Hace unos días aprovechamos una mañana de domingo para acercarnos al madrileño Museo del Romanticismo, un lugar que habíamos visitado hacía años pero por el que no habíamos pasado desde que, tras una reforma integral que duró 8 años, volvió a abrir sus puertas al público en el año 2009. La idea de volver al Museo del Romanticismo surgió cuando me enteré de que en sus salas había una exposición dedica a la moda romántica, aquella que hombres y mujeres lucieron en el siglo XIX. Me pareció interesante poder ver esas prendas precisamente en el marco de un edificio construido en 1776, cuyo interior ocupa un museo que acerca a los visitantes las costumbres de la alta burguesía en el siglo XIX. Sin duda me pareció un plan perfecto, descubrir el nuevo aspecto el museo y de paso curiosear como vestían en España hace poco más de un siglo.
El Museo del Romanticismo abrió sus puertas como tal en 1924 ocupando un palacete en el centro de Madrid. En sus salas se pueden ver obras pertenecientes a su fundador, una gran colección que fue creciendo gracias a donaciones y depósitos de personalidades del momento, desde objetos de literatos de la época como José de Larra o Juan Ramón Jiménez a cuadros que fueron propiedad del Marqués de Cerralbo. Esculturas, muebles, fotos o dibujos decoran paredes, suelos y estancias para que el visitante imagine como era vivir en una casa burguesa durante ese periodo denominado Romanticismo que en España se desarrolló entre los años 1833 y 1868.
Nada más entrar en el palacete se pueden ver los primeros objetos de la colección, dos grandes jarrones de porcelana convertidos en lámparas. Es también en ese hall del Museo donde se abre la puerta a una amplia sala que en el momento de nuestra visita estaba ocupada por la introducción a la exposición temporal de “La Moda Romántica”. Dos vestidos presiden el espacio y me hicieron ver que las mujeres burguesas del sigo XIX eran bastante bajitas y que lo debían pasar realmente mal enfundadas en esos corsés que convertían sus cinturas en la mínima expresión.

Tras dejar nuestras pertenencias en las taquillas ubicadas en la planta baja y recoger nuestra entrada (sin pagar, que los domingos el acceso al Museo del Romanticismo es gratuito) subimos la elegante escalera que se abre en el zaguán del palacete y que da acceso a las estancias donde se puede ver la colección permanente. Primero pasamos por estancias públicas como el salón de baile con piano y retratos de la reina Isabel II entre otras obras de arte.
La ruta por el Museo del Romanticismo nos llevó hacia los espacios más privados e íntimos del palacete tales como el comedor familiar, la sala de juegos de los niños, el dormitorio de la señora o el despacho del señor, todos ellos recreados a imagen y semejanza de como debieron ser cuando el edificio que hoy aloja el Museo estaba habitado. Estas salas no son simples muestrarios de obras de arte, todo en ellas esta colocado como si realmente alguien siguiera viviendo allí pues se pueden encontrar objetos tan cotidianos como un peine, un tintero o una bonita vajilla entre los objetos expuestos en cada estancia. Destacar que estas solas ya no abren sus ventanas a la calle sino a los patios y al jardín de la casa.
Es en alguna de estas salas interiores donde se ha aprovechado para mostrar una bonita colección de temática costumbrista con pinturas de las escuelas madrileña y andaluza, aprovechando también para exponer muebles donde la enea en los sillones sustituye a la seda que se puede ver en otros muebles del museo.
Una de las salas más destacadas es el oratorio, no por su tamaño, sino por estar presidido por una pintura obra de Goya, San Gregorio Magno, el cual se puede ver perfectamente nada más entrar en el anteoratorio. También en el oratorio se muestra un bonito reclinatorio de caoba que perteneció a la Reina Isabel II.

La visita también nos llevó a la sala para fumar (una costumbre que empezó a ponerse de moda justamente durante la época de romanticismo), al gabinete o sala de recibir, al dormitorio masculino y otras estancias que actualmente se dedican exclusivamente a mostrar obras de arte.
El recorrido termina en dos salas, una de ellas con cómodos sofás donde poder pasar un rato curioseando entre algunos libros que cuentan detalles del Museo del Romanticismo, ver un buen número de estampas de la época o sentarse ante un ordenador que da la oportunidad al visitante de ampliar información o de acceder a juegos interactivos. Y antes de despedirnos pasamos por la reproducción del edificio del Museo en una gran maqueta, a través de cuyos ventamos pudimos ver cómo
transcurría la vida cotidiana de la época en algunas de sus dependencias, como el zaguán o las habitaciones.
Al terminar la visita al Museo nos dimos cuenta de que no habíamos pasado por algo que hay en todas las casas: la cocina. Al preguntar sobre ello nos dijeron que cuando el palacete se convirtió en museo a nadie se le pasó por la cabeza que décadas más tarde alguien pudiera estar interesado por espacios tan poco elegantes y sin obras de arte como podían ser las cocinas o las habitaciones de los sirvientes, por lo que ambos espacios de destruyeron para convertirlos en almacenes o salas con otros fines. Una parte de la forma de vida de esa época por tanto desapareció para siempre en este edificio y que a mi personalmente me hubiera gustado mucho poder conocer.
INFORMACIÓN PRÁCTICA
Museo del Romanticismo – C/ San Mateo, 13. 28004 – Madrid (Metro Alonso Martínez y Tribunal)
Horario de noviembre a abril:
- De martes a sábado: de 9:30 a 18:30
- Domingos y festivos: de 10:00 a 15:00
Horario de mayo a octubre:
- De martes a sábado: de 9:30 a 20:30
- Domingos y festivos: de 10:00 a 15:00
Entrada de pago:
- Entrada general: 3 €
- Entrada reducida: 1,50 €
- Entrada gratuita sábados a partir de las 14:00 horas, domingos y algunos festivos. Menores de 18 años, mayores de 65 y pensionistas no pagan entrada.
- Abono Cuatro Museos de Madrid: 8 €
- Abono Ocho Museos de Madrid: 16 €
- Tarjeta anual del Museo del Romanticismo: 25
- Tarjeta conjunta de Museos Estatales: 36,06 €
- Audioguías: 2 €
En la planta baja el museo, además de las taquillas y los baños, se puede pasar por la tienda de recuerdos y la coqueta cafetería que abre sus puertas al llamado Jardín del Magnolio, ese al que las estancias privadas de la casa abren sus ventanas.
Hay que tener en cuenta que al Museo del Romanticismo no se permite el acceso con bolsos ni mochilas, por ellos hay unas taquillas juntos a la entrada. Si están todas llenas hay que esperar a que alguna se vacíe, de otro modo no se podrá acceder a las salas.
No se permiten fotografías con flash.
La exposición “La moda romántica” finaliza el 5 de marzo de 2017. En esa fecha los 22 trajes expuestos en el museo volverán al Museo del Traje de Madrid.




Cerca de esta mansión de Yangdong encontramos un lugar especial que nosotros llamamos la casa del pintor. La encontramos por casualidad ya que está alejada del camino principal que nos llevaba a otros lugares de la aldea y además su ubicación está por debajo del nivel de dicho camino. Con mi curiosidad innata entré en la casa y en breve me invitaron a acceder al interior donde me encontré sentada ante un papel de arroz en blanco y con un pincel en la mano.




