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AsiaIndia

Monumentos de la India: 10 imprescindibles

por Cristina 18/08/2016
que ver en rajastán, Monumentos de India

De norte a sur India cuenta con cientos de lugares que uno quisiera visitar, pero dado el tamaño del país raro será que alguien pueda conocerlos todos. Yo he viajado cuatro veces al subcontinente indio y he conocido ciudades abandonadas, magníficas tumbas, templos impresionantes, palacios de cuento de hadas,….  Conociendo un buen número de lugares he creado esta lista con los que para mi son los más destacados monumentos de la India, algunos de ellos la mayoría de vosotros los habéis visto en fotos o documentales, pero de otros es posible que no hayáis oído ni hablar. Así que tomad nota para no pasarlos por alto si en vuestra mente está visitar India en algún momento.

Monumentos de la India

Taj Mahal – Agra (Uttar Pradesh)

Sin duda se trata de la tumba más famosa del mundo y el más destacado de los monumentos de India. Construida por el emperador Sha Jahan para su esposa, cuenta una “leyenda” que su intención era construir una réplica al otro lado del río Yamuna como sepultura para el mismo, pero su hijo Aurangazeb le arrebató el poder y le encerró en el fuerte rojo de Agra, dejando al mundo si una segunda y majestuosa tumba a orillas del Yamuna. A su muerte, Sha Jahan fue enterrado junto a su esposa, siendo la tumba del emperador el único elemento asimétrico en el recinto del Taj Mahal.

La tumba más hermosa del mundo

 Fuerte Mehrangarh –  Jodhpur (Rajastán)

Desde el exterior Mehrangarh se ve como una fortaleza dominando la ciudad azul, pero una vez dentro patios, celosías y salones dejan boquiabierto al visitante por su majestuosidad y profusa decoración palaciega.

Monumentos de la India

Templo de Meenakshi Amman –  Madurai (Tamil Nadu)

Se trata de uno de los más famosos y visitados templos de Tamil Nadu. Sus altos gopuram están llenos de esculturas pintadas de alegres colores   y dan acceso al patio que rodea el templo y en el que los fieles acuden son ofrendas o para que los sacerdotes les bendigan en alguna ocasión señalada.

Monumentos de la India

Templos de Khajuraho (Madhya Pradesh)

Conocidos por su esculturas eróticas que sobrevivieron a la destrucción mogol, este conjunto de templos hundúes es el mayor de India y forma parte del Patrimonio de la Humanidad.

Monumentos de la India

City Palace – Udaipur (Rajastán)

Un palacio de cuento de hadas a la orilla de un lago donde sus dos islas albergan más palacios. Con jardines incluso en los pisos más altos este palacio muestra la suntuosa vida de los maharajas en este conjunto de palacios que es el más grande de Rajastán y uno de los más destacados monumentos de la India.

Monumentos de la India

Tumba de Humayun –  Delhi

En el corazón de Delhi este es uno de los monumentos de la India más visitados en la capital del país. Precursora del Taj Mahal, la tumba está ubicada en el centro de un típico jardín persa y en ella está enterrado el segundo emperador mogol.

Monumentos de la India

Palacio de los vientos –  Jaipur (Rajastán)

El Palacio de los Vientos no es más que una fachada que daba la posibilidad a la mujeres que vivían recluidas en la zenana de observar lo que pasaba en las calles de la ciudad sin ser vistas. Fácilmente reconocible por su tono rosado, este palacio es el símbolo de Jaipur y aparece como icono de Rajastán en muchos folletos de viajes.

Monumentos de la India

Fuerte rojo – Agra (Uttar Pradesh)

La otra visita fundamental en Agra. Jardines, miradores, la zenana o incluso una mezquita de mármol se esconden detrás de los rojos muros de este lugar construido junto al río Yamuna y desde el que se puede observar el Taj Mahal.

Monumentos de la India

Palacio de Mysore (Karnataka)

Este palacio aún está habitado hoy en día aunque el visitante puede recorrer descalzo parte de las espectaculares estancias de este lugar que mezcla el gusto occidental y oriental. Además se pueden recorrer sus jardines y disfrutar los fines de semana del encendido de las bombillas que convierte el palacio en un lugar mágico.

Qué ver en la India

Templo Sri Ranganathaswamy –  Trichy (Tamil Nadu)

Es el templo más grande de India y uno de los mayores del mundo. Sus muros acogen dentro tiendas, casas de reposo para el peregrino, santuarios… No hay que dejar de subir a su tejado para observar desde lo alto los gopuram y vimanas y de uno de más impresionantes monumentos de la India.

Monumentos de la India

Templo de Ranakpur – Rajastán

Perdido en mitad de la nada en un remoto y profundo valle este templo jainí de mármol blanco deja sorprendido al visitante con ese bosque de bellas columnas talladas que hacen del lugar uno de los más bellos y delicados monumentos de la India.

Monumentos de la India

Si conoces India, ¿nos cuentas cuál de sus monumentos crees que debería estar en esta lista?

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Corea del Sur

Qué ver en Busan: 8 lugares increibles

por Cristina 17/08/2016
Busan

Hasta que me puse a organizar nuestro viaje por Corea del Sur no me había oído el nombre de esta ciudad ni sabía nada sobre los lugares que ver en Busan. Descubrí entre otras cosas que Busan es la ciudad con el mayor puerto del país, que su población de casi tres millones y medio de personas y que una de sus playas se cuenta entre las más atractivas de Corea del Sur. Aún así, dudé durante bastante tiempo sobre si incluir este lugar en nuestra ruta o no, tenía que cuadrar muchas cosas y sobre todo tener en cuenta que atractivos me ofrecía Busan para ser merecedora de pasar al menos un par de días en ella.

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Indonesia

Isla de Java: 5 lugares que no te puedes perder

por Cristina 15/08/2016
Isla de Java

Muchos son los viajeros que van a Indonesia para conocer Bali, Lombok o Borneo. Pero un alto porcentaje olvida en su periplo la maravillosa isla de Java, un lugar muy diferente a su vecina y espiritual Bali, pero con lugares que sin duda podemos contar entre los más impresionantes del archipiélago indonesio e incluso de Asia.

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ExperienciasIndia

Gipsy woman, la mujer india que me sacó a bailar

por Cristina 11/08/2016
gipsy

Durante el último de mis viajes a Rajastán tuve un par de experiencias divertidas e inesperadas que difícilmente olvidaré. En ambas hay una mujer gitana relaciona, una gipsy de India, y es que los gitanos en Rajastán forman parte del paisaje, sobre todo las mujeres, a las que es muy fácil distinguir por la ropa y joyas que lucen. Un gipsy viste faldas, cholis, pañuelos, cientos de pulseras, anillos o pendientes, pero nunca la verás con un sarí.

Lo que ocurrió en ambas ocasiones fue que terminé bailando, allí, en India, con esa libertad que te da saber que nadie te conoce y que se haces el ridículo poco importa. Os cuento cómo pasó todo…

¿Os imagináis dormir en el palacio de un maharajá? Pues eso hicimos mis amigas y yo la noche que pasamos en Bikaner durante nuestro viaje por el norte de India. Y no contentas con alojarnos allí decidimos que era el lugar perfecto para la primera cena en condiciones que tendríamos la suerte de disfrutar en India. Así que tras un agotador día nos dimos una buena ducha y bajamos a cenar. Nos comentaron que la cena era buffet, a un lado para los occidentales con platos poco picantes y al otro para los indios con platos muy picantes. Cenamos y bebimos mientras en ese maravilloso patio un grupo de gitanos de la zona tocaban sus instrumentos mientras una joven gipsy bailaba al ritmo de la música. Una de las veces que me levante a llenar mi plato me quedé mirando y la chica se acercó a mi que estaba con una amiga y nos invitó a bailar con ella. Sin ninguna vergüenza nos unimos a esa gipsy y bailamos encantadas como nos pedía el cuerpo. Volvimos a nuestra mesa… y en pocos minutos vi que estaba rodeada del personal del hotel que me miraba ensimismado diciendo que había bailado muy bien. No fue suficiente eso cuando por detrás vi que TODOS los indios que había cenando allí en el restaurante se levantaban y en fila iban pasando a mi lado para darme la mano y felicitarme, me preguntaban de donde era, que si mi familia era india, me alababan por mi baile. Yo la verdad es que estaba entre encantada y cohibida… no entendía nada, ¿realmente había bailado tan bien?

gipsy

Unos días más tarde, una soleada mañana de noviembre mis amigas  y yo llegamos hasta el fascinante Mehrangarh, el  fuerte de Jodhpur. Todas comenzamos el recorrido con nuestras audioguías colgadas al cuello, pendientes de no perder detalle de lo que el interior de aquellos muros nos iba ofreciendo. Desde  las vistas, los patios, las puertas o las manos sati todo llamaba la atención de cada una de nosotras. Poco a poco nos empezamos a separar y yo terminé sola con una de mis amigas, ambas recorriendo el fuerte a un ritmo más lento que el resto. Nos parábamos, charlábamos con la gente que trabajaba en el fuerte, hacíamos fotos, nos sentábamos a contemplar lo que ese lugar único nos ofrecía.
Así fuimos pasando por salones repletos de pinturas, de espejos y de algunos objetos que mostraban la forma de vida de los antiguos Mewares que habitaron esos palacios y estancias. Uno tras otro íbamos dejando atrás esos patios a los que se abren las celosías desde las que la mujeres podían ver lo que ocurría a sus pies. Y cuando llegamos al último patio allí había un grupo de gitanos bellamente ataviados, dispuestos a tocar los instrumentos que les acompañaban mientras cuatro bailarinas vestidas con amplias faldas decoradas con espejos y cintas de colores se disponían a bailar. A mi amiga y a mi nos encanta el baile, así que nos sentamos a disfrutar de lo que nos iban a ofrecer…. La música y el baile eran envolventes, mágicos, seductores… Estaba disfrutando de lo lindo cuando una de esas mujeres gipsy me miró fijamente, se acercó a mi y me invitó a bailar con ellas. Yo no salía de mi asombro, no estaba haciendo ningún gesto, nada. Sencillamente estaba sentada allí mirando con atención… y tres minutos después estaba en el centro del patio rodeada por aquellas gitanas y dispuesta a compartir “escenario” con ellas. Pensé “déjate llevar y baila”. Eso hice, sentir la música, mover los brazos, las caderas, girar, vibrar al ritmo del sitar y los platillos que los hombre tocaban para nosotras. No se cuanto duró aquello, solo recuerdo que cuando la música paró estaba agotada, que las gitanas me rodearon para decirme que era una gran bailarina…. y lo siguiente fue estar sentada junto a amiga con una fila de indios delante de mi que no paraban de hacerme fotos, de preguntarme de donde era, de felicitarme porque bailaba tan bien como una mujer gipsy india. Yo estaba avergonzada, intentaba decir a todos que tenían que felicitar a las bailarinas, no a mi… pero ellas me miraban, me sonreían y aplaudían mi éxito.

gipsy
Siento no tener fotos de aquellos momentos, pero parece que a ninguna de mis amigas se las ocurrió sacar la cámara, aunque lo que de verdad importa es que tengo el recuerdo de un momento único que me hizo sentir un poco especial, un poco india, un poco gitana….

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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: descubriendo Nuwara Eliya

por Cristina 09/08/2016
que ver en Sri Lanka

17 de marzo – Nuwara Eliya

Nos hemos despertado bajo ese agradable y cómodo edredón y tras una ducha bien caliente para entonar el cuerpo hemos salido al comedor de la casa. Allí estaban las mesas listas, y de verdad que si alguien nos dice en ese momento que estamos en la campiña inglesa nos los habríamos creído, pues hasta la suave música clásica que sonaba de fondo parecía querer decir que estábamos lejos de Asia. Y el desayuno, bueno, que os voy a decir. Huevos, salchichas, bacon, zumo, té, pan, bollos…. Sin duda todo lo necesario para enfrentarnos a un día que empezó luminoso y fresco en Nuwara Eliya.

Nuwara Eliya
A la hora acordada el taxi con el que habíamos quedado para hacer un recorrido por las plantaciones estaba en la puerta del hotel y juntos nos fuimos en busca de unas mujeres que eran una de esas imágenes que no quería perderme en Sri Lanka: las tea pluckers. Ellas son las encargadas cada día de recorrer los campos para ir cortando con sus hábiles manos las mejores hojas de cada matorral para ir poniéndolas en esas bolsas que cuelgan de sus cabezas. Y la verdad es que no tardamos mucho en empezar a distinguir sus figuras. El taxista paró para que yo hiciera algunas fotos, y poco a poco me fui metiendo por los caminos que ladera arriba me llevaban hasta ellas, para charlar y hacerlas algunas fotos más.

Nuwara Eliya
Todas fueron encantadoras, me explicaron en que consistía su trabajo y como recolectar las mejores hojas. Eran madres trabajadoras que por pocos euros pasaban varias horas cada día en las plantaciones de alguna gran factoría que más tarde nos venderá ese delicioso té a altos precios. Pero como esto es un diario de viaje, no vamos a entrar en esas cosas… qué ya llegarán en otro momento. Así que sigamos con ellas, una de esas imágenes típicas de la pequeña isla de Indico. Después de un buen rato subiendo y bajando para acercarme a todas estas mujeres y no hacer el feo a ninguna de no retratarla, regresé al coche donde me esperaba Arturo desde hacía rato, pues aunque él subió para hacerme alguna foto a mi, aguantó menos caminando por los complicados caminos entre las plantas del té.

Nuwara Eliya
Continuamos camino hacia una de las factorías más conocidas de Nuwara Eliya: Mackwoods. En el camino la carretera nos llevaba a través de colinas teñidas de ese verde intenso del té, paramos en algunos puntos para hacer fotos y también en el lugar donde las tea pluckers acuden a pesar su carga. Todo muy rudimentario. No tardamos mucho en llegar a la fábrica del té, donde nos dijeron que la visita era guiada y gratuita, que la haríamos con un grupo alemán y que podían hablarnos en italiano pues la persona que hablaba español estaba ocupada. Así que nada, entramos al lugar donde “se cuece” todo para descubrir como se seleccionan las hojas, se tuestan y se envasan para ser exportadas a todo el mundo. Aunque todo estaba parado había algo que seguro permanece siempre allí: el intenso olor a té. La última sala de la visita nos ayudó a entender como diferenciar las diferentes calidades de esta deliciosa bebida. Nos indicaron que a continuación podíamos acudir a la cafetería donde se nos iba a invitar a una taza del mejor té cingalés, así que tras dar una propina a la guía dirigimos nuestros pasos hacía la terraza con fantásticas vistas donde no tardaron en traernos un servicio de té al más puro estilo británico, tetera de porcelana incluida.

Nuwara Eliya
Cuando nos bebimos el té tocaba regresar al coche para volver hacia Nuwara Eliya atravesando de nuevo los campos de té. La verdad es que tampoco había mucho más que ver en ese aspecto: vista una factoría, a las tea pluckers y los campos parecía que el lugar había dado de si todo lo que podía. Aún así le pedí al conductor que nos parase en un par de lugares más y de nuevo me metí por los caminos para acercarme a otro grupo de trabajadoras, aunque esta vez una arroyo más grande de lo esperado me impidió llegar hasta donde estaban ellas.

Nuwara Eliya
Poco más de tres horas después de nuestra salida del hotel, estábamos de nuevo en él. Pagamos al conductor y fuimos a la habitación a por la Lonely Planet para salir a dar una vuelta por la ciudad. Éramos conscientes de que el mayor atractivo de Nuwara Eliya son sus alrededores, pero aún así nos apetecía conocer un poco lo que la pequeña ciudad ofrecía. Le preguntamos a Mikel, el “mayordomo” del hotel el camino más corto para llegar a la iglesia pues yo estaba un poco despistada y no terminaba de ubicarme correctamente en el mapa. Con las indicaciones de Mikel, salimos del hotel notando un intenso calor en un camino en el que no había una sola sombra. Tardamos apenas diez minutos en estar frente a la iglesia a la que rodea un cementerio de buenas dimensiones. No tuvimos problema en acceder al recinto donde nos recibieron un montón de sepulturas de los antiguos colonos que residieron y murieron en la ciudad. Al igual que en el cementerio de Kandy nos llamó de nuevo la atención lo jóvenes que morían en aquella época.

Nuwara Eliya
Lo que no pudimos ver fue el interior de la iglesia, pues tiene unos horarios de apertura muy concretos y quedaban horas para que fuera posible entrar. Así que con bastante calor nos fuimos hacia el centro de Nuwara Eliya, a la zona del mercado, donde encontramos una ciudad que poco tenía que ver con la bonita zona de las casas coloniales que habíamos conocido el día anterior. Aquí encontramos el mercado, paseamos entre bancos y tiendas y aprovechamos para tomarnos una cerveza que mitigara un poco el calor. Lo hicimos en un lugar llamado de Lion Pub en cuyo interior había un montón de hombres comiendo, bebiendo y viendo en la televisión uno de los partidos del mundial de críquet que estaba teniendo lugar en esas fechas. Nos sentamos en una de las mesas libres y pedimos la que fue la cerveza más barata que tomamos en un bar durante todo el viaje: 225 rupias la botella, casi el precio de la tiendas.
Al salir de allí decidimos regresar un rato al hotel para leer y descansar en el jardín, y para hacerlo intentamos cruzar el Victoria Park, lo cual nos ahorraba un buen paseo. Como el día anterior no nos cortaron la entrada, yo intenté volver a entrar con esas entradas, pero no hubo modo. Parece ser que cada día cambian el diseño de la entrada y el mio era distinto al que correspondía a ese día. Y como no parecían muy dispuestos a dejarnos pasar decidimos evitar el rato de explicaciones al respecto, así que nos fuimos rodeando el parque de Nuwara Eliya hasta nuestro coqueto alojamiento pasando por algunos puestos de venta de lotería, un juego al que son muy aficionados los cingaleses , y junto a un templo budista con una blanca dagoda.

A media tarde el sol fue desapareciendo tras las nubes y nosotros emprendimos camino para subir a Single Tree, un solitario árbol en lo alto de una colina rodeada de campos de té en la zona de las casas coloniales. Así que salimos paseando hacia el camino que habíamos hecho el día anterior y vimos de nuevo las bonitas casas coloniales antes de desviarnos en una de las calles que según indicaba el mapa de nuestra guía sería la que nos llevaría hasta el árbol que buscábamos. Hubo un momento en el que nos despistamos y no teníamos nada claro por donde seguir ya que la carretera terminaba en una casa y no parecía que hubiera salida. Gracias a una señora descubrimos que había un pequeño camino junto a la valla de una casa y que siguiendo por allí podríamos llegar a lo alto de la colina. La señora era amable, pero enseguida empezó a contar a Arturo sus penas consiguiendo que él la diera unas rupias. Visto está que el que no corre, vuela, pero la verdad es que gracias a ella pudimos subir hasta el árbol. Según íbamos subiendo colina arriba cada vez teníamos más calor. A pesar de que la temperatura era suave, el esfuerzo sumado a la ligera humedad del ambiente nos estaba haciendo sudar, y yo, inconsciente de mi, lo sé, me subí las mangas de la camisa y me la anudé para que me diera el aire fresco. Error y muy grave. Cuando llegamos junto al árbol corría una brisa que fue suficiente para conseguir en pocos segundos que cogiera frío y terminara con un resfriado que ya no conseguí quitarme de encima en todo el viaje. Aún así reconozco que el paseo fue chulo y las vistas desde arriba eran buenas, con el lago Gregory al fondo.

Nuwara Eliya

Era pronto para cenar y como yo me empecé a encontrar mal enseguida, decidimos volver a hotel para tomar un té calentito que me entonara el cuerpo y mientras decidir donde cenar esa noche. De modo que así lo hicimos pudiendo disfrutar de los últimos momentos de luz el día en el precioso y cuidado jardín del hotel.

Nuwera Eliya
Finalmente y con un paracetamol en el cuerpo salimos hacia el Grand Indian, el restaurante del Grand Hotel de Nuwara Eliya donde degustar comida india. Estaba tan lleno que durante un momento dudamos si quedarnos o no, pero yo estaba tan cansada que lo que menos me apetecía era ponerme otra vez a andar en busca de algún lugar para cenar que podríamos encontrar o no, así que aguantamos el tirón y finalmente cenamos allí bastante pero de lo que habíamos imaginado en vista de lo frecuentado del local. Entre sus clientes había muchas parejas de musulmanes, las mujeres cubiertas totalmente de negro, rostro incluido. Y claro, yo no podía dejar de mirar para intentar descubrir como harían ellas para poder comer y beber. Descubrí que era tan sencillo como levantar el velo de la cara un poco con una mano y con la otra llevar el cubierto a la boca. Todo sin que nadie las viera. Sin embargo en la mesa al lado de la nuestra había una pareja y ella se había descubierto el rostro aunque con el pañuelo de la cabeza se cubría todo lo que podía. Al ser yo la que estaba frente a ella se mostró tranquila, pero de repente vi como se volvía a cubrir y todo fue porque en la calle, delante de la ventana, se había parado un grupo de hombres… Yo pensaba todo el tiempo que para estar con esa movida del velo para arriba o para abajo o pendiente de quien me puede ver mejor me quedaba a cenar en mi casa, aunque sea pidiendo la comida para llevar en mi restaurante favorito.
Esta noche al volver al hotel teníamos claro que no queríamos regresar por ese camino oscuro como la noche anterior, así que con mucho gusto pagamos las 100 rupias que nos pidió el conductor del tuk tuk por dejarnos en la puerta del hotel donde dormimos como benditos nuestra última noche en Nuwara Eliya.

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ComprasCorea del Sur

Mercado de Jagalchi o dónde comprar pescado en Busan

por Cristina 08/08/2016
Jagalchi

No hay duda de que el mercado de Jagalchi es uno de los mayores reclamos turísticos de Busan. Los habitantes de la ciudad acuden a comprar pescado, los viajeros a asombrarse con la cantidad de productos del mar que hay en cada puesto. El mercado lo componen un gran edificio donde uno tras otro los vendedores exponen su pescado fresco en grandes peceras y cubos que constantemente reciben agua limpia.

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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