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Sri Lanka

Diario de viaje Sri Lanka: llegamos al Hill County

por Cristina 28/07/2016
que ver en Sri Lanka

16 de marzo – Viaje en tren hasta Hill County

Amanece un soleado en día en Kandy que poco tiene que ver con la lluvia de ayer noche. Es el día de nuestro primer viaje en tren por tierras cingalesas, nos vamos a las montañas, a la región del Hill County. Después del desayuno hacemos el check out y nos despedimos de Bárbara, deseando que mantenga por muchos años este genial alojamiento. A la hora acordada está el tuk tuk de todos los días en la puerta esperando para llevarnos a la estación. No sabemos si entraremos nosotros y el equipaje en ese minúsculo vehículo, pero el conductor debe estar acostumbrado porque enseguida estamos todos dentro.
Cuando llegamos a la estación hay ya mucha gente de acá para allá, nosotros pagamos al conductor que tan amable ha sido estos días, y nos dirigimos a los andenes con nuestro billete en la mano. Siguiendo la recomendación de Bárbara que fue la que se encargo de comprarlos antes de nuestra llegada, elegimos primera clase para este trayecto, pues ella nos dijo que podía hacer bastante calor y agradeceríamos el aire acondicionado. Y la verdad es que el precio nos pareció tan económico que no dudé en decir que nos comprara esos asientos. Aunque ahora, después de haber vivido el viaje, creo que no merece la pena haber pagado esos asientos, pues me pasé casi todo el trayecto asomada a un puerta del tren disfrutando del paisaje y el aire con olor a campo en la cara.

Hill County

Nos tocó esperar un poco en la estación, bastantes expectantes sobre como sería el tren que nos llevaría hasta Nanu Oya. Cuando paró en la vía intuimos que ese era nuestro tren porque todo el mundo empezó a moverse con prisas para subir. Preguntamos a una pareja que nos confirmó que efectivamente, ese era el tren al que debíamos subir.

Nuestro vagón era amplio, fresco y limpio, con bastante espacio para dejar el equipaje y sentarse a disfrutar del trayecto. En breve el tren comenzó a moverse y la ciudad fue dejando paso al paisaje verde tan habitual en Sri Lanka. Nuestro destino las colinas del país, una zona conocida como Hill County. La velocidad era poca, o al menos eso me pareció a mi cuando a pocos minutos del inicio del viaje me instale en una de las puertas de acceso a nuestro vagón. Sin duda algo que no había hecho nunca y que parecía de lo más divertido.

Hill County

Desde mi privilegia posición pude contemplar el paisaje, las estaciones en las que fuimos parando, la gente que trabajaba en el campo y lo que parecían pequeños pueblos en las laderas de las montañas. Fueron pasando las horas, el sol iluminaba un cielo de un intenso azul y unas montañas verdes miraras donde miraras. Estábamos en el Hill County, la región de los campos de té y refugio de los antiguos colonos cuando querían huir del calor. Los pasajeros subían y bajaban, y yo seguía en “mi puerta” que empecé a compartir con un chico de Hong Kong que estaba aún más emocionado que yo con el viaje. Era muy simpático, empezó a hacerme fotos con su cámara de último modelo y de un modo que esta cabeza tan poco tecnológica que tengo es incapaz de comprender, las fotos terminaban en mi móvil. Ni idea de como lo hizo… pero me encantó.

Hill CountyArturo de vez en cuando se acercaba a preguntarme si no me aburría o me cansaba, pero la verdad es que me lo estaba pasando genial. Además el paisaje cada vez era más bonito, o al menos más original con aquellos campos de té que ocupaban la ladera del Hill County. Tras cinco horas de trayecto, llegamos a Nanu Oya, el lugar donde está la estación de tren más cercana a nuestro destino real ese día, Nuwara Eliya. Bajamos del tren que continuaba viaje y salimos de la estación en busca de un tuk tuk, pero en cuanto el primer taxista le dijo a Arturo que no había tuk tuk para ir a nuestro destino, ya dijo que íbamos en taxi y que me olvidará de andar regateando para ahorrarme 100 rupias. Así que como no tenía ganas de discutir me subí al taxi que había contratado Arturo y nos fuimos al hotel en el que íbamos a pasar dos noches. Cierto que el taxi no fue caro si uno hace el cambio a euros, pero yo soy de la opinión que a muchas veces no necesito gastar un euro más si me lo puedo ahorrar.

El conductor nos dijo que si nos interesaba hacer un tour con él al día siguiente por la región de Hill County, los campos de té y visitar una plantación. Nos pidió 2000 rupias por tres horas, a mi me pareció mucho dinero, e intenté regatear, pero no hubo forma. Le pregunté a Arturo que como lo veía y le dije que yo por mi parte pensaba que podíamos contratar un tuk tuk por menos dinero, pero dijo que estaba bien ese importe, así que acordamos con él que vendría a buscarnos a las nueve de la mañana del día siguiente.

Al llegar a Nuwara Eliya, uno tiene la sensación de que después de tantas horas de viaje lo que ha pasado es que el tren ha llegado a un rincón de Gran Bretaña pues todas las casas que bordean la carretera tienen un aire claramente colonial. Por no hablar en nuestro caso cuando llegamos a nuestro hotel, rodeado de una cuidada pradera de cesped y en el que nos recibieron con el más típico té al estilo inglés.

Hill County Sri Lanka

Hill County
Colocamos algunas cosas en la habitación y decidimos salir a dar un paseo antes de que se hiciera de noche, es decir, las seis de la tarde. El cielo se había cubierto, y hasta parecía posible que lloviera, de modo que metimos en la mochila los chubasqueros y la guía y salimos a investigar.
Muy cerca del hotel se encuentra un bonito parque, cómo no, de estilo inglés. Lo malo que tiene es que si quieres verlo tienes que pagar entrada, así que sacamos la cartera y compramos nuestros tickets para entrar al Victoria Park. Nada más pasar la puerta, a la derecha, hay una pequeña casita de marcado aire colonial que se puede visitar. Sus estancias están vacías a excepción de alguna chimenea y muchas fotos antiguas de la ciudad colgadas en las paredes. No es gran cosa, pero ya que uno ha pagado, pues habrá que verlo todo… sobre todo porque en esta zona de Hill County además de plantaciones de té y casas coloniales no hay mucho más que ver.
Comenzamos a pasear por el cuidado jardín con amplias praderas en las que nos llamó la atención la cantidad de familiar musulmanas que había. Muchas mujer vestida de negro de pies a cabeza, algo no muy habitual en la zona de las ciudades culturales, donde predomina la población budista. También había muchos niños que al salir del cole sin duda pasan a jugar un rato por el parque. Al vernos corrieron hacia nosotros para pedirnos bolígrafos, caramelos e incluso dinero. Y es que una vez más esta claro que les hacemos creer que somos bancos andantes además de fábricas de chuches. Les dije que no tenía nada de eso, pero que si querían les haría una foto… Y bendita la hora. A mi me encanta fotografiar a la gente cuando viajo, pero si se ponen pesados me agotan, y eso me pasó con estos niños. ¡¡Casi tuvimos que escondernos para que nos dejaran en paz!!

Hill CountyEmpezaba a caer la tarde y notamos que también la temperatura. Después de todo el calor que habíamos pasado en las capitales culturales nos parecía mentira estar en el Hill County y necesitar ponernos un cazadora…. pero lo hicimos encantados mientras a la salida del parque empezábamos a caminar hacia la avenida por la que habíamos entrado en la ciudad y en la que nos habían llamado la atención algunas preciosas casas coloniales. Caminamos sin rumbo fijo, imaginando como serían por dentro las casas que encontrábamos a nuestro paso y como sería la vida tiempo atrás, cuando esta era la ciudad de veraneo de los ingleses que querían huir de calor de las tierras bajas.

Hill County
Cada vez hacía más fresco y la verdad es que no había mucho más que hacer en la ciudad a esas horas cercanas a la puesta de sol, así que nos dirigimos a conocer el hotel más elegante de la ciudad y probablemente de toda la región del Hill County: el Grand Hotel. Es una edificio muy bonito ubicado en la misma agradable zona de las demás mansiones coloniales. Nada más llegar nos encontramos con uno de sus restaurantes, el Grand India y una de las cafeterías del hotel. Luego los cuidados jardines y al fondo en gran edificio del hotel en el cual entramos para cotillear un poco. En seguida un trabajador del hotel, que imaginamos sería un “jefecillo” nos acompañó por todas las instalaciones, nos enseñó la recepción con cuadros de reyes ingleses, nos mostró el pub y la sala de billar, así como el restaurante tailandés.

Aún era pronto para cenar, así que le dimos las gracias a ese simpático señor y nos fuimos al pub que nos había enseñado a tomar una cerveza. Nos costó cara, pero la disfrutamos sentados junto a un fuego recién encendido mientras hacíamos un poco de hambre. Y tenemos que confesar que para cenar no fuimos muy lejos, pues intentamos cenar en el Grand India, pero había tanta gente que regresamos al edificio grande del hotel para cenar en el Grand Thai, el restaurante tailandés.

Hill County
Cuando salimos de cenar por supuesto que era completamente de noche y hacía bastante frío al menos para mi, Arturo decía que solamente era un poco de fresco, pero yo iba tiritando y deseando meterme en una cama calentita. Comenzamos a caminar y se nos acercó un tuk tuk que nos pidió nada menos que 300 rupias por hacer un recorrido mínimo. Como tampoco nos importaba caminar (a mi un poco más por el tema del frío) decidimos ir a pie hasta el hotel. Al principio muy bien, había alguna farola y podíamos ver por donde íbamos, pero tras acabar el tramo de la calle principal junto al Victoria Park tocaba girar… y estaba más negro que la boca del lobo. En ese momento me arrepentí de no haber subido al tuk tuk y dejarme de tonterías, pero no había vuelta atrás porque por allí no pasaba nadie, y mucho menos un vehículo al que poder pagar para que nos llevara al hotel. Así que con el móvil en la mano para iluminar algo el camino seguimos andando cada vez rodeados de más oscuridad. Torcimos en una calle que nos llevaba a otra que estaba nuestro destino, íbamos caminando despacio, la calle era estrecha y de repente, a mi lado, un ruido entre la maleza… Arturo lo iluminó con el móvil y lo que quiera que fuera se empezó a mover entre la hierba, no lo vimos, pero por el ruido era algo de buen tamaño, o al menos eso me pareció a mi que salí corriendo como alma que lleva el diablo, sin luz y sin nada, solamente quería alejarme de aquello fuera lo que fuera. Estaba un poco atacada por culpa de la oscuridad y entendí porque en la habitación había una linterna para los huéspedes, tonta de mi que no se me ocurrió meterla en la mochila.
No tardamos ya mucho en llegar al hotel, cerramos la puerta del jardín tras nosotros y me sentí segura. Porque había pasado un ratito de esos malos que mejor olvidar. Así que para relajarme decidí llenar de agua bien caliente y espuma la bañera con patas que tenía nuestro baño y meterme dentro hasta que tuviera la piel bien arrugadita. Y luego a la cama, entre almohadas de plumas y envuelta en un agradable edredón. No podíamos pedir más en esa primera noche en la región cingalesa que fue hogar de colonos, el Hill County.

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Corea del Sur

KR Pass, la tarjeta coreana para viajar en tren

por Cristina 26/07/2016
KR Pass

Cuando viajamos a Japón descubrimos la existencia de la Japan Rail Pass, una tarjeta para viajeros cuya adquisición supone un importante ahorro en los viajes por tierras japonesas. Sabiendo ya su funcionamiento empezamos a buscar su equivalente coreano y lo encontramos: la KR Pass. El funcionamiento es similar, pero al ser Corea del Sur un país mucho más pequeño que Japón no resulta tan interesante hacerse con ella.

Os cuento todo sobre este pase coreano:

  • KR Pass es una tarjeta exclusiva para extranjeros que visitan Corea con acceso ilimitado durante la vigencia del pase a asientos en los trenes KTX , KTX – Sancheon , Saemaeul , Mugunghwa y Nuriro.
  • Se puede adquirir por internet (web KORAIL) sin realizar el pago, basta con llegar a cualquier estación de tren, presentar el billete electrónico  junto al pasaporte y efectuar el pago. Si lo reservas pero no lo recoges se cancelará sin ningún cargo.
  • Algo mucho más sencillo es llegar directamente a una estación de tren y comprar directamente el Korail Pass, no hay ninguna diferencia de precio entre hacerlo de un modo u otro.
  • El KR Pass no es válido para los asientos de primera clase, metro ni trenes turísticos.
  • Los tipos de pase son de 1,3,5 y 7 días consecutivos.

Tarifas:

  • Los niños menores de 4 años no necesitan pase, puede viajar un niño por adulto con KR Pass.
  • Los niños entre 4 y 12 años pagan el 50% de la tarifa.
  • La Youth Pass es el pase para jóvenes de entre 14 y 25 años o todos aquellos con un carnet de estudiante internacional.
  • Saver Pass es la tarifa más económica de KR Pass que se aplica si se viaja en grupo de 2 a 5 personas.
  • Acaba de entrar en vigor el 1 de julio de 2016 la Flexible Pass, una nueva opción que permite adquirir el pase para 2 ó 4 días no consecutivos con un plazo máximo para viajar de 10 días.

Nuestra experiencia:

Compramos el KR Pass antes del viaje, pero fue imposible hacerlo para dos personas y que de ese modo ya la reserva dejara reservado el precio más barato de la Saver Pass. Cuando llegamos al aeropuerto de Incheon no hubo forma de cambiar el precio por lo que dieron por cancelada esa reserva y procedieron a vendernos los dos pases que necesitábamos para ese día. Todo rápido y sencillo. A su vez nos asignaron asiento en el tren en el que íbamos a viajar.

Nosotros tan solo necesitamos el KR Pass de 1 día para el trayecto entre Incheon y Busan, en la misma página de Korail comprobamos todas las tarifas de los viajes que íbamos a hacer en tierras coreanas y vimos que excepto ese primer trayecto el resto nos resultaba más barato comprarlos al precio de un billete ordinario.

Sobre los trenes decir que son cómodos, puntuales y que hay infinidad de horarios por lo que uno siempre encontrará uno perfecto para su viaje. Eso sí, en determinados días y horas las colas para comprar el billete puede ser largas, por ello mejor no ir nunca con la hora pegada. La organización en las taquillas de las estaciones es buena y todo el proceso de compra es rápido y se puede hacer siempre con tarjeta de crédito o efectivo.

Si pensáis viajar a Corea del Sur, valorad si en vuestro caso os interesa o no comprar la KR Pass.

 

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Corea del Sur

Bukchon Hanok Village, el antiguo barrio de la nobleza de Seúl

por Cristina 25/07/2016
Bukchon hanok village

Seúl es una ciudad en la que tradición y modernidad conviven en armonía, basta recorrer el centro de la ciudad para ver como templos y palacios perviven a la sombra de increíbles rascacielos. Existe también un barrio muy peculiar en la ciudad desde el que disfrutar de vistas únicas: Bukchon Hanok Village. Cercano a algunos de los palacios de Seúl y al santuario Jongmyo, este barrio de casas tradicionales y calles empinadas es una atracción por si solo.

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Amigos viajerosEntrevistas

Sonrisas de Bombay: el viaje que cambio más de una vida

por Cristina 24/07/2016
Sonrisas de Bombay

¿Conocéis la ONG “Sonrisas de Bombay”? Si la respuesta es si, probablemente también habréis oído hablar de Jaume Sanllonrente, su fundador.

Este periodista se fue hace años de vacaciones a India y regresó de allí sin ganas de volver jamás. Sin embargo, India había cambiado algo en él, y Jaume volvió a ese país para quedarse y luchar por mejorar la vida de los niños más desfavorecidos de Bombay. Fundó la ONG Sonrisas de Bombay y desde entonces reparte su tiempo entre su Barcelona natal y el país por el dejó todo para emprender una aventura de final desconocido pero finalmente satisfactorio.

En esta corta entrevista vamos a descubrir más de Jaume, sus preferencias a la hora de viajar y lugares especiales en el mundo. Porque más allá del conocido activista social está el desconocido “Jaume viajero”

Aprovecho para invitaros a todos a visitar la página Sonrisas de Bombay y conocer más de este fantástico proyecto que está mejorando la infancia de cientos de niños.

De Barcelona a Londres. ¿Cuáles son los mejores recuerdos de tu año en la capital británica?
Aprendí a espabilarme por mi cuenta, a no disponer de apoyos y trabajar en cualquier cosa que surgiera para poder llegar a fin de mes. Fue una experiencia de aprendizaje muy grande.

Viajas a India unas vacaciones y aquel país te dejó impresionado… ¿Qué recuerdos tienes de ese viaje?
La sensación de impotencia y de indignación ante tanta injusticia. Aquel viaje supuso para mi la revelación de que no hay un primer y tercer mundo, sino que el mundo es uno sólo y que todos, como “compañeros de mundo” nos tenemos que apoyar. Es nuestra responsabilidad como habitantes de este planeta.

Hoteles de lujo, monumentos magníficos, una historia que parece una novela. India es todo eso, pero también es pobreza, suciedad, caos,… ¿En qué ha cambiado aquella primera visión de ese país asiático ahora que parte de tu vida transcurre allí?
Lógicamente, son ya muchos años, más de diez, desde mi primera incursión en la India y la imagen varia en que uno conoce mucho más profundamente el país. Pero aquella primera sensación de injusticia la sigo teniendo a día de hoy. La única diferencia es que mi trabajo consiste en paliarla.

Mumbai es una de las más modernas ciudades indias, en ella conviven la riqueza y la pobreza más absolutas. ¿Cómo gestiona un extranjero esas diferencias tan extremas?
Uno se acostumbra a convivir con esa realidad, aunque choque. También me he dado cuenta de que en ciudades como Mumbai ese enorme contraste es más visible, pero esta diferencia abismal, la coexistencia de la riqueza más grande con la pobreza más absoluta, existe también en cualquier otra ciudad del mundo, aunque a veces no la queramos ver.

Cuando te planteas comenzar a trabajar en el proyecto SONRISAS DE BOMBAY, sabías que ibas a dar un giro radical a tu vida. Una cosa son unas vacaciones en India y otra muy distinta convertir ese país en tu segunda residencia. ¿Temiste no ser capaz de soportar algunos cambios? ¿Qué fue a lo que más te costó adaptarte?
El miedo al cambio es algo humano y estoy seguro de que lo experimenté, pero lo cierto que no lo recuerdo nítidamente. Creo que dediqué tantos pensamientos y esfuerzos para pasar a la acción, que aquel miedo natural quedó en segundo o tercer plano.

Por supuesto, la adaptación me costó muchísimo. Pasar de tener todas las comodidades en Barcelona a una vida muy precaria como la que viví en aquellos primeros años fue algo nada fácil. Pero el ser humano se acostumbra a todo.

Ahora me gustaría conocer un poco más al Jaume viajero, y cuáles son tus gustos al respecto. Preguntas concisas, respuestas breves. ¿Listo? Pues adelante:

Un continente
Asia

Una ciudad
Bangkok y Lisboa

Un país
Portugal

Un monumento
La Sagrada Familia

Un amanecer
El de Bombay.

Y una puesta del sol
La de Altafulla, pueblo en el que pasé mis veranos durante la niñez.

Una vista sublime
Mi pareja despertándose por la mañana.

Una playa
Cualquiera de la isla de Boracay, en Filipinas. También Koh Tao, en Tailandia; o Espalmador, entre Ibiza y Formentera.

La mejor compra
La que uno haga en un mercado para cocinar a amigos.

Un restaurante
Condoms & Cabbages, en Bangkok

Ese rincón especial
Neil’s Yard, una pequeña plaza bastante escondida, en la zona de Covent Garden (Londres)

Viajar con calor o frío
Calor

Un río
El Ganges

El mejor lugar para hacer fotografías
India

Lo que nunca falta en tu maleta
Un buen perfume.

Un edificio
La Estación de trenes Victoria Terminus, en Mumbai. Es maravillosa.

Un parque o jardín
El Hide Park, en Londres y el Central Park, en Nueva York.

La gente más fotogénica
Los beneficiaros de los proyectos de Sonrisas de Bombay, especialmente cuando sonríen.

El país donde te has sentido como en casa
Portugal

Qué añoras cuando estás lejos de casa (de la india y de la española)
A los míos.

Un medio de transporte
El rickshaw

El viaje más complicado
Aquél en el que te acompañe la persona equivocada

Un destino en España
Madrid

Por un momento imagina que tienes que vivir en un lugar para siempre, no podrás abandonar ya ese rincón de la Tierra que hayas elegido. ¿Cuál sería el tuyo?
Aquel en el que estén mis seres queridos. A día de hoy, ése sería Barcelona.

Por último cuéntanos ese momento viajero que no quisieras volver a vivir…
Cuando regresaba a Bombay desde Filipinas donde había escrito “La canción de la concubina”, me di cuenta, al llegar a la India, que había perdido el pasaporte en algún punto del viaje. No me dejaron regresar al país y sólo un salvoconducto para regresar a España y hacer de nuevo pasaporte y visado, me sirvió para volver a entrar en el país. Encima al haber denunciado la pérdida, cada vez que entraba a Bombay durante varios meses saltaban todas las alarmas y debía someterme a largas entrevistas en Inmigración.

… y eso otro que quisieras vivir mil veces
Un viaje que hice a Andalucía una Semana Santa de hace mucho tiempo junto a mis padres.

Probablemente Bombay y Barcelona sean las dos ciudades que mejor conoces. ¿Qué cosas le dirías a cualquier viajero que no deje de hacer si las visita?
Para Bombay siempre doy una recomendación, que es alojarse en una zona distinta a la que recomiendan la mayoría de guías. Generalmente se recomienda alojarse en el sur de la ciudad, la turística zona de Colaba. Efectivamente es una zona que está muy bien, muy amable en todos los sentidos y con un gran número de hoteles llenos de turistas, pero en mi opinión es mucho mejor alojarse en Bandra, una zona local llena de restaurantes, tiendas y cosas para hacer, una zona muy viva.

Le recomendaría a un viajero que si pasa por Bombay no se olvide de visitar proyectos de Cooperación al desarrollo, como los de Sonrisas de Bombay, ya que uno puedo ampliar su visión sobre el país y la realidad en la que viven millones de ciudadanos a causa de la falta de compromiso con los DDHH por parte de sus gobernantes.

Pasearse al atarceder por el Bandra Bandstand, ver el mercadillo de Chor Bazar los domingos, ir a la playa de Juhu y comer pescado en Gajalee o Mahesh, dos de mis restaurantes favoritos.

Y para Barcelona recomendaría perderse por el barrio Gótico, por el Eixample, comer un arroz en Ca La Nuri, al borde la de la playa, y ver las impresionantes vistas de la ciudad desde Tibidabo o Montjuich.

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Europa

El río Sena vs el río Támesis

por Cristina 22/07/2016
Río Támesis

París y Londres son sin duda dos de las ciudades más visitadas del mundo. Unos prefieren la capital francesa, otros la británica. Museos, palacios, jardines e incluso cementerios son merecedores de figurar en cualquier guía de viaje que quiera acercarnos a los lugares más interesantes de ambas ciudades. Las dos tienen algunas cosas en común. Mi colega Cristina (Ida y vuelta-Blog de viajes) y yo hemos elegido una de ellas para retarnos en este post: los ríos que cruzan estas ciudades. Os contamos porque cada una elige uno de esos ríos y os invitamos a que nos digáis de que río sois. ¿El río Sena o el río Támesis?

Cris: el río Sena

Río Támesis

La mayoría de las ciudades han nacido junto a un río, es cuestión de supervivencia. París nació en una isla de ese río, el Sena. En la Île de la Cité creció una de las capitales del mundo y en ella se encuentran algunas de sus edificaciones más emblemáticas. Un río que divide la ciudad no sólo geográficamente y que se ha convertido en un referente para todo visitante de la Ciudad de la Luz. París sin el Sena no sería igual. Me quedo con el río Sena porque:

*Porque sus puentes son magníficos, diversos y únicos. ¿En qué lugar del mundo sino en París, se puede llamar Pont-Neuf al más antiguo?

*Porque ¿qué otra ciudad puede tener dedicada una bella canción a los puentes que cruzan su río? Pues París y el río Sena: “Sous les ponts de Paris”.

*Porque según paseas por sus riberas te vas encontrando alguno de los más importantes museos del mundo: el Louvre y el Museo d´Orsay se sitúan uno frente al otro y ambos junto al Sena.

*Por los bouquinistas, esos vendedores tan parisinos, tan del Sena, que venden postales, grabados, libros antiguos y revistas a las orillas del Sena.

*Porque en una de las ciudades más románticas del mundo el Sena añade un plus, con sus muelles y sus bateau-mouche en los que se puede pasear, cenar y contemplar.

*Porque junto al río y en el río nació la ciudad y su magnífica catedral es una joya ribereña y gótica.

*Porque pocas veces un río ha puesto una barrera divisoria tan palpable entre una orilla y otra. Aún hoy la Rive Droite aúna la grandeza y el poder, mientras que la Rive Gauche es intelectual, revolucionaria y existencialista.

*Porque la Torre por excelencia no podía estar situada en otro sitio: junto al Sena.

*Y porque al fin y al cabo París sin el Sena no hubiera sido la magnífica y bella ciudad que es.

Kris: el río Támesis

Río Támesis

El río Támesis es el gran río Británico y uno de los más famosos y limpios del mundo. Por sus aguas han pasado reyes y piratas, en sus orillas se ahorcaba a los delincuentes y al bajar la marea había un enjambre de pilluelos que rebuscaban en su arenales cualquier cosa de valor. Hoy en día a su paso por la ciudad de Londres lo cruzan 33 puentes y es tan caudaloso que por él se pueden ver pasar desde embarcaciones de recreo a cargueros de gran tamaño. Recorrerlo es pasar por barrios elegantes pero también por zonas más deprimidas como podría pasar en cualquier otra ciudad. ¿Por qué me quedo con este río?

*Por el Big Ben y el Parlamento, símbolos de Londres, reflejados en sus aguas.

*Por los paseos recorriendo el barrio de Chelsea que terminan en uno de los puentes más bonitos de la ciudad sobre el río Támesis: el Albert.

*Por el Puente del Milenio que nos lleva de la Catedral de San Pablo a la Tate Gallery.

*Por la torre de Londres y su vecino y levadizo Puente de la Torre.

*Por ver desde el South Bank los edificios más modernos, imagen de la actual City.

*Por poder cruzar uno tras otro cada uno de sus puentes y sentir que pasas del Londres más moderno al más clásico

*Por saber que la marea ha bajado al ver en alguna orilla barcas varadas esperando que de nuevo suba el nivel del río para poder navegar.

*Por tener la opción de poder subir al London Eye y ver el curso del río Támesis desde las alturas

*Por caminar contemplando el río por esos tranquilos paseos llenos de árboles y farolas victorianas.

*Por rememorar mientras paseas imágenes de películas como Match Point, Love Actually o El diario de Bridget Jones.

*Y porque solamente de este río podían sacar agua Coca Cola para venderla embotellada.

 

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Sri Lanka

Diario de viaje: Kandy y el templo del diente de Buda

por Cristina 21/07/2016
que ver en Sri Lanka

15 de marzo – Kandy

Después de comprobar que las abejas que habían decidido dormir con nosotros están todas muertas, nos vamos a desayunar. Fuera luce el sol y nos espera un desayuno de esos que dan fuerzas para todo el día. Todo está perfectamente preparado y presentado, no solamente esta rico, es que visualmente es realmente atractivo, desde la fruta, al zumo o la tortilla de patata (si, parece ser que una española les enseñó a prepararla). Le pedimos de nuevo a Bárbara que si puede avisar a un tuk tuk para ir al centro de Kandy, y en pocos minutos tenemos allí al mismo chico del día anterior que esta vez nos lleva primero a correos para mandar unas postales y más tarde nos deja en el Templo del Diente de Buda.

Nada más bajar de nuestro transporte vi junto al lago una pareja de novios, y no pude evitar acercarme a curiosear. Me llamó la atención que el novio y la novia iban conjuntados en colores, pero también la cantidad de adornos que llevaba ella, ya fuera en la cabeza o en los brazos. No la faltaba un solo complemento. Posaron sonrientes para mi, y esta es la prueba de como se visten los novios en Sri Lanka.

Kandy

Volvimos al templo, de nuevo pasar el control de seguridad y de vestimenta en el que decidieron que los pantalones de Arturo eran un poco cortos y tiraron de ellos hasta que le taparon dos centímetros más de pierna. Volvimos a dejar los zapatos y a subir las escaleras al interior del templo. El señor de la entrada nos reconoció enseguida y comentó que si nos apetecía volver de nuevo esa noche que no dudáramos en hacerlo. A la hora de nuestra llegada la puja había terminado, así que el templo estaba mucho más tranquilo que la noche anterior. Recorrimos pasillos y salas con tranquilidad, curioseando allá donde una puerta se abría, para más tarde volver a subir a la parte alta, el lugar donde se encuentra el relicario del diente y donde me sumé a un grupo de mujeres para depositar unas flores que llevaba para tal fin. No vimos el relicario nada más que en una gran foto en la pared, pero la verdad es que nos dimos por satisfechos.Kandy Antes de abandonar el recinto del templo más importante de Kandy nos empeñamos en hacernos alguna foto con nuestro palo selfie roto, y la verdad es que fue labor complicada. Pero entre risas y encuadres finalmente conseguimos alguna foto los dos juntos.

KandyAunque este templo es sin duda el lugar más importante que hay en Kandy, no habían acabado los lugares que queríamos conocer. Muy cerca del templo de Diente del Buda hay dos devales prácticamente contiguos, Natha Devale y Pattini, en los cuales se pueden ver elementos típicos de los templos budistas: bodhi trees, dagobas y santuarios. Junto a nosotros muchos fieles se acercaban allí a dejar sus ofrendas, encender velas o incienso, incluso a hacerse alguna foto con elefante que había allí.
Algo curioso que vimos desde estos devales era la imagen de una dagoba con una iglesia cristiana al fondo, y es que en Sri Lanka hoy por hoy parece que por fin los diferentes credos conviven en paz. Salimos por la parte trasera de estos devales pues nos llamaba la atención ver un iglesia en este país, y además hacia calor e intuimos que allí dentro haría algo de fresco. Y no nos equivocamos, la iglesia de St. Paul tenía todas las puertas abiertas, y corría un aire muy agradable que hacía que muchos fieles estuvieran allí dentro, algunos grupos daban la sensación de estar haciendo algo así como lo que conocemos como catequesis pues había un adulto con varios niños. Otros grupos eran sencillamente personas que estaban sentadas relajadamente con una charla tranquila en un tono suave que invitaba a hacer lo propio y quedarse allí un rato sin ninguna prisa por volver al calor.

Kandy

Kandy
Pasado un buen rato retrocedimos sobre nuestros pasos para volver a pasar delante del Templo del Diente de Buda y salir por la parte trasera del recinto. Nuestro destino era un lugar de esos que recuerdan a la vieja Europa y de los que hay unos cuantos repartidos por Sri Lanka. En esta ocasión conocimos el cementerio Garrison, un pequeño lugar salpicado de lápidas que nos cuentan lo jóvenes que morían los británicos residentes en Ceilán. El lugar está muy cuidado, limpio… parece que aún hoy alguien se preocupa porque el lugar siga en buenas condiciones.

Kandy
El calor nos animó a pensar en hacer una parada, y el lugar sería un hotel cercano con una terraza en la planta baja. Lo había visto la noche anterior y me había llamado la atención, así que volvimos una vez más hacia el Templo del Diente de Buda, pero esta vez en lugar de cruzar sus jardines caminamos junto al lago rodeando la valla del templo más importante de Kandy. Vimos a mucha gente dando de comer a las carpas y hasta un pelícano solitario. Llegamos a nuestro destino (The Empire Hotel) y había tantas bebidas apetitosas en la carta que no sabía por cual decidirme, pero al final fue en té frío aromatizado que me supo a gloria.

Kandy

Mientras nos tomábamos esas merecidas bebidas repasamos la guía para ver que venía a continuación. Queríamos dar una vuelta alrededor del lago, y llegar a un monasterio al otro lado de donde estábamos, y también curiosear por el mercado y algunas tiendas de Dalada Vidiya, una de las calles más animadas de Kandy, así que en el momento en el que el cielo comenzaba a cubrirse salimos para ver el lago desde todos lo ángulos. Junto a él nos pasó una cosa curiosa: un señor se nos acercó a ofrecernos unas magníficas entradas para un espectáculo que tendría lugar esa misma noche porque el presidente del país estaba en la ciudad. Menos mal que no nos interesó el tema y además ya estábamos avisados sobre ese tipo de cosas que resultan no ser más que un timo para turistas.

Kandy

Un poco más allá entramos a ver uno de los monasterios de Kandy que teníamos en mente, el Malwatte Maha Vihara. Vimos algunos monjes bastantes serios y anduvimos entre edificios de habitaciones hasta encontrar un diminuto museo con algunos objetos bastante bonitos que hicieron que mereciera llegar hasta allí, y como no, descalzarse.

El cielo sobre Kandy se iba poniendo cada vez más oscuro y el bochorno aumentaba proporcionalmente. Volvimos sobre nuestros pasas y empezamos a curiosear por varias tiendas en las que los precios nos parecieron realmente caros, y entramos en un centro comercial donde el aire acondicionado estaba a tope. Entramos a ver un supermercado, curioseamos por algunas tiendas y volvimos a la calle para acercarnos al mercado que había en la calle un poco más allá. Muchos puestos de ropa y de telas, además de un fuerte a olor a pis es lo que encontramos allí. Arturo no tenía muchas ganas de caminar entre tiendas donde nada le llamaba la atención y donde constantemente alguien reclamaba tu atención para que compraras, así que se quedó esperando en la avenida mientras yo bajaba a ver la ropa. Al rato regresé a pedirle dinero porque había visto un par de pantalones, me habían pedido 1000 rupias por uno y al final me llevé dos por 800. No es que fueran una maravilla pero eran fresquitos y me vendrían bien para estar cómoda en los días que vendrían.

Hacia el final de la tarde empezó finalmente a llover, cosa que se venía anunciando hacia un rato por los truenos que habían empezado a sonar. Teníamos que guarecernos, y cerca de allí había un sitio que yo quería conocer, The Pub, así que cruzamos la calle para subir a ese local. Mis expectativas eran altas, había leído lo bueno del lugar, y la verdad es que me decepcionó. Lo primero el ruido: nos apetecía estar en la terraza, y cada vez que el semáforo de la calle de ponía en verde pasaban tantos coches que era realmente molesto el fuerte ruido de los motores de tuk tuk y autobuses. En segundo lugar, la suciedad: mesas que en algún momento debieron ser incluso bonitas ahora lucen deslucidas y sin ver una bayeta entre cliente y cliente. Y por último que hasta las seis no te sirven una cerveza fresca.

Kandy

Así que aunque nuestra primera idea fue cenar allí, en breve decidimos buscar otro lugar más a nuestro gusto, y terminamos de nuevo en The Empire, sentados en uno de sus acogedores y coloridos comedores donde no se me ocurrió otra cosa que pedir uno de los famosos currys de Sri Lanka que no pude terminar, porque aunque me dijeron que no picaba, palabrita que algunos platos no había quien los tragara sin beber a continuación litros de cerveza.

Kandy
Con la tripa llena salimos del restaurante y dimos una última vuelta alrededor del famoso templo de Kandy antes de buscar un tuk tuk para regresar a nuestro hotel. Nos pidió 500 rupias por llevarnos, le dije que 300 y al final pagamos 350. Por suerte este conductor era bastante más tranquilo que el de la noche anterior, cosa que agradecimos. Igual que no encontrar abejas en la puerta de la habitación, seguramente porque estaba a punto de empezar a llover. Teníamos la planta baja de la casa para nosotros solos, así que nos pusimos los pijamas y nos fuimos al precioso salón a leer mientras en el jardín se escuchaba caer la lluvia…

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¡Hola! Mi nombre es Cristina, madrileña y apasionada de los viajes. Desde hace casi una década escribo mis experiencias por el mundo en Kris por el Mundo. Aquí podéis encontrar recomendaciones, curiosidades y muchas ideas para organizar vuestros propios viajes.

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