Nuestro itinerario por el Sur de India terminó en Bangalore. La primera impresión que tuvimos de esta ciudad es que era enorme, sucia y caótica. Luego cambió esa impresión un poco cuando llegamos a la moderna avenida MG, en la que se encontraba nuestro hotel. Allí había centros comerciales, hoteles y restaurantes y más orden y limpieza que en el resto de una ciudad que presume de su modernidad.
25 de Octubre – Srirangapatnam
Ya entrada la tarde llegamos a Srirangapatnam, una ciudad construida en una isla a orillas del río Cauvery y a tan solo 16 kilómetros de Mysore. En ella reinó el sultán Tipu y de su fortaleza aún quedan en pie parte de las murallas y las almenas, las cuales pudimos ver desde el coche rumbo al lugar más importante del lugar: el palacio de verano de Tipu.
Este palacio construido en gran parte en madera está en el centro de unos bonitos y cuidados jardines, y debido a lo delicado de la pinturas que lo decoran está prohibido hacer fotografías, así que otra vez la cámara se quedó en la consigna. No es un lugar muy grande, una estructura cuadrada con arcos que se abren a los jardines y que actualmente están cubiertos con telas para proteger las preciosas pinturas que cuentan la vida cortesana en tiempos de Tipu.
Visto este lugar recorrimos con el coche el par de kilómetros que había hasta el imponente Gumbaz, la tumba donde se encuentran los restos de Tipu y sus padres.

Mientras atravesábamos los jardines que conducían al mausoleo, el cielo se empezó a teñir de negro. Espesas nubes empezaban a tapar el sol, pero nosotros confiábamos en que pasaran de largo y no llegara a llover.
Dejamos nuestros zapatos en la base de la tumba y entramos al lugar hecho de mármol blanco con pulidas columnas negras del mismo material. Allí, cómo no, había musulmanes haciendo sus ofrendas, pero también muchos turistas hindúes y nosotros dos, la nota de color entre tanto turismo oriundo.
Nos estábamos acercando a la mezquita que había a pocos metros de la tumba cuando de repente empezó a llover, pero con tal fuerza y tan de repente que no pudimos ni pensar en ir a por las sandalias. Tuvimos que protegernos y esperar….

Llovía y llovía…. y éramos conscientes de que nuestros calzado estaba ya empapado y que no había nada que hacer para salvarlo. Era mejor al menos no empaparnos nosotros también, así que aguantamos hasta que dejó prácticamente de llover y pudimos salir del cobijo que nos daba el techo delantero de la mezquita. Descalzos caminamos hacia el coche deseando llegar a Bangalore para poder darnos una ducha y recuperar el calor que la lluvia nos había arrebatado.
25 de Octubre – Somnathpur
Habíamos vuelto a pasar por el mercado Devaraja y conocido el interior del palacio de Mysore. Cumplidos objetivos abandonábamos una de las ciudades más bonitas que habíamos conocido en este viaje. Una vez más con Vittal al volante poníamos rumbo al templo de Somnathpur, uno de los mejores ejemplos de arquitectura Hoysala del país equiparable a los templos que ya habíamos visitado en Belur y Halebid.
Somanthpur se encuentra a poco más de 30 kilómetros de Mysore, y en un momento del camino abandonamos la carretera principal para continuar viaje por algo así como carreteras comarcales. Cruzamos algunas pequeñas aldeas mientras campos con cocoteros o arrozales teñían de verde el paisaje.
Al llegar al templo encontramos algunos coches con turistas indios aprovechando el día de fiesta para salir a conocer lugares de su patrimonio. Aquí tuvimos que pagar apenas 2 euros por entrar al recinto que se encontraba a pocos metros del parking donde dejamos el coche.
El exterior tiene unos jardines algo descuidados donde llama la atención un buzón colgado en un árbol. Si dejas allí una carta o postal esta llegará a casa con un matasellos especial con la imagen del templo.

Una vez cruzado el muro que rodea el templo Chennakesava propiamente dicho se accede a un patio más pequeño que el del templo de Belur pero sin duda tan bello como aquel y además mejor conservado puesto que no sufrió las destrucciones de los otros templos Hoysala debidas a los enfrentamientos con los chola.
Llama la atención en este templo su perfecta simetría, ver alto tan perfecto en mitad prácticamente de la nada, pues alrededor como dije solamente hay aldeas y campos del cultivo.
La decoración de sus muros la forman delicadas esculturas que describen escenas del Ramayama y de la vida en la época de los reyes Hoysala.

Como en todos los templos de India, aunque ya no permanezcan activos para el culto, tuvimos que dejar fuera nuestros zapatos y recorrer el lugar notando la piedra y su temperatura en la planta de nuestros pies. A mi eso es algo que me encanta sobre todo si como en este caso el suelo esta limpio o tan solo tiene algo de polvo y arena.
Dimos la vuelta a todo el perímetro del templo maravillados con los detalles decorativos de cada nivel de las paredes: animales, flores, esculturas, motivos geométricos…. Una verdadera maravilla.

El interior de este templo de Somnathpur nos pareció un poco claustrofóbico. Estaba muy oscuro, los vanos de las puertas eran muy bajos y apenas podíamos distinguir con claridad la decoración de las paredes. Aún así vimos las columnas que inmediatamente nos recordaron a las de los otros templos Hoysala que ya habíamos conocido en Belur y Halebid.
Visto y admirado el templo teníamos que abandonar el lugar para conocer un nuevo lugar antes de llegar a Bangalore. Nueva parada: Srirangapatnam.
23 de Octubre – Mysore
Después de un largo día conociendo templos hindúes y jainíes finalmente llegamos a Mysore a última hora de la tarde. Cruzamos una ciudad que nos pareció bien urbanizada y con amplias avenidas hasta llegar a nuestro hotel The Quorum. Era de los más baratos del viaje gracias a una oferta genial, y desde fuera nos pareció moderno y estiloso. Pero una vez dentro la cosa empezó a empeorar. Aunque en general podía pasar y más por lo que habíamos pagado, las moquetas sucias y el olor a humedad en los pasillos hacia las habitaciones no parecían buen presagio. Por suerte una vez en la habitación todo estaba muy bien, desde la amplitud de la estancia a la limpieza o la comodidad de la cama. En contra solamente las vistas que eran sosas y una alfombrilla en el baño que quitamos según entramos.

Nos aseamos un poco, cogimos algo ligero por si refrescaba y aunque había anochecido salimos a dar un paseo. Nuestro destino: el palacio de la ciudad. Estaba como a 20 minutos andando y el camino era sencillo gracias a las calles siempre paralelas que evitaban que cualquier despiste nos hiciera acabar en el lugar equivocado. Como ya dije antes, estábamos en plena celebración de Dasara, una de las fiestas más importantes del calendario hindú, y es precisamente en Mysore donde se celebra con más esplendor: elefantes engalanados, procesiones, ofrendas en el templo….
A mitad de nuestro paseo precisamente nos encontramos con los elefantes de marajá de la ciudad que habían salido a la calle en una especie de procesión, así que allí, en mitad de una calle cortada al tráfico y llena de curiosos vimos por primera vez a los elefantes que al día siguiente formarían parte de una de las mayores fiestas de la ciudad.
Contentos por haber visto ese grupo de paquidermos seguimos caminando hasta el palacio donde nos llevamos otra gran alegría: estaba completamente iluminado y podíamos acceder sin problema a los jardines para verlo dando un pequeño rodeo. En el interior estaba teniendo lugar una ceremonia en la que participaban el marajá (que aún hoy vive en este palacio) y miembros del gobierno mientras todo lo que pasaba dentro de un salón sacado de las mil y una noches se podía ver en directo en unas grandes pantallas instaladas en varios puntos de los jardines.

Paseamos un rato de acá para allá mientras nos cruzábamos con indios que iban y venían. Empezaba a refrescar y de mutuo acuerdo decidimos que era hora de ir a cenar. Habíamos leído sobre un restaurante bastante recomendado y que casualmente estaba en un hotel muy cerca del nuestro con lo cual era perfecto. El nombre del restaurante era La Gardenia y la verdad es que cenamos bastante bien en un buffet con comida india y occidental bien preparada y presentada. Eso si, estaba tan lleno que nos toco esperar unos minutos a que una mesa quedara vacía, pero sin duda mereció la pena esa rica cena antes de irnos a descansar después de un intenso día.
24 de Octubre
Empezamos el día con un rico desayuno y salimos a esperar a Vittal para subir con él hasta el Monte Chamundi en el cual se encuentra el templo más importante de la ciudad cuya entrada domina un imponente gopuram. Nada más llegar arriba fuimos conscientes de que no era un día normal. Cientos de personas iban y venían con sus ofrendas en las manos, había mercadillos donde encontrar todo tipo de artículos, el ambiente era realmente festivo, y es que era el día grande de Dasara, la gente no trabajaba y al parecer la mejor forma de empezar el día era subir al templo. Para nosotros fue una faena porque realmente había tanta gente haciendo cola para acceder al interior del lugar que tuvimos que olvidar la idea de entrar allí y pasar a otra cosa.

Volvimos al coche un poco desilusionados y bajamos a otro punto importante en el monte: la gran estatua de Nandi, el toro vehículo de Siva. Allí bajamos y de nuevo nos encontramos rodeamos de gente con sus ofrendas haciendo fotos y disfrutando de su fiesta.

Vittal se daba cuenta de mi cara de decepción y me dijo que me iba a llevar al que fue palacio de una de la majaranís de la ciudad y que actualmente era un hotel muy bonito. Además nos comentó que le habían llamado por el tema del desfile de Dasara y la entradas. Nos dijo que la ciudad quedaría cortada al tráfico en breve, pues había que organizar ya que el desfile salía de palacio (por lo que no podríamos visitarlo ese día, otra decepción) y luego recorría gran parte de Mysore. La opción era buscar un lugar en la calle y esperar horas a que todo llegará hasta donde estuviéramos o comprar esas entradas que nos daban derecho a entrar a los jardines del palacio por 500 rupias cada uno. No sabíamos si sería caro o no, pero teníamos pocas opciones de cosas que hacer en la ciudad salvo acudir a la dichosa procesión que trastocaba todos nuestros planes, así que al menos intentar verla del mejor posible. Le dijimos a Vittal que ok a las entradas y él llamó para que nos las guardaran. Mientras, habíamos llegado al blanco y gran palacio de la majaraní cuya cúpula nos recordó primero a Notre Dame y luego al Capitolio de la Habana, siempre salvando las distancias.

Dimos una vuelta por el hotel algo decadente y luego le pedí a Vittal que antes de ir a por las entradas me llevará a una tienda en busca de un sari. Sabía que era algo que iba a comprar y que vendría conmigo a Madrid como mero recuerdo porque nunca lo usaré, pero me hacia ilusión volver de mi cuarto viaje a India con una de esas prendas en la maleta. Di muchas vueltas, pensé en un color, luego quería otro…. había tanta y tanta variedad que en un momento dado le dije a Arturo que ya no lo quería. Pero él, bendito sea (jejejejeje) me animó de nuevo y finalmente salí con un precioso sari bajo el brazo. Lo siguiente era recoger las entradas para el desfile y llegar al palacio. Las calles empezaban a estar cortadas, el trafico era tremendo…. y el sol pegaba con mucha fuerza cuando por fin Vittal nos dejó en la puerta del palacio y nos despedimos de él hasta el día siguiente, pues sabíamos que luego no era complicado llegar al hotel.
Pasado el control de entradas junto a infinidad de personas estábamos en los jardines, pero no teníamos ni idea de que hacer ni a donde ir, así que seguimos a la gente en dirección al majestuoso palacio que estaba junto frente a nosotros.

Siguiendo a todas aquellas personas pasamos junto a lugar donde estaban pintando y engalanando a los elefantes y llegamos hasta unas gradas llenas de gente que a fecha de hoy aún no sabemos como se podía acceder a ellas. Había gente por todas partes sin ningún tipo de orden, nosotros intentamos buscar una hueco donde poder estar medianamente cómodos, pero el sol quemaba y no apetecía nada colocarse en un lugar sin sombra sin saber cuanto tendríamos que estar allí. Primero estuvimos cerca de la puerta principal del palacio de Mysore y allí vimos a soldados a caballo y a pie que llegaban para desfilar.

El público estaba bastante descontrolado y la organización pronto nos dimos cuenta de que era tirando a mala. La gente se saltaba vallas, se subía en lugares prohibidos…. cada vez éramos más así que pensamos que mejor íbamos a cambiar nuestra ubicación a un lugar algo más tranquilo. Nos fuimos hacia una de las puertas del muro de palacio y buscamos una sombra en la que colocarnos hasta que allí empezar a pasar algo. No tardó mucho en empezar la fiesta y yo terminé sentada en el suelo entre mujeres y niños que enseguida me hicieron hueco para que pudiera hacer alguna foto. No dudaron en moverse y acomodarse de otro modo para darme algo de espacio. Y así empecé a ver mi primer desfile de Dasara en Mysore (y seguramente el último, porque menudo agotamiento).
Ante nosotros fueron pasando elefantes, soldados, bailarines y malabaristas. Cada grupo iba precedido de una carroza y representaba un estado indio. Yo la verdad es que no me enteraba de casi nada, pero todo me parecía tan colorido y original que lo disfrutaba como si comprendiera lo que pasaba delante de mi. Pero llegó un momento que la posición empezó a ser realmente molesta de tan encogidas como tenía las piernas, así que me levante y me fui hacia atrás con Arturo, pero no veía casi nada….
Y entonces vi que en la parte alta de una de las puertas del muro del palacio había un montón de cámaras de TV y de fotógrafos acreditados que habían subido allí por una endeble escalera de bambú. Le dije a Arturo que yo quería subir allí, y ni corta ni perezosa me acerque a un policía que estaba por allí y le pregunté si podía subir. Él a su vez pregunto a unos y otros para al final decirme que subiera con cuidado y que me quedara allí sin molestar mucho. Arturo no quiso subir conmigo, prefirió quedarse a la sombra…. y dos horas después le felicité por su decisión.
Desde lo alto vi pasar todas las carrozas, vi bailar a mujeres con trajes de brillantes colores y vi salir al elefante llevando sobre su cabeza la imagen de un dios (creo que alguien me dijo que era Siva, pero igual podía ser Visnú). También vi la expectación que había en la calle y como la gente había buscado las formas más peculiares de ver el desfile sin perderse nada.
Allí arriba estuve mucho tiempo, tanto que cuando bajé me dolía la cabeza por el sol y uno de los brazos se me había quemado. Sin duda algunas cosas tienen un precio…. pero se paga con gusto aunque hubiera preferido que todo hubiera sido más rápido ya que se me hizo un poco pesado tanta carroza, tanto músico y tanto baile…

Bajé de mi posición privilegiada por aquella poco segura escalara totalmente agotada, acalorada y sedienta. Esperamos a que pasara un poco el tumulto y abandonamos el palacio rumbo a algún donde tomar una cerveza bien fría. No tardamos encontrar un hotel con una cafetería donde al aire acondicionado y una rica cerveza fueron suficientes para hacernos sentir en el cielo. Comentamos todo lo que habíamos visto y ambos coincidimos en que había sido bastante pesado, que con un par de horas como mucho y menos participantes nos hubiera gustado más.
Recuperados del calor salimos a la calle cuando ya empezaba a caer la tarde y caminamos hasta otro de los lugares más conocidos de Mysore: el mercado Devaraja, un bazar donde se mezclan la India moderna en todas las tiendas del exterior con la India más tradicional en los puestos del patio interior. Cuando llegamos era ya casi de noche pero a pesar de ello un buen número de tiendas estaban abiertas y vendían flores, artesanía y esencias. Pasemos envueltos por aroma dulzón de las flores y prometimos regresar al día siguiente para ver el lugar a la luz del día.

Seguimos caminando hasta el hotel con pocas ganas de salir a cenar. Aprovechamos que el restaurante del hotel estaba abierto con un buffet bastante curioso y después de una ducha nos quedamos allí mismo a cenar. La verdad es que el día anterior fue mucho mejor y además más barato… pero ya sabéis, a veces la pereza nos puede y pagar unas cuantas rupias más se hace con gusto.
Aún tuvimos que subir a la habitación y cerrar las maletas pues al día siguiente nos íbamos de Mysore hacia la última ciudad por la que pasaríamos en el viaje: Bangalore.
25 de Octubre
Antes de abandonar la bonita ciudad de Mysore íbamos a visitar algunos lugares, el primero el museo del ferrocarril donde vimos varios vagones entre los que destacaba el que perteneció a la maharaní de la ciudad. Totalmente cubierto de madera cuenta con baño, salón, dormitorio y estancias para el servicio. Una verdadera joya a la que no permiten fotografiar.
Más tarde regresamos al mercado Devaraja y lo encontramos mucho más animado que el día anterior. Prácticamente todos sus puestos estaban abiertos y bastantes clientes entraban en busca de fruta, flores o incienso. De esto último yo compré varios paquetes a buen precio y reconozco que con algunos acerté… pero con otro me estrellé de pleno y ya en casa descubrí que su aroma no me gustaba nada de nada.

Lo último que nos quedaba ver en Mysore era el palacio. Por tercera vez llegamos hasta él, y mientras Vittal se quedaba en un parking cercano nosotros fuimos a por nuestras entradas para poder acceder al interior del edificio y había tanta gente que creí que sería imposible. Así que le pedí el dinero a Arturo, tomé aire e hice lo que hacían los indios (todos hombres) acercarme a empujones a la taquilla y meter mi brazo entre todos los cuerpos pidiendo dos entradas. Cierto que me colé, pero era eso o irnos desesperados ante tanta gente.

Con las entradas en nuestro poder accedimos a los jardines y después de hacer un par de fotos tuvimos que dejar la cámara en una consigna ya que está totalmente prohibido hacer fotos en el interior del palacio. Junto a un montón de indios y un puñado de turistas nos acercamos a la segunda consigna en la que había que dejar los zapatos. Otra vez empujones para conseguir que alguien te prestara atención. Y es que parecía que todo Mysore se hubiera puesto de acuerdo para ir al palacio ese día. Descalzos y con la entrada en la mano nos acercamos a la tercera parada antes de entrar: el puesto donde nos dejarían una audioguía en castellano de forma gratuita.
Estábamos listo para entrar al palacio de Mysore, uno de los más esplendidos de India. Pasamos de sala en sala, unas con colecciones de arte, otros salones de recepciones, algún patio…. pero todo el tiempo había tanta gente que era complicado hasta pararse para disfrutar con tranquilidad del lugar. Durante el recorrido sin nuestra cámara vimos que casi todos los indios sacaban sin pudor sus móviles para hacer fotos a absolutamente todo sin que nadie les dijera nada en ningún momento. Nosotros podíamos haber hecho lo mismo, pero no me apetecía para nada que alguien me llamara la atención y terminar discutiendo por una tontería.
Terminamos la visita y recogimos nuestras cosas para ir luego en busca de Vittal y juntos emprender camino a Bangalore parando en Srirangapatnam y Somnathpur.
El mismo día que visitamos los templos Hoysala de Belur y Halebid en nuestro itinerario por el sur de India conocimos Sravanabelagola. El nombre de esta tranquila ciudad significa “el monje del estanque blanco”. ¿La razón para visitar esta aletargada ciudad?. Conocer la estatua de la deidad jainí Gomateshvara de la que dicen es la estatua monolítica más alta del mundo (mide 17,5 metros).
Solamente necesitamos un día para visitar los templos Hoysala de Karnakata, en el sur de India. Habíamos hecho noche el día anterior a la afueras de Hassan, una ciudad sin ningún atractivo pero cercana a los templos de Belur y Halebid.
