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ExperienciasSri Lanka

Sri Lanka: los reyes de la estafa

por Cristina 03/07/2016

Antes de emprender nuestro viaje a Sri Lanka había leído en diferentes lugares que había que tener cuidado pues es el país de Asia (incluidos Nepal e India) donde más se estafa al viajero. Al parecer se producen pocos robos, al menos con violencia, pero son los reyes en el tema de buscar el modo de conseguir que el extranjero se gaste dinero donde no debe o que deje más rupias de la cuenta.

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: Sigiriya, la perla de Ceilán

por Cristina 01/07/2016
Sigiriya

12 de marzo – Sigiriya

Comienza otro día y estoy deseando ir a desayunar al comedor del hotel y poder disfrutar de las vistas de las rocas de Sigiriya y Pirudangala, pero el día amanece ligeramente plomizo e incluso se anuncia lluvia en algún momento, así que me tengo que conformar con verlas aunque no sea con la nitidez y el cielo azul que me hubieran gustado. Como el desayuno es buffet probamos un montón de cosas y llevamos a la mesa zumos, fruta, huevos, embutido, queso (me moría por un poco de queso), cereales… vamos, lo que se dice un desayuno completo.

Con la tripa llena salimos a buscar al que hasta ese momento habíamos pensado que era Chami, pero habíamos decidido no contar nada hasta tener respuesta al mail que había mandado y ver a que se debía el cambio de conductor sin avisar. Así que con normalidad dimos los buenos días al montar en el coche en el que el conductor sin nombre desde ese momento estaba metido hablando por teléfono e ignorando nuestra presencia. En fin….

Todo el mundo parece recomendar que la visita a la roca se haga temprano, así que a las ocho pusimos rumbo a Sigiriya, y tras dejar el coche en un parking el conductor nos explicó que luego nos iba a esperar en otro en un lateral del recinto, cosa que entendimos a la primera pero el parecía empeñado en tener que explicarlo sobre el terreno, de modo que nos acompañó a por la entradas y cuando le dijimos que íbamos a ver el museo no dijo que no merecía la pena. Evidentemente le respondimos que nosotros nos quedábamos allí y que la veríamos al terminar la visita de la roca. Se fue con cara de pocos amigos, pero nos daba exactamente lo mismo.

Visitamos el pequeño museo donde lo más interesante fue poder ver una gran maqueta del lugar, con todos los detalles de los jardines, la roca y los alrededores. Una chulada por la que desde luego merece la pena entrar a ese lugar.

A continuación emprendimos camino a la entrada a la zona de lo que fue palacio o monasterio, entregamos nuestras entradas y accedimos a la primera parte de la visita que son los jardines. Está todo muy cuidado, desde el cesped a los árboles o los restos. Daba la sensación de que esa misma mañana alguien hubiera barrido y rastrillado todo. A lo lejos pudimos ver algún grupo de personas trabajando en labores de reconstrucción.

Sigiriya

Yo se que nosotros somos lentos y pesados, que paramos mil veces y nos acercamos a curiosear por todas partes, pero es que durante el tiempo que tardamos en llegar desde la entrada a la base de la roca de Sigiriya vimos como entraban grupos de personas más o menos grandes y que todos nos iban adelantando mientras nosotros hacíamos alguna foto o parábamos a leer en la guía que era lo que estábamos viendo.
Recorrimos todos los jardines, primero los acuáticos, luego los rocosos, más cercanos a la gran roca y más tarde las terrazas ajardinadas. Buscamos y encontramos la cueva del capuchón de la cobra. Vimos varias construcciones incluida lo que parecía una sala de audiencias. Nos empapamos de imágenes de la parte baja de la roca antes de comenzar el ascenso.

Sigiriya

Cuando íbamos a subir de repente vimos que había muchísima gente haciendo cola en la escalera para acceder a la roca. Yo había visto durante nuestro paseo un escalera un poco a la derecha, de piedra, en la que no había nadie y le dije a Arturo que iba a probar a subir, pues me daba la sensación que llegaba al mismo lugar que la otra y no ahorraríamos un buen rato de espera. Así que probamos… y acertamos. Gracias a ese pequeño descubrimiento conseguimos acceder al pasillo que llevaba a las Damas de Sigiriya por delante de al menos 100 personas que esperaban en la otra escalera.

Se acercaba uno de los momentos que más ansiaba en el viaje: ver de cerca esas mujeres pintadas en la roca. Para llegar al lugar donde están hay que subir por un escalera metálica de caracol antes de la cual hay que entregar el ticket de acceso del que cortarán el trozo correspondiente. Subimos las escaleras….y allí estaban todas ellas, voluptuosas y enigmáticas, muchas más bellas de lo que nadie pueda imaginar al verlas en una foto o un documental.

Sigiriya

Arturo y yo íbamos de acá para allá contemplando a esas mujeres mientras veíamos como la mayoría de la gente llegaba hasta allí hacía dos fotos y se marchaba sin curiosear al fondo de un pasillo donde otras damas esperaban también ser observadas. Mejor para nosotros, estaba claro, los visitantes nos estaban regalando espacio, algo tan difícil de conseguir a veces cuando se viaja.

Después de un ratito y un puñado de fotos nos acercamos a la otra escalera de caracol por la que teníamos que bajar para continuar la visita hacia el corredor del espejo, un pasillo junto a la roca en el que se dice que el rey (si es que esto realmente fue un palacio) mandó construir un muro con un pared tan pulida que pudiera verse reflejado al pasear por allí. El habernos entretenido más de la cuenta con las Damas nos ofrece la recompensa de poder recorrer el corredor del espejo solos y comprobar en la zona más pulida que efectivamente uno de refleja (aunque no como en un espejo). Justo en ese momento empieza a llover débilmente y aceleramos el paso para continuar la subida hacia otro de los lugares más conocidos de la roca: las garras del león.

Sigiriya

Sigiriya

Cuanto llegamos allí nos encontramos con un montón de gente: turistas, colegios, monjes… parece que fuera el lugar de quedada oficial en Sigiriya. Hay tantas personas que resulta complicado sacar una foto y además como lleve aprovechamos para descansar un rato bajo un árbol mientras contemplamos entretenidos como van y vienen los montones de colegiales que hay por la explanada en la que nos encontramos.

Sigiriya
Pasados unos minutos las nubes dejaron paso al sol sobre Sigiriya a la vez que la gente pareció desaparecer de la zona de las garras del león dejando espacio para hacernos alguna foto. Y luego, a seguir subiendo escaleras en una zona en la que cada vez soplaba más el viento de forma constante hasta que llegamos a la parte más alta de la roca. Arriba encontramos un gran espacio con construcciones de ladrillo que en su momento debieron ser o bien un monasterio o un palacio, de momento no está claro la función del lugar. Comenzamos a pasear y de nuevo comenzó a lloviznar, de modo que terminamos bajo uno de los pocos árboles que hay arriba junto a otros 6 turistas y es que no cabía ni uno más. Desde ese lugar pudimos contemplar desde lo alto de la roca de Sigiriya los jardines por los que hacia unas horas habíamos pasado y al girarnos las ruinas que habíamos subido a ver. En ese momento tuve una sensación de que aquello me recordaba a otro lugar, y enseguida supe a cual: Machu Picchu. Cierto que faltaban las montañas peruanas, pero la forma del lugar, las ruinas y la disposición me parecieron similares. Alguno estará pensando que estoy loca, pero yo os cuento lo que yo vivo y siento…

Sigiriya
Subimos y bajamos todas las escaleras que nos fueron llevando a cada rincón del recinto arqueológico antes de emprender de nuevo la bajada hacia las garras del león y luego directos hacia los jardines para dejar Sigiriya. Habíamos pasado un buen número de horas allí arriba, según todas las recomendaciones lo mejor es ir temprano, pero después de haber llegado a una buena hora para evitar el calor nosotros comentamos que seguramente calor hubiéramos pasado en cualquier momento, pero al menos hubiera habido menos gente pululando por cada lugar de la roca.

Sigiriya

Para ir al coche tuvimos que ir a un parking distinto al que vimos por la mañana, y para acceder al él hay que atravesar un recinto con algunas tiendas en general poco o nada atractivas, pero al menos en algunas venden agua y algunos refrescos que no vienen nada mal después del calor que habíamos pasado en algunos momentos de la visita a Sigiriya.

Cuando miramos la hora vemos que se ha hecho más tarde de lo que habíamos pensado, así que en lugar de ir al hotel a descansar un rato le decimos al conductor que preferimos ir a Minneriya. Nos da el ok y vamos hasta Habarana, el lugar en el que contrataremos el jeep para el safari. Bajamos en una agencia (realmente una cabaña con una mesa de oficina y algunas fotos de elefantes) y contamos que queremos ir a Minneriya. Para nuestra sorpresa nos dice que no es buena idea porque los elefantes no están en Minneriya ya que es época de lluvia y se mueven hasta Hurulo Echo Park. A mi me suena raro, cierto es que había leído que marzo no es la mejor época para visitar el parque nacional que yo tenía en mente… pero es que del que me hablaba no sabía ni de su existencia. El dueño de la agencia me asegura que en Echo Park hay elefantes, pero que el me contrata el jeep para donde yo quiera. Finalmente damos ok a lo que propone, y pagamos el jeep para tres horas más las entradas. La verdad es que me pareció muy caro, nos cobró 10400 rupias cuando por seis horas en Yala íbamos a pagar 11500 rupias, y aunque intenté regatear no hubo forma. Más tarde me di cuenta que debía haber pagado solamente el jeep y comprar en el parque las entradas, pues según su información de los precios debí pagar 600 rupias de más (seguramente la comisión de nuestro encantador chofer).

Sigiriya

Subimos al jeep y a poca distancia paramos para recoger las entradas al parque y dejar que un acompañante del parque subiera con nosotros en la parte trasera, y todos juntos seguimos hacia el parque. Justo al entrar empezó a llover muchísimo pero de esa forma calmada de cuando no hay aire y es un placer escuchar caer el agua. Tuvimos que dejar tapado el jeep y empezar a buscar elefantes bajo la lluvia. Enseguida tuvimos suerte y a poca distancia de nosotros distinguimos entre la maleta un grupo de paquidermos formado por machos, hembras y algún bebé.
Pasamos muchos minutos contemplando a los elefantes y escuchando sus sonidos mezclados con el de la lluvia. No estaban tan cerca como me hubiera gustado, así que tocaba seguir buscando más animales a la vez que dejaba de llover y podíamos abrir la parte trasera del jeep para continuar el safari en pie disfrutando de unas vistas de 360º.

Sigiriya

No muy lejos paramos de nuevo ante otros elefantes, solamente tres, pero mucho más cerca de nosotros.

Regresamos sobre nuestras rodadas para acercarnos a otra zona del parque donde vimos más elefantes pero esta vez dos hembras y una cría aunque demasiado ocultos entre la maleza. Por suerte no comenzó a llover por lo que pudimos ver y escuchar algunos pájaros.
Pasado el tiempo pagado regresamos a la carretera para volver a Habarana, y de camino vimos otros elefantes muy cerca de la calzada. Sin duda los elefantes estaban en Echo Park.

Sigiriya

Aún quedaba un rato de luz, y yo tenía el capricho de bañarme en la piscina del hotel con vistas a Sigiriya, así que hacia allá nos fuimos y me di el gusto de nadar observando a lo lejos la roca que habíamos visitado esa mañana. Un placer que no se tiene todos los días.

Al regresar a la habitación comprobe el correo y vi que Chami me había escrito diciendo que no había venido a por nosotros porque estaba enfermo. Le dije que lo entendía pero no comprendía la razón por la que nadie me había avisado del cambio y el conductor no había sido capaz de explicar mi error cada vez que le llamaba Chami. Y le insté a vernos en el hotel de Kandy dos días después ya que quería pagarle a él y no al chofer.

Una ducha y ya siendo de noche salimos a buscar un tuk tuk para cenar en un restaurante que habíamos visto esa mañana, la verdad es que estaba lejos, pero nos apetecía salir del hotel y variar un poco. Enseguida encontramos transporte con el que acordamos que nos llevaba, nos espera y luego nos llevaba de regreso al hotel.

Cuando llegamos al restaurante, de nombre Acme, que pertenecía, como no, a un hotel, tan solo había una mesa ocupada por una familia francesa. Nos trajeron la carta y después de mucho pensar elegimos el plato especial de noodles para uno y de arroz para otro. Junto con un par de cervezas. Cuando llegaron los platos nos parecieron de lo más completos, y yo si me descuido no soy capaz de terminarlo.

Sigiriya

De vuelta al hotel tenía respuesta de Chami: seguía enfermo y no podía ir a verme. Le volví a escribir para decirle que estaba dos días en Kandy, que podíamos vernos en cualquier momento durante ese tiempo. Y me fui a la cama pendiente de su respuesta. Pero mañana sería otro día y había llegado el momento de dormir.

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Puerto Rico

Puerto Rico, la isla del encanto

por Cristina 30/06/2016
Puerto Rico

Parece que Puerto Rico se ha empeñado en cruzarse en mi camino y convencerme para que vaya a conocer los tesoros que encierra su territorio a orillas del Caribe. Primero fue mi amiga Laura, una puertorriqueña afincada en Chicago la que me descubrió la infinidad de actividades de las que se puede disfrutarse en su país. Más tarde, una compañera de trabajo me habló maravillas de la semana que había pasado recorriendo la isla. Y pocos días después me encontré rodeada de colegas bloggers en Pangea The Travel Store, la tienda de viajes más grande del mundo, y es que en sus 1.500 metros cuadrados se pueden encontrar viajes a todos los rincones del planeta, una cafetería donde sentarse con los amigos a preparar la siguiente escapada, dos auditorios donde desarrollan una intensa agenda cultural gratuita con una programación permanente de actividades y eventos (exposiciones de fotos, charlas de viajes, catas de vinos, presentación de un libro…) y una tienda donde adquirir gran selección de artículos que todo viajero pueda necesitar: guías Lonely Planet, libros de viajes, maletas, cámaras GoPro, merchandising de la marca PANGEA,…

Pangea Travel Store

El motivo de esta reunión informal de la que os hablo era, en primer lugar, darnos a conocer Puerto Rico, la isla del Encanto. Para muchos, el nombre de este país les traerá a la cabeza poco más que playas y la imagen de famosos puertorriqueños como Ricky Martin o Jennifer López (ojo, que esta mujer que canta, baila y actúa realmente nació en el Bronx, aunque de padres de Puerto Rico). Pues ¡¡sorpresa!! Puerto Rico es mucho más. En sus 9.104 km2 este país encierra ciudades coloniales, bosques tropicales, bahías de aguas bioluminiscentes y sí, playas. Impresionantes playas. Más de 400 kilometros de playas paradisíacas. Arena blanca, mar azul… (anda, como la canción de Romina y Albano). Además las actividades que ofrece Puerto Rico a quienes visitan el país son de los más variado, desde buceo o surf en las playas, a clases de salsa, degustación de su sabrosa gastronomía o jornadas de compras en las mejores tiendas.

Puerto Rico

Si yo pasara una semana allí, ¿cómo sería mi viaje a Puerto Rico a la vista de todo lo que nos contaron?

  • Seguramente buscaría un hotel cerca del mar, nada de todo incluido, en Puerto Rico no quieren que los viajeros se queden todo el día encerrados en un complejo hotelero sin descubrir su país. Prefieren que salgan en busca de la historia y el patrimonio de la isla.
  • Alquilaría un coche, las carreteras puertorriqueñas son buenas y siendo el país pequeño seguro que es fácil y cómodo recorrerlo en un vehículo propio.
  • Me perdería por las calles adoquinadas con casas de colores de San Juan de Puerto Rico hasta llega al Castillo del Morro con sus anchas murallas en seis niveles. Seguramente haría la visita de la ciudad en sábado para poder conocer el mercado agrícola natural que tiene lugar ese día dentro del Museo de San Juan.
  • El bosque tropical de Yunque estaría en la lista de visitas imprescindibles en ese viaje pues se trata de un lugar con una gran biodiversidad donde conocer la flora y fauna autóctonas de Puerto Rico (seguramente me cruzaría con alguna rana coquí, llamada así porque su croar suena de ese modo: co-quí). Intentaría ir hasta allí en un día claro para disfrutar de espectaculares vistas de la isla, el Mar Caribe y el Océano Atlántico y desde allí ir a la playa de Luquillo para almorzar o picotear frituras, pescado frito, mariscos, dulces caseros, agua de coco frío, etc. Huuum, se me hace la boca agua solamente al pensarlo.
  • Con el surf no me atrevería (¿habrá tiburones por esos mares?) pero lo que no perdonaría sería lanzarme en la tirolina más grande del mundo. Está en Orocovis  y su recorrido tiene nada menos que 2,5 kilómetros y durante él se alcanzan hasta 150 kms por hora. ¡¡¡No me lo pierdo!!!
  • Para pasar de ver la tierra desde las alturas a verla por dentro iría a las Cavernas del río Camuy con sus túneles subterráneos y que según dicen no tienen nada que envidiar a otras cuevas más conocidas mundialmente.
  • Una de las cosas que más me llaman la atención son las bahías luminiscentes, sin duda un lugar con cierta magia que habría que visitar durante una noche preferiblemente sin luna llena y de ese modo apreciar el efecto en todo su esplendor. El efecto de la fotoluminiscencia lo producen microorganismos que viven en el agua, y  aunque esto ocurre en determinados lugares que tienen aguas cálidas, solamente en Puerto Rico se puede ver todos los días.
  • Y hablando de más cosas que baten records en Puerto Rico, no podría faltar una visita el Observatorio de Arecibo donde está radiotelescopio más grande del mundo. Ha aparecido en varias películas de Hollywood y forma parte del Registro Nacional de Lugares Históricos de Puerto Rico.
  • Por supuesto visitaría alguna playa para disfrutar de sol de Caribe. Puede que fuera Piñones para bañarme en las pozas que el agua del mar deja entre las rocas, pero no dejaría de conocer Playa Flamenco, localizada en la pequeña isla Culebra y recientemente nombrada por una prestigiosa publicación como una de las mejores treinta islas secretas del mundo por su belleza natural.
  • Con mi afición a la fotografía seguro que pasaría el día retratando gentes y lugares, siempre a la búsqueda de algún flamboyan florecido (es el árbol nacional de Puerto Rico) para llenar de color esas imágenes.
  • ¿Sabéis donde nació la Piña colada? En Puerto Rico, en el restaurante Barrachina, de modo que antes de cenar en algún restaurante del barrio de Condado, pasaría por allí para tomar ese cóctel famoso en el mundo entero y acabaría la noche bailando salsa en La Factoría.

Puerto Rico

¿A que el plan suena fantástico? Y es que Puerto Rico, la isla del Encanto, ofrece infinidad de atractivos para ser competencia de otras islas vecinas y más conocidas del Caribe. Además, uno de los mejores rones del mundo se fabrica allí. ¿Qué no lo sabiáis? Bueno, yo tampoco, pero en la reunión de PANGEA, además de aprender mucho de Puerto Rico tuvimos también la presencia de  Álex Zambrano, Rum Ambassador para España de Ron Don Q. Él nos explicó los diferentes tipos de ron que produce la marca Don Q así como el modo de elaboración de cada uno de ellos, desde el Cristal al Añejo.

Y con uno de ellos nos preparó el “cóctel sin nombre“. ¿La razón de no haber sido bautizada esa bebida? Que los encargados de ponerle nombre somos nosotros, el grupo de bloggers allí reunidos. Cada uno presentará una opción, y la que más guste no solamente pasará a la posteridad dando nombre al cóctel, quien haya dado en el clavo y logrado el nombre más apropiado ¡¡¡se marchará una semana a Puerto Rico!!

Esto de dar nombre a una bebida puede parecer sencillo, pero para mi no lo es. Se me han pasado bastantes por la cabeza, pero unos me parecían simples, otros demasiado complejos y en algún caso he visto que algún colega se le ha ocurrido algo parecido. De modo que con la receta en la mano, he decidido preparar yo misma el cocktail a ver si me inspiro.

Puerto Rico la isla del Encanto

Y parece que ha surtido efecto. Después de mezclar todos los ingredientes, servirlos y probar el resultado, tengo nombre para este cóctel cuya base debía ser el Ron Añejo Don Q, pero que yo he sustituido por Don Q Gold (gracias por el regalo a las destilerías, sin él no hubiera sido sencillo hacer el cóctel, he ido en busca del zumo de Guayaba a varias grandes superficies y por curiosidad he buscado los rones de Don Q sin éxito). Creo que hay que promocionar este tesoro líquido de Puerto Rico. Y si no, mirad lo que dice mi amiga Laura:

“¿¿¿Que si lo conozco???Es el mejor ron de Puerto Rico. Lo que sucede es que la produccion es mas limitada que el de Bacardi, el cual es mas conocido y le hacen tremenda propaganda en EEUU. En Puerto Rico, los que saben de ron de calidad, toman Don Q. Lo destila Serralles, en Ponce.” (Laura Arteaga)

Después de las palabras de Laura, de haber vuelto a beber esa mezcla de tono anaranjado y de haberme cruzado con un árbol del que no tenía información, tengo que deciros que finalmente bautizo el cóctel como:Puerto RicoEste nombre es un homenaje al árbol nacional de Puerto Rico que llena de color el país, desde las calles de sus ciudades a los bosques tropicales y cuyas flores tienen un color rojizo que en determinados momentos es muy similar al del cóctel que hemos preparado . También y para dejar patente que es un cóctel con sabor tropical ¿qué mejor que mencionar el Caribe pero con un guiño hacia ese Ron Q que se utiliza en su elaboración?

Por último, y es que como soy muy curiosa he querido saber si de verdad el Ron Don Q es el ron de puertorriqueños. Esto es lo que he descubierto y sus recomendaciones en relación a los cócteles:

¿Cúal de los rones de Don Q es tu preferido y  para que cóctel te gusta utilizarlo?

  • Me gusta el Don Q Blanco. El sabor es mas liviano. Me encanta tomarlo con Coca- Cola….le llaman Cuba Libre. También me gusta con las piñas coladas, un cóctel típico de Puerto Rico. (Laura Arteaga)
  • Don Q Cristal (ron blanco) para confeccionar el famoso Cuba Libre (ron con Coca Cola y unas gotas de limon). Tambien me gusta para el ToronQ (Ron Don Q Cristal con zumo de toronja) (Ramón Arteaga)
  • Don Q cristal – mezclado con coca cola , jugo de naranja (Rafael E Laboy Jr)
  • Don Q limon con el hielo (Gladys Escalante)
  • Prefiero el Ron DonQ Coco para el coquito y para cocinar.(Carmen Arteaga)
  • Don Q Cristal para “Frozen daiquiri” y en “Mojito”(Irma Vázquez)

¿Qué local (hotel, restaurante, sala de fiestas) recomiendas para tomar la mejor piña colada de Puerto Rico?

  • El Restaurante Santaella. Restaurante de comida puertorriquena “gourmet” que esta muy de moda en la isla. Esta localizado en Santurce, cerca de la Plaza del Mercado. El chef y dueño es mi primo hermano, Jose Santaella. (Laura Arteaga)
  • El Hotel Caribe Hilton, donde esta bebida nació. (Ramón Arteaga)
  • La gran mayoria de hoteles preparan deliciosas pinas coladas , en El Viejo San Juan Restaurant & Bar La Barrachina donde se dice se origino la bebida. (Rafael E Laboy Jr)
  • No sé, siempre lo preparamos en casa si lo vamos a beber, aunque las pocas veces que lo he bebido en restaurantes me ha gustado, no podría definir uno en particular (Carmen Arteaga)
  • Caribe Hilton (Irma Vázquez)

Ahora solamente queda soñar con ese la isla del Encanto, paraíso caribeño y con poder visitarlo. Puerto Rico, la isla del Encanto, me espera.

Si queréis conocer todos los nombres que se le dan a este cóctel los podéis ver aquí #PangeaMeLlevaaPuertoRico

Gracias por todo a Pangea, Ron D Q y la Oficina de Turismo de Puerto Rico
Imágenes:
Pangea, Turismo de Puerto Rico, Kris por el mundo, Amy M y Rosi Martínez-Beuchamp (vía Facebook)
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AsiaSri Lanka

Las damas de Sigiriya

por Cristina 27/06/2016
Las Damas de Sigiriya

Empezaba un nuevo día en Sri Lanka, el de nuestra visita a Sigiriya. Este lugar era uno de los pocos que yo conocía de este país antes de comenzar a preparar el viaje, por ello sin duda era uno de los momentos más esperados. Aún a fecha de hoy no está claro si la famosa y peculiar roca fue un palacio o un monasterio, pero de un modo u otro es igual de bella e impactante. Jardines, estanques o ruinas son algunas de las cosas que el viajero puede ver durante el tiempo que pase conociendo el lugar. Pero de entre todo ello yo tenía especial interés en contemplar a las Damas de Sigiriya de cerca.

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: el momento mágico de la subida a Pidurangala

por Cristina 26/06/2016
Pidurangala

11 de Marzo – Conociendo Aukana, Ritigala y Pidurangala

Abandonamos temprano Anuradhapura, nos marchamos hacia el sur con destino a Sigiriya, pero antes tenemos que hacer unas paradas para ver cara a cara al Buda de Aukana, pasear por la ruinas de Ritigala y subir a Pidurangala.
Después de desayunar y liquidar la cuenta del hotel, subimos al coche y volvemos a esas carreteras que nos siguen sorprendiendo por el buen estado en el que se encuentran. Son anchas y bien señalizadas… Lástima que conducen como conducen, es decir, tirando a mal (o lo que al menos nosotros pensamos que no es buena forma de ir al volante). También nos llama mucho la atención como se parecen todos los lugares por los que pasamos. Si son ciudades más grandes tienen el mismo tipo de edificios y tiendas; si son más pequeños enseguida vemos el templo budista y a veces una mezquita o templo hindú. Y de fondo siempre el color verde.
Poco antes de llegar a nuestro primer destino, el Buda de Aukana, tomamos una desviación de esa genial carretera por la que íbamos hasta ese momento y empezamos a viajar por una que aunque no es un horror nada tiene que ver con la anterior. El camino es bonito, a un lado se ve un inmenso lago al nivel de la carretera, y al otro, a un nivel inferior un bosque de cocoteros. Entretenidos con las vistas, cuando nos quisimos dar cuenta ya habíamos llegado. Nos bajamos del coche y lo primero que notamos fue el calor húmedo al que ya nos estábamos acostumbrando. Dejamos el coche y subimos una cuesta hasta las taquillas donde pagamos 750 rupias que al ver lo que había dentro se me clavaron en el alma. Nos quitamos los zapatos y tras caminar un poquito allí estaba. El horror. Una viajera me mandó una foto que no hacía imaginar que lo que me iba a encontrar fuera un lugar lleno de andamios tras los cuales se ocultaba el Buda. Antes de entrar me parecía un precio justo el que me cobraron por ver la mayor y mejor escultura de Buda de Sri Lanka, pero una vez dentro pasó a parecer un robo y así lo hice saber aunque evidentemente a ellos les daba igual. Cierto que la escultura la ves, pero sin perspectiva de ningún tipo, peor que ver una foto…. Así que os recomiendo que si lo tenéis en mente, antes de ir os aseguréis de que ya nada tapa esta fabulosa escultura, pues entre el precio y el desvío que hay que hacer la cosas es como para pensarla.

Pidurangala

Volvimos al coche bastante mosqueados, pero menos mal que enseguida se nos pasó al pensar que quedaba mucho día para que las cosas mejoraran. Así que vamos, rumbo a Ritigala, una montaña en la que íbamos a visitar los restos budistas de un monasterio, un lugar a medio camino entre Anuradhapura y Sigiriya al que no van muchos viajeros.

El conductor iba un poco perdido, tanto que se equivocó de camino y casi nos manda andando por un lugar que no era. Menos mal que lo debió de ver tan mal como nosotros y regreso a la carretera principal donde uno metros más allá encontramos varios tuk tuk. Ellos nos dijeron que la subida al monasterio era allí, pero que el coche no podría llegar por el estado de la carretera y que la distancia era de casi tres kilómetros. Así que la única forma era utilizar un tuk tuk que directamente nos dijo que el precio era 1000 rupias, algo que a mi me pareció exagerado. Y ni regateo ni nada. Si quieres subes y si no te vas andando. Al menos nos aseguró que ya no se paga entrada por visitar las ruinas, una cosa por la otra.

Dejamos nuestro cómodo y fresco coche para subir a nuestro transporte y llegar a las ruinas. Allí la vegetación era mucho más densa y la humedad mayor. Mucho calor, creo que donde más hemos pasado en Sri Lanka. Nuestra llegada coincidió con la de un colegio con montones de niños, y mientras ellos se organizaban aceleramos un poco el paso para adelantarnos y poder visitar el lugar con más tranquilidad. Durante la visita cruzamos un río, seguimos un sendero de piedra, pasamos por lo que debieron ser la habitaciones y también por los baños. Lo más curioso, un urinario en el suelo tallado y hasta con dos pies indicando donde debían poner los monjes los suyos.

PidurangalaFinalizada la visita fuimos a por nuestro tuk tuk y pillamos a conductor en plena siesta. Además es que hablamos en voz alta y ni se inmuto, estaba plácidamente dormido. A nosotros nos daba apuro despertarle (somos tontos, después de las 1000 rupias debía haber estado atento y hacernos hasta la ola al vernos llegar). Bajamos hasta el coche cuando ya empezaba a apretar de verdad el calor y cogimos carretera hacia nuestro siguiente campo base: Sigiriya

No tardamos mucho en llegar a la zona, pero antes de ir al hotel nos fuimos a visitar un lugar que iba a endulzar un día que había salido algo torcido. Se trataba de la roca de Pidurangala, un lugar poco visitado por turistas y que prometía regalarnos unas buenas vistas de Sigiriya.

Antes de subir a la roca le pedimos al conductor que nos parara para tomar una cerveza y así lo hicimos. Un rato de relax para comentar como estaba pasando el día y la expectación ante la siguiente visita. Cuando nos sentamos con nuestra cerveza, me daba apuro no ofrecer nada a Chami, así que le pregunté y me dijo que le apetecía una Coca-cola. Se la pedí… y aún estoy esperando un gracias o una sonrisa de agradecimiento.

Pidurangala

Llegamos a Pidurangala pasadas las tres de la tarde, hacía calor pero teníamos que empezar a subir si no queríamos que oscureciera, y como no sabíamos el tiempo que iba a llevar al visita, lo mejor era ponerse a ello cuanto antes. Yo había leído en el blog de Viajeros Callejeros que Chami, el conductor, les había acompañado en esta roca, y claro, yo le pregunté al conductor si lo recordaba ¡¡¡y me dijo que era la primera que iba a ese lugar!!! De repente no entendía nada, y apunté mentalmente hablar con Vanessa para que me dijera que podía estar pasando.

Pidurangala

Volviendo a la roca, lo primero que hicimos fue pagar la entrada y atravesar el templo budista de la base de la roca para comenzar el ascenso, primero por escaleras hasta una explanada en la que un gran Buda tumbado descansa bajo una roca. Las vistas desde ese punto ya empezaban a ser preciosas, todo verde y frondoso a nuestros pies. Nosotros emocionados con nuestro palo de selfie estábamos empeñados en tener un montón de fotos juntos, cosa que nunca puede ser…. pero el palo salió malo y fue aquí donde dijo que no quería funcionar. Se comenzó a girar, a no abrir…. aguantamos con él como pudimos, porque el propósito era firme.

Pidurangala

El camino por Pidurangala seguía ascendiendo desde este punto, pero la cosa si iba complicando más y más. Nada de escaleras, rocas de diferentes tamaños por las que subir, no había un camino concreto que pareciese el correcto… pero sabíamos que había que llegar a lo más alto, así que como íbamos pudiendo subimos y subimos. El último tramo de ascenso  nos hizo incluso dudar de estar en el lugar correcto debido al enorme tamaño de las piedras que había que trepar, pero valoramos el mejor modo de hacerlo y enseguida estábamos arriba, solos con Sigiriya ante nuestros ojos.
Sin duda fue uno de los momentos más emocionantes del viaje. Yo, que soy muy tonta, no pude evitar ponerme a llorar, pero de alegría, claro. Sigiriya fue uno de los motivos que me hizo empezar a organizar este viaje, y ahora estaba allí, a pocas horas de vivirla.

Pidurangala, Sri Lanka

Nos sentamos en lo alto de Pidurangala a disfrutar ese momento y a recuperarnos de la subidita. Todo lo que no había salido bien durante el día quedó borrado. Ese lugar y esos instantes eran nuestro regalo. Pero la paz duro poco, pues de repente empezó a llegar gente, primero una pareja, luego unos amigos y más tarde un pequeño grupo. Todos llegaban agotados y quedaban maravillados al ver cual era la recompensa al esfuerzo.

Pidurangala

Decidimos seguir investigando por la gran roca y durante el paseo por la parte más alta de Pidurangala disfrutamos de otras vistas de la roca más famosa de Sri Lanka y del fantástico paisaje de la isla. Lo pasamos en grande sin hacer nada especial, solamente estar allí.

Pidurangala

Llegó el momento de bajar y de nuevo hubo que hacer un estudio para buscar las rocas por las que nos resultará más sencillo descender desde lo alto de colina. Eso fue la parte fácil. Porque la difícil vino cuando nos confundimos en el camino de descenso. No sabemos como pero empezamos a bajar por un lugar que llegado un punto no dejaba seguir avanzando. Y todo fue por seguir a otros chicos que bajaban delante de nosotros. No sabemos aún como consiguieron llegar abajo por ese camino, o si siguen perdidos entre la vegetación, pero nosotros probamos varias rutas y era imposible por todas. Al final dimos la vuelta y conseguimos encontrar la ruta adecuada para bajar desde lo alto de Pidurangala, pero no antes de 20 minutos de idas y venidas.

Agotados y acalorados llegamos al coche dispuestos ya a llegar al hotel (Aliya Resort). Mejor dicho, al hotelazo, porque de verdad que lo era. Según Arturo demasiado moderno, pero a mi me gustó todo, desde la amplísima recepción hasta la piscina con vista a las rocas de Sigiriya y Pidurangala, pasando por los jardines o la decoración. Después del check-in y de un delicioso zumo de mango, nos fuimos a la habitación a soltar las bolsas y darnos una ducha que nos habíamos ganado pero bien.

Pidurangala

Cuando conseguimos estar presentables ya era completamente de noche y si algo malo tenía este hotel es que no había nada cerca para poder salir a cenar. Además se sumaba la paliza de coche durante el día, de modo que nos quedamos a cenar en el hotel aunque era lo más alejado del lugar donde yo hubiera querido estar, ya que había mucha gente, y al ser tipo buffet siempre había personas de acá para allá. Pero bueno, cenamos rico y variado, además de estar a pocos metros de una cama que resultó ser no solo grande sino también comodísima.

Antes de acostarme tenía que hacer una cosa, y era escribir a Vanessa de Viajeros callejeros y mandarla una foto del conductor para saber si realmente era la misma persona que ella me había recomendado. Y en cuanto la mandé una foto me dijo que no era la misma persona… así que ya nos empezaron a cuadrar muchas cosas. Hablé con Arturo y decidimos que al día siguiente íbamos a escribir un mail a Chami para que nos contara que había pasado y cual era el problema para que no hubiera venido él que era lo acordado.

Con una duda aclarada nos fuimos a la cama con algún picotazo de mosquito en las piernas tras pasar un rato de charla en la terraza de la habitación.

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India

El Taj Mahal, la tumba más hermosa del mundo

por Cristina 25/06/2016
La tumba más hermosa del mundo

Como una novia blanca y radiante el Taj Mahal deja sin habla a cualquiera que se acerque  hasta él. Bello, magnífico, único…. Lo que podría ser un precioso palacio con vistas al río Yamuna no es otra cosa que una tumba, eso si, la tumba más hermosa del mundo. Construida en mármol blanco su tono cambia del azulado al dorado dependiendo del sol, las nubes y la hora del día.

Probablemente uno pase solamente una vez en la vida por ese lugar que es el símbolo de la India y el mayor reclamo arquitectónico del país, leerá en guías y foros que la mejor hora para encontrarse con el Taj Mahal es esta o aquella, que vaya vestido de un modo u otro, que se contrate un guía o no. Sin duda cada viajero es un mundo y querrá exprimir su “momento Taj” para convertirlo en ese recuerdo único con el que tantos viajeros regresamos de India.

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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