinzing y que son famosas por sus viñedos. Y dominando todo, la torre de la Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo.

Grinzing

También os decía que una de las razones principales para visitar este barrio al norte de Viena es tomar una copa de vino. Son muchos los locales que vais a encontrar en Grinzing. Son los famosos hauriger, las típicas tabernas vienesas. Pero atención, ese nombre no solo hace referencia ese tipo de locales. También es el nombre que se da al vino de la última cosecha.

Grinzing

Si quieres probarlo, tendrás que prestar atención a los bares y restaurantes que encuentres en tu paseo por el barrio: aquellos en los que veas una rama de pino colgada en su puerta son los que ofrecen el vino hauriger. Ten en cuenta que es más que probable que en estas tabernas puedas probar muchos tipos de vino, tanto blancos como tintos y de distintas cosechas. Pero además de eso no ofrecen otras bebidas.

grinzing

Nada de refrescos conocidos en el mundo entero o alguna cerveza. A Grinzing se va a beber vino. Y si por alguna razón no lo quieres tomar siempre puedes probar una típica bebida austriaca sin alcohol: Almdudler. De un modo un otro, os aseguro que este bonito y tranquilo barrio es uno de esos lugares perfectos para comer en Viena.

Si el día acompaña se puede disfrutar de un buen vino y una rica comida en el patio con el que cuentan muchos de los hauriger de Grinzing. Y si refresca, que eso no sea excusa para no sentarse a tomar una copa de vino. No faltan sobre las sillas mantas con las que cubrirse mientras se brinda con una copa de vino de la última cosecha vienesa.

Zum Martin Sepp

Al final de nuestro paseo por Grinzing, antes de regresar al centro de al ciudad, hicimos una parada, cómo no podía ser de otro modo, para tomar unos vinos. Podíamos haber elegido cualquier local. Pero la gran rama de pino colgada en la puerta y agradable patio del Zum Martin Sepp hizo que nos decantásemos por esta taberna.

Grinzing

Ya había caído el sol y refrescaba ligeramente. Para nosotros era la hora de tomar algo, pero para los austriacos ya era la hora de cenar. Sin reserva era imposible sentarse dentro del local, un local con mucho encanto y bastante animado. Así que nos tapamos con unas mantas y nos sentamos en el patio. Fue un rato muy agradable, de esos que recordaré siempre.

Mi viaje a Viena lo hice con mis padres, pasamos allí cinco días. Mi madre quería conocer la ciudad en la que vivió Sissi, aquella emperatriz rebelde cuyas novelas y películas formaron parte de su juventud. Juntos hicimos realidad su sueño y hoy quiero dedicarles a ella y a mi padre este artículo, porque seguro que ellos también recuerdan aquella tarde de vino y mantas color naranja.

Grinzing

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12 comentarios

JAVIER 15 abril, 2020 - 6:41 pm

Me acabas de añadir un banderín a un futuro viaje a Viena. La verdad es que estos pequeños pueblecitos que aparecen, por arte de magia, junto a grandes ciudades suelen quedarse grabados con más intensidad. Posiblemente por la sorpresa del encanto mínimo, junto a los grandes iconos. Me recuerda (y creo que estuviste hace no mucho), al barrio de Trentemoult, en Nantes.

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Cristina 16 abril, 2020 - 9:43 am

Me alegra haberte descubierto un lugar diferente en la siempre atractiva Viena. A mi la verdad es que no me recuerda a Trentemoult, éste es más bohemio y desordenado, aunque no por ello carente de encanto. Es cierto que ambos lugares son un como un lugar de recreo y esparcimiento cerca de una gran ciudad, pero en el caso de Grinzing, sigue teniendo la elegancia vienesa. Todo está en su sitio y consiguen crear un lugar muy acogedor. Un saludo y espero que pronto puedas conocer este bonito barrio vienés.

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Luz E. 16 abril, 2020 - 8:41 am

Mi madre tiene una relación similar con Viena, y espero poder llevarla algún día. Tu dedicatoria preciosa. En este mundo tan conectado a veces parece difícil poder sorprenderse… Pero me he quedado maravillada con este barrio, no tenía ni idea de su existencia, y me ha parecido una delicia. Una delicia para visitar despacio, para buscar las ramas de los pinos en las tabernas vienesas, para mirar hacia arriba y no perderme ningún detalle de los edificios del barrio de Grinzing… Gracias por compartirlo.

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Cristina 16 abril, 2020 - 9:44 am

Ojalá puedas ir con ella a Viena, te aseguro que ver la cara de felicidad de mi madre ante cada palacio, cada cuadro o cada vestido de Sissi fue un regalo para mi. Pasear con ella por los parques vieneses o descubrirla la obra de Klimt fue divertido para ambas. No lo dejes mucho tiempo Luz, porque el tiempo vuela.

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Olga 17 abril, 2020 - 11:26 pm

Me ha encantado tu artículo y recordar en el tiempo mi primera visita a Grinzing, en mi primer viaje a Viena. Como bien dices, es el contrapunto sencillo a la abrumadora ciudad palaciega de Viena, y es perfecto para degustar el vino y la gastronomía de la ciudad en un entorno tranquilo. Este pasado verano volvimos a Viena pero no nos dio tiempo a volver a Grinzing porque decidimos hacer una escapada a Hallstatt, pero quién sabe, quizás en nuestro tercer viaje a Viena, regresemos a uno de esos patios a tomarnos un buen vino. Un abrazo!

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Cristina 18 abril, 2020 - 10:07 am

Ir a Grinzing es tan sencillo que yo creo que si no visitan más turistas este barrio es por no saber de su existencia o por desconocer que basta subir a un tranvía para llegar a este bonito lugar. 🙂

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Patri 18 abril, 2020 - 1:15 pm

Uy qué recuerdos de hace un montón de años que fui a Viena, entonces no había tanta información como ahora en internet ni redes sociales, se viajaba más con una guía de papel, y un amigo alemán que había estudiado un año en Viena me dijo que no me podía perder irme una tarde a las tabernas de Grizing. Fue todo un acierto, no sólo por lo bonito y pintoresco si no porque me pareció muy auténtico, sólo había gente local, éramos los únicos guiris y tomamos unos ricos vinos en un patio como esos que salen en tus fotos, no paraban de preguntarnos de dónde éramos y fue muy divertido, los vieneses me parecieron muy majos. En fin, que para mí fue una gran tarde y repetiría sin dudarlo. Un abrazo

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Cristina 18 abril, 2020 - 4:28 pm

Para mi fue una de esas tardes para recordar siempre, algo sencillo, ni monumentos ni lugares llenos de turistas. Solamente un lugar para disfrutar de una copa de vino con dos de las personas más importantes en mi vida. ¿Qué más se puede pedir?

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jordi 18 abril, 2020 - 7:07 pm

Que sensación de estar en un pequeño pueblo, ¿verdad¿ Parece más bien alguna pequeña villa del Tirol. Nosotros no llegamos a Grinzing por falta de tiempo. Hay tanto que visitar en esta ciudad, que al final tuvimos que descartar. Lo que yo pensaba, y leo que no es así, que el vino hauriger era el típico vino caliente de centroeuropa y leo que no es así.
Un abrazo, Cris.

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Cristina 19 abril, 2020 - 4:34 pm

Jordi, yo creo que al vino que te refieres es el glühwein, muy típico en los mercados europeos de centro Europa. ¡Seguro que en alguno has tenido que probarlo!

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Raquel (Nunca sin viaje) 23 abril, 2020 - 10:01 am

¡Me encanta el barrio! Me lo anoto para mi futuro viaje a Viena, que siempre lo estoy aplazando…. Junto con tu post sobre la Viena Pass, me va a venir genial. Muy guapos tus padres 🙂

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Cristina 24 abril, 2020 - 12:55 pm

Este barrio es el lugar perfecto para acudir al final del día, tomar un vino y si aprieta el hambre, cenar también allí.

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